sábado, 30 de junio de 2012

Santificado: Diez

Paraíso perdido (parte dos)

Me despierto cuando alguien abre las cortinas, y esto es lo que veo: el padre de Peter, con su espalda hacia mí, mirando a través de la ventana.

- Levántate hijo – dice – las vacas no se van a alimentar solas

Luego se voltea y me ve. Su boca se abre de golpe, la mía ya está abierta y por unos segundos no respiro. Peter murmura algo, luego se voltea y quita la sábana que me cubre. Inmediatamente cojo la sábana de nuevo para taparne. Gracias a Dios sigo usando mis jeans, sino se hubiese visto muy feo. Igual se ve horrible.

- Eh – digo, pero mi mente está en blanco

Sacudo a Peter, fuerte, aún más fuerte cuando no responde.

- No pueden ser las seis y treinta tan rápido – gruñe
- Pues sí lo es – digo

De pronto, se levanta de un salto. Ahora los tres nos miramos. Después de unos segundos, el padre de Peter cierra su boca y sale de la habitación, cerrando la puerta de un golpe. Tomo mi blusa y me la pongo, antes de buscar mis zapatos con pánico.

- ¡Mierda! – susurra Peter
- ¿Quieres que me quede y explique? – pregunto
- No – dice – no, no hagas eso. Deberías…sólo…irte – abro la ventana
- Lo siento, no esperaba quedarme dormida
- Yo no lo siento – se pone de pie y se acerca, dándome un dulce beso - ¿está bien? – dice, sosteniendo mi rostro entre sus manos – no lo siento. Valió la pena
- Está bien
- Es hermoso el haberte conocido Mar – dice –reza por mí, ¿está bien? – sonríe – porque estoy casi seguro que mis padres me van a matar

Cuando llego a casa, todo empeora. La ventana de mi habitación está cerrada. Genial. Ingreso por la puerta de emergencia y la cierro suavemente. Mi madre trabaja hasta la noche, así que en estos días está durmiendo hasta tarde. Encuentro a Stefano tomando un jugo de naranja en la cocina.

- Uy – dice cuando me ve – estás en problemas
- ¿Qué debo hacer? – pregunto
- Deberías de tener una buena excusa. Y tal vez…deberías de llorar. ¿Eso hacen las chicas, verdad? Y probablemente te castiguen
- Gracias – digo – ayudas mucho
- Ah y Mar – dice cuando empiezo a subir las escaleras en puntas de pie – tu blusa está puesta al revés

Me sorprendo cuando llego hasta la habitación y logro lavarme la cara, peinar mi cabello y empezar a pensar que todo estará bien. Pero luego salgo del baño y veo a mi madre. Y se ve muy enojada.

- Así que.. – empieza, con sus brazos cruzados contra el pecho – la mamá de Peter llamó hace unos minutos. Me preguntó si sabía dónde estaba mi hija, porque la última vez que chequeó tú estabas en la cama de su hijo
- Lo siento mucho. Fui a ver a Peter y me quedé dormida
- Mar – se detiene, tomando un gran respiro – no voy a hacer esto. No puedo
- No pasó nada – digo

Tose y me da una mirada como diciendo “No soy tonta”.

- Bueno, algo casi pasa. Pero al final me quedé dormida. Eso es todo.
- Y eso te hace sentir mucho mejor – dice, sarcásticamente – algo casi pasa, pero no. Genial. Increíble. Estoy aliviada – sacude su cabeza – no quiero escuchar nada sobre anoche. Terminamos con esto, pequeña. Vas a tener que quedarte aquí, en tu propia cama, en tu propia casa, cada noche. ¿Me entiendes? Y – continúa cuando no respondo – tú y Peter no se van a ver más

- ¿Qué?
- No vas a quedarte a solas con él
- ¿Por cuánto tiempo? – digo, casi sin aliento
- No lo sé. Hasta saber qué hacer contigo. Creo que he sido muy generosa, considerando lo que has hecho
- ¿Qué he hecho? No estamos en el año 1990, mamá
- Créeme, lo sé – dice
- Ma, tengo que seguir viendo a Peter – suspira
- ¿En serio vas a obligarme a decir que esta es mi casa y son mis reglas?
- ¿En serio vas a hacer que me mude de casa para hacer lo que quiera con mi vida? Porque lo haré – suelto de pronto, es una tontería no tengo a dónde ir
- Si hace falta – dice suavemente

Y con eso, mis ojos se llenan de lágrimas. Sé que tiene razón en estar enojada, pero no me importa. Empiezo a gritar cosas que he deseado decir por meses. ¿Por qué quieres que sea así? ¿Por qué no te importa Peter? ¿No puedes ver lo bien que estamos juntos? Está bien, no te importa Peter, ¿pero, no te importa mi felicidad?

