viernes, 8 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veintitrés (Parte II)

Esa noche a Hank se le ocurrió la grandiosa idea de decirle a mi madre que lo mejor sería que Paula y yo intentemos ser amigas, así que podíamos ir juntas a comprar el vestido para el evento anual del colegio. Al principio me rehusé, diciéndole a mi madre que Hank estaba loco, pero cuando ella me dio a conocer que Hank pagaría todo, pues salió el lado malo de mí y decidí aprovecharme de la situación.

Así que se supone que debía encontrarme con Paula en una tienda boutique de vestidos. A las 7:20 de la noche, estacioné, buscando el auto de Paula. Ella llegó unos minutos después.

-Siento haber llegado tarde – dijo – Mi perro no quería dejarme ir.
-¿Tu perro?
-Boomer. Los perros son como las personas, sabes.
-No te preocupes. Ya miré en las tiendas y también escogí el vestido. Podemos hacer esto muy rápido, y podrás regresar con Boomer.
-¿Y qué hay de mí? Dijiste que valorabas mi opinión.

En realidad valoro la tarjeta de crédito de tu papá, pensé.

-Sí, sobre eso. Tenía toda la intención de esperarte pero luego vi el vestido. Me hizo ojitos.
-¿En serio?
-Sí, Paula. El cielo se abrió y los ángeles cantaron un Aleluya.
-Muéstrame el vestido. ¿Te diste cuenta que tienes la piel morena, verdad? El color equivocado va a malograr tu vista.

Adentro, caminé junto a Paula hacia el vestido. Aquel que había escogido con Cande hace unos días. Era un vestido completamente verde marino y una falda acanalada. La vendedora de la tienda dijo que mis piernas se lucían. Cande dijo que me hacía ver como si tuviera bastante pecho.

-Muy de colegiala – dijo Paula.
-Bueno, es el que quiero.

Buscó entre el grupo de vestidos, cogiendo uno de mi talla.

-Tal vez se verá mejor puesto. Pero no creo que cambie de idea.

Cogí el vestido y me moví hacia el probador. Este era el vestido, Paula no cambiaría mi opinión. Me quité mi jean y me metí dentro del vestido. No podía subir el cierre, lo volteé y busqué la talla. Talla cuatro. Tal vez Paula se había equivocado honestamente, o tal vez lo había hecho al propósito. 

-¿Paula? – la llamé.
-¿Mmm?
-Talla equivocada – dije, pasándole el vestido.
-¿Muy grande? 
-Una talla seis hará bien, muchas gracias.
-Oh. Muy pequeño.

Por suerte estaba en ropa interior, porque si no hubiese salido a estrangularla. Un minuto después, Paula me pasó una talla seis, era uno rojo largo.

-No es para influir en el voto, pero creo que el rojo es el camino a seguir. Más glamour.

Colgué el vestido en el gancho, le saqué la lengua y me metí dentro de aquel vestido. Me moví frente al espejo, y lancé un chillido silencioso; me encantaba. Me imaginé descendiendo las escaleras de mi casa la noche del evento, mientras Benja me miraba desde abajo. De pronto, ya no estaba imaginando a Benja. Peter se inclina en la barandilla, vestido en un traje negro y una corbata plateada. 

Le lanzo una sonrisa coqueta. Él estira su brazo y me escolta a la puerta. Sin poder controlarme, cojo las mangas de su chaqueta y lo jalo hacia un beso. 

-Podría hacerte sonreír así, y sin pagar el impuesto.

Me volteé para encontrar al verdadero Peter detrás de mí en el probador. Estaba usando un jean y una ajustada camiseta blanca. Sus brazos estaban doblados sobre su pecho y sus ojos me sonreían.

-Podría hacer cualquier tipo de chistes pervertidos en este momento – dije con sarcasmo.
-Podría decirte lo mucho que me gustas en ese vestido.
-¿Cómo entraste?
-Me muevo de maneras misteriosas.
-Dios se mueve de maneras misteriosas. Tú te mueves como la luz, aquí en un momento, desaparecido al otro. ¿Hace cuánto tiempo estás aquí? – me moriría de vergüenza si me había visto intentando entrar en un vestido talla cuatro.
-Hubiese tocado, pero no quería arriesgarme a encontrarme con Paula. Hank no puede saber que tú y yo hemos regresado. Tengo noticias – continuó – Llegué hasta Agustina. Ella acordó ayudarnos con el tema de Hank, pero primero necesito aclarar. Agus es más que una vieja amiga. Nos conocimos antes que yo cayera. Fue una relación de conveniencia, pero no hace mucho, ella te hizo presenciar una escena inconveniente para ti – se detuvo – Es una forma bonita de decir que ella intentó matarte.

Caray.

-Ya superó sus celos, pero quería que lo sepas – terminó.
-Bueno, ahora ya se – dijo algo cortante - ¿Cómo vamos a saber que no volverá a querer asesinarme de nuevo?

Sonrió.

-He sacado una póliza de seguros.
-Eso suena vago.
-Ten un poco de fe.
-¿Cómo se ve? – pasé de estar insegura a ser superficial.
-Fea, con el cabello sin lavar, pálida, de una sola ceja – sonrió - ¿Satisfecha?

Me preguntaba si eso se traducía a llena de curvas y hermosa con el cerebro de un astrofísico. 

-¿Ya te has encontrado con ella personalmente?
-No es necesario. Lo que quiero de ella no es complicado. Antes que cayera, Agus era un ángel de la muerte y podía ver el futuro. Ella clama que aún tiene el don y obtiene dinero por ello de sus clientes, que lo creas o no, son Nephils.
-Ella mantendrá la oreja parada. Va a escuchar a sus clientes y ver qué puede escuchar sobre Hank – intuí hacia donde iba su plan.
-Buen trabajo, Ángel.
-¿Cómo espera Agustina ser pagada
-Déjame lidiar con ello.

Coloqué mis manos en mi cadera.

-Respuesta equivocada, Peter.
-Agus ya no tiene interés en mí. Está motivada por dinero. 

