jueves, 2 de agosto de 2012

Santificado: Deicinueve

Un ángel en mi puerta (parte uno)

Durante todos estos días, he sentido a Sam fuera del colegio. No me llama, pero lo siento y lo hace para que yo sepa que él está ahí, observándome. Y así, comienzan a complicarse las cosas. Mientras voy aprendiendo a bloquear a Sam, mis emociones, mis pensamientos para que no pueda leerme, mi madre empieza a quedarse en cama, sin levantarse y estando apenas despierta. En medio de la siguiente semana, una enfermera llega a la casa.

- No quiero que se preocupen por los detalles – dice mi madre un día, cuando Stefano y yo la estamos acompañando – Emi se va a encargar de todo, ¿de acuerdo? Sólo estén uno para el otro, es eso lo que quiero. ¿Pueden hacerlo?
- Está bien – digo
- Bien – murmura mi hermano y abandona la habitación

Mi madre suspira.

- Desearía que no estuviera tan enojado. Eso hará que las cosas sean más difíciles para él

Pero la verdad, yo también comienzo a sentirme aislada y enojada. Todo lo que tengo que hacer es ir al colegio, donde la presencia de Sam me mantiene alerta, y luego a casa, donde siempre pienso en que mamá se va a morir. Hablo con Ángela por teléfono, pero hemos decidido que mejor es no estar mucho juntas porque Sam no sabe que ella existe.

- Tengo una teoría – me dice una noche por el teléfono – sobre tu sueño. Tú sigues pensando que la razón por la que Peter no está ahí es porque está herido o algo
- Sí – digo - ¿cuál es tu punto?
- ¿Qué pasa si él no está ahí porque ustedes terminaron?
- ¿Por qué terminaríamos? – pregunto
- Porque se supone que tú deberías de estar con Thiago – dice – tal vez eso quiere decirte el sueño

Ese pensamiento me duele. Sé que sería mejor si veo a Peter en persona, besarlo y decirle que lo amo, que siempre estaré con él. No me importa lo que piensa Ángela, pero no puedo arriesgarme a ponerlo en peligro. De nuevo.

Estoy arriba, lavando la ropa cuando me pongo a pensar en lo que dijo Ángela. Tal vez termine con Peter y no por la razón que dice mi amiga; quizás porque yo quiero que él esté a salvo, quiero que tenga una vida normal, cosa que no es posible conmigo. Empiezo a sentir aquella presión en el pecho, esas ganas de gritar. Mi propia tristeza.

Voy a mi habitación, empiezo a hacer mi tarea y estoy triste. Hablo por teléfono con Cande, y estoy triste. Ella está emocionada sobre la universidad, cumpliendo sus sueños, pero yo estoy triste. Más tarde, cuando se termina de lavar la ropa, voy a la lavandería para sacarla; es ahí cuando de pronto la tristeza se va. De pronto me siento feliz, tan feliz que me dan ganas de reírme, Coloco una mano en mi boca y cierro mis ojos mientras el sentimiento llena mi cuerpo. No entiendo por qué, algo raro está sucediendo.

Suena el timbre de la casa y bajo corriendo a abrir la puerta. Me pongo de puntas de pie para mirar por la ventanita de la puerta. Me quedo sin aliento. Hay un ángel en la entrada de mi casa. Puedo sentirle. Un Alas Blancas para ser exacto, alto y con cabello dorado.

- ¿Papá? – pregunto, al abrir la puerta

martes, 31 de julio de 2012

Santificado: Dieciocho

Canta una canción de dolor

- La casa es segura – dice mi madre

Hemos llegado a casa después de una larga noche en el hospital, asegurándonos que Cande está bien. Mi profesor de historia me acompañó a casa y se encargó de explicarme a mi madre lo que había sucedido, momento donde me enteré que Sam quiere matarme porque él tuvo que matar a mi madre hace muchos años, pero no lo logró. Cuando insisto en que deberíamos escapar de la casa por miedo a que Sam venga, mi madre responde que el Alas Negras me encontrará donde sea que esté y cuánta la razón tiene.

