martes, 12 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veintisiete

El viernes por la noche, aprovechando que mamá y Hank estaban mirando una película en la sala – realmente repugnante la escena – salí con Cande. Decidí que era momento de encontrarme con Benjamín y arreglar las cosas; y así fue. Fuimos al bar dónde él estaría tocando con aquella banda a la que había ingresado. Todo estuvo bien hasta que tuve la mala suerte de encontrarme con Agustina. Por supuesto que yo no la reconocí, pero ella dejó en claro quién era desde el principio; y por supuesto, me restregó en la cara cosas sobre Peter que me pusieron celosa.

Desde entonces, las cosas anduvieron mal. Un chico, quién pensaba que era un ángel caído, me estuvo persiguiendo y siguiendo mis pasos dentro del bar. Mi idea fue distraerlo y logré noquearlo justo antes que Peter llegue a mi encuentro, luego de haberle enviado un mensaje notificándole la emergencia. Pero, cuando Peter llegó, concluimos que el chico no era un ángel caído, sino un Nephil y era uno de los que estaba en el otro auto, el día en que mi madre se cayó de las escaleras.

Y como si eso fuera poco, quedé con Peter en que Cande me llevaría a casa y luego nosotros dos nos encontraríamos para conversar sobre lo sucedido. Pero apenas llegamos, se me salió decir que estaba con Peter, que habíamos vuelto a escondidas y Cande no hizo más que hacer un escándalo.

-No puedo creer que estés de nuevo con él – empezó ella – Te mentí sobre él porque, a diferencia de él, yo sí me preocupo por lo que te suceda. Él no está bien de la cabeza. Desde que apareció en tu vida, nada ha sido lo mismo. Mi vida tampoco, por cierto. 
-Sí lo vieras de la misma forma que yo… - empecé.
-¡Si eso sucede alguna vez, te apuesto que me arrancaré los ojos!
-Me mentiste, Cande. Me miraste a los ojos y me mentiste – abrí la puerta del auto - ¿Cómo ibas a explicarte cuando tuviera mi memoria de regreso? – demandé.
-Esperaba que nunca la recobraras – dijo Cande, alzando sus manos – Ahí está, lo dije. Estabas mejor sin ella, sin recordar toda esta locura. No piensas bien cuando estás cerca de él. Es como si vieras ese 1% de él que puede ser bueno y te olvidas del otro 99% de pura maldad.
-¿Algo más? – espeté, con la boca abierta.
-No.

Salí del auto y cerré la puerta con un golpe. Cande bajó la ventana y sacó su cabeza.

-¡Cuando recobres el sentido, me llamas! – gritó.

Luego condujo lejos de casa, acelerando entre la oscuridad. Me quedé en la sombra de mi casa, intentando mantener mis emociones. Estaba tan abrumada, que casi me olvido que me tenía que encontrar con Peter. Tratando de alejar el enojo, me alejé de la casa, manteniendo mis ojos abiertos, esperando alguna señal de Peter. Cuando su forma lentamente se visualizó en las sombras, me sentí un poco mejor. 

Peter estaba estacionado al frente, en una moto. Me entregó un casco cuando caminé hacia él.

-¿Dónde está la camioneta? – pregunté.
-Tuve que deshacerme de ella. Muchas personas sabían que la conducía, incluyendo los hombres de Hank. La dejé estacionada en un campo abandonado. Un hombre sin casa está viviendo ahí ahora.

A pesar de mi humor, incliné mi cabeza hacia atrás y me reí.

-Después de la noche que he tenido, necesitaba eso.

Me besó, luego ajustó la correa del casco debajo de mi mentón.

-Estoy feliz de haber ayudado. Sube, Ángel. Te voy a llevar a casa.

domingo, 10 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veintiséis (Parte II)

Quince minutos después hubo un suave golpecito en la puerta de mi habitación. Llevando a un lado el aparador, abrí la puerta y encontré a Peter al otro lado. Cogí sus manos y lo jalé hacia adentro.

-Hank está abajo viendo televisión – susurré.

