martes, 5 de junio de 2012

El Designio del Ángel: Veintisiete

El Designio que rige mi vida (parte uno)

Estoy en un bote con Peter, pescando en el centro del lago Jackson, cuando Ángela me llama.

- ¿Cómo estás? – pregunta - ¿ya ocurrió lo del fuego?
- No
- ¿Y hubo algo de acción con Thiago?
- No. Él…yo…no… - empiezo a tartamudear, nerviosa – él no está en la ciudad
- Bueno, ¿y, cuál es la emergencia?
- Te envié ese correo hace semanas
- He estado un tiempo sin internet – dice – he estado un poco aislada. ¿Así que crisis superada?
- Sí – digo, mirando a Peter quién me sonríe – todo está bien
- ¿Y, qué fue lo que ocurrió?
- ¿Quieres volver a la orilla? – me pregunta Peter y yo asiento con la cabeza
- ¿Puedo llamarte más tarde? – le pregunto a Ángela
- ¡No, no puedes llamarme más tarde! ¿Quién era ése?
- Peter

El aludido cruza el bote y se sienta a mi lado, sin dejar de sonreír con malicia, hasta el punto de que me quedo sin aliento y el corazón se me acelera.

- ¿Peter Lanzani? – pregunta mi amiga
- Sí
- ¿Cande también está ahí?
- No, ella sigue de viaje

Peter coge mi mano y empieza a besarme los nudillos uno por uno. Me da escalofríos e intento retirarla, pero él no la suelta.

- Entonces sólo estás con Peter
- Sí – reprimo la risa cuando Peter pellizca uno de mis dedos
- ¿Y, qué haces con Peter?
- Estamos pescando

Hemos pasado toda la tarde dando vueltas en pequeños círculos por el lago, besándonos, salpicándonos, comiendo uvas, galletas y sándwiches de pavo, besándonos más, acurrucándonos, acariciándonos, riendo y sí, besándonos un poco más, pero estoy segura de que en algún sitio estuvimos pescando.

- No me entiendes – dice mi amiga, con voz grave
- ¿Qué?
- ¿Qué estás haciendo con Peter? – vuelve a preguntarme

Ángela no es tonta. Me pongo de pie y me aparto de Peter.

- De verdad que éste no es un buen momento. Te llamó después
- Estás malogrando todo – dice – estás perdiendo de vista tu objetivo cuando deberías estar concentrada en él, preparándote. No puedo creer que esté con Peter justo ahora. ¿Qué pasa con Thiago? ¿Qué pasa con el destino, Mar?
- No estoy malogrando nada. Todavía puedo hacer lo que se supone que debo hacer
- Sí, claro. Hablas como si tuvieras todo bajo control
- Déjame en paz, no sabes nada
- ¿Tu madre lo sabe? – ante mi silencio, suelta una pequeña risa – claro, es perfecto
- Es mi vida
- Sí, lo es; y, la estás malogrando

Le cuelgo. Al voltear, me enfrento a la mirada de Peter.

- ¿Qué pasó? – me pregunta tranquilo
- Nada. Sólo alguien que supuestamente es amiga mía – frunce las cejas
- Creo que deberíamos ir regresando a la orilla, ya llevamos mucho tiempo aquí
- Todavía no – le suplico

Peter contempla el cielo, que se está oscureciendo con nubes de tormenta.

- Tenemos que salir del lago, ya estamos entrando a la temporada de tormentas. Duran apenas veinte minutos pero pueden ser brutales
- No

Lo cojo de la mano y lo jalo para traerlo hacia mí, donde hago que se siente y me encojo contra él, estrechándome en sus brazos y refugiándome en su olor cálido, confortable y familiar. Le doy un beso en la vena de su cuello.