- Te amo Mar – dice, cuando suelto todo – y sí me importa Peter, tanto que no me vas a creer. Y sí me importa tu felicidad. Pero me preocupo primero por tu felicidad. Esa siempre ha sido mi prioridad
- Esto no se trata de mi seguridad – digo – esto se trata sobre tú controlando mi vida. ¿Cómo es que no estoy a salvo con Peter?
- Porque no eres la única cosa que está ahí afuera. Cuando me desperté y no estabas aquí… - cierra sus ojos – vas a quedarte en esta casa. Y vas a ver a Peter, bajo supervisión, cuando crea que sea conveniente
- Pero se está muriendo – murmuro
- ¿Qué?
- He estado teniendo un sueño, una visión, del cementerio. Es un funeral. Y Peter nunca está ahí, Ma
- Mi amor – dice mi madre – que él no esté ahí no significa que…
- Nada más tiene sentido – digo – si fuese alguien más, Peter estaría ahí. Él estaría ahí para mí, nada lo detendría. Así es él

Permito que me abrace, inhalando su perfume, intentando sentir su presencia, pero no puedo.

- No dejaré que suceda – susurro y me aparto – lo que necesito saber ahora es cómo detenerlo, sólo que no sé qué es lo que va a pasar. ¡Peter va a morir!
- Sí, lo hará. Es un mortal Mar. Él morirá. Más de doscientas personas en este planeta mueren cada minuto y algún día él será uno de ellos.
- Pero es Peter, ma
- Realmente lo amas
- Sí, realmente lo amo
- Y él te ama
- Sí. Sé que lo hace, lo he sentido
- Entonces nada los puede separar – dice, sosteniendo mi mano – ni siquiera la muerte. El amor los une – dice – Mar…tengo que decirte…
- El amor no los unió a mi padre y a ti, ¿verdad?

Suspira y odio haber dicho eso.

- Lo que quiero decir es que, a veces las personas se separan. Por bien. No quiero que eso me pase a mí con Peter – digo
- ¿Le has dicho?
- ¿Qué?
- Sobre tu sueño y lo que crees que significa. Porque últimamente, no sabes lo que significa, Mar. No es justo que le digas cuando no estás segura. Puede ser algo terrible para alguien saber que va a morir
- Pensé que dijiste que todos iban a morir
- Sí, tarde o temprano
- No – admito – no se lo he dicho
- Bien, no lo hagas. Ten un buen día en el colegio

viernes, 29 de junio de 2012

Santificado: Nueve

Paraíso perdido (parte uno)

Apenas regreso del fin de semana de campamento, voy a visitar a Peter. No lo veo mucho durante el día en el colegio, así que ese mismo día, en la noche, me acerco a su habitación. Con la nieve en mi cabeza, lo veo por la ventana, primero mientras trabaja en su tarea, luego alistándose para ir a la cama (y no, no me volteo cuando se cambia, no soy una pervertida), y luego, se queda dormido. Al menos, en este instante, está a salvo.

De nuevo considero decirle la verdad sobre mi sueño – odio ocultarle algo así. Estoy tan enojada con mi madre, por todos los secretos que me esconde, ¿y, acaso yo soy diferente? Sigo guardando este secreto para no alarmarlo con algo que quizás esté equivocado. Lo estoy protegiendo y eso aún apesta.

Alrededor de las doce, su ventana de pronto se abre. Me sorprendo tanto – me había quedado dormida – que casi me caigo del techo, pero un brazo fuerte me sostiene y evita que me caiga.

- Hola – susurra Peter
- Eh, hola
- Linda noche para estar espiando
- No. Estaba –
- Entra Zanahoria

Obedezco mientras él se coloca un polo y se sienta de piernas cruzadas en la cama, mirándome.

- ¿Hace cuánto estás afuera?
- ¿Cuánto tiempo sabes que he estado ahí?
- Acerca de una hora – dice – estás loca – agrega, sacudiendo la cabeza – ¿lo sabías?
- Estoy empezando a darme cuenta de ello
- ¿Entonces, por qué estás aquí?

Golpea suavemente en la cama, a su lado, y me siento. Coloca una mano alrededor de mi cuerpo.