Hank había tenido razón, dormir me había hecho muy bien. Al despertar, mi proceso mental de pensamientos había regresado; Hank me había hecho un truco mental para entrar en sumisión. Le había dejado llevarme a casa sin quejarme, entrar a la casa, y todo porque pensaba que quería protegerme. Nada podía estar más allá de la verdad.

Peter cerró gentilmente la puerta.

-Vine por el ático – me miró de pies a cabeza - ¿Estás bien? 

Su dedo trazó un vendaje cubriendo un pequeño corte en mi frente, y sus ojos brillaron con enojo. 

-Hank me ha estado controlando mentalmente toda la noche.
-Empezando con la caída de tu madre.

Tragué profundamente, luego volví a contar mi historia.

-¿Cómo se veía el auto de los ángeles caídos? – preguntó.
-Color café, era una camioneta 4x4.

Peter acarició su mentón con preocupación.

-¿Crees que fue Gabe? Usualmente no conduce, pero eso no significa nada.
-Había tres hombres en el auto. No podía ver sus caras. Podría haber sido Gabe y sus amigos.
-O cualquier ángel caído buscando a Hank. ¿Cuánto tiempo te desmayaste antes que Hank te lleve al hospital?
-Si tengo que adivinar, unos pocos minutos. Cuando volví, Hank estaba cubierto de sangre,  y se veía exhausto. Apenas pudo meterme dentro del auto. No creo que sus cortes y heridas hayan sido por el accidente. Ser obligado a jurar lealtad suena creíble. 

Una verdadera mirada salvaje cruzó las facciones de Peter.

-Esto termina aquí. Te quiero fuerta de esto. Sé que quieres destruir a Hank, pero no puedo arriesgar a perderte – se detuvo y caminó por la habitación, claramente enojado – Déjame hacer esto por ti, déjame ser quién lo haga pagar.
-Esta no es tu pelea, Peter – dije, silenciosamente.

Sus ojos quemaron con una intensidad que nunca antes había visto.

-Tú eres mía, Ángel, y no lo olvides. Tus peleas son las mías. ¿Y si algo hubiese pasado ahora? Fue lo suficientemente malo cuando pensé que tu fantasma me estaba cazando; no creo poder soportar si eso fuera verdad.

Me coloqué detrás de él, enroscando mis brazos debajo de los suyos.

-Algo malo pudiese haber sucedido, pero no lo hizo – dije gentilmente –Incluso si fue Gabe, obviamente no obtuvo lo que quiso.
-¡Olvida a Gabe! Hank tiene algo planeado para ti y tal vez también para tu mamá. Concentrémonos en eso. Quiero que te escondas, si no quieres quedarte en mi casa, está bien. Encontraremos algún otro lugar. Te quedarás ahí hasta que Hank muera, enterrado y podrido.
-No puedo irme. Inmediatamente Hank sospechará que he desaparecido. Además, no puedo hacerla pasar a mi madre por eso otra vez. Si desaparezco ahora, la romperé. Mírala, no es la misma persona que hace tres meses. Tal vez en parte por la influencia de Hank, pero tengo que enfrentar el hecho que mi desaparición la debilitó. Desde que se despierta, está aterrada. Para ella, ya no hay nada seguro.
-De nuevo, Hank lo está haciendo.
-No puedo controlar lo que Hank hizo, pero sí lo que yo haga ahora. No voy a irme. Y tienes razón, no voy a dar un lado al lado dejarte a solas con Hank. Prométeme que sea lo que sea que suceda, no me mentirás. Prométeme que no irás tras mi espalda y silenciosamente lo harás desaparecer, incluso si honestamente crees que lo haces por mi bien.
-Él no se irá silenciosamente – dijo Peter, en tono asesino.
-Prométemelo Peter.

Me observó durante largo tiempo en silencio. Ambos sabíamos que él era más rápido, con más habilidades en lucha, y más rudo. Me había salvado muchas veces en el pasado, pero aquí solo había una vez, una oportunidad para pelear.

-No te veré ir sola contra él, pero tampoco lo mataré en privado – dijo, a regañadientes – Antes que ponga una mano en él, me aseguraré que eso es lo que tú quieres.