- Mar… - apoyo un dedo en sus labios
- Todavía no – susurro – sólo un ratito más

lunes, 4 de junio de 2012

Ivan & Julia

Para calmar la espera del capi (espero tenerlo para esta tarde o noche), les dejo tres videitos de esta pareja de  la serie española El Internado. ¡Se odian pero a la vez se aman tanto! 
Espero les guste :)

PD: podrán encontrar más en mi cuenta de Youtube, Mais020291, además de videos Laliter, Thiaguella y de Casi Ángeles :)

Derechos de autor: Antena 3

Derechos de autor: Antena 3

Realizado por mi

sábado, 2 de junio de 2012

El Designio del Ángel: Veintiséis

Llámame ángel (parte dos)

Así que estoy enamorada, esa locura de olvidarse de comer, andar en las nubes, hablar por teléfono toda la noche y saltar de la cama por la mañana esperando verlo igual de enamorado. El verano se pasa volando, y cada día encuentro un nuevo motivo para amarlo.

Tengo la sensación que nadie lo conoce como yo lo conozco. La gente lo considera un buen chico, respetuoso; es amable, atento. Peter no le da gran importancia a que yo sea diferente, aunque a veces lo descubro mirándome con cierta curiosidad. Me encanta como a veces se avergüenza de toda la ternura que hay entre los dos, entonces me habla rudamente y me hace reír o me besa para que nos callemos. No veas cómo nos besamos, como campeones.

Peter nunca va más allá, aunque a veces yo quiero. Me besa, me besa, me besa hasta que la cabeza me da vueltas y mi cuerpo se vuelve ligero y pesado al mismo tiempo, me besa hasta que empiezo a sacarnos la ropa, deseando el mayor contacto posible. Entonces me coge las muñecas y se aparta de mí, cerrando los ojos y respirando hondo durante un rato.

- ¿Y la iglesia qué? – me pregunta una noche al tomar distancia, para poder respirar

Estamos a principios de agosto. Estamos tumbados sobre una manta en la parte de atrás de su camioneta, bajo un cielo lleno de estrellas. Me besa el dorso de la mano y luego entrelaza sus dedos con los míos.

- ¿Qué? – se ríe
- La iglesia. ¿Por qué tu familia no va a la iglesia?
- No lo sé. Cuando éramos niños mamá nos llevaba todos los domingos, pero dejó de hacerlo cuando crecimos.

Se pone de costado para mirarme.

- Pero, tú sabes que hay un Dios. Digo, en parte eres un ángel. Tienes la prueba, ¿verdad?
- Bueno, está eso de la gloria – digo – es la manera en que nos conectamos con Dios. Pero no sé mucho de eso, sólo lo he sentido una vez.
- ¿Cómo fue?
- Estuvo bien, no sabría describirlo. Fue como si pudiera sentir todo lo que tú sentías, los latidos de tu corazón, la sangre corriendo por tus venas, tu respiración, como si fuéramos la misma persona y esto nos pareciera increíble…la felicidad. ¿Tú no sentiste lo mismo?
- Creo que no – admite – sólo estaba loco por estar besándote. Y de repente estabas brillando, tanto que no podía mirarte
- Lo siento
- Yo no – dice – me alegro que pasara. Porque desde entonces sé quién eres
- ¿Ah sí? ¿Quién soy?
- Una chica muy, pero muy espiritual y mimada de California
- Cállate
- Es genial. Mi novia es un ángel
- No soy un ángel. No vivo en el cielo ni toco el arpa ni tengo conversaciones íntimas con el Todopoderoso
- ¿Ah no? ¿En Navidad no cenas a lo grande con Dios?
- No – digo riéndome

Cuando subimos al auto decidimos ir a pescar. Avanzamos dando sacudidas por un camino de tierra. En el trayecto, Peter me cuenta que ya le contó a Cande de lo nuestro y que está más que feliz; claro que no le ha dicho sobre lo que soy un ángel, aunque él admite que será difícil cuando ella regrese.

Miro por la ventana, la camioneta deja atrás los pinos a ambos lados del camino. Hace mucho calor. Entonces todo empieza a parecerme familiar. Mis manos aprietan las de Peter.

- Para la camioneta – le digo
- ¿Qué?
- ¡Para!

