domingo, 7 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo VIII (Parte 1)

La compañera de cuarto

La habitación no era tan mala como pensé que sería. Lo único malo es que tenía que compartir ducha, nadie tenía una en su propia habitación. Las chicas de primer año no dejaban de echarle un ojo a Peter mientras él cargaba mi pesada maleta sobre sus hombros a través de los pasillos. Estaba contenta de que estuviera ahí para ayudarme. Estaba agradecida de tener la oportunidad de asistir a la universidad los dos juntos. Noté un montón de chicas mirando sorprendidas y con una sonrisa en el rostro cada vez que alguien pasaba.

-Hola – decía Peter, alzando su mano

Ellas sonreían tímidas, arreglando su cabello y moviendo sus ojos. Mientras tanto iba admirando lo que sería mi cuarto de ahora en adelante. Era bastante básico. Las camas no eran más que de color azul pálido, hechas de madera. Las paredes de ladrillo estaban sin pintar. Mi hermano y hermana llegaron y se sentaron en una de las sillas de plástico cerca a la mesita de estudio, pero luego decidieron quedarse de pie.

-Sabes que podrías arreglar esto con tal solo chasquear tus dedos – le dije a Gas, imaginando lo fácil que sería transformar mi habitación en un cuarto de hotel
-Podría – dijo mi hermano, sonriendo – Pero eso iría en contra del propósito
-¿El propósito?
-Darte una experiencia auténtica de universidad
-Bueno, entonces voy a necesitar un par de trapos desinfectantes

Peter empezó a reír y besó mi cabeza.

-Espera un minuto – dijo, y se puso a trabajar, arreglando las camas, creando la ilusión de más espacio
-¿Qué piensas? ¿Mejoró?
-Todo se ve igual para mí – me encogí de hombros – No hay más que puedas hacer con un espacio como este
-Estarás sorprendida – dijo Peter – Algunas chicas se vuelven locas e incluso contratan a decoradores de interiores
-¡Mentira! Eso es una locura
-Así es la universidad
-Oh, dios mío – dije – Tal vez no estoy lista para esto
-Bienvenida al mundo del primer año – dijo Gas – Buena suerte
-Espera, ¿ya se van? – estaba sorprendida
-No podemos quedarnos – dijo Rochi – Nuestra presencia es muy fácil de detectar
-¿Y la mía no?
-Estás rodeada del mundo de los humanos
-¿En serio?
-Por supuesto – dijo Gas – Actúas como una humana, piensas como humana, incluso sientes como humana. Ese nivel de interacción te ayuda a contagiarte de ellos
-Pero…. – no estaba lista para que se vayan – Los necesitamos
-No te preocupes, no estaremos lejos

Rochi se volteó para irse, pero Gastón esperó, mordiendo su labio inferior como si quisiera decir algo más pero estaba buscando la frase correcta.

-¿Estás bien? – pregunté, pero él me ignoró y miró a Rochi

Inmediatamente, Rochi supo lo que estaba en su mente. Él se veía intensamente incómodo con lo que sea, pero finalmente lo soltó.

-¿Recuerdan mi consejo de hace unos días?
-No – dije – Has dado un montón de consejos
-Sobre la sabiduría de la abstinencia
-Oh, eso. ¿Qué tiene?
-Siéntanse libres de ignorarla – Gas obvió la mirada interrogativa que Peter me estaba dando
-Eh…. – no estaba completamente cómoda discutiendo mi vida sexual con mi hermano - ¿Por qué el cambio?
-Casi ni veo el valor de negarlo ahora. Es muy tarde para calmar al Cielo. Es tiempo de jugar bajo nuestros términos
-¿Y qué hay de “no agregar más candela al fuego”? – preguntó Peter
-Estoy harto de ello. Si ellos no juegan bien, entonces nosotros tampoco

Peter y yo miramos con la boca abierta a Gas, mientras se volteaba y se dirigía hacia el pasillo, desapareciendo un momento después. Con mis hermanos fuera, el aire entre los dos se volvió incómodo. Peter se sentó en la cama, con sus manos en sus rodillas mientras yo hacía espacio en el armario y me enfocaba en colgar mi ropa para evadir la conversación que flotaba en el aire. Me preguntaba qué pasaba por la mente de Peter. Se sentía como si ambos deseáramos lo que venía ahora, pero teníamos miedo de hablar.