Su espalda estaba contra mí, pero presioné mi mejilla contra su hombro.

-Gracias.
-Si te atacan de nuevo, busca las cicatrices del ángel caído. Golpéalo con un bate de béisbol o insértale algo en sus cicatrices si es todo lo que tienes. Nuestras cicatrices son nuestro talón de Aquiles. No podemos sentir dolor, pero eso nos paraliza. 
-¿Peter?
-Mmm
-No quiero pelear – tracé un dedo a través de sus omóplatos – Hank ya se ha llevado a mi madre lejos de mí, y no quiero que también te lleve a ti. ¿Puedes entender por qué tengo que hacerlo? ¿Por qué no puedo mandarte a pelear mis batallas, aunque ambos sabemos que tú ganas en esta sección?

Exhaló, largo y lento.

-Sólo hay una cosa que sé con seguridad – se volteó – Que haría cualquier cosa por ti, incluso si eso significa ir contra mis instintos o mi verdadera naturaleza. Dejaría todo lo que poseo, incluso mi alma, por ti. Si eso no es amor, es lo mejor que tengo.

No sabía qué decir en respuesta, nada parecía adecuado. Así que tomé su rostro entre mis manos y besé su fija y determinada boca. Lentamente, la boca de Peter se moldeó a la mía. Saboreé la deliciosa presión cruzando a través de mi piel mientras su boca se alzaba y se profundizaba contra la mía. No quería que él esté enojado. Quería que confíe en mí de la forma en que yo lo hacía.

-Ángel – dijo, ni nombre silenciado cuando nuestros labios se encontraron.

Se apartó apenas, sus ojos juzgando lo que yo quería de él. Sin poder soportar tenerlo tan cerca sin sentir su toque, deslicé mi mano a la parte trasera de su cuello, guiándolo para que me bese de nuevo. Su beso fue más duro, escalando mientras sus manos corrían por mi cuerpo, mandando calientes escalofríos, temblando como electricidad debajo de mi piel.

Su dedo abrió un botón de mi piyama, luego dos, tres, cuatro. Cayó de mis hombros, dejándome en camisola. Él subió el dobladillo, acariciando mi estómago con su pulgar. Mi respiración se aceleró. Una sonrisa pirata brilló en sus ojos mientras concentraba su atención más arriba, en la curva de mi garganta, plantando besos. 

Me inclinó hacia atrás, contra la suavidad de mis almohadas. Saboreó profundamente, sosteniéndose contra mí, y de pronto estaba por todos lados; su rodilla atrapando mi pierna, sus labios rozando con calidez, ásperos, sensuales. Explayó su mano en mi espalda, sosteniéndome con fuerza, haciéndome enterrar mis dedos profundamente en él, aferrándome a él como si dejarlo ir significara perder una parte de mí misma.

-¿Lali?

Miré a la puerta, y grité. Hank estaba en la entrada, inclinando su antebrazo en la manija de la puerta. Sus ojos inspeccionaron la habitación.

-¡Qué estás haciendo! – le grité.

No respondió, sus ojos aún buscando en toda la habitación. No sabía dónde estaba Peter, es como si él hubiese sentido a Hank justo antes que la manija se retorciera. Podía estar a pasos de mí, escondiéndose. Segundos antes de ser descubierto. 

-¡Sal! – salí de la cama – No puedo hacer nada con la llave de la casa que te dio mi mamá, pero aquí es donde cruzaste una línea. Nunca vuelva a entrar a mi habitación.
-Pensé que escuché algo.
-Sí, bueno, ¿adivina qué? ¡Soy una persona viviente, y de vez en cuando hago bulla! 

Con eso, cerré la puerta de un golpe. Mi pulso estaba acelerado. Escuché a Hank quedarse quieto por un momento hasta que finalmente se alejó. Me asustó tanto que solté lágrimas. Las aparté con furia.

Dejé que cinco largos minutos pasen antes de abrir mi puerta. El pasillo estaba vacío y regresé mi atención a la habitación.

