domingo, 3 de agosto de 2014

Ángeles Caídos #4: Veinticuatro

Pasé a través de las acciones para alistarme para el día, pero se sentían mecánicas. No podía imaginar la idea de Peter y Agustina juntos. Hasta el momento, no había pensado en preguntarle a Maxi por detalles, y ahora mis preguntas sin responder parecían quemar en mi cerebro. Estaban juntos. Tengo fotos.

¿Qué significa eso? ¿Juntos, de qué manera? No. Confiaba en Peter. Estaba tentada a llamarlo, pero por supuesto que no lo hice. Esperaría hasta ver las fotos.

Paula entró a la cocina y se situó al borde de la mesa. —Estoy buscando a una compañera de compras para hoy después del colegio.

Aparté mi plato de cereal. Había estado perdida en mis pensamientos.

—Yo siempre compro los viernes por la tarde —dijo Paula—. Es como un ritual.

—Quieres decir una tradición —la corregí.

—Necesito un nuevo saco. Algo caliente, pero de moda.

—Gracias por la oferta pero tengo tarea de trigonometría por hacer.

—Oh, vamos. No has hecho tarea toda la semana, ¿por qué ahora? Y realmente necesito una segunda opinión. Esta es una compra importante. Y justo cuando estabas actuando normal —murmuró.

Me levanté de la silla y cargué mi plato hacia el lavadero. —Siempre me adulan.

—Vamos, Lali, no quiero pelear —se quejó—. Solo quiero que vengas a comprar conmigo.

—Y yo quiero pasar trigonometría. Además, estoy castigada.

—No te preocupes. Ya hablé con tu mamá. Ya no estás castigada.

Entrecerré mis ojos hacia ella. —¿Le estás haciendo trucos mentales a mamá?

—¿Sabes qué creo? Que estás celosa que ella y yo tengamos lazos.

Aj.

—No se trata de solo de matemática, Paula. También tengo que pensar. Sobre lo que sucedió anoche, y cómo evitar que suceda de nuevo. No voy a jurar lealtad.

Paula hizo un sonido de exasperación. —Eres justo como mi padre. Por una vez deja de ser tan…

—¿Nephil? ¿Hibrida, rara, accidente de la naturaleza?

Paula apretó sus manos con fuerza. Al final alzó su mentón. El reto y el orgullo destelarron en sus ojos. —Sí. Una mutante, un monstruo, un fenómeno. Justo como yo.

Alcé mis cejas. —¿Así que eso es? ¿Finalmente vas a aceptar lo que eres?

—Las campanas del infierno, sí.

—Me gusta más esta versión de ti —dije.

—Me gusta más esta versión de ti—. Paula se levantó de la mesa. —¿Tenemos una cita o no?

En dos horas, Paula había gastado casi doscientos dólares en un saco, jeans, y unos cuantos accesorios. Ella condujo ya que dijo que no quería que la vieran en mi auto.

—¿Podemos hacer una parada rápida? —le pregunté a Paula—. Está un poco fuera del camino, pero necesito recoger algo de mi amigo Maxi.

Sentí algo extraño ante el pensamiento de ver las fotos de Peter y Agustina, pero quería superarlo de una vez. No tenía la paciencia para esperar a que Maxi las envíe. Desde que  no sabía si él ya las había enviado, decidí ser proactiva.

—¿Maxi? ¿Lo conozco?

—No. No va al colegio. Toma la siguiente derecha, vive cerca de la Bahía Casco —le dije.

Tal vez debería irme. Tal vez esto decía mucho de mis inseguridades, y debería confiar incondicionalmente en Peter. La cosa era que, sí confiaba en él. Pero luego estaba Agustina. Además, si Peter era inocente, y esperaba que con todo lo que habíamos pasado así lo sea, no había nada malo en ver las fotos.

Paula siguió mis instrucciones hacia la casa de Maxi e inmediatamente hizo un sonido de apreciación mientras miraba la arquitectura.

—Este amigo tuyo Maxi tiene estilo —dijo.

—Sus amigos se lo dejaron en su testamento —dije—. No te molestes en salir, solo correré hacia la puerta y obtendré lo que deseo.

—No hay manera. Debo ver el interior —dijo Paula, saliendo del auto antes que pueda detenerla—. ¿Maxi tiene novia?

Sí, yo, pensé. Y estaba dando un trabajo estelar manteniendo la mentira. Incluso mi meda hermana quién dormía en mi casa sabía nada de mi “novio”.

Llegamos a la entrada y tocamos el timbre. Esperamos y lo tocamos de nuevo. Miré por la mirilla y se vio total oscuridad. Qué mala suerte para venir cuando él no estaba.

—¡Hola! ¿Están buscando a un joven que solía vivir aquí?

Paula y yo nos volteamos para ver a una mujer mayor de pie en la acera. Tenía ojotas rosadas en sus pies, ruleros rosados en su cabello y un pequeño perro negro al final de una correa.

