domingo, 11 de noviembre de 2012

Heaven: Capítulo XXVI

Llévame a casa

Cande aún estaba asustada por la escena en la capilla, e incluso la ayuda de Gastón no era suficiente para que deje de temblar.

-Está bien, Cande – Gas se inclinó para susurrarle – Se ha terminado. Gero no te volverá a lastimar
-Cande, tal vez deberías quedarte con nosotros por un tiempo – sugerí – Hasta que las cosas se estabilicen
-Buena idea – acordó Gas – No me gusta la idea de que se quede sola ahora
-Gracias – dijo Cande – Lo siento por haber sido tan estúpida con todo
-No es tu culpa – dijo Peter – Todos juzgamos mal a las personas
-Yo lo ha arruinado peor que tú – agregué – Una vez pensé que Benjamín simplemente necesitaba a una amiga

Peter envolvió un brazo alrededor de mi hombro, como si quisiera borrar esos feos recuerdos de mi pasado.

***

Durante el camino a casa, mis hermanos pensaron que lo mejor sería volver a Venus Cove. No tenía sentido seguir escapando,  no cuando los Siete ya sabían nuestro rastro. Regresar a nuestro pueblo de siempre fue reconfortante. Todo estaba igual y olía maravilloso. Gastón decidió que lo mejor era pasar desapercibidos para que los vecinos no hagan preguntas sobre nosotros, así que preferimos quedarnos en un hotel. Así que Peter y yo ofrecimos parar en una farmacia a comprar un par de cepillos de dientes y otras cosas esenciales. Gas, Cande y Rochi prefirieron caminar por las calles, intentando disipar sus pensamientos.

Peter condujo hasta la farmacia más cercana y una vez adentro, empezamos a llenar nuestra carretilla de cosas. Cuando terminaos, Peter condujo por la avenida principal. Sabía que estaba pensando cuando se estacionó fuera de “Amorcitos”.

-¿Te gusta la idea de traer viejos recuerdos? – preguntó

Lo miré y recordé nuestra primera cita. Nada había cambiado. El lugar estaba igual, con los autos afuera y un grupo de gente charlando afuera. El chico a mi lado tampoco había cambiado, su cabello marrón y sus ojos verdes profundos. Sólo que ahora se veía más sabio y más maduro.

-¿Crees que sea una buena idea? – pregunté
-No tardaremos

Entramos a la cafetería y estaba igual por dentro. Sólo había nuevas caras en las mesas, compartiendo gaseosas o postres. Mucho tiempo había pasado desde que vine por primera vez. Cande y su grupo ya no estaba. No reconocía a nadie, nuestros compañeros de colegio se habían mudado a diferentes universidades de diferentes países. Ya no pertenecíamos aquí.

-¿Es sólo yo o…? – empezó Peter
-Nop – tomé su mano – Esto es raro. Me siento vieja

Caminamos hacia nuestra antigua mesa, pero la encontramos ya ocupada.

-Ey, querido, ¡después de tiempo! – era una de las antiguas meseras, reconociendo a Peter – Siempre es lindo ver cuando los chicos del colegio regresan
-Ey – dijo Peter, sonriendo – Extrañaba este lugar
-Y también te extraña a ti – le guiñó el ojo – Tu familia sobre todo

Aquello fue suficiente para que ambos suspiremos hondamente. Tomamos una bebida rápidamente y n nos dirigimos hacia la casa de Peter. Cuando la mamá de Peter abrió la puerta, casi se queda sin aliento. Se quedó rígida, sus ojos enfocados en Peter.

-¿Mamá? – dijo él

Ella salió y cogió el brazo de su hijo, aún sin habla. Luego salió el papá de Peter para ver qué sucedía y se quedó sin aliento antes de sonreír.

-No te preocupes por tu madre – dijo – Vamos adentro. Querida, ¿por qué no les preparas un té?

Aún mirándonos, la mamá de Peter se alejó mecánicamente para dejarnos entrar. Nos sentamos en uno de los sofás en la sala de estar. Estaba muy nerviosa como para hacer contacto con cualquiera.

-Pensamos que nunca te veríamos de nuevo – dijo la mamá de Peter, limpiándose las lágrimas – He rezado por ti cada día. Rezando para que estés bien y que vuelvas a casa
-Lo sé, mama. Lo siento mucho
-¿En dónde exactamente has… - empezó su mamá, pero su padre la detuvo como diciendo que no era el momento
-Todo lo que importa es que estás aquí – dijo su papá - ¿Has comido? ¿Puedo ayudarte en algo?
-Estamos bien
-¿Y están a salvo?
-Sí. Y quiero que sepan, que nunca quise hacerles daño...

Esperé a que la mamá de Peter responda, pero ella se había silenciado de nuevo. Peter siguió su mirada mientras se colocaba lentamente en mi diamante que estaba usando en mi dedo medio – el anillo antiguo de su madre.

-Mamá, papá, hay algo que deben saber – dijo Peter
-Oh dios mío – Claudia cubrió su boca con sus manos – No, no puede ser cierto
-No enloquezcas. Sé que no esperaban esto
-¿Se casaron? ¿Mi hijo está casado?
-Queríamos decirte – dijo Peter – Pero no hubo tiempo

Por primera vez en la noche, Claudia me miró.