-¿Peter? – susurré.

Pero estaba sola. 

***

No vi a Peter hasta que me quedé dormida. Soñe que estaba caminando sobre un campo de jardín que estaba a la altura de mi cadera mientras caminaba. Más allá, un árbol apareció, retorcido y con una forma extraña. Peter estaba inclinado contra éste, sus manos en los bolsillos. Estaba vestido de negro. 

Corrí el resto del camino hacia él. Él envolvió su chaqueta de cuero a nuestro alrededor, más con un acto de íntima posesión que para conservar el calor.

-Quiero quedarme contigo esta noche – dije – Tengo miedo que Hank intente hacer algo.
-No voy a dejarte a ti o a él fuera de mi vista, Ángel – dijo, con voz territorial.
-¿Crees que él sabe que estuviste en mi habitación?
-Sólo una cosa es segura, él sintió algo. Ahora puede sentirme a varios pasos de distancia. La única explicación es el devilcraft, aquello lo ha hecho ganar más poder, invocando poderes del infierno.

Temblé. Ambos nos quedamos en silencio por un momento hasta que Peter buscó algo en su bolsillo y sacó una cadena. Estaba hecha de plata.

-En verano yo te di mi collar de arcángel. Me lo devolviste, pero ahora quiero que lo vuelvas a tener. Ya no funciona para mí, pero puede ser útil para otros.
-Hank hará cualquier cosa por tener tu collar – protesté, empujando las manos de Peter – Mantenla tú. Necesitas esconderlo. No podemos dejar que Hank lo encuentre.
-Si Hank pone mi collar en el arcángel, ella no tendrá más remedio que decirle la verdad. Tienes razón sobre eso. Pero el collar también imprimirá el encuentro, para siempre. Tarde o temprano, Hank va a conseguir un collar, mejor que se lleve el mío que el de otro.
-¿Imprimir?
-Quiero que encuentres la forma de darle esto a Paula – instruyó, colocando el collar en mi cuello – No puede ser obvio. Ella tiene que pensar que te lo robó. ¿Puedes hacerlo?

Me alejé, dándole una mirada amonestadora.

-¿Qué estás planeando?
-No llamaría a esto planear. Lo llamaría rezar un Ave María con segundos para que termine la oportunidad. 
-Puedo invitar a Paula a la casa – le dije – Le diré que necesito ayuda escogiendo joyas para mi vestido. Ella tomará ventaja de eso y tendrá acceso a mi habitación. No me gusta mucho que esté buscando en mi cuarto, pero lo haré  - me detuve antes de continuar – Pero primero quiero saber exactamente por qué lo estoy haciendo.
-Hank necesita que el arcángel hable. Así que lo haremos. Necesitamos una forma que los arcángeles en el cielo se enteren que Hank está practicando con el devilcraft. Soy un ángel caído y ellos no me van a escuchar, pero si Hank toca mi collar, se imprimirá en éste. Si está usando devilcraft, el collar grabará eso también. 
-¿Y si no funciona? ¿Y si Hank obtiene la información que necesita, y no obtenemos nada?

Acordó con un ligero asentimiento.

-¿Qué te gustaría que haga en lugar de eso?

Pensé en ello pero no se me ocurrió nada. Peter tenía razón. No teníamos tiempo ni opciones, era la mejor alternativa. 

Ángeles Caídos #3: Veintiséis (Parte I)

Después que el doctor me dio el permiso para irme, entré al ascensor para ir hacia la recepción. En el camino, llamé a Cande. No tenía cómo ir a casa y esperaba que ella pudiese recogerme. El ascesnro se detuvo y las puertas se abrieron.

-Hola Lali – dijo Hank, de pie en frente de mí.

Tres segundos pasaron antes de encontrar mi voz.

-¿Subes? – pregunté, esperando sonar calmada.
-De hecho, te estaba buscando.
-Estoy apresurada – dije, disculpándome.
-Pensé que necesitarías que alguien te lleve. Tengo a uno de mis hombres disponible.
-Gracias, pero ya he llamado a una amiga.

Su sonrisa era plástica.