- Quería verte – digo, mientras me encorvo a su lado – fue un largo fin de semana y no te vi mucho en el colegio
- Tienes razón. ¿Cómo estuvo el campamento? Creo que nunca he ido a acampar con nieve – ironiza – suena divertido
- Realmente no fue en la nieve

Le cuento sobre la congregación, no todo, no sobre el infierno o los Alas Negras o el profesor de historia, pero casi todo. La congregación es algo confidencial y no debo decir nada, al menos eso es lo que me dijo mi madre. Pero, le cuento a Peter el por qué, porque no puedo contarle todo. Le cuento porque lo amo, porque no puedo esconderle aquello. Porque soy honesta acerca de lo que me hace sentí bien. Él toma bastante bien las noticias de la congregación.

- Suena a campamento religioso – dice
- Más como una reunión familiar – digo

Se inclina y me besa, suavemente. El beso solo atrapa el costado de mi boca, pero me deja sin aliento.

- Te extrañé – dice
- Yo también te extrañé

Enredo mis brazos alrededor de su cuello y lo beso, y todo se esfuma por el momento, sus labios entre los míos, buscándome, sus manos en mi pelo, volviéndome loca, nuestros cuerpos juntos en la cama, deseando estar más cerca, sus dedos en los botones de mi blusa. No puedo dejarlo morir.

- Eres tan cálida – murmura

Me siento caliente. Siento que voy a estallar en llamas y empiezo a sentirme pesada, el tiempo empieza a ponerse lento, veo segundo tras segundo. El rostro de Peter suspendido debajo del mío, un pequeño lunar debajo de su oreja que no había notado antes, el hoyuelo que se forma en sus mejillas cuando sonríe, la forma en que su corazón empieza a acelerarse, su respiración. Y, puedo sentir lo que él siente también: amor, la forma en que siente mi piel debajo de sus manos, mi aroma llenando su cabeza…

- Mar – dice, respirando fuerte al tiempo que se aparta
- Está bien – digo de pronto

Atraigo su cabeza junto a la mía de nuevo, presionando mi mejilla contra la suya, nuestros labios casi ni se tocan, nuestras respiraciones se sienten en el rostro del otro.

- Sé que tiene tus ideas acerca de esto, y creo que es dulce, pero….¿qué pasa si esto es toda la felicidad que podemos tener? ¿Qué pasa si esta es nuestra oportunidad, antes de que todo cambie? ¿No deberíamos simplemente vivir?

Esta vez, cuando nos besamos, es diferente. Hay una urgencia que no había antes. Él se detiene para quitarse el polo, revelando aquella piel bronceada, su cuerpo formado. Es hermoso, tan hermoso que me duele verlo, y cierro mis ojos y alzo mis brazos para permitir que me quite mi blusa. El aire helado choca contra mi piel y tiemblo. Me estremezco y Peter recorre sus dedos gentilmente por mi hombro, por mi brasier, a través de la línea de mi cuello y la clavícula, terminando debajo de mi barbilla donde levanta mi cabeza para besarme de nuevo.

Esto realmente va a suceder. Peter y yo. Ahora mismo.

Mi corazón está latiendo tan rápido que parece que tuviese miedo, pero no es nada de aquello. Lo amo. Lo amo, lo amo. De pronto, él se detiene.

- ¿Qué? – susurro
- Estás brillando – dice y se sienta abruptamente

Lo estoy, no es la gloria completa, pero al tiempo que alargo mis dedos noto que mi piel está brillando.

- No, tu cabello – dice

Mi cabello, inmediatamente sostengo un poco en mis manos. Está reluciente, demasiado brillante. Soy una lámpara humana y Peter no me mira.

- No es nada, es algo celestial. Por eso mi madre me hizo teñirme el pelo el año pasado – empiezo a balbucear
- ¿Puedes….apagarlo? – dice – lo siento, pero cuando lo miro, me siento…mareado, como si me fuera a desmayar o algo – toma un gran respiro y cierra sus ojos

Genial saber que tengo esa clase de efecto en un hombre.

- Puedo intentarlo – digo y resulta que no es muy difícil hacerlo – lo siento – repito

Me mira, traga fuerte e intenta regresar a su compostura.

- No lo sientas, es parte de lo que eres. No deberías pedir disculpas por ser lo que eres. Es bonito, de verdad. Inspirador.
- Pero te da ganas de vomitar
- Solo un poco

Me inclino y beso su adorable hombro desnudo.