Cerró el espacio entre los dos, corriendo su dedo afectuosamente por mi collar.

-Y yo ya no estoy interesado en ella. He colocado mis ojos en otro lado.
-¿Podemos confiar en ella?
-Fui yo quién le arrancó sus alas cuando cayó. Tengo una de sus plumas en caso de seguridad, y ella lo sabe. A menos que quiera pasar el resto de la eternidad haciéndole compañía a Rixon, va a estar motivada a quedarse de nuestro lado.

Ese era el seguro de póliza. Bingo.

Sus labios rozaron los míos.

-No puedo quedarme mucho tiempo. Estoy trabajando en otras pistas. ¿Estarás esta noche en casa?
-Sí –dije, dudando - ¿Pero no estás preocupado de Hank? En estos días, ha estado pegado como una mosca en mi casa.
-No puedo trabajar a su alrededor – dijo, con un misterioso brillo en sus ojos – Iré a ti a través de tus sueños.

Incliné mi cabeza, evaluándolo.

-¿Es una broma?
-Para que trabaje, tienes que abrirte a la idea. Estamos lejos de un inicio prometedor.

Esperé a que empezara a reír, pero realmente hablaba en serio.

-¿Cómo funciona? – pregunté.
-Tú sueñas y yo me inserto en él. No intentes bloquearme, y funcionará.

Me pregunté si debía decirle que tenía un record estelar de no bloquearlo cuando se trataba de mis sueños.

-Una última cosa – dijo – Sé que Hank sabe que Benjamín está en la ciudad. No pensaría dos veces si tuviera que secuestrarlo, pero sé que significa algo para ti. Dile que se mantenga fuera de vista. Hank no piensa bien de los desertores.

Al otro lado, escuché a Paula discutiendo con la vendedora. Probablemente algo trivial sobre suciedad en los espejos.

-¿Paula sabe quién es realmente su padre?
-Paula vive en una burbuja, pero Hank mantiene amenazándola con reventar esa burbuja.
Inclinó su cabeza hacia mi vestido.
-¿Cuál es la ocasión?
-El evento anual del colegio – dije, dándome una vuelta - ¿Te gusta?
-Lo último que escuché es que ese evento requiere de una cita.
-Sobre eso…digamos que…estoy yendo con Benjamín. Ambos nos dimos cuenta que el baile del colegio es el último lugar al que Hank iría.

Peter sonrió, pero fue forzado.

- Retiro lo antes dicho. Si Hank quiere dispararle a Benjamín, tiene mi bendición.
-Sólo somos amigos.

Peter alzó mi mentón y me besó.

-Mantenlo de esa forma.

Sacó sus anteojos de aviador de su camiseta y los deslizó sobre sus ojos.

-Que no diga Benjamín que no le advertí. Tengo que irme, pero estaré en contacto.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veintitrés (Parte I)

Después del colegio encontré a una nota pegada en la puerta. Decía: Cobertizo. Coloqué la nota en mi bolsillo y me dirigí al patio trasero.

-¿Hola? – llamé.

Benjamín estaba estirado en una banca y cuando me vio se puso de pie inmediatamente.

-¿Aún estás enojada conmigo? – preguntó.
-¿Viste algún murciélago cuando entré?

Sonrió.

-¿Le tienes miedo a los murciélagos Esposito?

Caí en la banca a su lado.

-Deja de llamarme Esposito. Me hace sonar como un chico. Pienso en algo más qué decir. Como Mariana o Lali.
-Claro, caramelo.
-Olvídalo. Quedémonos con Esposito.
-Vine a verte por si tenías algo para mí. Información de Hank sería algo bueno. ¿Crees que él sabe que fuimos nosotros quienes espiamos su edificio esa noche?
-No, creo que estamos a salvo.
-Eso es muy bueno. Tal vez puedo dejar de esconderme antes del tiempo que creí.
-A mí me parece que ahora no estás escondiéndote. ¿Cómo sabías que encontraría la nota en la puerta antes que Hank?
-Hank está con su ejército. Y sé cuándo regresas del colegio. No me tomes a mal, pero te he estado viendo de vez en cuando. Necesitaba conocer los mejores momentos para contactarme contigo. Por cierto, tu vida social es patética.
-Habla por ti.

Benjamín rió, pero cuando no me reí también, me golpeó suavemente en el hombro.

-Te ves triste, Esposito.

Suspiré.

-Paula me nominó para el evento anual del colegio. La votación es el viernes.
-Muy bien, campeona.

Le di una mirada de puro disgusto.

-Ey. Pensé que las chicas amaban estas cosas. Ir de compras por el vestido, arreglarse el cabello, usar la pequeña corona en tu cabeza.
-Tiara.
-Sí, tiara. Lo sabía. ¿Entonces, qué es lo que odias?
-Me siento estúpida teniendo mi nombre en una votación con cuatro otras chicas que son realmente populares. No voy a ganar, sólo voy a verme estúpida. La gente ya está preguntando si hubo un error de impresión. No tengo una cita, supongo que iré con Cande. Paula vendrá con un cientos de chistes de lesbianas, pero peores cosas podrían pasar.

Benjamín abrió sus brazos, como si la solución fuera obvia.

-Problema resuelto. Anda conmigo.

Rodé mis ojos, de pronto lamentando haber tocado el tema. 

-Ni siquiera vas al colegio – le recordé.
-¿Hay una regla sobre eso? Chicas en mi antiguo colegio siempre iban con sus enamorados de la universidad a los bailes.
-No hay una regla específica.
-Si estás preocupada por la Mano Negra, la última vez que miré, los dictadores Nephils no consideraban los bailes humanos de secundaria como una prioridad. Él nunca sabrá que yo estuve ahí.

Reí, imaginándome a Hank entrando al gimnasio del colegio.

-Te ríes, pero no me has visto en un traje elegante. O tal vez no te gustan los chicos musculosos.

Mordí mi labio para resistir otra risa.

-Deja de intimidarme. Estás empezando a hacer sonar esto como un ensayo de la Bella y la Bestia. Todos sabemos que eres hermoso, Benja.