-¿Soy yo o eso fue realmente raro? – finalmente habló Peter
-No sólo eres tú – dije, sentándome a su lado
-¿Qué pasa con Gastón?
-No estoy segura – fruncí el ceño – Pero supongo que debe estar muy enojado ante alguien
-¿Así que crees que hablaba en serio? – Peter se detuvo - ¿Ya sabes…sobre nosotros?
-Hablaba en serio – dije – Gas no sabe como bromear sobre ello
-Claro – dijo Peter, pensativamente - ¿Así que está diciendo que estará todo bien?
-No necesariamente – dije – Creo que está diciendo que ya estamos metidos en todo un problema y aquello no va a implicar mucha diferencia
-¿Así que crees que deberíamos?
-¿Tú?

Peter soltó un gran suspiro y miró hacia la ventana.

-Nos hemos controlado por tanto tiempo que no estoy seguro de cómo ser algo más – dijo
-Supongo que eso es cierto
-Pero podemos intentar – se ofreció – y ver qué sucede. Si tú también quieres, claro
-Quiero – le dije – Creo que hemos esperado suficiente

Peter observó toda la habitación, con sus luces fluorescentes y paredes vacías. Estaba de acuerdo en que estaba lejos de ser un lugar romántico.

-No aquí – me reí – Aún quiero que sea perfecto – Peter se vio aliviado
-Yo también

sábado, 6 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo VII (Parte 2)

Chicos Universitarios

Nos detuvimos en Venus Cove para organizarnos, lo que resultó más difícil de lo que creía. Volví a ver a mi perro Rocco y me di cuenta lo mucho que lo extrañaba. Peter tenía que lidiar con la frustración de estar tan cerca a su familia pero sin poder contactarlos. Se mantuvo dando vueltas por la sala.

-Siento que sucedería de esta manera – dije, intentando darle soporte
-Son mis padres – dijo – Simplemente no puedo dejarlos, pretender que los últimos dieciocho años de mi vida no han sucedido. Y mis hermanas, quiero estar ahí para ellas. Quiero verlas crecer
-Lo harás – dije – Volverás algún día, lo sé
-Y simplemente seré el hermano e hijo que se escapó
-Te amarán sin importar lo que suceda. Y tal vez un día serás capaz de decirles la verdad – Peter rió
-Dudo de ello
-Sé lo difícil que esto debe de ser para ti – dije, tomando su mano pero él la quitó

Peter no era así y eso me sorprendió. Cuando no podía darle el soporte que necesitaba, significaba que algo andaba mal.

-¿Cómo lo sabes? – preguntó – Nunca has tenido papás

Me quedé en silencio por un instante mientras pensaba en lo que había dicho. Peter presionó su cabeza entre sus manos.

-Lali, lo siento. No quise decirlo
-Está bien – dije, sentándome

Podía ver que el enojo en su voz y sus ojos no estaban dirigidos hacia mí. Él estaba mirando por la ventana, al enemigo invisible que podía estar en cualquier parte.

-Tienes razón – le dije – Nunca he tenido papás como los tuyos y no sé lo que es formar parte de una familia humana. Pero sí tengo un padre y ahora mismo está furioso conmigo. Todo lo que hago simplemente lo decepciona más. No sé si mi Padre me perdonará algún día, de hecho puede que me expulse de casa…pero tu padre nunca hará eso, lo sé. Tu padre siempre te amará – sonreí – De hecho, mi Padre también siempre te amará. También eres Su hijo
-¿Y, tú no? – dijo Peter, mirándome
-Tengo una relación un poco diferente con él. Tú fuiste creado para amar, yo fui creada para servir. Él siempre ha amado a los humanos sobre todo. Sacrificó a su propio hijo, ¿recuerdas? Así que él te protegerá

Peter envolvió un brazo sobre mis hombros.

-Entonces supongo que yo te tengo que proteger a ti

***

Al final, Peter decidió escribir a sus papás una carta. No me la leyó y tampoco pregunté que contenía. Rochi se encargó de organizar y empacar todo lo que creía necesario para una vida universitaria. Quería llevarme a Rocco conmigo, pero lloré cuando tuve que dejarlo, a pesar de que Rochi me aseguró que los vecinos se encargarían de él mientras estuviéramos afuera. Extrañaría a Cande, ya no estaría conmigo en la universidad, ella iría a otra.

El camino hacia Mississippi fue pacífico excepto por el debate que surgió al escoger la música. Cuando llegamos a Oxford, me emocioné y empecé a sentir la excitación crecer. Nunca había estado en la ciudad, pero había escuchado suficiente de esta. Abrí mi ventana y respiré el aire que reflejaba el lado Sur del país. Sentí la fragancia y supe que me gustaría mi nueva casa; de hecho, me hacía recordar a Venus Cove. Cuando estacionamos en la misma universidad, admiré los edificios grandes y sus jardines. Había chicos en camisas conversando y riendo. La gente caminaba y sonreía. Me enamoré inmediatamente.

Nos bajamos del auto y Gas y Rochi nos entregaron un folder.