—Estamos buscando a Maxi —dije—. ¿Eres su vecina?

—Me mudé con mi hija y su esposo al inicio del verano. Justo al final de la calle —dijo—. Mi esposo, John, ya no está, en paz descanse —nos informó.

Sonreí y me acerqué a ella. —Soy Lali Esposito. Soy amiga del chico que vive aquí, Maximiliano Recca.
—¿Recca? ¡Lo sabía! Sabía que era italiano. Un nombre así grita Italiano. Están invadiendo nuestras tierras.

Paula y yo intercambiamos miradas, y ella rodó sus ojos.

—¿Has visto hoy a Maxi? —pregunté.

—¿Hoy? ¿Por qué lo habría visto ahora? Te acabo de decir que se ha mudado. Hace dos días. Lo hizo en mitad de la noche, justo como un Italiano lo haría.

—Debes haberte equivocado. Maxi aún vive aquí —dije, tratando de mantener un tono calmado.

—¡Ja! Ese chico se ha ido. Siempre paraba solo. Desde el día en que se mudó. Solo un mes rentó este lugar.

—Maxi no estaba rentando. Esta casa es suya.

—¿Eso fue lo que te dijo? —Me miró como si fuera la peor perdedora del mundo—. Mi yerno es dueño de esta casa. Él alquila este lugar.

—Debes estar equivocada —dije por segunda vez.

—¡Busca en Internet si quieres! Eso no miente.

Sentí una sensación terrorífica. Si Maxi se había ido, ¿cómo conseguiría más Devilcraft? Apenas me quedaba, solo tenía para un día más, dos si lo hacía durar.

—Bueno, alguien está mintiendo —dijo Paula—. Creo que es ella. Nunca creo en una mujer mayor.

Apenas la escuché. Llamé al celular de Maxi, rogando que conteste, pero no obtuve nada. Ni su voz diciendo que deje un mensaje.

Cuando llegamos a casa, ayudé a Paula a meter sus compras, y mi mamá bajó las escaleras para encontrarnos.

—Uno de tus amigos dejó esto —dijo, extendiendo un sobre manila—. Dijo que su nombre era Maximiliano. ¿Debo conocerlo?

Intenté no verme tan ansiosa y cogí el sobre. —Es un amigo de Benjamín —expliqué.

Mi mamá y Paula mantuvieron un ojo en el sobre, mirándome a la espera.

—Probablemente solo sea algo que él quiere que le dé a Benja —mentí, no queriendo atraer extra atención.

—Se veía mayor que tus amigos. No estoy totalmente cómoda con la idea de tú saliendo con chicos mayores —dijo mamá.

—Como dije, es un amigo de Benja —respondí evasivamente.

En mi cama, respiré profundamente y rompí el sobre. Saqué varias fotos. Todas en blanco y negro.

Las primeras estaban tomadas de noche. Peter caminando por una calle desierta. Peter haciendo lo que parecía ser vigilancia desde su motocicleta. Peter hablando por un teléfono público. Nada nuevo ahí, desde que ya sabía que estaba trabajando para encontrar al chantajista de Pepper.

La siguiente foto era de Peter y Agustina.

Estaban en el nuevo auto de Peter. Pequeñas gotas de lluvia se deslizaban a través del poste de luz por encima de ellos. Agustina tenía sus brazos alrededor del cuello de Peter, una sonrisa coqueta bailando en sus labios. Estaban atrapados en el abrazo, y Peter parecía no ofrecer resistencia.

Llegué hasta la última foto. Mi estómago pesaba, y sabía que me iba a enfermar. Besándose.

Agustina besando a Peter. Justo ahí en las fotos.

Ángeles Caídos #4: Veintitrés

La mañana siguiente llegó rápido. El golpe en la ventana de mi habitación actuaba como mi alarma, y rodé para ver a Maxi detrás del vidrio. Alcé cinco dedos, señalando que estaría afuera en esa cantidad de minutos.

Técnicamente, estaba castigada. Pero con Maxi no funcionaría la excusa.

Afuera, se mostraba una oscura mañana, y froté mis manos para tratar de calentarme. Un pedazo de luna aún se veía. Más al fondo, un búho chilló.

Cuando estuve llena de sudor, Maxi me hizo hacer varios estiramientos. Había visto a Paula hacer varios de éstos en su habitación.

—¿Cuál es el plan para hoy? —pregunté, sentándome en el suelo con mis piernas esparcidas en una amplia “V”. Me incliné por la cintura, recostando mi frente en mi rótula, sintiendo un estirón.

—Posesión.

—¿Posesión? —repetí.

—Si los ángeles caídos pueden poseernos, es justo que nosotros aprendamos a poseerlos.

—No sabía que siquiera esa era una opción.

—Lo es ahora, ahora que tenemos Devilcraft. He estado entrenando a unos cuantos Nephils, incluido a mí mismo. Superar esta habilidad será el punto básico para esta guerra, Lali. Si podemos hacerlo satisfactoriamente, tenemos una oportunidad.