Le dio un apretón afectivo a mi rodilla.

-Nunca me escucharás admitiendo esto de nuevo, así que escucha. Te ves bien, Esposito. En una escala del uno al diez, definitivamente estás en la mitad más alta.
-Eh...gracias
-No eres la clase de chica que hubiera perseguido cuando estaba en Portland, pero ya no soy el mismo chico que era antes. Tú eres un poco buena para mí, y enfrentémoslo, un poco más inteligente.
-Tú también eres inteligente.
-Deja de interrumpirme. Vas a hacerme desconcentrarme.
-¿Tienes tu discurso memorizado?
-Tengo un montón de tiempo en mis manos. Como estaba diciendo, diablos. Me olvidé lo que iba a decir.
-Me estabas diciendo que puedo asegurar que soy mucho más bonita que la mitad de las chicas en mi colegio.
-Esa es una forma de hablar. Si quieres hablar en términos técnicos, te ves mucho mejor que el 90%. Tómalo o déjalo.

Coloqué una mano en mi corazón.

-Me has dejado sin palabras.

Benjamín se arrodilló y cogió mi mano dramáticamente.

-Sí, Lali. Sí, iré contigo al baile del colegio, lo haré.
-Qué tal ego – dije – Nunca te lo pedí.
-¿Ves? Muy inteligente. De todos modos, ¿cuál es el gran problema? Necesitas una cita, y mientras no sea tu alternativa número uno, puedo serlo por ahora.

Una imagen clara de Peter apareció en mi mente, pero la aparté. Lógicamente sabía que no había forma que Benjamín leyera mi mente, pero eso no disminuyó mi culpa. No estaba lista para decirle que ya no estaba trabajando exclusivamente con él para desenterrar a Hank, mi ex novio me estaba ayudando. Y no quería lastimarlo.

-De acuerdo, de acuerdo – dije – Es una cita. Pero será mejor que no exageres en lo bien que te verás en traje. 

Ángeles Caídos #3: Veintidós

Estaba de camino a casa, tratando de acelerar lo más posible y no ser detenida por algún policía con ganas de molestar. Había dejado a Peter con mucha renuencia; no me quería ir, pero la idea de mi mamá sola con Hank, una mascota bajo su influencia, era inaguantable.

Después que Peter me convenció de quedarme hasta una hora normal por la mañana, me dejó ir. Cuando llegué a casa, entré silenciosamente, pero cuando prendí la luz de la cocina, grité suavemente. Hank Recca estaba recostado contra la encimera, con un vaso de agua entre sus dedos.

-Hola Lali.

Rápidamente lancé un escudo, escondiendo la evidencia de mi alarma. Entrecerré los ojos, esperando que el gesto refleje enojo.

-¿Qué estás haciendo aquí?
-Tu madre tuvo que correr a la oficina, algo de última hora.
-Son las cinco de la mañana. 
-Ya conoces a su jefe.

¿Tal vez Hank le había hecho un truco mental a mi madre para que se vaya de casa y me deje a solas con él? ¿Pero cómo sabía en qué momento llegaría yo?

-Pensé que sería educado levantarme y también empezar mi día – continuó – ¿Qué diría de mí si me quedo en la cama mientras tu madre trabaja?

No le importó esconder que él había dormido aquí. Hasta dónde sabía, era la primera vez que lo hacía. 

-Pensé que tenías planes en la casa de tu amiga Cande. ¿La fiesta terminó tan temprano? – preguntó Hank – O debo decir, tan tarde.
-Decidí dormir en mi propia cama.
-Claro – dijo, sonriendo.
-¿No me crees? – lo reté.
-No necesitas hacer excusas conmigo, Lali. Sé que hay varias razones para una joven chica como tú mienta sobre dormir en la casa de una amiga – rió – Dime, ¿quién es el afortunado? – alzó una ceja antes de tomar un trago de su vaso.

No había forma que él supiera que había estado con Peter. No iba a permitir que lo averigüe tampoco.

-De hecho, estaba viendo una película con Cande. Tal vez Paula tiene historias de haberse escapado con chicos, pero creo que es más seguro decir que yo no soy Paula. 
-¿En serio?
-Sí, en serio.
-Llamé a la mamá de Cande para ver si estabas bien, y ella me brindó noticias impactantes. Tú no has puesto un pie dentro de su casa en toda la noche.
-¿Estabas llamando para ver si estaba bien?
-Temo que tu madre te deja mucha libertad, Lali. Así que decidí preocuparme por ti. 
-Lo que yo haga no es tu incumbencia.
-Hasta el momento, es cierto. Pero si me caso con tu madre, todas las viejas reglas saldrán por la ventana. Seremos una familia – guiñó el ojo, pero el efecto fue más amenazador que juguetón. 
-Tienes razón, no estaba donde Cande. Le mentí a mi mamá así podía ir por un lago viaje por la ciudad para aclarar mi mente. Algo extraño ha estado pasando últimamente. Mi amnesia está empezando a aclararse. Sigo viendo una cara particular una y otra vez. A mi secuestrador. No tengo el suficiente detalle para identificarlo, pero sólo es cuestión de tiempo.

Mantuvo su rostro sin expresión, pero me pareció ver enojo en sus ojos.

-El problema fue – continué – que a mi regreso, una pieza del auto se rompió. No quería meterme en problemas por conducir a solas en la noche, así que llamé a Cande y le pedí que me cubriera. He pasado las últimas horas intentado hacer arrancar mi auto.
-¿Entonces por qué no vamos a revisarlo? Aprovechando que estoy en el negocio de autos.

Antes que pueda detenerlo, salió de la casa. Lo seguí, sintiendo mi corazón en la garganta. Posicionándose en frente del auto, alzó las mangas de su camisa y abrió el capó. Me coloqué a su lado, esperando que Peter haya hecho un trabajo convincente. Había sido su idea el tener un plan de reserva en caso la historia de Cande no funcione. 