-Son sus nuevas identificaciones – dijo Rochi – Todo lo que necesitan está aquí, certificados de nacimiento, código universitario…
-Adiós Mariana Esposito y Peter Lanzani – dije, mientras abría el folder – dije – Hola, Agustina y Tábano Talarico
-Espera – dijo Peter – ¿Compartimos el apellido? ¿En serio?
-Serán hermanos mientras estén aquí – dijo Gas – Pensamos que aquello tendría sentido porque pasarán mucho tiempo juntos
-Genial – dijo Peter
-No es lo ideal – dijo Rochi – Pero es lo mejor que pudimos hacer
-De acuerdo – dijo Peter – Somos de Jackson, Mississippi. Tú acabas de graduarte del colegio y a mí me acaban de transferir de otra universidad
-¿Transferido? ¿Eso quiere decir que tienes…veinte años?
-Veintiuno – se burló Peter – Como podrás ver, soy mayor y más inteligente que tú, así que más respeto
-Ya nos hemos encargado de todo – dijo mi hermana – Todo lo que necesitan hacer es recoger sus libros y sus llaves
-Gracias – dije – No saben lo que esto significa para nosotros. Están tomando un gran riesgo al ayudarnos
-Si nos necesitan, ya saben qué hacer
-¿Así que soy tu hermano? – dijo Peter mientras llevábamos nuestras cosas a nuestras habitaciones – Eso se siente raro. ¿En qué estaban pensando?
-Creo que simplemente estaban tomando precauciones
-Podrían haber dicho que éramos primos
-¿Cómo eso sería diferente? No te preocupes, es sólo para mostrar, aún podemos ser nosotros mismos cuando estemos solos
-¿Cuánto tiempo a solas crees que vamos a tener en la universidad?
-Nos acostumbraremos – le dije, dudando
-¿Crees que te acostumbrarás a que sea un chico soltero? – se burló – Porque eso se puede volver confuso
-Tendremos que mantener un perfil bajo

Apenas llegamos a nuestras habitaciones me di cuenta que estaba totalmente fuera de lugar. Mi vestido floreado definitivamente no iba con la ropa que las demás personas llevaban puestas. Miércoles, mal comienzo. Cuando encontramos mi habitación, sostuve el elevador para una señora que cargaba una caja llena de almohadas y cuadros.

-Puedo esperar – dijo ella – Eres tan linda, no quiero molestarte

Peter sonrió al tiempo que las puertas se cerraban.

-Nadie me dijo que había un código de vestimenta, ¿verdad? – murmuré
-Definitivamente no estás preparada para la universidad – dijo Peter
-No puede ser más difícil que la secundaria – dije, con terquedad y Peter rió

No podía dejar de pensar y tener la esperanza en que llegar hasta aquí sería un nuevo episodio en nuestras vidas. Por supuesto que sabía que en realidad nada había cambiado. Seguíamos escapando, aunque estar rodeada de estudiantes de alguna manera daba la ilusión de que podíamos continuar con nuestras vidas. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo VII (Parte 1)

Chicos universitarios

-No puedo creer que esto esté sucediendo – dije – No puedo creer que Dios esté tan enojado con nosotros que sea capaz de dar rienda suelta a los Principados
-Mariana – dijo Rochi – Esto no tiene nada que ver con Dios. ¿Lo sabes, verdad?
-¿Cómo? – pregunté confundida – Todo lo que sucede pasa porque es su voluntad
-En la tierra aquello es cierto, pero las jerarquías angelicales establecen sus propias disputas; no han buscado su consejo
-Especialmente los Siete – interrumpió Gas – son un grupo rebelde; el Consejo se debate para poder mantenerlos bajo control
-¿Estás diciendo que Dios no tiene idea de lo que está sucediendo? – preguntó Peter
-No puedo hablar por Él – dijo Gas – Pero no deben culparlo por sus problemas. Son los Siete los que buscan venganza

Gastón se inclinó hacia el timón y se sobó la frente, intentando disipar la tensión. Rochi se veía igual de preocupada, sabía que ella estaba preocupada por su futuro.

-No tienes que hacer esto, Gas – dije – Sé lo mucho que les está costando
-Eres mi familia, Mariana – dijo Gas – No voy a dejar que tu destino quede inconcluso
-Gracias. Nunca olvidaré esto. De lejos, eres el mejor hermano que alguien puede pedir, humano o ángel

Gas no supo cómo contestar a tal agradecimiento, pero vi que su boca se curvó en una sonrisa.