- El colegio también es seguro – dice mi profesor
- Esperen – los interrumpo - ¿a qué se refieren cuando dicen que son lugares seguros?
- Santificados – responde mi profesor – el suelo ha sido consagrado. Un Alas Negras no puede poner pie en tierra sagrada, es muy doloroso para ellos
- ¿Así que la casa está santificada?
- Sí – responde mi madre
- Emi y yo podemos dejar y recoger a los chicos del colegio, todos los días – dice mi profesor, dirigiéndose a mi madre
- Está bien – dice mamá – trabajaremos en un calendario. Lo siento, Mar, pero se va a sentir como si estuvieses castigada
- ¿Y qué hay de mi? – pregunta Stefano

Me había olvidado que él estaba ahí, de pie en la esquina de la habitación, con sus brazos cruzados contra el pecho.

- También tendrás que quedarte en casa. Lo siento – dice mi madre
- Fantástico – murmura – justo lo que necesitaba. ¿Por cuánto tiempo?
- Hasta que me vaya – dice mi madre

Stefano me mira, enojado, echándome la culpa. Luego, desaparece hacia su habitación cerrando su puerta de un portazo.

- Y, para ti – dice Emi – no mas viajes a la casa de Peter. Te juro que estaré vigilando tu ventana

Peter. Sigo recordando su mirada cuando Sam estaba a punto de hacerle daño. La forma en que me sentí en ese momento, sin poder hacer nada. Pero lo hice, pienso. Pero, ¿qué pasará la próxima vez? ¿Y qué pasa con Cande? Ella que se levantó confundida, sin entender nada, mientras nosotros le decíamos que nos habíamos chocado contra una ardilla. ¿Una ardilla?, no recuerdo, insistía mi amiga.

Todo mi culpa. Ellos no estarían en peligro si no fuese por mí.

- Creo que debería ir a la cama. Buenas noches – digo, cansada
- Buenas noches – dice mi madre – realmente estoy orgullosa de ti – agrega cuando ya estoy subiendo las escaleras – te amo, no lo olvides

Sé que lo hace. Pero me sigue ocultando algo. Los secretos nunca acaban.

El sol está saliendo cuando me levanto por la mañana para tomar una ducha. Cuando termino de cambiarme, siento un ruido afuera. Al principio me asusto, pensando en Sam, pero luego me acuerdo que estoy segura en casa. Es Thiago quien toca y le abro la ventana.

- No es un buen momento – digo
- ¿Estás bien? Vine más temprano para disculparme por ser tan idiota en la fiesta pero tu madre me dijo que estuviste en un accidente

No tengo la energía para contarle la historia así que coloco mi mano en su hombro y desbloqueo mi mente para él, permitiendo que vea los sucesos de anoche. Cuando termino, su rostro está pálido.

- ¿Estás bien? – pregunto
- Nunca hice eso antes – dice – ver algo que no es mío, directamente en mi cabeza. Es mucho…¿y tú mamá está segura que es seguro aquí?
- Está segura, estamos en suelo santificado
- Me hubiese gustado estar ahí para ti – dice – ayudarte – es lindo y lo dice en serio pero no tengo ganas de ser cortés – debería irme – dice, cuando nota mi cansancio
- Sí
- Siento mucho lo que pasó en el baile – agrega – no quiero que pienses que soy esa clase de chico
- ¿Qué tipo de chico?
- Que intenta ligar con la novia de un compañero
- No lo pienso. Así que está todo bien, en serio
- No quiero que seamos amigos, Mar. Me gustas. Me gustarías así no fueses un ángel. Quiero que lo sepas

Realmente estoy muy cansada para tener esta conversación.

- Somos amigos. Y ahora mismo tengo que decirte, como amiga, anda a casa Thiago. Porque realmente necesito que este día se termine.

Santificado: Diecisiete

Salida (parte tres)

El profesor de historia.

- Buenas Noches – dice mi profesor - ¿cómo está todo el mundo?
- Está herida – apunto hacia Cande – los paramédicos están en camino
- ¿Cuál es el problema aquí? – pregunta, dirigiéndose hacia Sam
- ¿Quién es usted? – pregunta Sam
- Soy un profesor. Ellos son mis estudiantes
- Tengo asuntos con la chica
- Me temo que no puedo permitir que le hagas nada – dice mi profesor – seguramente puedes aplastarme como un bicho, si me atrapas. Pero he venido en nombre del Señor para regresarte de donde viniste

Sam no se mueve.