- Así que…la luz se ha ido. ¿Dónde estábamos? – sacude su cabeza y tose, incómodo – está bien….supongo que debería…
- No te vayas – sostiene mi mano antes de que me pare – quédate

Dejo que me jale de nuevo hacia la cama. Se recuesta detrás de mí, me estrecha contra su cuerpo, recuesta su mano en mi cadera y respira tranquilo contra mi cuello. Intento relajarme, intento escuchar el sonido del reloj de su mesa de luz. ¿Qué pasa si nunca encuentro la manera de controlar la luz? ¿Qué pasa si cada que estoy feliz, hablando en esos términos, me enciendo? Él va a morir sin haberle hecho el amor a una mujer.

- No importa – susurra Peter

Toma mi mano y la sacude, entrelazando sus dedos. Dios, ¿dije mis pensamientos en voz alta?

- ¿Qué no importa? - pregunto
- Si podemos o no…ya sabes – es increíble que no sepa leer mentes pero sepa exactamente lo que estoy pensando – igual te amo
- Yo también te amo

Me volteo y entierro mi rostro en su cuello, enredado mis brazos a su alrededor y es ahí donde me quedo hasta quedarme dormida. 

lunes, 25 de junio de 2012

Santificado: Ocho

Nuevo verano

Me levanto por la noche porque no puedo dormir, pensar en mi visión, en toda esta congregación, en que mi madre me está escondiendo muchas cosas, me llena la cabeza y me angustia. Camino hacia el lago y me sorprendo al ver a Thiago quién lanza piedras hacia el agua, observando cómo éstas rebotan. Cada vez que lo veo me doy cuenta que realmente no lo conozco, a pesar de todas las conversaciones que hemos tenido, el tiempo que hemos pasado en el club, la forma en que me memoricé cada detalle de él el año pasado como una obsesionada, él sigue siendo un misterio para mí.

- Hola – digo incómoda cuando me ve – lo siento, no sabía que podría haber alguien despierto
- ¿No puedes dormir? – pregunta
- Ángela está roncando – digo, en lugar de explicarme

Me siento a su lado e intento lanzar las piedras también.

- Hay algo raro sobre este clima – digo
- ¿Tú crees?
- No, quiero decir, hay algo que falta. Se siente verano pero…

Recuerdo todas las noches en que nos quedábamos hasta tarde con Peter, mirando las estrellas, nombrando las constelaciones. El pensar en Peter me forma un nudo en la garganta. Debo de detener esa visión.

- Grillos – digo – en el verano siempre hay grillos, pero aquí está en silencio
- Cuéntame acerca de tu visión Mar – dice Thiago al cabo de un rato – si no te molesta, me gustaría saber, oficialmente. Porque se nota que piensas en ello todo el tiempo
- Ya te conté la mayoría. Es en el cementerio, en primavera. Estoy caminando por la colina con esas personas, aparentemente yendo hacia una tumba. Y tú estás ahí
- ¿Y, qué hago?
- Tú eh…intentas consolarme. En mi cabeza me dices: Puedes hacerlo. Y sostienes mi mano
- Crees que es Peter quién va a morir

Asiento, sin poder mirarlo a los ojos.

- No puedo permitir eso - digo
- Supongo que no estoy sorprendido que quieras luchar contra tu visión
- Ey, tú me preguntaste y te conté. Si no te gusta, lo siento

Me enoja su comentario así que me levanto de golpe y me empiezo a alejar hacia mi carpa. Pero, él alcanza mi mano.

- No te enojes, Mar. Quiero ayudar – dice
- ¿Qué te parece si te metes en tus asuntos? – ríe y suelta mi mano
- Está bien, muy tarde para decirte que no te enojes. Pero lo digo en serio. Dime por qué crees que es el funeral de Peter
- ¿No me crees? Eso no ayuda
- No dije eso. Es sólo….bueno, pensé que mi visión me estaba mostrando una cosa, y luego resultó ser otra cosa
- Claro, porque yo la arruiné – digo
- No lo hiciste, creo que la cambiaste. Lo que quiero decir es que no la entendía, no podía
- ¿Y ahora la entiendes?
- No quise decir eso. Quiero asegurarme que sepas que yo sé que no arruinaste nada Mar. No es tu culpa
- ¿Por qué crees eso?
- Porque seguiste a tu corazón. Y no hay nada de qué avergonzarse
- En serio lo dices – estoy sorprendida, realmente siempre pensé que me culpaba
- Sí – dice, sonriendo – en serio lo digo

Concurso de Cortos

¡Voten en el concurso de cortos!

domingo, 24 de junio de 2012

Santificado: Siete

Vamos de excursión

A la mañana siguiente, hay una montaña de nieve en la entrada de la casa. Mi madre está en la cocina, friendo un par de huevos.