—¿Has estado entrenando? ¿Cómo?

Posesión era posible sólo en Cheshvan. ¿Cómo podía haber estado practicando la técnica por meses?

—Hemos estado entrenando con ángeles caídos—. Una sonrisa maliciosa destelló en sus ojos. —Te lo dije: Somos más fuertes que nunca. Hemos estado recogiendo a ángeles caídos de las calles, por la noche, y los hemos estado llaveando a los lugares de entrenamiento que Hank organizó.

—¿Hank estuvo involucrado en esto?

—Cogemos a los solitarios, los introvertidos, los que creemos que no serán extrañados. Les alimentamos con un prototipo especial de Devilcraft que hace posible la posesión por periodos cortos de tiempo, incluso cuando no es Chesvan. Y luego practicamos con ellos.

—¿En dónde se encuentran ahora?

—Detenidos en nuestro lugar de entrenamiento. Mantenemos una barra de metal encantada con Devilcraft, la cual se encuentra incrustada en las cicatrices de sus alas cuando no estamos practicando con ellos. Los mantiene totalmente inmovilizados. Como ratas de laboratorio a nuestra disposición.

Estaba completamente segura que Peter no sabía nada de esto. Él hubiese mencionado algo si hubiese sabido.

—¿A cuántos ángeles caídos has detenido? ¿Y en dónde se encuentra el lugar de entrenamiento?

—No puedo decirte la locación. Cuando la establecimos, Hank, Blakely y yo decidimos que sería más seguro mantenerlo en secreto. Con Hank muerto, Blakely y yo somos los únicos Nephils que sabemos dónde se ubica. Es mejor de esa manera.

—¿Vas a llevarme a ese lugar a entrenar? —Estaba segura que había un protocolo en eso también. O me llevarían con los ojos vendados o mi memoria sería borrada.

—No es necesario. Traje a una de las ratas de laboratorio aquí.

Mis ojos se lanzaron hacia los árboles. —¿En dónde?

—No te preocupes, la combinación de Devilcraft y la barra en sus cicatrices la está manteniendo cooperativa.

Maxi desapareció detrás de una roca, pero regresó arrastrando a una mujer, que no parecía más treinta años en escala humana. Sus piernas, dos palillos de dientes, salían de blancos pantalones cortos de gimnasio. Maxi la lanzó contra el suelo, su cuerpo inerte recostado contra la suciedad, como un saco de basura. Aparté la mirada de la barra de metal. Sabía que ella no podía sentir nada (como todos los ángeles caídos que no sentían nada físicamente), pero la imagen hizo que los vellos de mi nuca se ericen.

Tenía que recordarme a mí misma que ella era el enemigo. Me rehusaba a jurar lealtad a cualquier ángel caído. Todos eran peligrosos. Cada uno de ellos debía de ser detenido.

—Una vez que le retire la barra, sólo tendrás un par de segundos antes que ella empiece a pelear. Este Devilcraft en particular tiene poca vida y no durará en su cuerpo. En otras palabras, no bajes la guardia.

—¿Ella sabrá que la estoy poseyendo?

—Oh, lo sabrá. Ha pasado por esto miles de veces. Quiero que la poseas y comandes sus acciones por unos minutos para acostumbrarte a la sensación de manipular su cuerpo. Adviérteme cuando estés lista para salir de su cuerpo. Tendré lista la barra de metal.

—¿Cómo entro a su cuerpo? —pregunté, sintiendo la piel de gallina. Estaba fría y no solo por el frío de la noche. No quería poseer ángeles caídos, pero al mismo tiempo, necesitaba darle a Peter la mayor cantidad de información posible sobre cómo funcionaba el proceso. No podíamos resolver un problema que no entendíamos.

—Estará débil por el Devilcraft, lo que ayudará. Y estamos en Cheshvan, lo que significa que los conductos de posesión están muy abiertos. Todo lo que debes hacer es un truco mental. Toma control de sus pensamientos. Hazla pensar que ella quiere que tú la poseas. Una vez que baje la guardia, todo se vuelve fácil. Gravitarás haca ella naturalmente. Entrarás a su cuerpo tan rápido que apenas notarás la transición.

—Ella es tan joven.

—No dejes que eso te engañe. Ella es tan peligrosa como el resto. Toma, aquí te traje una dosis especial de Devilcraft que hará que tu primera vez sea más fácil.

No recibí la bebida inmediatamente. Mis dedos dudaron con deseo, pero los mantuve a mi lado. Ya había tomado suficiente Devilcraft. Me había prometido a mi misma detenerme, y que le diría la verdad a Peter. Hasta el momento, no había hecho ninguno.

Miré la bebida azul, y un hambre voraz pareció gruñir en mi estómago. No quería el Devilcraft, y al mismo tiempo, desesperadamente lo necesitaba. Mi cabeza daba vueltas. Tomar un poco más no podría ser dañino. Antes que pueda detenerme a mí misma, acepté la bebida. Mi boca ya salivaba.