-Al menos déjame llevarte hasta la puerta.
-Necesito ir al baño primero – fui por la tangente – Por favor, no esperes. En serio, estoy bien. Estoy segura que Paula está ansiosa por verte.
-Tú madre querrá verte llegar a salvo a casa.

Sus ojos estaban inyectados de sangre, toda su expresión cautelosa, pero no pensé en ningún momento que era porque estuviera preocupado. El Doctor había insistido en que Hank había llegado al hospital sin heridas, pero yo sabía la verdad. Él había resultado peor. Estaba exhausto porque había combatido con un grupo de ángeles caídos ahora. Al menos, esa era mi teoría. Él los había maldecido justo antes que chocáramos. Él no había planeado encontrarse con ellos, ¿pero entonces, qué había planeado hacer conmigo? ¿Y si Hank había establecido los eventos? ¿Podría haber empujado a mi mamá por las escaleras? El doctor Howlett había dicho que mi madre no recordaba al principio, Hank podría haber usado sus poderes para lograr eso. Luego me había recogido del colegio…¿Para qué? ¿Qué me estaba perdiendo?

-Huelo caucho quemándose – dijo Hank – Estás pensando mucho en algo.

Su voz me trajo al presente. Lo miré, deseando poder entender sus motivos. Fue ahí cuando me di cuenta que sus ojos estaban enfocados en mí. Su mirada era muy intensa. Cualquier conclusión que había estado sacando, se esfumó. De pronto, mis pensamientos estaban en desorden y no podía recordar lo que había estado pensando. Sentía algo pesado, no podía ser capaz de controlar mis propios pensamientos.

-¿Tú amiga acordó recogerte, Lali? – preguntó.

Muy dentro de mí, sabía que no debía decirle la verdad a Hank. Sabía que debía decirle que Cande estaba viniendo por mí. ¿Pero qué razón tenía para mentirle?

-Llamé a Cande, pero no respondió – admití.
-Estaré contento de llevarte a casa, Lali.

Asentí.

-Sí, gracias.

Caminé por el pasillo al lado de Hank, mis manos frías y temblando. ¿Por qué estaba temblando? Era lindo que Hank me llevara. Él se preocupaba por mi madre lo suficiente, así como también por mí, ¿verdad? Cuando llegamos a casa, Hank me siguió adentro. 

-¿Qué estás haciendo? – dije, deteniéndome dentro de la puerta.
-A tu madre le hubiese gustado que esté pendiente de ti después de esta noche.
-¿Te quedarás toda la noche?  - mis manos empezaron a temblar de nuevo y sabía que tenía que buscar una forma que él se vaya. 
-Estás dejando que entre aire frío – dijo Hank, sacando mis manos de la puerta – Déjame ayudarte.

Cierto, pensé con una sonrisa, completamente entumecida. Él quiere ayudar. 

-¿Quieres ver algo en la tele? – preguntó, mirando el sofá.
-Estoy cansada – dije.
-Tuviste un largo día. Puede que dormir te ayude.
-¿Hank? – pregunté - ¿Cuál es la verdadera razón por la que quieres quedarte?

Se rió.

-Te ves bastante asustada, Lali. Sé una buena chica y anda a la cama. No te voy a estrangular mientras duermes.

En mi habitación, coloqué el aparador en frente de la puerta. No sabía por qué lo estaba haciendo, no tenía razón de temerle a Hank. Él estaba manteniéndole una promesa a mi madre, quería protegerme. Si él tocaba, colocaría el aparador a un lado y abriría la puerta. Me metí a la cama y cerré los ojos. El cansancio atravesó mi cuerpo y ya estaba temblando violentamente. Me preguntaba si me iba a enfermar. Cuando mi mente empezó a sentirse muy pesada, no luché contra ella. Mis pensamientos se deslizaron en la profundidad de mi subconsciencia. Hank tenía razón, había sido un largo día. Necesitaba dormir.