- Toma asiento – me dice sonriendo – es un día hermoso
- Se ha vuelto loca – dice Stefano, ingresando a la cocina – dice que nos vamos de campamento
- ¿Mamá? – pregunto, quizás mi hermano está bromeando - ¿te has dado cuenta que está nevando?
- ¿Qué tiene de malo un poco de nieve?
- Te dije – dice Stefano – está loca

Así que para las diez de la mañana estamos todos bañados y listos para irnos, junto a nuestras mochilas que traen toda la ropa adecuada para todo un fin de semana de campamento. Después de un buen tiempo quitando la nieve, finalmente nos subimos al auto e inesperadamente, recogemos a Ángela de su casa. Sí, mi madre la está invitando al paseo; realmente está muy emocionada con todo esto.

Así que después de un par de horas de viaje y de caminata, llegamos a un bosque inmenso. Hace mucho frío, está oscuro, y estoy temblando como nunca. Intentamos caminar un poco más en la nieve, insertándonos en el bosque, hasta que mi madre nos detiene y sonríe, cerrando los ojos y aspirando el aroma. Stefano es el primero en acercarse al barranco y se queda estático, sorprendido por lo que está viendo. Ángela y yo, lo seguimos y se nos cae la mochila de los hombros por la impresión. Debajo del barranco, al lado de las montañas hay un lago inmenso que brilla. Debajo de nuestros pies, la nieve se ha convertido en césped, tan verde que hace doler los ojos. No está nevando aquí y el sol está brillando. Es ahí, alrededor del lago, donde hay algo de doscientas personas acampando, algunos construyendo fogatas, otros pescando en el lago, y otros simplemente sentados o recostados en el césped.

- Esto – dice mi madre – es lo que llamamos una congregación. Un encuentro entre ángeles de sangre

Una chica que está enseñando sus alas, nos ve y nos saluda. Mi madre le devuelve el saludo.

- Ella es Emilia – dice mi madre – vamos

Se quita todos sus complementos, quedando sólo con un jean y una blusa suelta, incluso se quita los zapatos. Todos dejamos nuestras cosas entre el césped y la nieve y nos movemos hacia el centro. Muchas personas dejan de hacer lo que están haciendo para mirarnos. Emilia se lanza a los brazos de mi madre, como si fuesen amigas de siempre y cuando Emilia se acerca a nosotros, me abraza también, un abrazo de oso.

- ¡Mar! – exclama – no puedo creerlo. No te he visto desde que eras del tamaño de una hormiga
- Eh, hola – digo – no recuerdo..
- Claro que no – dice, riendo – eras pequeñita – y este es Stefano. Todo un hombre

Stefano no dice nada, pero estoy segura que está orgulloso de lo que le han dicho.

- Conozcan a Emilia – anuncia mi madre
- Emi – corrige
- Y ella es Ángela – dice mi madre

Emi asiente, mirando a mi amiga tan intensamente que ella se sonroja.

- ¡Bienvenida! ¿Tienen hambre?

La comida es la última cosa en nuestras mentes, sin embargo, Emi nos guía hacia una fogata, donde parece que están haciendo una barbacoa. Mi madre se va con Emi y nosotros nos acercamos hacia la comida, donde hay un señor encargándose de preparar todo. Mi cabeza va a explotar cuando me doy cuenta que ese señor es mi profesor de Inglés.

- ¿Sorprendida? – pregunta, cuando mira mi expresión y la de Ángela – decidimos que lo mejor era que no lo supieran
- ¿Quién decidió? – pregunto
- Tu madre, más que todo – dice – pero fue algo que acordamos
- ¿Sabías acerca de nosotros todo este tiempo? – pregunta mi amiga
- Claro que sí. Por eso estoy aquí. Ustedes necesitan que alguien las cuide

Nos sirve las hamburguesas que pedimos y nos sentamos a comer. Ángela empieza a emocionarse conforme pasan los segundos, para ella esto es maravilloso. Y, mientras comemos vamos observando a nuestro alrededor y nos damos cuenta que hay un montón de personas conocidas de la ciudad, de las tiendas y restaurantes, es increíble. Incluso llego a ver al tío de Thiago y no me sorprendo cuando siento que él también está presente.