-Justo aquí – dijo Hank, apuntando a una pequeña fisura de entre las mangueras – Problema resuelto. Durará unos días, pero tendrá que arreglarse lo más pronto posible. Llévalo más tarde para que mis hombres lo revisen.

Cuando no dije nada, continuó.

-Tengo que impresionar a la hija de la mujer con la que pienso casarme – hubo un tono siniestro en su voz – Ah, ¿y Lali? – me llamó cuando me quise voltear – Estoy feliz de mantener este incidente entre nosotros, pero por el bien de tu madre, no toleraré más mentiras, a pesar de tus intenciones. Trátame como un tonto una vez…

Sin una palabra, entré a la casa, forzándome a mí misma a no correr o mirar atrás. No es que lo necesitara. Podía sentir el ceño fruncido de Hank durante todo mi camino a la puerta.

***

Una semana pasó sin tener noticias de Peter. No sabía si había encontrado a Agustina o si estaba más cerca a descubrir las motivaciones de Hank sobre mi familia. Más que nunca tenía que evitar conducir hasta el Parque de Atracciones y usar mi instinto para encontrar su casa. Acordé esperarlo a que se contacte conmigo, pero me estaba desesperando. Le había hecho prometer a Peter que no me abandone si es que iba detrás de Hank, pero su promesa me estaba dando desconfianza. Y de todos, si no tenía nada que contarme, quería que llame porque él me extrañaba de la misma forma que yo lo extrañaba a él. ¿No podía contestar el celular? Benjamín tampoco había aparecido, y yo tampoco lo había ido a buscar.

La única cosa que me distraía de Peter, era el colegio, aunque no era algo que amara.

-Felicitaciones – me dijo una de mis compañeras de salón mientras nos dirigíamos a nuestra clase de inglés.
-¿Por qué? – no entendía la sonrisa en su cara.
-Las nominaciones del evento anual del colegio, tú estás nominada como asistente de clase junior.

La miré.

-Asistente de clase junior – repitió.
-¿Estás segura?
-Tú nombre está en la lista.
-¿Quién me nominaría?
-Cualquiera podría hacerlo, pero deben conseguir al menos cincuenta personas que firmen la idea. 
-Voy a matar a Cande – era la única que podía haberlo hecho.

Una vez dentro del salón, le mandé un mensaje a Cande, reclamándole por lo que había hecho, pero ella dijo que no había sido su culpa. 

-Vi tu nombre en la lista del evento anual.

Lamentablemente, Paula también estaba en mi clase, y siempre buscaba la manera de molestarme.

-¿Quién crees que ganará como asistente junior masculino? – continuó cuando yo no dije nada – Mi apuesta está en Cameron. 

Seguí sin decir nada, no entendiendo a dónde quería llegar con tu “conversación”

-Yo te nominé – sonrió – Iba a mantenerlo en secreto, pero el anonimato no es mi tema.
-¿Hiciste qué?
-Sé que estás pasando por un periodo duro – intentó ir por el lado simpático – Quiero decir, primero todo el tema de la amnesia y – bajó su voz a un susurro – sé sobre las alucinaciones. Mi papá me contó. Él dijo que debía ser muy buena contigo, sólo que no estaba segura cómo. Lo pensé y pensé, y luego vi el anuncio a las nominaciones. Obviamente todos querían nominarme, pero les dije a mis amigos que deberíamos nominarte a ti. Debo haber mencionado las alucinaciones y exagerado un poco. Debes jugar sucio para ganar. Las buenas noticias son que, obtuvimos como doscientas firmas, ¡más que cualquier otro nominado!
-¿Me convertiste en tu proyecto de caridad?
-¡Sí! – chilló, aplaudiendo.

Me incliné sobre la mesa, mirándola con fuerza y una mirada severa.

-Anda a la oficina y retráctate. No quiero mi nombre ahí.

En lugar de verse herida, Paula colocó sus manos en su cadera.

-Eso malograría todo. Ya han hecho todos los boletos con tu nombre. ¿Quieres que desperdicie papel? Piensa en los árboles que han sacrificado su vida por esos papeles. Y aún peor, olvídate de los papeles. ¿Qué hay conmigo? Hice todo esto de manera linda y no puedes retractarte.

Incliné mi cuello hacia atrás, mirando el techo. ¿Por qué a mí?

Ángeles Caídos #3: Veintiuno

Mis ojos se abrieron y la habitación tomó forma. Las luces estaban apagadas. El aire estaba frío. La memoria de la noche anterior regresó a mí de golpe. Peter y yo nos habíamos besado…Vagamente recordaba haberle murmurado algo sobre estar muy exhausta para conducir…

Me había quedado dormida en la casa de Peter.

-¡Mi mamá me va a matar!

Me senté de golpe. Peter estaba sentado en una silla en la esquina, su mentón recostado en su puño.

-Ya me encargué de ello. Llamé a Cande. Ella acordó inventar algo por ti. 
-¿Llamaste a Cande? ¿Y estuvo de acuerdo, sin hacer preguntas?
-Puede que haya sido un poco más difícil que eso.

Su enigmático tono hizo un clic en mi mente.

-¿Le hiciste un truco mental?
-Entre pedir permiso y rogar por perdón, me inclino hacia el último. 
-Ella es mi mejor amiga. ¡No puedes hacerle eso! 

Aunque aún estaba enojada con Cande por haberme mentido sobre Peter, ella debió de haber tenido sus razones. Además, ella significaba todo para mí, Peter había cruzado una línea.