—¿Debo tomarme todo?

—Sí.

Tomé la bebida, sintiéndose tan horrible como siempre en mi garganta.

—¿Lista? —preguntó Maxi.

No respondí de inmediato. Tenía poco deseo de poseer a la chica. Yo había sido poseída con anterioridad, por Peter, en una movida desesperada por salvarme. Mientras estuve agradecida que Peter haya intentado protegerme, la violación que sentía mientras duró, fue algo que no quería experimentar de nuevo. O que alguien más pase por ello.

Mis ojos se posaron en la chica. Había pasado por esto cientos de veces. Y aquí estaba yo, por hacerla pasar por ello otra vez.

—Lista —dije, finalmente.

Maxi retiró la barra de las cicatrices de la chica, con cuidado de mantener alejadas sus manos del brillante azul.

—En cualquier segundo —murmuró con advertencia—. Alístate. Sus pensamientos darán impulsos magnéticos; apenas sientas actividad mental, entra dentro de su cabeza. No pierdas nada de tiempo convenciéndola que ella quiere que tú la poseas.

El silencio colgó en el bosque, pesado y tenso. Tomé un paso hacia adelante, hacia la chica. Las rodillas de Maxi estaban dobladas, como si esperara tener que saltar hacia la acción en cualquier momento. Un pequeño destello de energía aterrizó en mi radar, y esa fue toda la advertencia que obtuve antes que la chica se lanzara contra mí, sus dientes expuestos y sus uñas arañando como un animal salvaje.

Se retorció contra la suciedad. Mis reflejos eran más finos, y rodé encima de ella. Busqué sus muñecas, esperando colocarlas por encima de su cabeza, pero ella me apartó. Alcé la mirada justo a tiempo para verla brincar en el aire, hacia mí.

—¡Ahora! —gritó Maxi.

Por el rabillo del ojo, lo vi sostener la barra en caso mi ataque hacia la chica falle.

Cerré mis ojos, buscando sus pensamientos. Podía sentirlos zumbar, como insectos. Me hundí en su cabeza, apartando todo lo que venía. Convertí sus pensamientos en una masa gigante y susurré hipnóticamente: Déjame entrar, déjame entrar ahora.

Más rápido de lo que esperaba, las defensas de la chica se apagaron. Justo como Maxi había predicho, me sentí a mí misma yendo hacia ella, como si mi alma se tambaleara hacia un campo de fuerza poderoso. No ofreció resistencia. No hubo un momento que defina cuando sentí el cambio; apenas parpadeé y me encontré a mí misma viendo el mundo desde un ángulo diferente.

Estaba dentro de ella, cuerpo, mente, alma y poseyéndola.

—¿Lali? —preguntó Maxi.

—Estoy adentro.

Mi voz me sorprendió; había comandado la respuesta, pero había salido en su voz. Más alta y dulce de lo que hubiera esperado de un ángel caído. Era tan joven…

—¿Sientes alguna resistencia? —preguntó Maxi.

Esta vez, sacudí mi cabeza en señal de negación. No estaba lista para escucharme a mí misma hablar en su voz de nuevo. De mala gana completé pequeñas tareas que Maxi me mandaba a realizar.

He terminado —dije a través de la mente—. Voy a salir.

—Un poco más —dijo—. Necesitas más práctica. Quiero que se sienta como tu segunda naturaleza. Corre otra vez.

Ignorando su pedido, comandé a su cuerpo a expulsar el mío, y de nuevo, la transición fue tan fácil como abrupta.

Jurando bajo su aliento, Maxi colocó de nuevo la barra de metal. Su cuerpo cayó como si estuviera muerto, brazos y piernas golpeando el suelo en ángulos graciosos. Quería apartar la mirada pero no podía. Me seguía preguntando cómo había sido su existencia en la Tierra. Si alguien la extrañaba. Si ella sería libre de nuevo.

—Eso no fue suficiente —me dijo Maxi, claramente enojado—. ¿No me escuchaste decirte que practiques de nuevo? Sé que es un poco incómodo al inicio…

—¿Cómo funciona? —pregunté—. Dos objetos no pueden existir en el mismo espacio al mismo tiempo. Entonces, ¿cómo funciona la posesión?

—Se trata de elementos atómicos y de física. Solo debes tener fe.

—De acuerdo. Te daré fe. Pero quiero que me des algo a cambio —dije—. Hay un arcángel vagando por la ciudad llamado Pepper Friberg. Él clama que un ángel caído lo está chantajeando, y estoy bastante segura de quién es. Quiero que me obtengas evidencia para atraparla.

—¿Atraparla? ¿Es mujer?

—Las mujeres también pueden ser astutas.

—¿Qué tiene que ver esto con liderar a los Nephils?

—Esto es personal.

—Muy bien —dijo Maxi, lentamente—. Dime lo que necesito saber.

—Peter me dijo que cualquier ángel caído podía estar chantajeando a Pepper por numerosas cosas: páginas del Libro de Enoch, vistazos al futuro, total perdón en crímenes pasados, información sagrada y secreta, o incluso el estatus de ángeles guardianes.