- Ahí está – dice mi amiga, apuntando a Thiago - ¡Thiago! – grita - ¡Thiago Bedoya Agüero! – repite cuando él no responde

El aludido se voltea ante el sonido de su nombre y nos ve. Luego, está trotando hacia nosotros, con su jean y su camisa, descalzo.

- Hola Mar, Ángela, Stefano
- Hola. El Club del Ángel acaba de llegar. ¿No es una locura? – dice mi amiga
- Claro. Loco. Supongo – se encoge de hombros
- No me digas, esto no es nuevo para ti. ¿Siempre supiste de esto, verdad? – pregunta Ángela

De pronto Ángela se pone de pie y se aleja hacia mi madre y Emi.

- ¿Qué hice? – pregunta Thiago, alzando una ceja
- Estás en problemas – digo, sonriendo

Más tarde, después de observar la puesta de sol impresionante, Thiago me ayuda a armar la carpa donde Ángela y yo dormiremos. Mi amiga ha desaparecido, no tengo idea de dónde está, así que ambos nos encargamos de ordenar sus cosas.

- Así que.. – empiezo a preguntar cuando él está terminando de armar la carpa - ¿cuánto tiempo que conoces este lugar?
- Mi tío me trajo aquí en Mayo. Estuve bastante sorprendido por todo esto, créeme
- Así que realmente estabas acampando con tu tío – digo, dándome cuenta de todo – y yo pensé que… - me detengo
- ¿Qué pensaste? – pregunta, dejando de martillar
- Nada. Pensé que era una excusa para. Porque…
- Luna – termina por mí – pensaste que había dejado el colegio para no ver a Luna
- Supongo
- No – dice, volviendo a martillar – pero fue por ella, de alguna manera. Cuando terminé con ella, mi tío vio una señal de que me estaba poniendo serio con mi designio. Así que me trajo aquí, y pasamos el fin de semana volando, entrenando, meditando y todo eso. Y, de ahí, la congregación apareció
- ¿Viste a mi madre? – pregunto
- No. Escuché a algunos mencionar su nombre – responde – pero no sabía quién era. Debes pensar que soy un idiota
- ¿Idiota?
- Porque todas las señales estaban ahí, apuntando hacia ti, la chica de mi visión, tú siendo un ángel de sangre, y nunca me di cuenta. Si me hubiese dado cuenta antes, tal vez… - se detiene
- ¿Qué señales? – digo, tragando fuerte
- Siempre sentí que había algo diferente en ti, incluso la primera vez que te vi
- Bueno, yo no me di cuenta de las cosas, tampoco. Así que si tú eres un idiota, supongo que somos dos

Luego, continuamos con el trabajo y se forma un silencio incómodo.

- ¿Qué señales? – repito
- No muchas. La forma en que bailabas en la fiesta de promoción. La forma en que hablabas sobre tu futuro esa noche en tu casa, cuando fui a disculparme. Una vez que supe que eras tú – dice sonriendo – sentí que tenía que hacer algo más que salvarte

Intento reaccionar casualmente, pero mi corazón empieza a latir rápidamente. Porque en el fondo, yo también lo sabía, y puede que sea la cosa que confunde todo esto. ¿Qué es lo que ves en un chico como Thiago? Me había preguntado Peter, y le dije que no sabía, no podía explicárselo. Hasta ahora no lo puedo explicar.

Peter, ni siquiera le dije que estaba viniendo aquí.

- Está bien – digo – gracias Thiago, por ayudarme a armar la carpa – empiezo a recoger los materiales – estoy segura que Ángela te agradecerá también, pero creo que te va a odiar por un tiempo. No hay secretos en el club, ¿recuerdas?
- Nunca acepté eso – protesta – además, no es como si Ángela fuera abierta con sus cosas

Antes que me pregunte qué es lo que él sabe, alguien lo llama. Ambos nos damos la vuelta.

- Deberíamos de ir ahí – dice Thiago – la fogata ha empezado

Se pone de pie de un salto y estira su mano hacia mí.

- Vamos – dice – te gustará

Dudo por un instante antes de poner mi mano encima de la suya, luego ambos caminamos hacia la fogata, donde todos están alrededor de la misma.

- Está bien, vamos hacia el fuego – bromeo

Thiago trota junto a mí, sonriendo ampliamente. No te atrevas a admirar su sonrisa, me digo a mí misma. Pero no puedo negarlo, su mano junto a la mía se siente tan familiar.