-Estabas exhausta. Y te veías pacífica durmiendo en mi cama.
-Eso es porque tu cama tiene una especie de hechizo – dije – Podría dormir aquí para siempre. ¿Sábanas de satén? – adiviné.
-De seda.
-Jura que no volverás a hacerle un truco mental a Cande.
-Listo – dijo con facilidad. 
-¿Supongo que no tienes una explicación de porqué tanto mi mamá como Cande han estado negando constantemente que tú existes? De hecho, las únicas dos personas que han confesado recordarte son Paula y Benjamín.
-Cande salió con Rixon. Después que Hank te secuestró, borré a Rixon de su memoria. Él la usó y la hizo sufrir un montón. Él hizo sufrir a un montón de personas; era más fácil si hacía lo mejor para que todos lo olviden. La alternativa era dejar que tus amigos y familia sigan esperando encontrar al culpable de todo y arrestarlo, pero eso nunca iba a suceder. Cuando fui a borrarle la memoria a Cande, ella puso resistencia. Hasta hoy, ella está enojada, no sabe porqué, pero está dentro de ella. Borrar la memoria de alguien no es tan fácil como suena. Hay piezas que quedan, creencias inexplicables. Cande no puede recordar lo que le hice, pero sabe que no debe confiar en mí. No puede recordar a Rixon, pero sabe que ahí afuera hay un chico que le causó un montón de dolor. 

Explicaba la sospecha de Cande contra los chicos y mi instante aversión hacia Hank.

Así que Cande me había mentido para protegerme, ella sentía que debía hacerlo. ¿Haría yo lo mismo si le ocultaba esto? ¿Estaba haciendo lo mismo ahora? No le había contado sobre los ángeles caídos o Nephils, y había usado la misma excusa.

-¿Y mi madre? – pregunté.
-Ella piensa que yo tengo algo que ver con tu secuestro. Mejor yo que Hank – dijo, su tono enfriándose – Si Hank piensa que ella sabe la verdad, él hará algo sobre ello. 

Mayor razón para mantener a mamá en la oscuridad…mientras tanto.

-Así que estás diciendo que el arresto nunca iba a suceder porque Rixon está en el infierno ahora.

Asintió, pero sus ojos se oscurecieron. 

-En tu memoria, vi que acordaste espiar a los ángeles para Hank – dije.

Peter asintió.

-Lo que están planeando y cuándo. Me encontré con Hank semanalmente para compartir información.
-¿Qué sucede si los ángeles caídos descubren que estás vendiendo secretos a sus espaldas?
-Espero que no lo hagan. 
-¿Qué te harían?
-He estado en peores situaciones y las he sabido manejar – las esquinas de su boca se alzaron – Todo este tiempo y aún no tienes fe en mí.
-¿Podrías hablar en serio por dos segundos?

Se inclinó y besó mi mano.

-Me mandarían al infierno. Se supone que deberían dejar a los arcángeles para que lidien con eso, pero no siempre funciona de esa manera.
-Explícate – dije firmemente.
-Los humanos tienen prohibido asesinarse unos a otros; es la ley. Pero personas son asesinadas todos los días. Mi mundo no es muy diferente. Para cada ley, hay alguien afuera deseando romperla. No voy a pretender ser inocente. Hace tres meses, encadené a Rixon al infierno, aunque no tenía más autoridad que mi propio sentido de la justicia.
-¿Encadenaste a Rixon al infierno?

Peter me miró con curiosidad.

-Él tenía que pagar. Intentó matarte.
-Benjamín me contó sobre Rixon, pero no sabía quién lo había encadenado al infierno, o cómo se hacía. Le haré saber que es a ti a quién tiene que agradecer.
-No estoy interesado en la gratitud de un mestizo. Pero puedo decirte cómo se hace. Cuando los arcángeles destierran a un ángel caído del cielo y le arrancan sus alas, mantienen una pluma para ellos mismos. La pluma es meticulosamente preservada. Si la ocasión llega dónde ese ángel necesita ser encadenado al infierno, los arcángeles queman su pluma. Es un acto simbólico con resultados ineludibles. 
-¿Tú tenías una de las plumas de Rixon?
-Antes que él me traicionara, era lo más cercano a un hermano. Sabía que tenía una pluma y dónde la guardaba. Sabía todo sobre él – su mandíbula se contrajo – Lo llevé al infierno y quemé la pluma en frente de su cara.

Aquello hizo que mi piel se erizase. Incluso si Cande me traicionaba así, no estaba segura si la haría sufrir de esa manera. Apartando la figura que Peter había pintado en mi mente, recordé la pluma que había encontrado en el cementerio.

-¿Esas plumas están flotando por todos lados? ¿Cualquiera puede cruzarse con una?

Peter sacudió su cabeza.

-Los arcángeles mantienen una. Unos pocos ángeles caídos como Rixon, llegan a la Tierra con una pluma o dos intactas. Cuando eso sucede, los ángeles caídos se aseguran que su pluma no caiga en las manos equivocadas – sonrió – Y pensaste que no éramos sentimentales. 
 -¿Qué pasa con el resto de plumas?
-Rápidamente se deterioran. 
-¿Y tú? ¿Alguna pluma guardada bajo llave?

Alzó una ceja.

-¿Estás haciendo suposiciones de mi caída?

Sonreí, a pesar de la seriedad del asunto.

-Una chica debe mantener abiertas sus opciones.
-Odio decepcionarte, pero no hay plumas. Llegué a la Tierra completamente desnudo.
-Mmm – dije tan casual como pude, pero sentí mi cara sonrojarse. 
-Me gustas en mi cama – dijo Peter – Rara vez saco las mantas. Rara vez duermo. Podría acostumbrarme a la imagen.
-¿Me estás ofreciendo un lugar permanente?
-Ya te puse una copia de mi llave en tu bolsillo.

Toqué mi bolsillo. Sin duda, algo pequeño y duro estaba adentro.