—¿Qué más dijo Peter?

—No mucho. Él también quiere encontrar al chantajista. Sé que ha estado siguiendo pistas. Pero estoy bastante segura que ha estado buscando en los lugares incorrectos. La otra noche vi a su ex hablando con Pepper detrás del bar. No pude escuchar lo que dijeron, pero ella se veía confiada. Y Pepper, furioso. Su nombre es Agustina.

Estuve sorprendida al ver una sombra de reconocimiento en la expresión de Maxi. Cruzó sus brazos sobre su pecho. —¿Agustina?

Gruñí. —No me digas que tú también la conoces. Juro que ella está en todas partes. Si me dices que crees que es bonita, patearé tu trasero.

—No es eso—. Maxi sacudió su cabeza—. No quiero ser el que te lo diga.

—¿Decirme qué?

—Conozco a Agustina. No personalmente, pero… —La simpatía de su rostro se profundizó. Me vio como si estuviera a punto de dar malas noticias.

Había tomado asiento cerca de un árbol para contar mi historia, pero ahora salté a mis pies.

—Sólo dímelo, Maxi.

—Tengo espías trabajando para mí. La gente que contrato mantiene un ojo en ángeles caídos que influencian. No es un secreto que Peter es altamente respetado en la comunidad de ángeles caídos. Es inteligente, astuto y de recursos. Es un buen líder. Sus años como mercenario le ha dado más experiencia en batallas que la mayoría de hombres.

—Has estado espiando a Peter —dije—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—Confío en ti, pero no voy a descontar la posibilidad que él tenga influencia sobre ti.

—¿Influencia? Peter nunca ha tomado las decisiones por mí…soy capaz de hacerlo por mi propia cuenta. Estoy a cargo de esta operación —dije, con irritación.

—Punto tomado.

—¿Vas a decirme por qué me estás diciendo todo esto?

Soltó un suspiro.

—Mientras espiaba a Peter, Agustina saltó en nuestro radar más de una vez.

Cerré mis ojos, deseando decirle que se detenga ahí. No quería escuchar más. Agustina seguía a Peter a todos lados, lo sabía. Pero el tono de voz de Maxi sugería que tenía noticias más devastadoras por decirme.

—Un par de noches atrás, estuvieron juntos. Tengo evidencia. Muchas fotos.

Apreté el mentón.

—Quiero verlas.

—Lali.

—Puedo soportarlo —solté—. Quiero ver esta evidencia que ustedes los hombres, mis hombres, recolectaron.

Peter con Agustina. Viajé por mi memoria, intentando encontrar la noche en que podría haber sucedido esto. Me sentí frenética y celosa y desbalanceada. Peter no había hecho esto. Había una explicación. Le debía el beneficio de la duda. Habíamos pasado por mucho como para saltar hacia la primera conclusión que se abría a mi paso.

Tenía que mantenerme calmada. ¿Maxi tenía fotos? Bien. Las analizaría por mí misma.

Maxi presionó sus labios, luego asintió: —Las haré llegar a tu casa más tarde.

***

¡Chan, chan, chan!
No dejen de pasar por mi otro blog. Hay nuevo post :)

lunes, 28 de julio de 2014

Ángeles Caídos #4: Veintidós

De regreso a la casa encontré a Peter en la sala de estar, sobre el cuerpo de Baruch. Alivió pasó a través de mí al verlo. —¡Peter! —exclamé, corriendo hacia él.

—Ángel—. Su rostro estaba cubierto de preocupación. Se puso de pie, abriendo sus brazos mientras corrí hacia ellos. Me apretó fuerte.

Asentí para aliviar cualquier preocupación que podría tener sobre mí, y tragué el nudo en mi garganta. —Estoy bien. No estoy herida. Le hice un truco mental para que piense que vino un ejército de Nephils. Y le hice creer que lo golpeé con un atizador en sus cicatrices—. Solté un suspiro tembloroso. —¿Cómo supiste que los ángeles caídos interrumpieron la fiesta?

—Tu mamá me botó, pero no iba a dejarte desprotegida. Tomé guardia a unas cuantas casas de aquí. Había un montón de tráfico dirigiéndose hacia tu casa, pero asumí que era por la fiesta. Cuando vi a la gente corriendo y saliendo de la puerta de tu casa, asustados, vine tan rápido como pude. Había un ángel caído haciendo guardia afuera. Sin más que decir, lo tuve que golpear, y a unos cuantos otros, en las cicatrices de sus alas. Espero que tu mamá no note que rompí un par de ramas del árbol de afuera. Funcionan perfectamente como estacas—. Su boca se torció maliciosamente.

—Ella llegará a casa en cualquier momento.

Peter asintió. —Me encargaré del cuerpo. ¿Puedes hacer que funcione la electricidad? El encendedor está en el garaje. Revisa si alguno de los interruptores está caído. Si cortaron los cables, vamos a tener un montón de trabajo por hacer.