- ¿Tienes problemas al escucharme? – Continúa mi profesor – veo que tienes una herida en tu oreja. ¿Eso se lo hiciste tú, Mar?
- Eh, sí
- Bueno, bien por ti – me dice, mirándome, antes de voltearse y fijarse en Sam – ten cuidado

Sam empieza a alzar su mano, ocasionando un pequeño viento pero mi profesor es más rápido y alza su mano también, pero emitiendo una luz. A través de ella, aparece un arco con una flecha, completamente llena de luz, aquella que es lanzada hacia Sam. La flecha cae en su hombro y eso hace que Sam gruña con todas sus fuerzas. Antes de desaparecer y convertirse en un fantasma, me mira fijamente a los ojos. Estos me dicen que está triste. Cuando mi profesor suelta un suspiro de alivio, suelto la gloria y esta se desvanece.

- Bueno, ahora sabemos que está enojado conmigo, ¿verdad? – bromea
- ¿Cómo hiciste eso? – chillo – fue increíble
- David y Goliath, mi amor, los mejores profesores. Aunque la verdad, le estaba apuntando a su corazón, pero fallé

De pronto Peter empieza a vomitar, completamente exhausto por la situación.

- Por lo visto los humanos y la gloria no se llevan bien – bromea mi profesor
- ¿Estás bien? – le pregunto a Peter
- ¿Estará de regreso? – pregunta mi novio
- Asumo que sí – dice mi profesor
- Pero lo heriste – digo - ¿no les toma tiempo recuperarse?
- Debí darle en el corazón – responde
- ¿Eso lo hubiese matado?
- No. No puedes matar a un ángel – dice
- Mira – Peter apunta hacia la distancia donde aparecen carros policías y la ambulancia
- Les tomó mucho tiempo – digo
- ¿Estará bien? – pregunta Peter cuando mi profesor se acerca a Cande
- Sí, eso creo

Luego, todos los callamos mientras las sirenas se acercan, hasta que estamos rodeados de luces rojas y azules con gente que no conocemos, gente que viene a ayudarnos. 

sábado, 14 de julio de 2012

Santificado: Dieciséis

Salida (parte dos)

- Vamos, llámala – me dice Sam

Asiento, luego camino hacia él para tomar el teléfono. Intento bloquear la tristeza mientras me acerco. Las lágrimas queman mis ojos. Las aparto con parpadeos. Sigo caminando. Me sitúo en frente de él y lo miro a los ojos. Sam pone el celular en mi mano.

Presiono el número dos. Suena por un tiempo largo, tan largo que creo que va a saltar el mensaje de voz, pero luego escucho la voz de mamá.

 -¿Mar? – sé por el sonido de su voz que sabe que algo anda mal
- Mamá…. – por un momento no puedo hablar – Sam está aquí
- ¿Estás segura?
- Está de pie en frente de mí – hay un silencio
- ¿Dónde estás?
- No lo sé – miro alrededor, desorientada
- La ruta 55 – dice Peter y le repito aquello a mi madre
- Choqué el auto – digo
- Mar, escúchame – susurra – sabes que no puedo ir
- ¿Qué está diciendo? – pregunta Sam - ¿qué está diciendo? – pregunta de nuevo, su mente presionando la mía pero lo mantengo alejado
- Está en camino – miento
- Sé valiente, querida – dice mi madre – recuerda lo que te dije sobre combatir contra él con tu mente y corazón. Eres más fuerte de lo que crees. Te amo
- Está bien – cuelgo el teléfono
- Ahora esperaremos – dice – nunca he sido bueno esperando

El pánico sube por mi pecho, pero lo ignoro.

- Necesitamos llamar a una ambulancia para mi amiga – señalo hacia Cande
- No lo creo – trago fuerte
- Está herida. Necesita ayuda. Nosotros o tú y yo y mi madre podríamos irnos antes de que lleguen los paramédicos
- Por favor – pide Peter – ella es mi hermana. Puede estar muriendo. Por favor, señor

La tristeza empieza a disiparse y siento algo humano, tal vez compasión. Mira el celular que ahora yace en su mano y lo abre. Sus ojos observan los botones, pero parece que no sabe usarlo.