-Qué caritativo de tu parte.
-No me estoy sintiendo caritativo ahora – dijo, mirándome mientras su voz se tornaba más grave – Te extrañé, Ángel. No había un solo día en el que no te extrañara. Me cazabas a tal punto que empecé a creer que Hank había roto su promesa y te había matado. Veía tu fantasma en todo. No podía escapar de ti y no quería. Me torturabas, pero fue mejor que perderte. 
-¿Por qué no me contaste todo esa noche con Gabe? Estabas tan enojado – sacudí mi cabeza, recordando cada palabra que me dijo – Pensé que me odiabas.
-Después que Hank te liberó, te espié para asegurarme que estabas bien, pero juré terminar mi relación contigo por tu propia seguridad. Tomé mi decisión y pensé que podía lidiar con ella. Intenté convencerme a mí mismo que no quedaba nada entre nosotros. Pero cuando te vi esa noche, mi argumento se hizo a un lado. Quería que me recordaras de la forma en que yo no podía dejar de pensar en ti. Pero tú no podías, me aseguré de ello – su mirada cayó a sus manos, que estaban cerca de sus rodillas – Te debo una disculpa – dijo silenciosamente – Hank borró tu memoria para evitar que recuerdes lo que él te hizo, pero yo estuve de acuerdo. Le dije que borre lo suficiente para que tampoco me recuerdes a mí.
-¿Acordaste a hacer qué?
-Quería devolverte tu vida. Antes de los ángeles caídos, de los Nephils, antes de mí. Pensé que era la única manera en que podrías continuar con tu vida. No creo que ninguno de los dos niegue que yo haya complicado tu vida. He intentando mejorarlo, pero las cosas nunca han salido como quería. Tomé la decisión difícil, pensando que lo mejor para tu recuperación y tu futuro, era que yo me aleje.
-Peter…
-Y por Hank, rehusé a verlo destruirte. Rehusé verlo arruinar cualquier chance que te hiciera feliz, al hacerte cargar con esas memorias. Tienes razón, él te secuestró porque pensó que podía usarte para controlarme. Te llevó al final de Junio, y no te trajo de regreso hasta Septiembre. Cada día durante esos meses estuviste encerrada y sola – sus ojos brillando con dureza – Él pagará por ello, y bajo mis términos – dijo, con una voz baja y mortal – Esa noche en el almacén, él nos tenía rodeados – continuó – la única cosa en mi mente era evitar que él te mate. Si hubiese estado a solas, hubiera peleado. No confiaba en que tú lidiaras con una pelea, y me he arrepentido de ello desde entonces. No podía verte sufrir, y me cegó. Luego que hice el acuerdo con Hank, dónde me traicionó, me encontré con él cuatro días después y le ofrecí arrancar mis alas si te liberaba. Fue la última cosa que tenía por hacer, y él acordó dejarte ir, pero lo mejor que podía obtener, era al final del verano. Los siguientes tres meses, te busqué hasta el cansancio, pero Hank había planeado eso también. Te mantuvo en secreto, el lugar secreto, se aseguró que ninguno de sus hombres dijera nada. Una semana antes que Hank te soltara, él mandó a uno de sus mensajeros a encontrarme. Él me informó que Hank tenía la intención de borrar tu memoria una vez que te dejara libre. Fue ahí cuando me encontré con él y le pedí que borrara mis recuerdos. No quería que tuvieras un solo recuerdo de mí, no quería que te despertaras con pesadillas de estar encerrada y completamente sola por días. No quería que gritaras en la noche sin saber por qué. Quería devolverte cuánta vida pudiera. Sabía que la única forma de mantenerte a salvo era alejarte de todo. Luego le dije a Hank que nunca te vuelva a mirar, le dejé en claro que si cruzaba caminos contigo, lo cazaría y mutilaría su cuerpo. Y luego encontraría la forma de matarlo, sin importar el costo. Pensé que sería lo suficientemente inteligente para aceptarlo hasta que me contaste que está saliendo con tu mamá. Sé que está planeando algo, y lo que sea que es, está usando a tu mamá, o a ti, para lograrlo. 

Mi corazón latía desaforado.

-¡Esa serpiente!

Peter rió.

-Yo hubiese usado una palabra más fuerte, pero eso también funciona. Él tiene algo entre manos. No sé qué es, pero no puede ser algo ligero. El instinto me dice que él quiere que este plan se mueva antes de Chehvan y eso empieza en menos de tres semanas.
-Sé lo que estás pensando – dije – Que irás detrás de él a solas. Pero no me robes la satisfacción de destruirlo. Yo también merezco eso.

Peter enganchó su codo en mi cuello y presionó sus labios fieramente en mi frente.

-No soñaría con ello.
-¿Y ahora qué?
-El enemigo de tu enemigo es tu amigo, y tengo a un viejo amigo que puede sernos útil – la forma en que mencionó amigo me sonó a que no lo era para nada – Su nombre es Agustina, y creo que es tiempo de llamarla.

Parecía que Peter había decidido su próximo movimiento, y yo también. Salí de la cama y me coloqué mis zapatos y casaca.

-No me puedo quedar aquí, tengo que ir a casa. No puedo dejar que Hank use a mamá de esta forma y no decirle lo que está sucediendo.

Peter soltó un suspiro.

-No puedes decirle nada, no te creerá.  Él está haciendo lo mismo a ella que yo le hice a Cande. Incluso si ella no quiere confiar en él, lo tiene qué hacer. Está bajo su influencia y por el momento, tenemos que dejarlo así. Por un tiempo más, hasta que pueda descubrir lo que está planeando.
-¿Puedes ir dónde él y hacerlo pedazos? – demandé, enojada – Él merecer algo peor, pero al menos solucionaría nuestros problemas. Y dame algo de satisfacción –agregué.
-Necesitamos terminar con él por las buenas. No sabemos quién más lo está ayudando y hasta dónde se extiende su plan. Está juntando su ejército para ir en contra de los ángeles caídos, pero él sabe que ningún ejército es lo suficientemente poderoso en Cheshvan. Los ángeles caídos poseerán sus hombres, así que él debe estar planeando algo más. ¿Pero en dónde entras tú? – se preguntó en voz alta. 

De pronto sus ojos se entrecerraron.

-Lo que sea que esté planeando, todo cuelga en información que necesita del arcángel. Pero para hacerla hablar, necesita un collar de un arcángel.

Las palabras de Peter parecieron golpearme. Había estado atrapada en el resto de las revelaciones que me había olvidado por completo sobre la alucinación de la chica en la jaula, que ahora era una memoria real. Ella no era una chica, sino un arcángel.

Peter suspiró.