-¿Estás embarazada? ¿Eso es lo que pasa aquí?
-¡No! – exclamé, enrojeciendo – Nada como eso
-Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no nos dijeron?
-Estoy seguro que tienen razones – dijo el papá de Peter

Me sorprendió cómo estaba llevando esto el papá de Peter. Seguro tenía miles de preguntas, pero intentaba que todo salga tranquilo. Se puso de pie y sacudió la mano de Peter.

-Felicitaciones, hijo – dijo, antes de alzarme y abrazarme – Bienvenida a la familia, Lali. Estamos orgullosos de llamarte como una de los Lanzani
-Eh…gracias

La calidez de la mano de Peter, buscando la mía, era todo lo que necesitaba para dejar mis nervios atrás. Era la esposa de Peter ahora, parte de él ahora, de su familia. Finalmente sentía que pertenecía a algún lado y nada iba a cambiar eso.

-Necesitamos celebrar con un poco de champagne – dijo el papá de Peter
-Papá, no podemos quedarnos
-¡Pero acaban de llegar! – dijo Claudia
-Volveremos apenas podamos
-No me gusta esto – dijo Claudia – No me gustan todos estos secretos. ¿Qué sucede? ¿Por qué no nos dicen para ayudarlos?
-Ambos significan todo para mí – dijo Peter – Y siempre confío en ustedes. Pero, Lali y yo tenemos que lidiar con esto por nuestra cuenta. Y necesito que confíen en mí. Nunca antes les he mentido; y nunca los he decepcionado. Sólo confíen en mí, ¿de acuerdo?

Su mamá asintió sin decir nada, podía ver que nunca entendería por qué su hijo abandonó su casa, pero ella sabía que no podía discutir con él.

-¿Estarás por la ciudad? – preguntó ella
-Por ahora, sí
-¿Hay algo que podamos hacer? Si estás en problemas…conocemos gente…
-No es esa clase de problema, mamá
-¡Debe haber algo! Me siento tan inútil
-Si hay algo…mantente a salvo – dijo, besando la cabeza de su madre

sábado, 10 de noviembre de 2012

Heaven: Capítulo XXV

Mírame Quemándome

Todos acordamos en que no tenía sentido el intentar calcular cuando volverían los Siete. Así que establecimos estrategias en caso suceda algo. Peter aún seguía intentando lidiar con el concepto de tener sangre de ángel por sus venas y parecía no querer hablar más del tema. Yo tampoco lo presioné, porque sabía que necesita tiempo para procesar la información. Así que, en lugar de todo esto, decidí preocuparme por Cande.

La tarde siguiente, saqué a Peter de la casa para ir a buscar a Cande. Ella nos había estado evitando desde su espectáculo con Gastón y estaba preocupada por ella. Finalmente la encontramos en un Starbucks, frunciendo el ceño ante su celular.

-¿Malas noticias? – preguntó Peter, sorprendiéndola
-No – dijo ella, rápidamente guardando su celular
-¿Por qué la cara larga? ¿Tu manicurista está fuera de la ciudad?
-Ja, ja. Muy gracioso – su sonrisa se congeló

Noté que Cande estaba diferente. Llevaba ropa más casual y pura, no como siempre usaba sus tacos, blusas o pantalones cortos. Su mirada estaba perdida y sus ojos tristes. Sabía que esto tenía que ver con Gero. Peter y yo nos sentamos en las sillas de le mesa.

-¡Ustedes se ven muy mal! – soltó ella
-Ey, gracias – dijo Peter
-Lo siento, pero seriamente necesitan dormir más y tener más sexo
-No tiene nada que ver con eso – dijo Peter, forzando una sonrisa
-Bueno, ¿qué hay? – preguntó Cande, después de un silencio - ¿Cómo van las cosas?
-Han mejorado un poco – respondí cuidadosamente
-Siempre hay crisis con ustedes
-Sí – asentí – Pero escucha, parece que por el momento no vamos a poder regresar a la universidad
-¡No! ¡No van a desaparecer de nuevo!
-Claro que no – dije rápidamente – Aún estaremos en la ciudad, sólo que no nos verás en el campus. Le hemos dicho a todos que tenemos problemas familiares
-De acurdo – dijo Cande – Supongo que rezaré por ustedes

Peter alzó sus cejas. No era la idea lo que lo sorprendió, sino escuchar esas palabras salir de la boca de Cande.

-Gracias – dijo Peter, suavemente
-¿Entonces podré ir a verlos? – preguntó Cande
-Claro – dije – Cuando quieran. Sólo llámanos

Cande asintió, viéndose un poco distraída.

-Pero no puedes decirle a nadie donde estamos – agregó Peter – Ni siquiera a Gero
-No se preocupen, puedo mantener mi boca cerrada
-Bien – dijo Peter – confiamos en ti

Hacía calor en el café así que Cande empezó a alzar las mangas de su polo. Y cuando lo hizo, noté las heridas una de sus muñecas, como si alguien la hubiese agarrado con mucha fuerza.