- Lo haré yo – digo – puedes verme. Solo digitaré los número 9, 1 y 1. Si algo más, puedes matarme o lo que quieras hacer – sonríe
- Pero si te mato no obtendré lo que quiero, ¿verdad? ¿Qué te parece esto? Llamas, y si intentas hacer algo gracioso, lo mato a él – señala a Peter
- Está bien – susurro
- Hazlo rápido

Me da el celular. Digito los números y lo sujeto contra mi oreja.

- 911, ¿cuál es su emergencia? – responde una mujer
- Ha habido…. – aclaro mi garganta – ha habido un accidente automovilístico en la ruta 55. Por favor, manden una ambulancia

Pregunta mi nombre pero no le puedo decir eso, así que tengo que mentir.

- Yo, eh…eh…

Sam alarga su mano. Le devuelvo el celular, hice lo que tenía que hacer, llamar.

- Hola – dice Sam
- ¿Hola? – dice la señora - ¿quién es?
- Acabo de llegar a la escena. Terrible, un accidente terrible. Tengo miedo que la chica esté ahora inconsciente. Y un chico. Están vestidos como para una fiesta. Por favor, dense prisa. Ambos están heridos.
- Pero mi madre…
- Ella no va a venir – dice, decepcionado – tendré que satisfacerme contigo

Se empieza voltear hacia Peter. Veo el rostro de Peter, sus ojos comprendiendo lo que Sam pretende hacer. Aceptándolo. Tengo que traer la gloria. Este es el momento para el que he estado practicando todo el año. Ahora.

Miro a Peter pero no siento nada más que mi corazón latiendo, tan lentamente que lo siento por todo mi cuerpo, en mis pulmones, llenándome de energía, de vida, luego de algo más que mi cuerpo. Algo más que humano. Mi espíritu, mi alma. La luz explota alrededor de mí. Me volteo, mirando a Sam y él se da cuenta de lo que sucede. Gruñe pero no tiene tiempo de reaccionar. Se mueve, lejs de la gloria.

Tomo un gran respiro, dejo que me llene, sintiendo la luz en mis dedos, en mi cuerpo, mi cabello, saliendo de mi cuerpo, mi pecho llenándose de calidez. Miro a Peter quién se está tapando los ojos por la luz. Tomo su otra mano entre la mía. Se siente fría, contra mi piel caliente. Salta por mi contacto, pero luego se relaja. Pongo mi dedo en el corte de su cabeza, y veo mientras la luz lo cura.

- Está bien – susurro

Escucho una risa, es Sam, riéndose a la distancia.

- Sigo subestimándote – dice – eres un pajarito muy listo
- Vete – vuelve a reír
- Quiero saber qué sucede después, ¿tú no?
- Vete
- No puedes sostener eso por mucho tiempo – cierra sus ojos – casi puedo escuchar las sirenas, viniendo hacia aquí. Las cosas se pondrán interesantes cuando lleguen

Sacudo la mano de Peter. Él intenta sonreírme, y yo intento lo mismo.

- ¿Por qué simplemente no cortas esta tontería? – dice Sam – no es que esté impresionado. Deberías detenerlo, te cansarás al cabo de unos minutos – habla relajado, pero se nota que se está enojando

Las luces se ven a la distancia. Mi respiración se corta en mis pulmones.

- Vamos, basta de tonterías – dice Sam, impaciente – tú y yo debemos irnos – es demasiado tarde, un auto se acerca

Se detiene y rechinan los frenos. Pero no es una ambulancia. Es un hombre con cabello blanco y barba. 

martes, 10 de julio de 2012

Santificado: Quince

Salida (parte uno)

Todo empezó a suceder bastante rápido. Mi madre dejó su trabajo, y pasa bastante tiempo en frente de la televisión, envuelta en colchas, o en la terraza hablando con Emi por horas. Toma largas siestas, deja de cocinar. Ese es el principio del final porque mamá ama cocinar. Hemos planeado decirles a nuestros amigos que mi madre tiene cáncer, no me parece lo justo decir eso, pero ¿qué más se puede decir? La gente está empezando a preguntarse qué sucede con mi madre, por qué está tan pálida y débil; la noticia de que mi madre está enferma se expande por el colegio en menos de un segundo y debo aguantar las miradas de tristeza y palabras como “lo siento”, como si eso pudiese detener lo que está por suceder.