-Lo siento Ángel, déjame explicarme.
-Sé sobre el collar – lo interrumpí – Vi al arcángel enjaulado en una de tus memorias. Estoy bastante segura que ella intentó decirme para que Hank no lo sepa, pero al mismo tiempo pensé que estaba alucinando. 

Peter me miró en silencio por un momento.

-Ella es un arcángel y lo suficientemente poderosa para insertarse en tu conciencia. Claramente se sintió necesario advertirte.
-Porque Hank piensa que yo tengo tu collar.
-Tú no lo tienes.
-Intenta decirle eso.
-De eso se trata todo esto – Peter dijo lentamente – Hank piensa que yo planté mi collar en ti.
-Eso creo.

Peter frunció el ceño, sus ojos calculando.

-Si te llevo a caso, ¿podrás enfrentar a Hank y convencerlo que no tienes nada qué esconder? Necesito que te asegures que él crea que nada ha cambiado. Esta noche nunca sucedió. Nadie te culpa si no estás lista, menos yo. Pero primero necesito saber si puedes lidiar con esto.

Mi respuesta a su pregunta vino sin dudar. Podía mantener un secreto, sin importar lo difícil que era, cuando las personas que amaba estaban involucradas. 

lunes, 4 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veinte (Parte 2)

Entré a la segunda memoria en un instante.

Estaba de nuevo en el frío almacén, con Hank, sus hombres Nephils y Jev. Esta vez ya no estaba encerrada en un cuerpo que no podía controlar, ahora era un doble, una observadora invisible, observando la versión de Jev, cómo él recordaba. 

Jev sostenía una versión débil de mi cuerpo; éste estaba blanco, excepto por mi mano, que estaba explayada en su espalda. Mis ojos estaban en blanco y vagamente me pregunté si recordaría ambas memorias cuando saliera por completo de la mente de Jev. 

-Ah sí, he escuchado sobre ese truco – dijo Hank – Es cierto, entonces. Ella está dentro de tu memoria mientras nosotros hablamos, y, ¿todo esto lo ha logrado con tan solo tocar tus alas?
-Haré un trato – dijo Jev con rudeza – Algo que tú quieres a cambio de la vida de Lali.

Los labios de Hank se retorcieron.

-¿Qué podrías tener tú que yo quisiera?
-Estás construyendo un ejército de Nephils con la esperanza de derrotar a los ángeles caídos tan pronto como este Cheshvan. No te veas sorprendido, no soy el único ángel que sabe en lo que andas. Bandas de ángeles están formando alianzas, y van a hacer que los vasallos de los Nephils piensen que pueden liberarse. No va a ser un Chehvan muy bonito si es que están de tu lado. Y ese es sólo una parte de su plan. No vas a poder lograr esto sin tener un infiltrado.
-Déjenme a solas con el ángel – le indicó Hank a sus hombres – Llévense afuera a la chica.
-Estás bromeando si piensas que voy a dejarla fuera de mi vista – dijo Jev.
-Muy bien. Mantenla contigo mientras puedas.

Los Nephils aprovecharon ese momento para irse.

-Sigue hablando.
-Deja vivir a Lali y espiaré para ti.

Las cejas de Hank se alzaron.

-Caray, caray. Tus sentimientos por ella son más profundos de lo que pensé. Lamento decirte que ella no vale la pena. Lamentablemente, no me importa lo que tú y tus amigos ángeles guardianes piensan de mis planes. Estoy más interesado en ángeles caídos, lo que están pensando. Tú ya no eres uno de ellos. Así qué, ¿cómo planeas estar al tanto de sus movimientos?
-Déjame a mí preocuparme por eso.
-De acuerdo – dijo Hank, luego de observarlo detenidamente – Hagamos un juramento.

Sacando la daga de la cintura de su pantalón, Hank hizo un corte en la palma de su mano izquierda. 

-Juro lealtad de dejar viva a la chica. Si rompo mi promesa, alego que moriré y regresaré al polvo del que fui creado.

Jev aceptó la daga y cortó su mano. Haciendo un puño, dejó caer unas cuantas gotas de sangre. 

-Juro llenarte de toda la información que pueda sobre lo que están planeando los ángeles caídos. Si rompo mi promesa, voluntariamente me encerraré en las cadenas del infierno.

Ambos juntaron sus manos, mezclando sus sangres. Para cuando se apartaron, sus heridas ya habían sanado. 

-Mantente en contacto – dijo Hank con ironía.

Alzó su celular en su oreja y cuando vio a Jev observando, quiso explicarle.

-Me aseguro que mi auto esté listo.

Sin embargo, cuando habló en el celular, sus palabras adoptaron un tono duro.

-Manda a mis hombres adentro. A todos. Quiero que se lleven a la chica.

Jev se puso tenso. 

-¿Qué es esto?
-Hice un juramento de dejarla viva – Hank le informó – Cuándo la libere depende de mí, y de ti. Ella es tuya después que me des suficiente información. 

Los ojos de Jev volaron a la puerta, pero Hank lo interrumpió.

-No vayas por ahí. Son 21 hombres. Ambos odiaríamos ver a Lali herida, así que juega con inteligencia. Entrégala.

Jev cogió la manga de Hank, acercándolo.

-Si te la llevas, viviré para ver cómo tu cadáver se fertiliza en el suelo que estamos pisando – dijo, su voz más venenosa que nunca.
-¿Mi cadáver? ¿Acaso esa es la señal para reírme?

Hank abrió la puerta del almacén y sus hombres entraron.


Justo como un sueño, las memorias de Jev terminaron. Hubo un momento de desorientación, y luego el estudio de granito se enfocó. La silueta de Jev estaba contra el candelabro. La llama le daba la suficiente iluminación para traer un brillo severo en sus ojos. Un ángel oscuro, sin duda.

-De acuerdo – susurré, llena de una sensación de vértigo – De acuerdo….entonces.

Él sonrió, pero su expresión era incierta.

-¿De acuerdo, entonces? ¿Eso es todo?