-¿Y ahora qué? – preguntó Peter
-Seguimos escapando, supongo – dijo Gas
-Entonces, ¿sí no nos estás llevando hacia el Consejo….exactamente a dónde estamos yendo? – dijo Peter
-Tienen que seguir escondiéndose – dijo Rochi
-No – gruñí
-Pero esta vez será en un lugar más difícil de rastrear
-¿Existe algún lugar como ese?
-Aún no estoy segura – dijo mi hermana
-No me importa a dónde vayamos siempre y cuando Lali no tenga que ser encerrada. Ella no lo maneja bien

Ese comentario prendió un foquito en la cabeza de Rochi. Un repentino brillo en sus ojos apareció, al tiempo que se le ocurría algo.

-Tal vez necesitamos hacer lo opuesto – murmuró
-¿Lo opuesto? – repetí - ¿En qué estás pensando?
-Los Siete esperan que te escondamos en alguna locación remota. Ahí es dónde empiezan a buscar primero. Tal vez es mejor perderse en medio de la multitud
-Eso podría funcionar – dijo Gas – Los Siete tienen la capacidad de captar las transmisiones eléctricas que lanzan los ángeles. Mientras más humanos haya, más diluidas y difusas serán las transmisiones
-¿Entonces a dónde nos llevarán…China? – preguntó Peter
-De hecho, a un lugar más cerca a casa
-No lo entiendo – dije, frunciendo el ceño
-Piensa en ello – dijo Gas – Si las circunstancias fueran normales, ¿en dónde estarían ustedes dos?
-¿En casa? – pregunté
-Piensa más – urgió Gas - ¿A dónde planea ir Cande este otoño?
-¿Cómo podríamos saberlo? – preguntó Peter, irritado
-Espera – dije, tocando su mano – Cande va a ir a…..a la universidad
-¿Estás bromeando, verdad? – dijo Peter, sentándose derecho - ¿Quieres que vayamos a la universidad?
-Los Siete nunca se lo imaginarán – dijo Rochi – Estarán en frente de sus narices y ellos ni siquiera lo sabrán
-¿Están seguros de esto? – preguntó Peter
-No usarán sus verdaderos nombres – dijo Gas – De esa forma no podrán rastrearlos tan fácilmente
-Esto será como empezar una nueva vida – dije, empezando a sentir la emoción – Podemos ser quién queramos ser
-Pensé que la universidad esperaría por un tiempo – dijo Peter, hablando como si alguien le hubiese devuelto parte de su vida
-Bueno, no se emocionen mucho. Quién sabe cuánto tiempo podrán quedarse
-Supongo que viviremos el día a día – dijo Peter
-¿Importa a dónde vamos? – le pregunté a Rochi
-¿Por qué no ir a dónde ustedes planearon antes de que nos metiéramos en problemas?

Ir a la universidad aún era una fantasía en mi cabeza, como un mundo perfecto que nunca podría alcanzar. En mi mente significaba todo lo que yo amaba sobre el mundo humano. Nunca había pensando que sería tan afortunada de experimentar aquello.

-Bueno entonces – dije – Supongo que iremos a Oxford

Heaven: Capítulo VI

Tenemos que hablar

El Siete se acercó a nosotros; en un instante estaba al frente nuestro. Inclinó su cabeza hacia un lado y de pronto, me examinó. Me quedé estupefacta, mirándolo e imaginando cómo funcionaba su cabeza. De pronto, mis pensamientos empezaron a borrarse, intenté apartar aquello pero parecía que el Siete me había atrapado. Por suerte, no tenía el mismo poder sobre Peter, quién rápidamente se dio cuenta de lo que sucedía. Peter no se molestó en despertarme, simplemente me cargó, me colgó sobre su hombro y me sacó del trance. Cuando estuvimos a una distancia segura, me bajé de la espalda de Peter y empezamos a correr.

Mis hermanos y yo siempre habíamos podido comunicarnos telepáticamente, así que llamé en silencio a Gastón, pero no hubo respuesta. Apenas Peter y yo estuvimos cerca a la cabaña, Peter sacó su celular, buscando entre sus contactos, con sus dedos nerviosos. Estaba a punto de presionar la tecla de llamada cuando ambos nos dimos cuenta que el Siete estaba frente nuestro. Esperándonos. Retrocedí asustada y choqué contra Peter, a quién se le cayó el celular al suelo.

-¡Déjanos en paz! – grité

Como demostrándome que nadie podía contradecirlo, tomó un paso hacia adelante.

-Necesitamos hablar – dijo el Siete - ¿Les molestaría entrar a la casa?
-Piensa de nuevo, hermano – dijo Peter – Lali no va a ir contigo a ningún lado
-Peter, por favor – susurré – Déjame arreglar esto
-No tomará mucho tiempo – continuó el Siete

Ambos sabíamos que si lo seguía adentro, nunca regresaría. Tomé un paso hacia adelante, dudando.