Peter pisa los frenos, levantando una polvareda a nuestro alrededor. Me bajo antes de que haya parado por completo. Después me dirijo aturdida hacia el costado del camino; cada paso guía al siguiente y así me adentro en el bosque. Tropiezo una vez, cayendo de rodillas sobre el suelo cubierto de agujas de pino, pero aún así sigo adentrándome en el bosque. Entonces, me detengo.

Todo está aquí. El pequeño claro, la cadena de montañas. El aire está lleno de humo, el cielo anaranjado. Thiago lleva una chaqueta de lana negra, las manos en los bolsillos. Puedo ver las llamas, avanzo hacia él. Todo está muy seco.

- Thiago – digo con voz ronca

Se da la vuelta.

- Eres tú – dice
- Sí, soy yo…soy…

Se acerca y yo avanzo hacia él. Los dos nos detenemos, a un paso de distancia y nos quedamos mirándonos. Me siento como si estuviera drogada o algo parecido. Alargo el brazo y su mano alcanza la mía. Cierro los ojos por un instante ante la sensación que me invade. La revelación me sacude. Nos pertenecemos.

Abro los ojos y él se acerca. Contempla mis labios, luego mis ojos, y otra vez mis labios. Alza una mano para tocarme la mejilla. Estoy llorando, las lágrimas ruedan por mi rostro.

- Realmente eres tú – susurra

Me abraza y el fuego se precipita sobre nosotros. Me aferro al cuerpo de Thiago e invoco mis alas, aleteo con fuerza y me doy impulso para levantarme. Sólo que no vuelo. Desciendo al nivel del suelo del bosque, porque Thiago ya no está. Y de pronto todo se vuelve negro. Alguien me lleva en brazos, no tengo que abrir los ojos para saber que es Peter. He tenido la visión, una vez más.

Cuando llegamos a la camioneta, abre la parte de atrás, coge esa manta enorme y la tiende. Me acuesta con cuidado, luego sube y se queda a mi lado.

- Gracias – digo con voz rasposa – eres mi héroe
- ¿Qué ha pasado?

Lo miro, sus tiernos ojos grises están tan llenos de amor y preocupación que se me hace un nudo en la garganta.

- ¿Estás bien?
- Sí, sólo ha sido un desmayo – respiro hondo – tuve una visión

Entonces, empiezo a contarle toda la historia. Al finalizar, estamos los dos sentados, Peter apoyado de espaldas en la camioneta, intentando entender. No sé si siente rabia porque todo este asunto tiene que ver con Thiago, o alivio por saber que mi obsesión con Peter tenía una explicación.

- ¿En qué piensas? – le pregunto luego de diez minutos de silencio
- En que parece todo mentira. Es como una misión sagrada que tienes que cumplir
- Sí

Claro que la versión que le conté no incluye esos pequeños detalles molestos sobre nuestras manos entrelazadas y las caricias en la mejilla.

- ¿Dónde estamos? - pregunto
- En el camino de Fox Creek

El camino de Fox Creek. Nombre sencillo para el lugar en que va a cumplirse el destino. Ahora ya conozco el dónde, el quién y el qué. Todo lo que tengo que averiguar es el cuándo y el por qué. 

El Designio del Ángel: Veinticinco

Llámame ángel (parte uno)

Lo hermoso y dulce del beso se terminó cuando Peter me empezó a mirar asustado, podía sentir su miedo. La luz brilla a través de mi ropa como si estuviera desnuda delante de él. Parte de mí se retuerce de dolor ante su expresión aterrada, y entonces, de pronto, la luz se extingue.

- Lo siento – digo
- No sé qué – intenta decir, pero se interrumpe
- Lo siento. No quería….
- ¿Quién eres tú? – me estremezco
- Soy Mar

Doy un paso adelante y pongo una mano sobre su rostro. Se espanta. Me coge la mano, la de la herida, que está completamente curada, no queda ni rastro de cicatriz.