-Cande, ¿qué le pasó a tu brazo?

Ella bajó la manga.

-Soy una tonta. Me caí de las escaleras usando tacos
-¿Dónde estabas?
-En una fiesta
-¿Con Gero?
-¡No! Él no lo sabe así que por favor no le digan. Él no lo aprobaría
-Suena un poco controlador – dijo Peter – Si ni siquiera puedes ser honesto con él
-No, no, no lo es – insistió Cande – Gero es bueno para mí. Sólo necesito un poco de tiempo para alcanzar su espiritualidad
-¿Cómo vas a lograr eso?
-Bueno… - Cande frunció el ceño – No estoy exactamente segura. Pero Gero tiene un plan
-Claro que lo tiene – murmuró Peter y alzó la mirada – Hablando del diablo

Todos alzamos la mirada para ver a Gero caminar hacia nuestra mesa.

-Oh, no – dijo Cande, cogiendo una mano por debajo de la mesa – No le digan nada, ¿de acuerdo?
-Nunca – dije, casi ofendida
-Gracias
-Hola – dijo Gero, sonriendo - ¿De qué están hablando?
-Sobre cosas de chicas – dijo Cande
-¿Con Peter aquí?
-Creemos que él es como una chica
-De hecho estoy fuera de lugar – corrigió Peter, riendo

Gero se agachó y dejó un beso fugaz en la mejilla de Cande. De pronto frunció el ceño y se alejó.

-Cande, ¿llevas puesto pinta labios?
-¡Lo notaste! Es nuevo. Se llama algo de Fruta
-Pensé que habíamos acordado en que no usarías maquillaje
-Gero, el  pinta labios no es exactamente un maquillaje

Cande nos miró, en busca de apoyo, pero Peter y yo estábamos muy sorprendidos como para decir algo.

-¿Hace que tus labios se vean menos naturales y más artificiales?
-Eh…supongo. Sí
-Entonces, Cande, no lo necesitas. Eres perfecta de la manera en que Dios te hizo. ¿Por qué tientas Su trabajo?
-Lo siento. Nunca lo pensé de esa manera

Intenté defender a Cande pero fue inútil y Peter me pidió que no continuara si no quería armar problema con Gero. Así que cortamos la comunicación y pronto Gero y Cande se fueron, dijeron que tenían que leer la Biblia. ¿Desde cuándo Cande hacía eso? Apenas llegamos a casa, discutimos el asunto con mis hermanos y no me sorprendió al ver a Gas tan preocupado por Cande. Inmediatamente, decidió ir a buscarla, temía que Gero le haga daño.

Nos dirigimos hacia la capilla del campus de la universidad donde sabíamos que estarían leyendo la Biblia. La puerta estaba abierta y una extraña voz hipnótica nos alcanzó. No sonaba como ningún estudio de la Biblia para mí y me imaginé que era la excusa que Gero había dado a la universidad para usar la capilla.

-La única manera de conquistar la carne es mortificarla – decía la voz

Gastón y Peter se miran y mi hermano frunce el ceño. Dentro, vemos a un grupo de alrededor de diez personas. Gero es el orador y tres otros chicos están a su lado. El resto son chicas y estaban arrodilladas. Pero Cande estaba en el altar y por alguna razón, no tenía ropa y estaba encadenada.

-Debes conocer tu debilidad ante el Señor. Debes contemplarlo
-Lo sé – murmuró Cande
-Quiero ayudarte pero tienes que trabajar conmigo, Cande – dijo Gero - ¿Estás lista para comprometer tu vida a esta iglesia?
-Estoy lista
-¿Estás lista para hacer sacrificios?
-Lo estoy – Cande susurró

Gero se acercó hacia donde estaba arrodillada Cande. Tenía algo en su mano que no podía descifrar hasta que alzó su  brazo sobre su cabeza. Eran un par de tijeras. Alzó el cabello de Cande en sus manos como midiéndolo. ¿Realmente Cande le iba a permitir que le haga eso?

-Aléjate de ella – gritó Gastón

Gero, cogido por sorpresa, bajó su brazo y nos bucó. Cuando me vio, recobró un poco su compostura, aunque la presencia de Gastón definitivamente lo intimidaba.

-¿Quién eres? – demandó - ¿Les dijiste que vengan? – le preguntó a Cande
-No – balbuceó – Yo..yo… - empezó a ponerse de pie
-Cande… - susurró Gas

Cande dudó al principio, pero luego se quitó la cadena que la sostenía y caminó tambaleándose hacia adelante, para luego correr directamente hacia los brazos de Gas, donde colapsó, llorando.

-¿Qué ideas locas le has estado metiendo en la cabeza? – murmuró
-Estaba intentando borrar mis pecados del pasado porque me di cuenta que es por eso que no me podías amar – dijo Cande, levantando su rostro

Gas cerró sus ojos por un momento.