Y, por si fuera poco, como si no tuviese problemas en mi vida, me aceptan en Standford. Y no, no puedo estar feliz, no cuando mi mamá está por morir y no sé qué va a ser de la vida de Stefano. No puedo irme. Lo peor de todo es que Ángela dice que en su visión me ha visto junto a ella en Standford, la misma universidad a la que ella va…¿por qué el destino tiene que decidir por mí?

Al menos tengo un momento de felicidad cuando llega la fiesta de promoción.

- Te ves hermosa, Mar – dice Emi cuando ingreso a la habitación de mi madre con mi vestido

Es uno rojo, largo hasta el suelo y amarrado al cuello. Un poco extremo a mi parecer, pero cuando lo vimos con Emi y Ángela, simplemente nos enamoramos de él.

- ¿No se ve hermosa? – le pregunta Emi a mi madre - el rojo es tu color, Mar
- Sí – dice mi madre, cansada – estás hermosa
- Créeme, la boca de Peter se va a abrir hasta el suelo cuando te vea – bromea Emi – se va a sentir como un millonario contigo en sus brazos
- Soy un dulce espléndido, ¿es lo que intentas decir?
- Esta noche, sí – dice Emi – así que aprovéchalo

Tengo que ir a recoger a Peter desde que este año está sin auto. Cande también viene con nosotros desde que el auto de Agus se malogró hace dos días y quedaron en encontrarse en la fiesta.

- Regresa a casa a las doce y media o iré a buscarte – dice Emi, en la entrada de la casa
- Sí – murmuro
- Diviértete – dice, con una sonrisa

Peter está muy atractivo. Normalmente lo suelo ver con sus jeans apretados, su camisa a cuadros y sus botas y con eso me conformo. Pero ahora, está irresistible. Con su traje negro, afeitado y con el cabello corto y peinado, parece un actor de película.

- Te están mirando – le susurro cuando llegamos a la fiesta
- Nah – dice – te están mirando a ti. Que está con un vestido increíble.

Bailamos. Peter no es un gran bailarín, pero la falta de baile lo convierte en chistes y diversión. Me ha hecho reír todo el tiempo. Noto a Thiago mirarme antes de verlo. Está con una chica de mi promoción, al otro lado de la pista de baile. Presiono mi mejilla en el hombro de Peter y cierro mis ojos. Pero, cuando los abro de nuevo, automáticamente busco a Thiago y cuando lo encuentro, me mira directamente, encuentra mi mirada y la sostiene.

¿Bailarías conmigo, Mar? – pregunta - ¿tan sólo una vez esta noche?

Antes de responder, Peter se aparta. Toma mi mano y la besa, me agradece por el baile. Le sonrío.

- Vamos a tomar algo – dice – hace calor aquí

Dejo que me guíe hacia el tumulto de gente para conseguir un vaso. Nos quedamos unos minutos en la puerta, el aire frío chocando contra nuestros cuerpos.

- ¿Te estás divirtiendo? – pregunta
- Sí – sonrío - pero, me preguntaba, ¿dónde están tus otras citas?
- ¿Mis otras citas?
- Recuerdo perfectamente, el año pasado trajiste a tres chicas diferentes a la fiesta
- Este año solo tengo ojos para ti
- Buena respuesta – enredo mis brazos en su cuello y le robo un beso

Luego de un instante, voy al baño y me encuentro con Luna. Se está mirando al espejo, comprobando su maquillaje y retocando sus labios.

- Siento lo de tu mamá – dice
- Eh, gracias
- Mi padre murió de cáncer, también – dice – tenía tres años, no me acuerdo
- Lo siento. No sabía
- Muchas personas no lo saben. Tengo un padrastro, y todos asumen que es mi padre – asiento, sin saber por qué me cuenta aquello – como sea, quería ofrecerte mis condolencias

Hay un silencio.