- Lo sabía – dice, soltando mi mano
- Pitt…
- ¿Quién eres tú? – vuelve a preguntarme y retrocede unos pasos
- Es difícil de explicar
- No – sacude la cabeza, ahora está pálido

Sigue retrocediendo hasta llegar a la puerta del establo, donde se da la vuelta y corre hacia su casa. Todo lo que puedo hacer es mirarlo mientras huye. Me siento desconectada de mí misma, sobresaltada por lo que ha sucedido. No tengo quién me lleve a casa, así que corro. Corro hacia el bosque que está detrás de la hacienda. Una vez que me he adentrado un poco, mis alas asoman sin que las invoque. Vuelo completamente perdida hasta que encuentro el camino a casa. Llego temblando, cegada por las lágrimas y muerta de miedo. Lloro y no paro de llorar.

Unas horas más tarde, mi madre me encuentra en la habitación sollozando en la almohada.

- ¿Qué le ha pasado a tu pelo?
- ¿Qué?
- Ha recuperado su color natural, el rojo ha desaparecido por completo
- He accedido a la gloria, supongo que fue eso
- ¿Has alcanzado la gloria? – pregunta, sus ojos abiertos
- Sí
- Mi amor, no me extraña que estés afectada. Es una experiencia fuerte. Ahora descansa – me besa en la frente – mañana puedes contarme más

Una vez que se ha ido, le envío un correo a Ángela, solicitándole ayuda de emergencia. No tengo nadie con quien hablar, nadie a quién contárselo. Ya lo extraño. Sin poder contenerme, y con ganas de escuchar su voz, llamo a Peter desde mi celular. Contesta de inmediato. Por un instante ninguno de los dos dice nada.

- Déjame en paz – finalmente él dice y cuelga

***

Pasan tres días en los que no vuelvo a llamar a Peter ni intento verlo; revivo el beso hasta pensar que me volveré loca y me arrancaré todas las plumas. Y, como si durante el día no la pasara bastante mal, por la noche sueño con él; tres noches seguidas en las que no puedo dejar de pensar en el momento en que estaba dentro de su cabeza, sintiendo lo que él sentía, oyendo sus pensamientos mientras me besaba.

Al tercer día me despierto con el rostro lleno de lágrimas, y mientras miro fijamente el techo, se me ocurre algo. Él me ama, dentro de su cabeza cada pensamiento y reacción son fruto del amor, amor loco, irracional. Me ama y eso fue también lo que lo aterrorizó cuando me vio encendida como árbol de Navidad. No sabe quién soy, pero me ama. ¿Y, saben qué? Yo también lo amo.

Por eso ahora estoy en la puerta de la empresa dónde él trabaja, esperando a que salga, como una ex novia acosadora. Pero él no sale del edificio, ha pasado más de una hora de su salida normal, pero sólo sale una señora rubia que debe ser la secretaria. Hasta que finalmente una camioneta roja entra en el estacionamiento remolcando un tráiler cargado de botes. Peter está en el asiento del pasajero, hablando con el hombre mayor que organiza las excursiones.

Peter no me ve y sonríe como lo hace cuando remata un chiste, irónico. Me derrito al ver esa sonrisa, recordando todas las veces que me la ha dedicado a mí. Luego, los dos bajan de la camioneta y se acercan al tráiler para empezar a descargar los botes. Me pongo de pie, el corazón me late tan rápido que creo que va a salir disparado de mi pecho, directo hacia él. Ambos continúan con su labor y cuando Peter me ve, no hace ningún movimiento para verme. Solo cuando su amigo se va, dejándolo solo, ambos nos quedamos mirándonos fijamente.

Todavía no puedo hablar. Todo lo que tenía pensado decir se me borró de la mente en el instante que lo vi. Está hermoso ahí de pie con las manos en los bolsillos, el pelo aún húmedo del río, sus ojos grises. Siento lágrimas en los ojos y pestañeo para que desaparezcan. Peter suspira.

- ¿Qué quieres Mar? – mi nombre suena raro, ya no soy Zanahoria
- Lamento haberte mentido – digo – no sabes cuánto deseaba decirte la verdad
- ¿Y, por qué no lo hiciste?
- Porque va contra las reglas
- ¿Qué reglas? ¿Qué verdad?
- Te lo contaré todo, si estás dispuesto a escucharme
- ¿Por qué? – pregunta - ¿por qué vas a contármelo ahora si va contra las reglas?
- Porque te amo

Ya está, lo dije. Peter se atraganta, la ira desaparece de sus ojos, pero todavía quedan sombras de miedo.