-Cande, tú tienes que decidir cambiar tu vida, no que alguien lo haga por ti
-Cande, no los escuches. Eres una pecadora – dijo Gero – Eres mala y soy el único que puede ayudarte
-¿Quién eres tú para juzgarla? – preguntó Gas – Simplemente eres tan pecador como cualquiera
-Es una mujer – dijo Gero – Eso la hace corrupta y libidinosa por naturaleza
-Tú – dijo Gas, apuntando un dedo hacia Gero – Si te veo hablándole de nuevo vas a tener que enfrentarte conmigo. ¿Lo entiendes?
-¿Y quién crees que eres? – dijo Gero

Gastón sonrió y las luces empezaron a parpadear. La puerta se abrió de golpe y una ráfaga de viento nos cubrió.

-No tienes ni idea

Gero tomó unos pasos hacia atrás y su pequeña congregación jadeó. Unos segundos después, estaban corriendo. 

Heaven: Capítulo XXIV

El secreto mejor guardado

-Dijo que no era humano – dijo Peter, cruzando sus brazos

Estábamos en la cocina. Peter y yo les habíamos contado todo lo que había pasado con el Siete a mis hermanos. Pero, sobre todo, nos enfocamos en lo que éste le había dicho a Peter.

-Y, que el Cielo me necesita, tiene planes para mí o algo así. Es una locura, ¿verdad? – agregó
-Peter, hay algo que tienes que comprender – dijo Rochi
-Oh Dios mío – interrumpió Gastón – Sólo cuéntales. Es momento de que sepan de todos modos
-¿Saber qué? – pregunté - ¿Qué han estado escondiendo?

Rochi presionó sus dedos contra su frente.

-Tal vez deberían de sentarse. Esto no va a ser fácil para los dos.
-De acuerdo – dijo Peter, riendo – Realmente me están asustando. ¿Qué sucede?
-¿Se pueden sentar? – rogó Rochi - ¿Por favor?

Abracé a Peter y lo jalé hacia el sofá, a mi lado. Gastón estaba mirando por  la ventana, esperando que Rochi empiece.

-Supongo que debo empezar por el comienzo – dijo Rochi, ausente
-¿Va a ser una larga historia? – dijo Peter
-Sólo escucha. La última vez que estuve en la tierra fue casi hace veinte años. No planeaba hablar con nadie pero me encontré con una pareja a la que se le había malogrado su auto y me pidieron que le preste mi celular. Nos pusimos a conversar y me dijeron que estaban visitando una clínica de fertilidad. Pero no estaba funcionando, no podían concebir.
-Eso suena interesante – dije – Pero no entiendo cómo se relaciona con nosotros
-Déjala terminar, tienes que escuchar la historia completa –dijo Gas
-No debería de haberme involucrado – dijo Rochi, sacudiendo su cabeza – Pero la mujer me dijo que habían estado rezando por un milagro. No me podía ir cuando tenía el poder de ayudarlos
-¿Qué hiciste? – pregunté
-Les di un niño – murmuró mi hermana – Cuando la mujer me dejó ese día, estaba embarazada aunque no lo sabía. Le di completa salud así podía concebir en el futuro.
-¿Actuaste sin consentimiento? – dije - ¿El Cielo intentó castigarte?
-Me castigué yo misma
-¿Qué significa eso?
-Nada sucedió por un largo tiempo – suspiró – Pero eventualmente encontré a la pareja que había dado a luz a un niño y desde entonces ha tenido otros cinco más

Noté a Peter moviéndose incómodo a mi lado.

-¿Qué le pasó al niño?
-Mi involucramiento no fue más allá de esa concepción – dijo Rochi – Lo dejé a solas para que viva una vida normal. Nunca esperé verlo de nuevo
-No lo creo – susurré - ¿Por qué nunca lo dijiste?
-Estaba avergonzada de mí misma. Y después te critiqué por involucrarte mucho con la vida humana, ¿cómo podía revelar lo que había hecho? Era hipócrita.
-Oh, Rochi – dije – Podías haber confiado en mí. Hubiese entendido
-Mariana, no he terminado. Hay más. El Cielo me dijo que vería de nuevo al niño, que de alguna manera él regresaría y se mezclaría con el mundo de los ángeles
-¿Quieres decir que lo vamos a conocer?

Gastón me miró directamente a los ojos.

-Mariana, ya lo conoces
-No lo entiendo….
-Yo sí – dijo Peter, con voz ronca – Lo que sea que tengas que decir, suéltalo
-La pareja que conocí…se apellidaba Lanzani. El niño eres tú. Lo siento mucho, Peter

Hubo un largo silencio. Peter no se movió, miraba sus manos, quieto. Todos esperamos a que hablara. Gastón se sentó y colocó una mano tentativa en su hombro. Peter lo sacudió y saltó.