-¡Lali, espera! – Peter sostuvo mi brazo y me miró, sus ojos llenos de horror – En serio no vas a irte con este…extraño, ¿verdad?
-No hagas esto más difícil – advirtió el Siete
-Estás yendo en contra de tu propia especie – dije de pronto – Lo sabes, ¿verdad?
-Lo siento, Señorita Esposito, yo no soy aquí el que ha dado la espalda a su especie – habló con tal autoridad que hizo que se esfumara mi confianza
-De hecho, ahora soy Señora Lanzani – dije

Sonrió apenas, el primer chispazo de emoción hasta ahora. ¿Se estaba burlando?

-Le aconsejo, Señorita Lanzani, que siga mis instrucciones y no habrá necesidad de sangre – dijo, mirando a Peter

Sabía que detrás estaba un soldado con ningún otro objetivo más que completar su misión…a cualquier costo. De nuevo sentí que mis pensamientos se borraban.

-Por supuesto – dije, mecánicamente – Lo entiendo

Peter sostuvo mi mano.

-No voy a dejarte ir
-Está bien – mentí – Es sólo para hablar

Peter no se vio convencido, pero antes de que pueda reaccionar, solté mi mano y me moví hacia el Siete. Sabía que Peter no podía protegerme, era mi trabajo protegerlo a él ahora. Sin embargo, él no estaba dispuesto a permitir eso; avanzó y me colocó detrás de él, así quedó enfrentado al Siete.

-Si quieres hablar con alguien, hazlo conmigo
-Niño, ¿qué te hace pensar que puedes enfrentarte al deseo del Cielo?
-Supongo que sólo la arrogancia
-Hazte a un lado. No tengo ningún interés en ti
-Todo lo que tenga que ver con Lali tiene que ver conmigo

El Siete suspiró impaciente, ¿o fue de aburrimiento?

-No digas que no te advertí
-¡No le hagas daño, haré todo lo que me digas! – chillé, pero era muy tarde

El Siete alzó su palma hacia arriba y una línea de luz salió de ahí. La pequeña pero poderosa luz, se enrolló en la garganta de Peter. Observé sus ojos abrirse y sus manos se colocaron en su cuello, pero aunque luchara, se estaba quedando sin aire. Peter cayó de rodillas y pude ver su cuerpo empezar a temblar mientras perdía la conciencia.

-Nadie puede desviar el deseo del Cielo – dijo el Siete

Mientras observaba la escena, sentí que mi cabeza empezaba a despejarse y era reemplazada por algo más poderoso: rabia. El enojo estaba llenando mi cuerpo, dejando atrás todo a su paso.

-Te dije que no lo lastimaras – no alcé mi voz, sin embargo se podía escuchar el veneno en la misma

Algo cambió en mí. En ese momento, dejé de ser humana para ser uno con el universo. Era la roca, la madera, la tierra. Sabía lo que tenía que hacer, lo que era capaz de hacer. Rápido como un flash, cogí un ladrillo suelto que estaba cerca a la escalera. Lo lancé como si fuera un boomerang y colisionó en el cuello del Siete. El ataque lo había cogido por sorpresa. Sin inmutarse, el Siete entró a la casa y sin pensarlo, cerré la puerta de entrada. Empecé a sentir un hormigueo en mis dedos y antes de saberlo, el suelo empezaba a oler a humo. El fuego surgió frente a mis ojos, rompiendo las ventanas y rodeando la cabaña. En cuestión de segundos, todo estaba lleno de fuego. Mientras las paredes empezaban a colapsar, vi al Siete, de pie en su traje flamante. El fuego no lo mataría…probablemente ni dejaría una marca en él. Pero temporalmente lo detendría; no sabía por cuánto tiempo.

En lo único que podía pensar era en salvar a Peter. Si el Siete nos atrapaba, probablemente lo mataría sin pensarlo dos veces. Me coloqué al lado de Peter: se había desmayado, pero aún seguía respirando. Mis alas se abrieron de golpe mientras cogía a Peter por su espalda, enredé mis brazos alrededor de su pecho y nos levanté del suelo. Volé hacia la pista. No tenía un plan en específico, sin embargo esto no fue necesario. Apenas unos segundos después, vi la camioneta de mis hermanos y ellos me miraron en el mismo momento en que yo los vi. Gas estuvo a mi lado en un instante, ayudándome a colocar a Peter en el asiento trasero del auto.

-¿Dónde han estado? – pregunté, con lágrimas en mi rostro
-Vinimos lo más rápido que pudimos – dijo Rochi
-¿Puedes ayudarlo? – le pregunté, refiriéndome a Peter

Rochi colocó su mano en la frente de Peter un momento después él empezó a recobrar la conciencia. Gruñó e inmediatamente colocó una mano en su cabeza.