- ¿Podemos ir a algún sitio? – pregunto – vamos a algún lugar apartado del bosque y te enseñaré – noto la duda en su mirada – no voy a hacerte daño, no tengas miedo
- Muy bien. Pero yo conduciré
- Claro

Peter conduce durante una hora camino a Idaho, por las montañas. El silencio entre nosotros es tan tenso que me obliga a toser. Finalmente, llegamos a un claro extenso y vacío, donde Peter estaciona y me mira.

- ¿Dónde estamos? – le pregunto
- En mis tierras
- ¿Son tuyas?
- Mi abuelo iba a construir una cabaña aquí, pero se enfermó de cáncer. Me las dejó a mí – le clavo la mirada – entonces, cuéntame – respiro hondo
- No sé por dónde empezar – me sincero
- ¿Qué tal si empiezas por contarme que eres una especie de ser sobrenatural hecho de luz?
- ¿Crees que estoy hecha de luz?
- Eso es lo que vi
- No creo que esté hecha de luz. Lo que viste es un fenómeno llamado gloria; es difícil de explicar, pero es una manera de comunicarme, de estar conectada con el otro
- De comunicarte. ¿Intentabas comunicarte conmigo?
- No con intención – me sonrojo – no quería que ocurriera, en realidad no me había ocurrido nunca. Mamá dice que puede darse provocado por las emociones intensas – balbuceo – lo siento, no quería asustarte. La gloria suele tener ese efecto en los humanos
- Y tú no eres humana
- Lo soy en gran medida

Peter se reclina contra la puerta y suelta un suspiro de frustración

- Es una broma, ¿verdad? Todo fue un truco, ¿verdad?
- Soy una neflim – digo – no solemos usar ese término, pero así sale en la Biblia. Nosotros preferimos “ángel de sangre”
- Ángel de sangre – repite
- Mi madre es mitad ángel. Su padre era un ángel y su madre era humana. Por eso yo tengo un cuarto de ángel en la sangre, ya que mi padre es un hombre corriente
- Así que tienes una parte de ángel – me mira como si estuviera loca, la misma reacción que tuve cuando mi madre me contó la verdad
- Así es. Salgamos de la camioneta
- ¿Por qué?
- Porque no me creerás hasta que no lo veas
- ¿Te encenderás de nuevo?
- No

Pongo mi mano sobre su brazo, tratando de tranquilizarlo; pero, ocurre lo contrario. Se aleja y sale del auto. Yo también salgo, camino hasta el centro del claro y me planto delante de él.

- Ahora no tienes que tener miedo – le digo
- Claro, porque vas a mostrarme que eres un ángel, ¿verdad
- Sólo en parte

Invoco mis alas y giro un poco para enseñárselas.

- Mierda – retrocede un paso – esto no es broma, no es un truco de ilusionismo o magia. De verdad tienes alas
- Sí
- ¿Puedes volar?
- Sí. Pero en casi todo soy una chica normal
- ¿Y, qué más? ¿Qué más puedes hacer?
- En realidad no mucho más. Solo tengo un cuarto de ángel en la sangre. Yo puedo hablar todos los idiomas.
- Por eso te entendiste con aquella mujer coreana. Y con el oso
- Sí

Me enfoco en el suelo, tengo miedo de mirarlo a la cara y saber que todo se acabó.

- Lo siento – digo ahogándome

Se queda callado y las lágrimas caen por mi barbilla.

- No llores – me pide – no es justo – me río y lloro al mismo tiempo - ya está – susurra, secando mis lágrimas con sus dedos – no llores

Me rodea por los hombros y las alas con su brazo. Enredo mis brazos en su cuello y hundo mi rostro en su pecho. Luego nos besamos y todo desaparece menos él.

- Espera, espera – dice, apartándose
- ¿No pasa nada si te beso?
- ¿Qué?
- ¿No me caerá un rayo?

Río. Me inclino hacia adelante y rozo sus labios con los míos. Sus manos aprietan mi cintura.