-Peter, por favor trata de calmarte – dijo mi hermana
-¿Calmarme? – Peter rió – Acabas de decirme que soy una especie de Inmaculada Concepción, un niño milagro y se supone que debo calmarme
-Aún eres humano. Eres carne y sangre, sólo que no igual que los demás
-¿Cuánto tiempo han sabido esto?
-Desde que te conocí. No estábamos seguros al principio, pero luego todo se aclaró. Esa es parte de la razón por la que intentamos alejarte de Mariana
-¿Han sabido esto todo este tiempo? ¿Y esperaste hasta ahora para decírmelo?
-Tenías otras cosas en tu mente. Tu viaje no ha sido fácil, no quería agregarle más peso
-¿Mis hermanos? – preguntó Peter - ¿Ellos..?
-Ellos fueron  naturalmente concebidos. Sólo tomé parte en tu creación
-Entonces…¿Tú eres ….eso te hace….como…..eres mi madre?
-Oh Dios – murmuré – Por favor, no
-No soy tu madre. No tengo ADN que sea transferido. Eres el hijo de tú madre. Pero te di nuestra esencia, nuestro espíritu. Sangre de ángel corre por tus venas, pero también la de tus padres
-¿Entonces qué soy? ¿Ángel o humano?
-Supongo que ambos
-Genial. Esto es una locura
-No quería que te enteraras de esta manera
-Realmente no hay un buen momento para enterarte que eres un híbrido
-No digas eso – le dije – Eres la misma persona de siempre
-¿Cómo lo sabes, Lali?
-Siempre supiste que eras extraordinario – dije – El destino no nos hubiese juntado. Has sobrevivido a demasiadas cosas, tienes mucha fuerza, y ahora ya sabes por qué
-¿Qué quiere el Siete conmigo? ¿Qué creen que puedo hacer por ellos?
-Los híbridos tienen poderes – dijo Gas – Poderes que casi no entendemos. Supongo que quieren descubrir cuáles son
-¿Entonces quieren usarme? ¿Cómo una clase de rata de laboratorio?
-Probablemente
-Seguramente no soy el primer… - Peter rodó sus ojos – Híbrido
-Eres el primero que han encontrado  - respondió Gastón
-Pero haremos lo que sea por protegerte – agregó Rochi
-Ellos quieren que tú y Mariana se separen. Especialmente después de lo que sucedió ahora. Sus poderes combinados son muy fuertes, se sienten amenazados
-¿Estás diciendo que si no estuviéramos juntos nos dejarían en paz? – pregunté, sin poder creerlo
-Continuarían monitoreando a Peter y lo observarían a lo lejos. Pero no representaría tanta amenaza
-¡Él no es ninguna amenaza ahora! – chillé - ¡No ha hecho nada!
-Los Siete son criaturas competidoras – dijo Rochi – Conocen sus poderes y no pueden competir contra eso
-De acuerdo. ¿Qué haremos ahora? – dije, mordiéndome el labio
-Volverán – dijo Rochi – Para entonces, ya estaremos listos

Cuando mis hermanos nos dejaron a solas, esperé a que Peter hablara. Era mucho lo que tenía que procesar y debía de tener un conjunto de cosas en su mente. Acusaciones, preguntas sin responder.

-Esto es… - alzó sus manos y las dejó caer – No sé qué decir
-Peter… - empecé
-¿Cómo no pude saberlo? ¿Me perdí de las señales?
-Hubo señales – insistí – Sólo que no las notaste. Piensa en todo lo que te ha pasado desde que nos conocimos. ¿Cuántas personas pueden ver a sus amigos morir en frente de sus ojos, cuántas personas pueden ser víctimas de un exorcismo y no estar traumatizados? ¿Cuántas personas pueden entrar al Infierno para salvar a alguien que aman? ¿Cuántas personas pueden estar poseídas por Lucifer y sobrevivir? Eres especial, Peter. Los ángeles te escogieron
-Simplemente siento que ya no sé quien soy
-No – dije, sacudiendo mi cabeza – No, es exactamente lo opuesto. Ahora sabes quién eres. Estás bendecido y estás en un camino que te guiará a grandes cosas. Dios te está cuidando
-Parece que sólo lo estoy haciendo enojar
-Los Siete – corregí – Estás enojando a los Siete. Pero Dios te ama. Te ha marcado como a uno de su propiedad
-¿Entonces por qué todo es tan difícil? – Peter me miró intensamente, necesitando respuestas - ¿Por qué parece que estamos siendo castigados?
-Porque el camino del hombre recto nunca estuvo planeado que fuera fácil – susurré – Los reconocimiento vendrán después. Sólo tienes que creer en Él.
-De acuerdo – Peter me miró – De acuerdo – repitió

martes, 6 de noviembre de 2012

Heaven: Capítulo XXIII

Yo sé algo que tú no sabes

Rochi nos ordenó a mí y a Peter ir a la universidad a recoger nuestras cosas. No podíamos regresar todavía, no hasta saber lo que podía suceder. Por suerte, yo no me encontré ni con María Elena ni con ninguna compañera de clase, pero dejé una nota donde colocaba que había tenido una emergencia familiar. Peter se encontró con sus amigos y les explicó que tenía problemas en casa y que no sabía cuándo volvería. Él sí que extrañaba a sus amigos. De regreso de la universidad, decidimos parar un momento en uno de los restaurantes dónde solíamos almorzar. Pero, apenas nos bajamos del auto, vimos a uno de los Siete. Aterrada, me aferré al brazo de Peter, como si eso impidiera que nos hiciera daño.