-Estás bien – le dije – Estamos bien

De pronto, como si Peter recordara lo que había pasado, se tensó.

-¿A dónde fue? – preguntó - ¿Dónde estamos?
-Rochi y Gas están con nosotros – dije – Nos escapamos
-¿Cómo? El Siete te iba a llevar…
-Creo… - dudé – Creo que lo incendié o algo así
-Mentira – Peter se sorprendió por un momento, pero luego empezó a reír – Eso es genial
-¿Has perdido la cabeza? – me resondró mi hermana - ¡Usar poderes como esos sobre un Siete es una traición contra el Reino!
-No quise hacerlo – protesté – ¡Él estaba intentando asesinar a Peter!
-Bueno, ahora que le has prendido fuego, estoy seguro que estamos en el camino correcto hacia la reconciliación – dijo Gastón
-¿Crees que aún intentará seguirnos?
-No, ha perdido el rastro. Va a tener que empezar de nuevo. Pero debemos irnos de todos modos – Gas prendió el auto y empezó a conducir
-Los Sietes están buscando sangre – agregó Rochi – Ellos quieren que se disuelva su matrimonio
-Pensé que los ángeles eran justos – dijo Peter - ¿Desde cuándo están matando gente? ¿Desde cuándo el Cielo permite eso?
-¿Qué te hace pensar que el Cielo lo permite? – preguntó Gastón
-Digamos que no están haciendo mucho para detenerlos
-Lo que debes recordar sobre los Siete, es que ellos fueron creados como los guardaespaldas del Cielo, diseñados para mantener el orden. No entienden el comportamiento humano, así que es fácil que su poder se vaya de sus manos
-¿Los estás defendiendo? – atacó Peter
-No los estoy defendiendo – dijo Gas – Sólo intento explicar cómo trabajan. En sus mentes sólo están haciendo su trabajo
-Bueno, alguien necesita despedirlos
-El Consejo está viendo la forma de limitar sus poderes
-¿Y mientras tanto están fuera de control? – pregunté
-Esencialmente – respondió Rochi – Su percepción de justicia es diferente. Una vez que tienen una misión, nada más existe
-Y uno pensaría que tienen mejores cosas que hacer – dijo Peter – Preocuparse por la paz mundial o algo así
-Exactamente – continué - ¿Por qué nuestro matrimonio está en su agenda?
-No lo sé – concluyó Rochi

Sabía que algo me ocultaban, los conocía demasiado. Los miré fijamente, hasta que Gas me miró también, preocupado.

-Les han dicho que nos entreguen, ¿verdad?

Gas frunció el ceño y cerró sus ojos por un momento.

-Sí – admitió – Es exactamente lo que nos han dicho
-¡Cómo se atreven! – grité
-Ellos dijeron que cualquier sirviente leal al Reino no debería ni pensarlo
-¿Así que ahora cuestionan su lealtad?
-Nos han dicho que rendirte es tu única opción
-No puedo creer que los hayan puesto en esta posición
-Espera – dijo Peter – Gas, ¿qué les dijiste?

Mi hermano no dijo nada.

-¿Gas? – repitió Peter
-Dije que lo haría
-¿Qué? – pregunté
-Nos están esperando ahora. Creen que los estoy llevando hacia ellos
-¡No! – chillé - ¿Cómo pudiste?
-Mariana, por favor. No eres ninguna prisionera
-Quieres decir que….. – me detuve
-No voy a llevarte donde el Consejo. No te he traicionado
-Espera – coloqué una mano en mi boca – ¿Eso quiere decir que les mentiste?
-No tuve opción
-Pueden botarte por esto. No puedo permitir que lo hagas
-Ya está hecho

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Perdón por la tardanza, tenía muchos trabajos en la universidad.
Mañana les subo el siguiente :)

lunes, 1 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo V

Caminando sobre el agua

En la mañana me desperté junto al sonido del canto de los pájaros y el aroma de los pinos. Me moví para buscar los brazos de Peter pero me sorprendí al no encontrarlo. El sonido de la tetera hirviendo agua me aseguró que él ya estaba en la cocina preparando el desayuno.

-Buenos días – dije, sonriendo

Él estaba usando unos bóxers y una camisa blanca, y su cabello estaba completamente alborotado y despeinado.

-Espero que estés hambrienta

Incluso en mi piyama de polar, tenía frío. Agarré la colcha del sofá y la envolví alrededor de mis hombros, sentándome en la silla de la cocina. Peter me sirvió una taza de té y envolví mis dedos alrededor para calentarlos.