- Thiago está preocupado por ti – continúa – perdió a su madre cuando era niño, también. Esa es una de las cosas que comprendemos del otro
- Lo sé
- No deberías ser dura con él, él merece ser feliz
- Él no es mi enamora….
- Lo estás mirando – me interrumpe – puede que estés toda tierna con tu novio, pero lo estás mirando
- No lo hago – voltea sus ojos
- Él me dejo por ti. No me lo dijo, claro. Me dijo un par de cosas por teléfono sobre ser justo conmigo. Como si no lo hubiese visto venir, él había estado actuando muy raro. Y luego me di cuenta cómo lo mirabas y cómo él te miraba a ti
- Él no me miraba – protesto
- Si tú lo dices
- Thiago y yo somos amigos – intento explicar – tengo novio
- Tal vez lo tengas. Pero aún lo sigues viendo. Vas a tener que pensarlo si quieres estar con él
- Métete en tus asuntos, Luna – digo, molesta

Y justo cuando salgo del baño, me encuentro con Thiago. Empiezo a sentir que la fiesta está maldita para mí.

- Hola – dice Thiago - ¿bailas conmigo, Mar?

Nos pertenecemos, no sé si es él o mi mente quién piensa aquello.

- Qué…..Dios – suspiro - ¿y tu pareja?
- No tengo pareja. Vine solo
- ¿Sólo? ¿Por qué?
- Así mi pareja no se ofendía cuando te invitara a bailar – dice

Ahí es cuando veo a Peter, bastante cerca, escuchando.

- Te estás olvidando una cosa – dice Peter, poniéndose a mi lado y colocando un brazo en mi cintura – Mar tiene pareja. Yo
- Es solo un baile – dice – Mar y yo somos amigos. ¿Cuál es el problema?
- Tuviste tu oportunidad – dice Peter – la perdiste. Así que pídele a otra persona

Thiago duda. Me mira.

- Amigo, evita que te lance un puñete. No quiero malograr mi traje – dice Peter

Me sitúo entre los dos.

- Sin ofender, Pitt – digo – pero no soy un pedazo de carne, ¿está bien? Deja de gruñir por mí, puedo encargarme de esto, sola, Y, no – me volteo, mirando a Thiago – gracias por la oferta, pero tengo una pareja. Yo decido a dónde pertenezco – susurro en su mente

Thiago asiente y se aleja. Lo sé.

Luego, tomo la mano de Peter y lo alejo de la pista de baile, dejando a Thiago de pie solo. Después de eso, todo es muy tenso. Me paso todo el tiempo intentando bloquear a Thiago lo que resulta imposible. Peter y yo estamos tensos el resto de la noche, en silencio, acercándonos cuando bailamos, sosteniéndonos como si tuviésemos miedo de alejarnos.

Me enoja todo esto. Thiago no está interesado en mí por cómo me veo o por mi personalidad. Él me quiere porque le han dicho que así es. Siento cosas por él porque él es como el gran misterio para mí, y porque me han dicho que debo desearlo. ¿Y, por qué la gente de allá arriba se preocupa por a quién amo, cuando solo tengo diecisiete años? Peter es mi elección, mi corazón tomando mis propias decisiones.

De pronto, siento la urgencia de llorar, la más grande que he sentido en un largo tiempo.

- ¿Qué es eso? – pregunta Peter de pronto

Estamos en medio del camino, de regreso a casa. Peter a mi lado y Cande en el asiento de atrás. Me detengo y veo a alguien de pie en medio del camino. Esperando por nosotros, parece. Un hombre alto usando un abrigo. Sé quién es, puedo sentirlo.

Samjeeza.

- Mar, ¿quién es él? – pregunta Peter
- Malas noticias – murmuro - ¿todos están bien amarrados?

No espero una respuesta. No sé qué hacer, así que acelero sin miedo. Peter empieza a gritar. Acelero hacia el cuerpo de Sam, con la idea de derribarlo. Pero noto que él sonríe y es ahí cuando todo se vuelve negro. Cuando empiezo a ver colores de nuevo, Peter está a mi lado, respirando fuerte.

- ¿Peter? – susurro

Coloca una mano temblorosa en su cabeza, la toca y mira sus dedos. La sangre empieza a salir por montón.