- Nada de rayos – prometo y él sonríe – ya no es rojo – digo, cuando coge un mechón de mi pelo
- Siempre pensé que había algo en tu pelo que desentonaba
- ¿Y por eso me torturabas llamándome Zanahoria?
- Aún así pensaba que nunca había visto a una chica tan preciosa – se sonroja
- Eres todo un Romeo – me sonrojo yo también

Me rodea con sus brazos y recorre mis alas con sus manos. Las toca suavemente, con cuidado, pero provocándome una oleada de placer en la boca del estómago, tan intensa que se me aflojan las piernas.

- Así que eres un ángel y ya está – murmura y beso su hombro
- Sólo en parte
- Di algo en la lengua de los ángeles
- ¿Qué quieres que diga?
- Algo sencillo – dice – algo verdadero
- Te amo – susurro sin pensarlo

Sus brazos me estrechan y lo miro a los ojos.

- ¿Qué has dicho? – me pregunta
- Ya sabes. Algo así como que me gustas
- Ajá – me besa en la comisura de la boca – tú también me gustas mucho, pero mucho

viernes, 1 de junio de 2012

El Designio del Ángel: Veinticuatro

Repelente para osos (parte dos)

El silencio dura un tiempo, Peter decide curarme igualmente. Me lava la herida con agua, me unta con la pomada, luego me venda con mucho cuidado.

- No sé qué pensar – dice al cabo de un rato – Mar, tú no eres…normal. Intentas fingir que lo eres. Le hablas a un oso pardo, y te obedece. Los pájaros te siguen como en un dibujo de Disney. Y, cuando fuiste a Idaho Fall, Cande pensó durante un tiempo que huías de alguien. Eres buena en todo lo que haces. Montas a caballo como si hubieras nacido sobre uno, la primera vez que subes a una pista tú técnica para esquiar es perfecta, al parecer hablas fluidamente el francés y el coreano. Ayer noté que tus cejas brillan bajo el sol. Y hay algo en la manera en que te mueves, es algo que no es humano. Es como si fueras …otra cosa.

Un escalofrío me recorre de la cabeza hasta los pies. Ha hecho una recapitulación completa. Sólo le falta saber qué significa todo eso.

- Puede que todo eso no tenga una explicación racional – digo
- Viendo a tu hermano, la mejor conclusión a la que puedo llegar es que tu familia parte de un experimento secreto del gobierno, una especie de superhumanos. Y, qué tú vives en la clandestinidad – bufo, eso sería divertido
- Hablas como un loco, ¿sabías? – suspira
- Lo sé. Es una locura. Me siento como si… - odio mi vida
- No pasa nada, Pitt – digo dulcemente – hemos tenido un día de locos

Está a punto de añadir algo cuando la puerta se abre y entran los padres de Peter.

- Éste es un buen pescado – dice el papá - ¿lo han pescado hoy?
- Peter lo pescó ayer. Hoy pescó ese de allá – señalo la nevera abierta – esta noche nos espera una buena cena
- ¿Estás seguro de que esto es lo que quieres para tu cena de cumpleaños? –pregunta su madre – puedo prepararte lo que quieras
- ¡Es tu cumpleaños! – exclamo
- ¿No te lo había dicho? – el papá de Peter se ríe – hoy cumple diecisiete. Ya casi es un hombre
- Gracias, pá – murmura Peter
- Te habría regalado algo – digo bajito
- Ya lo has hecho. Hoy me regalaste la vida

Después del pescado que fríe la madre de Peter para la cena, hay torta y helado, además de algunos regalos. La mayoría son para el caballo de Peter, Midas.

- La mayoría de los caballos que compiten están entrenados por profesionales y cuestan mucho – dice el padre de Peter – pero no es el caso de Midas. Peter lo crió y lo entrenó desde que era un bebé
- Estoy impresionada – digo

Peter parece inquieto y se fruta la nuca, un gesto que conozco que representa su incomodidad.