Volteé mi cara hacia él. Apenas podía verlo de la misma forma. Estaba llorando sin darme cuenta que había empezado a hacerlo.

-Hiciste un trato con Hank. Salvaste mi vida. ¿Por qué harías eso por mí?
-Ángel – murmuró, ahuecando mi cara con sus manos – No creo que entenderías hasta dónde llegaría con tal de mantenerte aquí conmigo.

Mi garganta se llenó de emoción. No podía encontrar las palabras. Hank, un hombre que estuvo en las sombras por años, revelaba haberme dado la vida, sólo para querer terminar con ella; y Jev era la razón por la que estaba viva. 

-Él me secuestró – dije, concluyendo – Él hizo un juramento para no matarme, pero me mantuvo como rehén para asegurarse que tú estuvieras motivado para espiar. Tres meses completos. Todo para obtener información sobre los ángeles caídos. Dejó que mi mamá creyera que yo estaba muerta. Lo odio. Las palabras no pueden expresar lo enojada que estoy. Quiero que pague, lo quiero muerto – dije.
-La marca en tu muñeca – dijo Jev – No es una marca de nacimiento. La he visto dos veces hasta ahora. En mi antiguo vasallo Nephil, un hombre llamado Chauncey. Hank también tiene la marca, Lali. La marca te relaciona con su línea de sangre…Hank es tu padre biológico.
-Lo sé – dije, sacudiendo mi cabeza.

Entrelazó su mano con la mía, besando mis nudillos.

-¿Lo recuerdas?
-Me escuché a mí misma decirlo en la memoria, pero ya lo debo haber sabido. No estaba sorprendida; estaba enojada. Pero lo siento, hay una desconexión entre mi mente y mi corazón, pero siento la verdad. Dicen que cuando las personas pierden su visión, la escucha se vuelve más nítida. He perdido parte de mi memoria, pero tal vez mi intuición está más fuerte.

Consideramos esto en silencio. Lo que Jev no sabía es que mi verdadero parentesco no era la única información que estaba intuyendo.

-No quiero hablar de Hank. No ahora mismo. Quiero hablar de algo más que vi. O mejor dicho, algo que descubrí.

Me miró con curiosidad y preocupación. Tomé un gran respiro.

-Aprendí que, o estaba loca de amor por ti, o estaba haciendo la mejor actuación de mi vida.
-¿A cuál te estás inclinando?
-Primero, necesito saber qué pasó entre tú y Paula. Este es uno de esos momentos, donde darme la información completa es de tu interés – le advertí – Paula dijo que tú fuiste su coqueteo del verano. Benjamín me dijo que ella tuvo un papel en nuestro rompimiento. Y falta tu versión.

Jev alzó su mentón.

-¿Me veo como un coqueteo de verano?

Me imaginé a Jev jugando en la playa o tomando sol. Me lo intenté imaginar comprándole helado a Paula o escuchándola hablar por horas. De cualquier modo, la imagen trajo una sonrisa a mi cara.

-Punto dado – dije – Así que habla.
-Paula fue una tarea. Aún no estaba escapando; aún tenía mis alas, lo que me hacía un ángel guardián, tomando órdenes de los arcángeles, y ellos querían que la mantenga vigilada. Ella es la hija de Hank, lo que significa peligro. La mantuve a salvo, pero no fue una experiencia placentera. He hecho lo mejor para olvidar aquello.
-¿Así que nada sucedió?

Su boca se alzó en una sonrisa.

-Casi le disparo una o dos veces, pero la emoción termina ahí.
-Perdiste la oportunidad.

Se encogió de hombros.

-Siempre hay una próxima vez. ¿Aún quieres hablar de Paula?

Mantuve su mirada, sacudiendo mi cabeza con un “no” silencioso.

-No tengo ganas de hablar – confesé.

Me puse de pie, alzándolo a él conmigo, sintiéndome un poco mareada por lo que estaba por hacer. 

-Ángel – dijo, acariciando mi mejilla, pero me aparté ligeramente.
-No apresures esto. Si queda alguna memoria de nosotros dos dentro de mí, no puedo forzarla.

Era parte verdad. La otra parte me la mantuve para mí. Secretamente había estado fantaseando con este momento desde que vi a Jev. Creé cientos de variaciones en mi cabeza desde entonces. Sin importar lo que sucediese, no quería olvidarme jamás cómo me sentía con Jev, quería guardar su toque, su aroma, su sabor. 
Deslicé mis manos por su torso, memorizando cada músculo. Inhalé el mismo aroma que esa noche cuando lo vi. Tracé las líneas de su rostro con mis dedos, curiosamente explorando sus rasgos. Durante todo este tiempo, Jev no se movió, tan solo cerró sus ojos.

-Ángel – repitió, con voz tensa.
-Aún no.

Esparcí mis dedos a través de su cabello, sintiéndolos hormiguear. Observé cada detalle. El bronceado de su piel, la línea confidente de su postura, la longitud de seducción de sus pestañas. Suficiente, me dije a mí misma. Inclinándome, cerré mis ojos. Su boca se abrió bajo la mía, y un estremecimiento corrió a través de su cuerpo. Sus brazos se envolvieron alrededor de mí, asegurándome. Me besó con más fuerza, y la profundidad de mi respuesta me debilitaba. 

Mis piernas se sentían como gelatina y pesadas. Me hundí en Jev y él nos llevó lentamente hacia abajo, hasta que terminé a horcajadas en su regazo. La brillantez se encendió dentro de mí y el calor de éste consumió cada esquina llena de vacío. Un mundo escondido se abrió entre nosotros, uno que era tanto aterrador como familiar. Sabía que era real. Había besado así antes. Había besado a Peter así antes. No podía recordar llamarlo con otro nombre más que Jev, pero de algún modo, Peter se sentía….correcto. La deliciosa calentura de estar con él volvió con fuerza, amenazando con tragarme por completo.

Yo me aparté primero, trazando mi lengua sobre mi labio inferior.

-¿No tan malo?

Incliné mi cabeza sobre la de él.

-La práctica hace la perfección.