-Al fin – dijo el Siete – Ustedes dos se han estado burlando de nosotros
-Adivina – dijo Peter, enojado – No queremos ser tus amigos
-Qué sorprendente
-¿Por qué simplemente no nos dejas en paz? – me posicioné en frente de Peter aunque me llevaba como una cabeza de altura
-Me temo que eso es imposible
-¿Exactamente qué quieres de nosotros? – preguntó Peter, alzándome con facilidad y colocándose delante de mí
-Queremos restaurar el orden – dijo el Siete – Es nuestro trabajo mantener la paz
-Buen trabajo hasta ahora – dijo Peter, sarcásticamente
-Mira, lo entiendo – dije – Sé que va en contra de nuestras reglas el estar enamorado de un humano, pero ya está hecho. No hay nada que pueda hacer para cambiarlo
-Humano – el Siete sonrió - ¿Es lo que crees que es?
-¿Perdón? – demandé
-Ey – dijo Peter, algo ofendido - ¿Qué miércoles significa eso?
-Realmente no lo sabes, ¿verdad?
-No, ¿así por qué no hablas? – repliqué
-Hay fuerzas rodeando a este chico
-¿Te importaría dar detalles? – soltó Peter
-Perdimos rastro de ti, hace años atrás – dijo el Siete – Desapareciste en un océano, entre el caos de humanos. Pero siempre supimos que un día te encontraríamos. Y aquí estás
-¿De qué estás hablando? – insistí – Pensé que estabas buscándome a mí
-Lo estábamos – dijo el ángel – Hasta que descubrimos su verdadera identidad. Ahora él debe servirnos
-Ey, él no es de tu propiedad – dije, con indignación

Peter se acercó a mí, de tal manera que nuestros hombros se chocaron.

-Yo no soy tu sirviente
-¿Qué quieren de él? – solté
-Tenemos planes para él – dijo el Siete, apuntando un dedo hacia Peter – El Cielo te necesita
-¿Quién eres tú para decidirlo? – dijo Peter – La Tierra me necesita. Tengo una vida, una familia, no voy a abandonar a Lali
-Lo anticipé – dijo el Siete y colocó su palma hacia nosotros

Justo antes de que su poder nos pueda tocar, agarré la mano de Peter, dejando que todo el enojo y remordimiento que nos había llenado, se traslade por mi cuerpo.

-Sólo somos nosotros – le dije – Nosotros contra el mundo

La mano de Peter se envolvió alrededor de la mía y luego, por primera vez, sentí un poder diferente mezclándose con el mío y me di cuenta que venía de él. No era como el de Rochi o Gas, pero definitivamente no era humano. Los ojos de Peter estaban cerrados mientras sentía su poder, tan hermoso.
Así que cuando el poder del Siete nos alcanzó, pareció golpear contra una pared invisible y se destrozó en miles de pedazos. Volvió a lanzar otro poder, pero se desintegró de nuevo, como polvo.

-¿Qué truco es este? – gritó el Siete
-Aléjate – dijo Peter – No nos puedes tocar
-Mi poder supera el de ustedes – dijo el Siete
-¿En serio? – preguntó Peter – pruébalo
-Chico arrogante - gruñó
-Sí, ese soy yo – Peter se encogió de hombros

El Siete se alejó un par de pasos.

-Deberían saber que pronto se tendrán que rendir – dijo – No pueden pelear para siempre
-Bueno, haremos lo mejor
-Muy bien. Pero sólo están retrasando lo inevitable

Y, después, sin otro sonido más, él se había ido. Peter soltó mi mano y se inclinó, colocando sus manos contra sus rodillas.

-Mierda – exhaló - ¿Qué fue eso?
-Yo…yo..no sé – dije – Creo que fuiste tú
-No – sacudió su cabeza – Fuimos nosotros
-¿Vencimos a un Siete? – casi río ante la absurda situación - ¿Sin ayuda?
-Sí, lo hicimos

Los ojos verdes de Peter se encontraron con los míos y sonrió.

-Supongo que somos más fuertes de lo que pensábamos. 

Heaven: Capítulo XXII

Habla ahora o nunca

Decidimos no regresar a la universidad por un par de días. Peter necesitaba tiempo para recuperarse físicamente y yo estaba emocionalmente drenada. Nos mantuvimos escondidos en la casa, mayormente durmiendo o simplemente dando vueltas para comer e interactuar brevemente con mis hermanos. Gastón se mantenía encerrado en su habitación y casi ni nos hablaba. Todas las noches rezaba por él y agradecía a Dios por haber devuelto a Peter a la vida.

Me recosté al costado de Peter, enrollándome contra su cálida camisa y sintiendo su cabello suave chocar contra mi nariz.