-¿Cómo no tienes frío?
-Es momento de decir la verdad. Soy un hombre lobo – bromeó, entrecerrando sus ojos
-Un hombre lobo muy doméstico – me burlé - ¿Por qué no me despertaste?
-Pensé que necesitabas dormir. Han sido unos días difíciles. ¿Cómo te sientes?
-Bien – Peter me miró seriamente
-Te sentirás mejor cuando comas algo
-Realmente no tengo hambre – dije
-¿Vas a dejar pasar la comida preparada por un Lanzani? – preguntó

No podía dejar pasar su entusiasmo. Además, hace un tiempo que no veía a este Peter cuidador y no quería que desaparezca todavía.

-No me atrevería – sonreí - ¿Te ayudo en algo?

Mirando alrededor, vi que el tocino ya se estaba cocinado en la sartén, y la mesa ya tenía los platos puestos.

-No, señora. Sólo siéntese y disfrute del servicio
-No sabía que te gustaba cocinar
-Claro que sí – dijo – Y cocinarle a tu esposa es aún más divertido

Abrió un huevo y lo soltó en la sartén.

-Un buen esposo no haría huevo frito cuando a su esposa le gusta revuelto – dije, bromeando

Peter me miró sorprendido.

-Una buena esposa apreciaría la especialidad de su esposo y no se quejaría.

Sonreí y regresé a mi silla, deseando poder abrir las ventanas y sentir un poco de aire fresco.

-Me llamaste Señora Lanzani ayer por la noche – dije de pronto, recordando la conversación que habíamos tenido
-Sí…. – Peter me miró - ¿Y?
-Aún sigo acostumbrándome – dije – Es raro pensar que ahora esa soy yo
-No tienes que usar mi apellido si no quieres – dijo Peter – Es completamente tu decisión
-¿Estás bromeando? Claro que quiero. Además, he cambiado tanto que ya ni sé quién es Mariana Esposito
-Bueno, yo sí. Es la chica con la que me casé. Incluso si tú la has perdido de vista, yo nunca lo haré

El fuego no había podido desaparecer el frío que sentía, así que me fui a la sala de estar para calentarme.

-¿Podemos salir a la ciudad? – le dije a Peter – Realmente necesito salir de esta casa

Peter vino a la sala de estar, frunciendo el ceño.

-Lali, ¡no puedes estar hablando en serio! Es muy peligroso para nosotros el ser visto en público. Ya lo sabes
-Ni siquiera tenemos que salir del auto. Usaré una sábana sobre mi cabeza si quieres
-No. Es muy arriesgado. Además, Gastón nos resondrará cuando se entere
-Puede que le haga bien – murmuré
-La verdad es que no creo que deberíamos abusar de nuestra suerte. No te preocupes, encontraremos algo que hacer
-¿Cómo qué?
-¿Por qué no vas mirando qué hay mientras yo termino de preparar el desayuno?
-De acuerdo
-Esa es mi chica

Decidí seguir el consejo de Peter y encontrar algo que ayude a pasar las horas y al menos de la ilusión de normalidad. Miré entre el cúmulo de revistas, pero la mayoría eran de hace tiempo y sobre decoración de interiores. Luego mis ojos observaron una caja; dentro había varios DVD´s, la mayoría eran de dibujos de Disney.

-Ey, Peter, encontré algo – lo llamé al tiempo que él asomó su cabeza y caminó a mi lado
-Nada mal
-¿Cómo podemos aburrirnos cuando podemos ver una película sobre… Pescados?
-No te burles de “Encontrando a Nemo” – se burló Peter, quitándome el DVD – Es un clásico
-¿En serio es sobre pescados?
-Sí, pero de pescados divertidos y geniales
-¿Y esta? – alcé una copia de “La Bella y La Bestia” – se ve romántica
-Disney…..no lo creo – dijo Peter
-¿Por qué no?
-Porque si alguien se entera, no podré hacer que dejen de burlarse
-No diré nada – rogué y Peter sacudió su cabeza, rendido
-Las cosas que hago por ti – dijo, suspirando

Después de desayunar, colocamos el DVD. Me mantuve haciendo preguntas durante la películas mientras Peter se las ingeniaba para responder con su paciencia infinita.

-¿Cuántos años crees que tiene Bella?
-No lo sé, probablemente nuestra edad
-Creo que la Bestia es dulce, ¿tú no?
-¿Tengo que responder eso?
-¿Qué tiene de malo?
-Es que realmente son los sirvientes del príncipe lo que ponen el hechizo – Peter frunció el ceño – No puedo creer que sé eso – reí

Me entretuve con la película, pero apenas terminó, estaba ansiosa de nuevo. Empecé a dar vueltas por la habitación como un pájaro enjaulado.