—Lo haré—. Me detuve a mitad de camino y me volteé. —Agustina vino. Me ofreció una fantasiosa historia, diciendo que tú le dijiste que me saque. ¿Crees que ella pueda haber estado ayudándoles?

Para mi sorpresa, él dijo: —La llamé. Estaba por acá. Fui detrás de los ángeles caídos y le dije que te saque.

Me quedé sin habla, tanto por el desconcierto como por irritación. No sabía si estaba enojada porque Agustina había estado diciendo la verdad, o que claramente ella estaba siguiente a Peter, desde que “cerca” era bastante vago. Probablemente tenga un dispositivo de rastreo en él. Cuando él la llamó, probablemente ella había estacionado a cien cuadras atrás, con un par de binoculares.

No dudada que Peter fuera fiel a mi. Asimismo, no dudaba que Agustina esperaba cambiar eso.

Dándome cuenta que no era el momento de convertir esto en discusión, dije: —¿Qué le vamos a decir a mi mamá?

—Yo…yo me encargaré de ello.

Peter y yo nos volteamos hacia el pequeño chirrido que vino desde la puerta. Paula estaba ahí, retorciendo sus manos. Como si hubiese sentido lo débil que la hacía ver, soltó sus manos a los lados de su cuerpo. Retirando el cabello de sus hombros, alzó su mentón.

—La fiesta fue mi idea, lo que hace que esto sea tanto mi desastre como el de ustedes. Le diré a tu mamá que algunos perdedores llegaron para malograr la fiesta y empezaron a destruir los muebles. Hicimos la única cosa responsable: cancelar la fiesta.

Parecía como si Paula estaba haciendo todo lo posible para evitar mirar el cuerpo de Baruch recostado boca abajo en la alfombra.

—Gracias Paula —dije, sinceramente.

—No suenes tan sorprendida Yo también estoy en esto, sabes. No soy…quiero decir…soy una no… —respiró profundo—, soy una como tú—. Abrió su boca para decir más, luego abruptamente la cerró. No la culpaba, “No-humana” era una palabra difícil de decir, en voz alta sobre todo.

Un golpe en la puerta hizo que Paula y yo saltemos. Intercambios una breve mirada de incertidumbre antes que Peter hable.

—Pretendan que nunca estuvimos aquí —dijo, colgando a Baruch sobre sus hombros y llevándolo hacia la puerta trasera—. ¿Y Ángel? —agregó en mi mente—. Borra la memoria de Paula, el hecho de haberme visto aquí esta noche. Necesitamos mantener nuestro secreto.

Considéralo hecho —le respondí.

Paula y yo fuimos a responder la puerta. Recién había cogido la manija cuando Cande entró, empujando a Benja con ella, sus dedos entrelazados.

—Siento estar tarde —anunció Cande—. Tuvimos una pequeña…em… —Compartía un secreto, su mirada se cruzó con la de Benja, y ambos explotaron en risas.

—Distracción —terminó Benja por ella, sonriendo.

Cande se hizo aire con la mano. —Puedes decir eso de nuevo.

Cuando Paula y yo simplemente los miramos en silencio sombrío, Cande miro alrededor, dándose cuenta de lo vacía y desastrosa que estaba la casa.

—Espera. ¿Dónde están todos? La fiesta no puede terminar todavía.

—Nos arruinaron la fiesta —dijo Paula.

—Estaban usando máscaras de Halloween —expliqué—. Podría haber sido cualquiera.

—Empezaron a destruir los muebles.

—Mandamos a todos a casa —agregué.

Cande examinó a casa con sorpresa, sin palabras.

¿Arruinaron? —Benja habló en mi mente, claramente no comprándose mis habilidades de actuación e intuyendo que había más historia.

Ángeles Caídos —respondí—. Uno en particular intentó lo mejor que pudo en hacerme jurar lealtad. Está todo bien —agregué rápidamente cuando vi su rostro lleno de ansiedad—. No tuvo éxito. Necesito que saques a Cande fuera de aquí. Si da vueltas, solo va a empezar a hacer preguntas que no puedo responder. Y necesito limpiar todo antes que llegue mi mamá.

¿Cuándo vas a decírselo?

Salté, la pregunta de Benja me atrapó fuera de guardia.

No puedo contarle a Cande. No si quiero mantenerla a salvo. Ella es mi mejor amiga, Benja. Nada puede sucederle.

Ella merece la verdad.

Merece mucho más, pero ahora mismo, su seguridad me importa más.

¿Qué crees que le importa más a ella? Ella se preocupa y confía en ti. Muéstrale el mismo respeto.

No tenía tiempo para discutir. —Por favor, Benja —le rogué.

Me dio una mirada larga y considerada. Podía decir que no estaba satisfecho, pero también podía decir que me iba a dejar ganar esta batalla…por ahora.