-Lo siento – le dije por milésima vez desde que nos habíamos despertado
-Lali, por favor – rodó y enfocó su mirada en el techo – No fue tu culpa. Yo soy el que debería pedirte perdón por haberme visto así
-No eras tú – repliqué – Nada de ello
-Pero lo dejé entrar en mí
-Estabas muerto. Él invadió tu cuerpo, no pudiste evitarlo
-Es tan raro pensar que estuve muerto – murmuró Peter – Desearía poder decir que vi una luz brillante o algo, pero todo lo que veía eras tú
-¿Yo?
-Sí – asintió – Simplemente, diferentes variaciones de ti: tú en el patio, tú y Rocco durmiendo en el sofá, tú y tú vestido en la noche de graduación. Como si supuestamente debería de estar viendo el Cielo, pero todo lo que quería ver era tu rostro. Supongo que mi Cielo eres tú
-Estaba tan asustada – recosté mi mejilla contra la almohada para enfrentarlo – Pensar que ibas a morir. Me hizo darme cuenta que a dónde tu vayas, yo iré

Las esquinas de la boca de Peter se curvaron en una sonrisa.

-¿Sabes algo? El Cielo debe de estar tan enojado con nosotros….deberíamos de haber muerto una y otra vez. Pero, aún estamos aquí. ¿Sabes qué significa eso?
-¿Qué somos como los gatos? – pregunté – Tenemos nueve vidas
-Tal vez – rió – Pero creo que significa que alguien está protegiéndonos
-Eso espero – dije – Me gustaría creer eso

Cuando mi celular sonó por quinta vez, suspiré y salí de la cama para verificarlo. No era sorpresa el ver que era una llamada perdida de Cande. Llamé a mi hermana, que estaba en la habitación de al lado, y ella asomó su cabeza por la puerta.

-¿Qué se supone que debo de hacer con Cande? – pregunté – Se está volviendo loca
-Déjala venir – dijo Rochi – Hacerla callar y bloquearla usualmente hace más daño que bien

Eso era cierto. Cande odiaba ser ignorada o excluida si se preocupaba. Era capaz de colocar posters con nuestras fotos por toda la universidad, buscándonos. Peter escondió su cabeza debajo de las sábanas.

-No seas así – lo regañé – Ella es nuestra amiga. Deberíamos estar emocionados por verla
-Wuuuu – bromeó

Cuando Cande llegó, se veía más calmada de lo usual, menos hiperactiva y emocionada.

-He estado preocupada – dijo, sentándose en la silla de la cocina mientras Rochi hacia té con galletas - ¿Todo está bien?
-No – dije – Pero lo estará. Estamos trabajando en ello

Cande asintió y miró sus manos.

-¿Hay algo que pueda hacer?
-Ten una galleta – le dije
-Lali, hablo en serio
-Apreciamos tu ayuda – dijo Rochi – Pero realmente hay cosas en las que no nos puedes ayudar. La situación ya está lo suficientemente confusa ahora
-¿Confusa? ¿Cómo?
-Prefiero no discutirlo – dijo Rochi – Desearía implicarte
-Pero todos van a estar bien, ‘verdad? – Cande miró hacia Peter – Él no se ve tan sexy como siempre. Y, sin ofender, Lali, tú tampoco
-Van a estar bien – dijo Rochi – Sólo están cansados

Mientras menos sepa Cande, más segura estaría. No queríamos más sangre en nuestras manos.

-No te preocupes – le mostré mi sonrisa más convincente – Regresaremos a la normalidad en poco tiempo
-De acuerdo – dijo Cande – No quiero que las cosas empeoren
-Así que cuéntanos sobre Gero – dije, intentando cambiar de tema
-Él es tan genial – dijo, suspirando – Sólo quiero contarles a todos, pero por supuesto que no puedo
-¿Por qué? – preguntó Peter
-Bueno, no puedo decirles a las personas que no están invitadas a mi boda. Gero no quiere invitar a nadie fuera de la congregación
-¿No se supone que Gero es Cristiano? – pregunté
-Sí – dijo Cande – Algo así. Su familia construyó su propia Iglesia. A ellos no les gusta juntarse con los que no pertenecen, creen que es peligroso
-Eso suena como a un culto – dijo Peter
-No es un culto. Simplemente me han enseñado cómo ser mejor persona. Cómo vestirme y todo eso. Por ejemplo, no puedo hablarle a chicos que no sean mi esposo – Peter arqueó una ceja – Tú no cuentas, tú estás casado
-Cande… - empezó Peter – No tienes que creer todo lo que te dicen
-Bueno, de hecho, Gero es mi prometido y debo ser obediente con él
-¿Obediente? – repitió Peter - ¿Cómo un perro?
-Ustedes no entienden – dijo Cande, con tristeza – Gero está intentando salvar mi alma del Infierno. Él dice que tu esposo debe ser tu Dios en la tierra
-¿Qué? – dije, completamente atontada – Eso es una locura. Nadie puede ser Dios
-Él no dijo eso, él sólo cree….miren, como sea, Gero sabe de lo que habla
-No creo que lo sepa

Una voz vino de la puerta y todos nos volteamos a ver a Gas ahí.

-¿Qué dijiste? – preguntó Cande, desafiándolo

Gastón no se movió de su lugar, donde estaba recostado con sus brazos contra su pecho.

-Creo que estás cometiendo un gran error
-Bueno, esto no tiene nada que ver contigo, ¿verdad?
-No, pero tu prometido suena como un imbécil

Noté que Rochi alzó su cabeza con fuerza. Gastón nunca hablaba así, a nadie. Él siempre era distante y educado, racional. Ahora sonaba como si estuviera emocionalmente involucrado. ¿Acaso era posible?