-Desearía que mi vida fuese como una película de Disney – dije
-No te preocupes, lo es. ¿No has notado por todo lo que tienen que pasar los protagonistas para finalmente estar juntos?
-Eso es cierto – sonreí – Y siempre hay un final feliz, ¿verdad?
-La – me dijo Peter, mirándome fijamente – cuando esto termine, vamos a tener muchas aventuras. Lo prometo
-Eso espero

Una luz poderosa atravesó las cortinas.

-Peter, mira, está soleado afuera – dije
-Sí, claro
-Realmente necesito salir de aquí – insistí
-Lali, ya lo hemos conversado
-Sólo quiero caminar un rato. Es algo simple
-Excepto que nuestras vidas no son simples. Al menos, no ahora mismo
-Esto es ridículo. ¿No podemos salir por unos minutos?
-No creo que sea buena idea – dijo Peter, pero vi que también dudaba
-¿Quién va a vernos por ahí? – insistí
-Nadie supongo, pero ese no es el punto. Gastón y Rochi lo dijeron muy claro
-Iremos hasta aquí nomás y volveremos rápido – dije
-De acuerdo – Peter suspiró rendido, amaba verme feliz – pero si vamos a salir, necesitas cubrirte para asegurarnos que no vas a ser reconocida
-¿Por quién? – pregunté sarcásticamente - ¿Paparazi?
-Lali….
-¡De acuerdo! ¿Qué tienes en mente?

Peter no respondió pero salió de la habitación en busca de algo para cubrirme. Cuando regresó, tenía en su mano una chaqueta con capucha.

-Ponte esto. Y no te discutas

***

Finalmente salimos y caminamos alrededor de la casa, observando las flores y los árboles. Había un pequeño puente que llevaba a un lago. Inhalé profundamente, sintiendo mi cuerpo temblar al llenarse de energía. Caminamos cerca de las bancas que rodeaban el lago y corrimos con nuestras manos entrelazadas. El sol calentaba nuestros rostros y después de haber estado tanto tiempo encerrados, la luz era tan fuerte que nos hacía doler los ojos.

Parecía que éramos una pareja normal, yo no era un ángel y no éramos perseguidos por el Cielo mismo. Mirábamos alrededor como si fuese la primera vez que veíamos el mundo. Peter recogió un par de piedras para probar qué tan lejos podía lanzarlas contra el lago. No había pasado más de diez minutos cuando vi a Peter mirando su reloj. Noté que el sol se estaba alzando, dando paso al atardecer.

-Vamos, La. Mejor regresamos
-¿Tan rápido?
-Sí. Ya hemos estado afuera por mucho tiempo
-De acuerdo. Ahí voy

Aunque sabía que Peter me estaba esperando, me permití a mí misma por unos segundos más el disfrutar de los alrededores antes de regresar a nuestro encierro en la cabaña. ¿Quién sabía cuándo tendríamos la oportunidad de volver a ver la belleza de la naturaleza? Me volteé y caminé hacia dónde Peter estaba de pie. Él estiró su mano para ayudarme a subir un pequeño escalón de tierra.

-¿Crees que sería seguro que ya me quite la capucha? – pregunté divertida

Peter no respondió. Al principio pensé que no estaba de acuerdo con lo que había dicho, pero después vi que el color se esfumaba de su rostro y su mirada se estaba endureciendo.

-No te voltees – dijo
-¿Qué? ¿Por qué? – sostuve su mano con fuerza
-Hay algo al otro lado del lago
-¿Una persona? – susurré
-No lo creo

Me arrodillé, fingiendo que estaba buscando algo en el suelo. Cuando me enderecé volteé mi cabeza apenas para mirar de reojo. Sacudí mi cabeza, pensando que estaba alucinando. Había un caballo blanco al otro lado del lago.

-Un caballo blanco – murmuré
-¿Dónde? – Peter empezó a buscar pero no encontró nada

Peter no podía ver el caballo, porque había estado demasiado enfocado en la persona que lo cabalgaba. La figura estaba vestida como si fuera a un funeral. A pesar de que no tenía ojos, sentí que me estaba mirando directamente a mí. No había duda de que era uno de los Siete. Sabía que tenía que correr, pero no podía, estaba congelada.

El Siete nos miraba, con sus manos completamente blancas moviéndose a su costado. Luego, sin advertencia, empezó a acercarse a nosotros. Un momento antes estaba detrás del lago, ahora, se movía gentilmente hacia adelante, el peso de sus pies chocando con la superficie del lago.

-Lali, estoy soñando o él… - Peter se detuvo, tomando un par de pasos hacia atrás, llevándome con él
-No estás soñando – susurré – Está caminando sobre el agua