- Vamos a ver cómo le quedan los regalos a Midas – me propone Peter, saliendo del tema

Así consigue sacarme de la casa para llevarme a la intimidad del establo. El caballo viene hacia nosotros apenas entramos, sus orejas erectas y expectantes. Es precioso, castaño y de astutos ojos marrones.

- Debiste haberme dicho que era tu cumpleaños – lo reprocho
- Iba a decírtelo, pero apareció la osa
- Cierto. ¿Y, Cande? – pregunto
- ¿Qué pasa con ella?
- También es su cumpleaños, soy la peor amiga del mundo. Debería haberle enviado algo. ¿Ustedes han intercambiado regalos?
- Todavía no – me mira – pero ella ya me hizo el regalo perfecto

Por la forma de su mirada siento cosquillas en la panza.

- ¿Y, cuál es?
- Tú

No sé qué decir. Este verano ha sido muy distinto de lo que pensaba. No me imaginaba que estaría en un establo con un chico de ojos grises mirándome fijamente, a punto de besarme. No debería desear que me bese.

- ¿Qué estamos haciendo?
- Zanahoria…
- No me llames así – digo – ésa no soy yo
- ¿Qué quieres decir?
- Hace una hora pensabas que era un bicho raro

Pasa una mano por su pelo, nervioso, y me mira directamente a los ojos.

- Nunca he pensado eso. Lo que pienso…pienso que eres mágica o algo así, que eres demasiado perfecta para ser real. Sé que hoy he dicho muchas estupideces, pero me gustas Mar. Me gustas de verdad

Detecta la duda en mis ojos.

- Está bien. No tienes que decir nada – continúa – sólo quería que lo supieras
- No – digo – Pitt, no puedo. Tengo que… - él es una distracción, yo tengo un designio, una obligación que cumplir
- Dime que no tiene nada que ver con Thiago – me pide – dime que lo has superado
- No sabes nada de mí – suelto, enojada porque crea que soy una tonta enamorada
- Ven aquí – me dice cálidamente
- No
- No creo que quieras estar con Thiago
- ¿Cómo sabes lo que quiero?
- Lo sé. Te conozco, él no es tu tipo
- Genial, y se supone que tú sí eres de mi tipo, ¿verdad?
- Eso creo – responde

Se acerca a mí, acortando la distancia entre nosotros. De pronto toma mi rostro entre sus manos.

- Peter, por favor – balbuceo
- Te gusto Mar – dice – yo sé que te gusto – dime que no es así – murmura, su aliento a centímetros de mi rostro

Contemplo sus ojos y percibo en ellos ese calor irresistible. No puedo pensar, sus labios están muy cerca de los míos y sus manos me atraen hacia él.

- Pitt – digo en voz baja

Entonces, me besa. Ya me han besado antes, pero no así. Me besa con una ternura sorprendente, a pesar de su anterior palabrería de hombre. Sujetando mi rostro, roza mis labios con los suyos, despacio, como si estuviera memorizando mis sensaciones. Mis ojos se cierran. Vuelve a besarme, esta vez con mayor firmeza, y luego se aparta para apreciar mi rostro.

No quiero que se acabe. Todos los demás pensamientos se han esfumado de mi cerebro. Abro los ojos.

- Otra vez – susurro

La comisura de sus labios se levanta, y entonces lo beso. Ahora no tan suavemente. Me suelta la cara y me coge por la cintura, apretándome a su cuerpo. Pierdo el control. Entrelazo mis manos alrededor de su cuello y lo beso sin poder contenerme. Siento su corazón retumbando contra el mío, su respiración que se acelera, sus brazos que me estrechan con fuerza.

Entonces, empiezo a sentir lo mismo que él. Ha esperado mucho tiempo este momento. Le gusta comprobar cómo me excito en sus brazos. Le gusta el olor de mi pelo, la manera en que lo miro en este instante, deseando más de él. Le gusta el color de mis labios, y el sabor de mi boca. De pronto, retrocede, su aliento es pura agitación.

Abro los ojos y lo veo pálido, no puede hablar. Entonces me doy cuenta; hay demasiada luz, demasiada para la sombría del establo y esa luz viene de mí. He alcanzado la gloria.