—Déjame decirte algo —le dijo a Cande—. Te lo recompensaré. Vayamos a ver una película. Tú escoges. No es por condicionar tu opinión, pero hay una nueva película de superhéroes. Comentarios malos, lo que siempre es una señal que va a ser dulce.

—Deberíamos quedarnos y ayudar a Lali a arreglar este desastre —dijo Cande—. Voy a descubrir quién hizo esto y enseñarles algunos modales. Y más les vale mantener un ojo en sus llantas porque tengo un cuchillo que quiere ser usado.

—Tómense la noche —le dije a Cande—. Paula me ayudará a limpiar, ¿verdad, Paula? —Colgué mi brazo sobre su hombro y lo dije lo suficientemente dulce, pero había una nota de arrogancia bajo mis palabras.

Cande atrapó mi mirada, y compartimos un momento de entendimiento.

—Bueno, eso no es mucho para ti —Cande le dijo a Paula—. El recogedor está bajo el lavadero de la cocina. Las bolsas de basura también. —Le dio un apretón a su hombro—. Diviértete y no te rompas muchas uñas.

Después que la puerta se cerró tras de ellos, Paula y yo nos caímos contra la pared. Al mismo tiempo, soltamos un suspiro de alivio.

Paula sonrió primero. —Duendecilla.

Aclaré mi garganta. —Gracias por la ayuda esta noche —dije, y honestamente lo sentía. Por una vez en la vida, Paula había sido…

De ayuda, me di cuenta. E iba a pagarle borrándole su memoria.

Se levantó del suelo, desempolvando sus manos. —La noche no se ha terminado todavía. ¿El recogedor está debajo del lavadero?

miércoles, 23 de julio de 2014

Ángeles Caídos #4: Veintiuno

No haría el juramento y no permitiría que él me obligue a decir las palabras. No importaba cuánto daño me haría, debía mantenerme fuerte. Pero defenderme sola no iba a ser suficiente para ello. Necesita una ofensa, y rápido.

Utiliza también tus trucos mentales, me comandé a mí misma. Maxi me había dicho que los trucos mentales eran mi mejor arma. Había dicho que yo era mejor en ello que casi todos los Nephil que él conocía. Lo había logrado con Peter, y ahora lo haría con Baruch.

Cerrando mis ojos para bloquear el chantaje de Baruch, me lancé dentro de su cabeza. Mi gran confianza vino al saber que había consumido devilcraft más temprano. No confiaba en mi propia fuerza, pero la bebida azul me hacía mucho más poderosa. Volé por la oscuridad, retorcí corredores de la mente de Baruch, plantando una explosión tras otra. Trabajé tan rápido como pude, sabiendo que si cometía un error, si le daba cualquier razón para pensar que estaba reconstruyendo sus pensamientos, si dejaba cualquier evidencia de mi presencia…

Escogí la única cosa que sabía que alarmaría a Baruch. Nephils.

¡El ejército de la Mano Negra! Pensé explosivamente en la mente de Baruch. Coloqué una imagen de Maxi corriendo hacia la habitación, seguido de veinte, treinta, no…cuarenta Nephils. Enfoqué las imágenes en los ojos llenos de rabia y duros puños. Para hacer que la visión sea aún más convincente, le hice pensar que estaba observando a sus propios hombres ser atrapados por Nephils.

A pesar de todo ello, sentí la resistencia de Baruch. Se mantuvo en su lugar, sin reaccionar como lo haría si de verdad estuviera rodeado de Nephils. Temí que sospechara que había algo extraño, y seguí.

Sí te metes con la líder, te metes con nosotros, con todos. Lancé las palabras venenosas de Maxi en la mente de Baruch. Lali no va a jurar lealtad ahora. No ahora, ni nunca. Creé una imagen de Maxi recogiendo el atizador de las herramientas de la chimenea y presionándolo en las cicatrices de Baruch.

Escuché a Baruch caer de rodillas antes de abrir mis ojos. Estaba totalmente echado, con sus hombros encorvados. Una expresión de trauma se veía en sus rasgos. Sus ojos vidriosos, y saliva en las esquinas de su boca. Sus manos alcanzaron su espalda, buscando aire. Estaba intentando retirar el atizador.

Exhalé con alivio. Se lo había comprado. Creía que mi truco mental era cierto.

Una figura se movió cerca de la puerta.

Me puse de pie y cogí el verdadero atizador de la chimenea. Lo alcé por encima de mi hombro, lista para moverlo, cuando Agustina apareció a mi vista. En la semi-oscuridad, su cabello brillaba con un color blanco glacial. Su boca era una línea sombría.

—¿Le hiciste un truco mental? —dijo—. Lindo. Pero tenemos que salir ahora mismo de aquí.

Casi reí, fría y sin poder creerlo. —¿Qué haces aquí?

Se detuvo sobre el cuerpo inamovible de Baruch. —Peter me pidió que te llevara a algún lugar seguro.