- ¿Peter? – noto el pánico en mi voz
- ¿En qué diablos estabas pensando?
- Lo siento, Pitt. Yo…
- ¿Cómo estás? ¿Estás herida?
- No creo
- ¿Cande? – la llama

Miro apenas hacia atrás y sólo puedo ver su pelo en frente de su rostro. Peter intenta abrir la puerta, para poder salir, pero esta no se abre. Intento abrir mi puerta y lo logro. Rápidamente salgo del auto y abro de un tirón la puerta de Peter. Él se queda mirándome por unos segundos, con su boca medio abierta. Nunca me ha visto hacer algo así antes. Lo ayudo a salir del auto y él se mueve hacia la puerta de Cande. Intenta sacarla, pero algo se lo impide.

- El cinturón de seguridad – digo

Ella no dice nada mientras Peter la saca del auto hacia la pista, la recuesta gentilmente en el suelo.

- Despiértate, Cande – le ordena, pero nada sucede
- Está respirando – le digo a Peter, cuando me arrodillo a su lado – su pulso está bien
- Tenemos que llamar a la ambulancia. Ahora mismo. ¿Dónde está tu teléfono?

Regreso al auto. Mi celular está completamente desaparecido, Y no hay señal del Alas Negras.

- No sé dónde está – lloro – sé que lo tenía cuando salimos de la fiesta
- Mar – Peter dice, lentamente
- Sólo dame un minuto. Sé que está aquí
- Mar – dice de nuevo

Algo en su voz hace que me detenga. Es la misma voz que utilizó cuando vimos el oso en el bosque. Eso hace que me enderece y lo mire. Me congelo. Sam está al lado de Peter y está sosteniendo mi celular.

- Hola, pajarito – dice – que lindo verte de nuevo

Siento un nudo en el estómago y mi cuerpo entero empieza a temblar.

- Me golpeaste con tu auto – continúa - ¿este es tu novio? – de pronto, ríe – está considerando si me golpea a o no – humanos – se burla

Trago fuerte hasta que me duele la garganta. Me rehúso a mirar a Cande y a Peter. No puedo sentir miedo, debo ser fuerte.

- ¿Qué quieres? – pregunto
- Una excelente pregunta, una que me he hecho por largo tiempo. Estaba enojado contigo, desde que …. – me enseña su oreja quemada
- Yo no intenté… - digo – yo no quise…
- Claro que lo hiciste. Pero no vale la pena enojarse por eso
- ¿Por qué estás aquí? – pregunto – si vas a destruirme, hazlo de una vez
- No – dice – quiero hablar contigo. He estado observándote, y te ves muy infeliz, querida. Confundida, me preguntaba si podía ayudarte
- Tú no quieres ayudarme
- Claro que sí. Te he encontrado muy interesante, fascinante, desde que te vi. Hay algo que tu madre te está escondiendo, creo
- Ella me contó todo sobre ti
- ¿Todo sobre mí? – dice, alzando las cejas – de verdad. Bueno, esa es una buena historia. Lo que me interesa es saber lo que vas a hacer, tu propósito. Tus visiones. Tus sueños.
- Mi propósito no tiene nada que ver contigo
- ¿O es algo más? – empieza a hurgar en mi mente – ella no te ha dicho – dice, desilusionado – lo sentiría si lo supieras
- ¿Ella me ha dicho qué? – pregunto, sin poder aguantarme
- Preguntémosle – dice, alzando su celular

Tengo que hacer algo. Cualquier cosa para salir de aquí.

- ¿Este es algún plan de tomarme como rehén? Porque estoy segura que mi madre va a pensar que es muy romántico
- No me hagas hacer algo de lo que me voy a arrepentir – dice, su rostro escureciéndose, y acercándose a Peter

Me encuentro con los ojos de Peter, que traga fuerte. Está asustado. Sam lo va a matar, pienso. Es por eso que no está en el cementerio. ¿Por qué soy tan estúpida? ¿Por qué no lo vi antes? He pasado todos estos meses intentando pensar cómo protegerlo, luego dejando todo atrás cuando me enteré que mi madre iba a morir.

Desearía poder decirle que lo siento por haberlo involucrado en mi vida de locura.