-¡Como te atreves! – Cande se puso de pie, enojada – No tienes ningún derecho en juzgarlo
-No quiero verte miserable – dijo Gas – Vivir el resto de tu vida en un matrimonio sin amor
-¿Cómo sabes que será sin amor?
-Lo puedo ver en tus ojos. Estás pretendiendo, intentando convencerte de que eres feliz. Crees que si Gero te da algo en lo qué creer, tu vida tendrá sentido. Pero, Gero y sus reglas no llenan el vacío que sientes, Cande
-¡Tú no te preocupas por mí! – gritó Cande – Tú no me quisiste, ¿recuerdas? No soy humana, muy débil como para darte algo, ¿así que por qué no me dejas en paz?
-Tal vez estaba equivocado – dijo Ga, suavemente

Los tres, en simultáneo, alzamos la mirada hacia él.

-Tú… - Cande empezó a balbucear – Tú, ¿qué?
-No pensé que terminaría así – murmuró Gas – Se supone que las cosas no sucederían de esta manera
-¿De qué estás hablando? – Cande nos miró a mí y a Rochi - ¿De qué está hablando?
-¿Gas? – preguntó Rochi, lentamente - ¿Qué sucede
-Estoy cansado de pelear – dijo Gas, encogiéndose de hombros – Estoy cansado de esta guerra sin fin entre ángeles y demonios y sin ver nada más que dolor y muerte alrededor. Tiene que haber algo mejor. Tiene que existir otro camino. ¿Cuándo habrá paz, Rochi? La batalla ha estado por siglos. ¿Cuándo terminará?
-No lo sé – admitió mi hermana – pero así es como han sido nuestras vidas siempre, desde el inicio de los tiempos
-Entonces tal vez Mariana ha tenido razón todo este tiempo. Tal vez es mejor ser humanos, al menos dejarnos amarlos
-¿Qué estás diciendo? – preguntó Cande, abriendo sus ojos
-Estoy diciendo que sí, eres débil – dijo Gas – Eres impulsiva y de poco temperamento, torpe. Tú corazón es débil y tu humor cambia más rápido que el viento. Pero eso es lo que te hace humana y eso es lo que te hace hermosa
-¿Crees que soy hermosa? – Cande casi ni podía hablar
Gastón cruzó la habitación en dos pisadas y Cande lo enfrentó. Él colocó sus manos en sus hombros.
-Tú no perteneces a nadie – le dijo Gas – No como yo, tú no eres comprada. Tú fuiste creada para ser libre, para vivir y amar y encontrar la felicidad. Yo no fui creado para eso, fui creado para servir. Pero tú….tú sientes tanto, tan apasionadamente y creo que es hermoso
-Eso es malo – le susurré a Peter – Esto está muy, muy mal
-¿Qué miércoles está pasando? – susurró de vuelta
-Un momento de duda – dije – Mi hermano se está cuestionando su fe…como haría un humano
-No me gusta – dijo Peter, incómodo
-Mi vida está gobernada por las reglas – dijo Gas, con sus ojos conectados con los de Cande

Antes de que nos enteremos de que estaba pasando, Gastón tomó la cara de Cande entre sus manos, se inclinó y la besó. Era como ver una película antigua. Aunque no duró más de diez segundos, sentí como si el tiempo se hubiese detenido y ellos estaban encerrados en su mundo. Cuando él la soltó, ella estaba tan intoxicada que se cayó de frente en la silla, sin decir nada.

-Wow – fue todo lo que pude decir cuando recuperó el aliento
-Wow – Peter repitió

Rochi corrió y sacudió el brazo de Gas.

-¡Detente! Sé que las cosas han sido difíciles últimamente, pero esto es demasiado
-No – dijo Gas, riendo apenas – Tener mis alas cortadas y a Lucifer en mi casa como invitado…eso fue mucho. Esto es un alivio
-Por favor – dijo Rochi – Vas a arrepentirte de esto más tarde. Lo sé
-No me arrepentiré – dijo Gas –Porque es la primera vez que he hecho algo por mí mismo

Escuchándolos, una extraña expresión cruzó por el rostro de Cande. Mientras continuaban discutiendo, se levantó y se colocó detrás de Gas. Lentamente, empezó a alzar su camisa y todos se quedaron callados. Deslizó sus manos por su espalda, por sus alas rotas.

-Está bien – dijo Cande – Todo va a estar bien
-Lo siento – dijo Gas, sin alzar la mirada
-No lo sientas – dijo Cande – No tienes que tomar responsabilidad por todo y todos. Puedes cometer errores, ¿sabías?

Rochi, Peter y yo nos miramos entre nosotros. Era claro que este momento era intensamente personal y todos nos sentimos incómodos. El celular de Cande sonó en la mesa de la cocina y todos saltamos del susto. El nombre de Gero se veía en la pantalla. Ella, rápidamente, soltó sus manos y recogió sus cosas.

-Debo irme….realmente no….sólo quería…debo irme