Sacudí mi cabeza. —Estás mintiendo. Peter no te mandó. Él sabe que eres la última persona con la que me iría—. Apreté más fuerte el atizador. Si daba otro paso más, estaría encantada de colocarlo en las cicatrices de sus alas. Y como Baruch, estaría en el mismo estado.

—No tuvo mucha opción. Entre perseguir a los otros ángeles caídos que malograron tu fiesta y borrar las mentes de todos tus amigos traumados que están corriendo por la calle mientras hablamos, debo decir que está un poco preocupado. ¿Acaso no tienen una palabra secreta como código para situaciones como esta? —me preguntó Agustina—. ¿Cuándo estuve con Peter, teníamos una. Hubiera confiado en cualquier que Peter se la hubiese dado.

No le quité los ojos de encima. ¿Palabra secreta? Mi dios, sí que era buena metiéndose bajo mi piel.

—De hecho, sí tenemos un código secreto —dije—. Es: “Agustina es una sanguijuela patética que no sabe cuándo moverse del camino” —Cubrí mi boca—. Ay, acabo de darme cuenta por qué probablemente Peter falló en compartir nuestro código secreto contigo—dije con sorna—. O me dices realmente para qué viniste aquí o voy a lanzar esto contra tus cicatrices —agregué.

—No tengo que seguir con esto —dijo Agustina, dándose la vuelta.

La seguí por la casa vacía y hacia afuera.

—Sé que estás chantajeando a Pepper Friberg —dije—. Él cree que Peter lo está haciendo y hará lo que sea para colocar a Peter en el camino rápido hacia el infierno. Eso va para ti Agustina. Dices que aún estás enamorada de Peter, pero tienes una forma muy divertida de demostrarlo. Por ti, está en peligro de ser eliminado. ¿Ese es tu plan? ¿Si no puedes tenerlo, nadie puede?

Agus presionó un botón de su llave y luces se prendieron en el auto deportivo más exótico que había visto.

—¿Qué es eso? —pregunté.

Me lanzó una mirada condescendiente. —Mi Bugatti.

Un Bugatti, un auto de lo más sofisticado, lujoso, de dos puertas, con lunas polarizadas…Justo como Agustina.

—Debes deshacerte de ese ángel caído antes que tu mamá regrese —dijo, mientras subía al auto—. Y deberías revisar la validez de tus acusaciones.

Empezó a cerrar la puerta, pero yo la abrí nuevamente. —¿Estás negando que eres la chantajista de Pepper? —pregunté, con enojo—. Los vi a los dos discutiendo afuera del bar.

—No deberías espiar, Lali. Y Pepper es un arcángel del que mejor te quedas alejada. Juega sucio.

—Yo también.

—No es que sea de tu incumbencia, pero Pepper me buscó esa noche porque él sabe que tengo conexión con Peter. Lo está buscando y pensó erróneamente que yo lo ayudaría.

Encendió el motor y me quedé mirando a Agustina, sin creerle que su interacción con Pepper había sido así de inocente.

—Eres muy mala juzgando —dijo.

Me acerqué al auto, golpeándolo con mis palmas.

—Cuando se trata de ti, no me equivoco —grite por encima del ruido—. Eres una convenida, egoísta y narcisista.

Con eso, me miró furiosa y salió del auto.

—Yo también quiero limpiar el nombre de Peter, para que sepas —dijo con voz fría.

—Ahora ahí hay una frase que te dará el Oscar.

—Le dije a Peter que eras inmadura e impulsiva y no podías sobrellevar tus celos de lo que él y yo y él hemos trabajado por mucho tiempo para hacer que esto funcione.

Mis mejillas se sonrojaron, y cogí su brazo antes que me evada.

—No le hables a Peter sobre mí de nuevo. Aún más, no le hables a él. Punto.

—Peter confía en mí. Eso debe ser suficiente para ti.

—Peter no confía en ti. Te está usando. Al final, serás reemplazable. Al minuto ya no serás útil, se habrá terminado.

La boca de Agustina se convirtió en algo horrible. —Desde que nos estamos dando consejos una a la otra, aquí está el mío. Sal de mi camino.

Me estaba amenazando.

Tenía algo que esconder.

Encontraría su secreto, y la haría caer.

Comunicado

¡Hola! Antes que nada, gracias por los comentarios, gracias por leer :)

¡Es posible que ahora suba un capítulo, esperemos que sí! Pero, no vine a contarles eso, sino a comentarles que he agregado dos links en cada pestaña. Es decir, si ingresan a la pestaña de "Saga Ángeles Caídos" van a encontrar un link para descargar la adaptación que realicé (eso siempre ha estado) y además, otro link para descargar la traducción en español. Ojo que esta no es oficial, es realizada por ciertos foros como "Paradise Summerland" o "Purple Rose" u otros. He participado y participo en uno de éstos foros y sé que las traducciones son bastante buenas; lo hacemos gratuitamente y por placer, pero con calidad (wow, promocionando al 100% el trabajo jajaja). 

En fin....eso quería decirles después de mucho palabreo...me voy a cenar y a adaptar-traducir :)