No fue hasta que me encontré en la casa de Peter que empecé a sentir que algo no andaba bien. La neblina se desvaneció de mi cerebro y me di cuenta que Hank me había hecho un truco mental. Abriendo la puerta de Peter y entrando con rapidez, grité su nombre. Lo encontré en la cocina, encorvado sobre un taburete de la barra. Una mirada hacía mí y se puso de pie.

-¿Lali? ¿Cómo llegaste aquí? Estás dentro de mi cabeza – dijo con sorpresa - ¿Estás soñando? – sus ojos me inspeccionaron, buscando una respuesta.
-No lo sé, eso creo. Me metí a la cama sintiendo una necesidad desesperada de hablar contigo….y aquí estoy. ¿Estás dormido?

Sacudió su cabeza.

-Estoy despierto, pero tú estás eclipsando mis pensamientos. No sé cómo lo hiciste. Sólo un Nephil poderoso o ángel caído podría lograr algo así.
-Algo terrible sucedió – me lancé a sus brazos, intentando disipar los temblores – Primero mi madre se cayó por las escaleras, y en nuestro camino a visitarla, Hank y yo fuimos golpeados. Antes de desmayarme, creo que Hank dijo que el otro auto estaba lleno de ángeles caídos. Hank me trajo a casa desde el hospital, y le dije que se fuera, ¡pero no se iba!

Los ojos de Peter brillaron con ansiedad.

-Relájate. ¿Hank está a solas contigo?

Asentí.

-Despierta. Iré a verte.

Ángeles Caídos #3: Veinticinco

Era viernes y la votación para saber los ganadores del evento anual sería durante el almuerzo. Pero en lugar de preocuparme por ello, estaba preocupada por Benjamín. Tenía que lograr que él vuelva a hablarme y me haga caso; el anillo que estaba usando no lo estaba ayudando, tenía que convencerlo.

En medio de mis pensamientos, el altavoz se prendió y la voz de la secretaria se escuchó. Me llamaba para la dirección. Aturdida, cogí mis cosas y me dirigí hacia la oficina. Normalmente, te llamaban por haberte portado mal en clase o por alguna ausencia sin justificar. Pero hasta donde sabía, ninguna tenía relación conmigo. 

En la oficina, apenas entré, lo vi. Hank estaba sentado en frente de la directora, sus ojos mirando en blanco hacia adelante.

-¿Qué sucede? – pregunté.
-Ha habido un accidente – dijo, sin mirarme – Tu madre se cayó de las escaleras. Estaba usando tacos y perdió el equilibrio. Tiene una contusión.

Pánico surgió a través de mí. No, esto no podía estar pasando. Necesitaba ver a mi madre ahora. De pronto, me arrepentiría de haberle hablado mal en las últimas semanas. Mis peores miedos vinieron hacia mí, ya había perdido a mi papá…si perdía a mi mamá….

-¿Qué tan grave es? – mi voz tembló. 
-Cuando dejé el hospital, no pudieron decirme nada. Vine directamente aquí. Ya he firmado el permiso para que salgas – explicó Hank – Te llevaré al hospital.

Sostuvo la puerta para mí y mecánicamente salí. Sentí mis pies llevándome por el pasillo. Afuera, el sol estaba muy brillante y me pregunté si recordaría este día para siempre. Me pregunté si tendría alguna razón para mirar hacia atrás y sentir las mismas emociones intolerables que había sentido cuando aprendí que mi padre había sido asesinado: confusión, amargura, impotencia, abandono. 

Hank desactivó la alarma de su auto sin decir palabra. Alzó una vez su mano, dándole un apretón de consuelo a mi hombro, luego hizo un puño y lo soltó. Y ahí fue cuando me golpeó. Tal vez era mi natural aversión a Hank, pero se me cruzó por la mente que él podía estar mintiéndome para hacerme entrar al auto.

-Quiero llamar al hospital – dije abruptamente – Quiero ver si tienen alguna actualización sobre su salud.
Hank frunció el ceño.
-Estamos en nuestro camino ahora. En diez minutos, podrás hablar con el doctor en persona.
-Discúlpame si estoy un poco preocupada, pero estamos hablando de mi madre – dije suavemente, pero con firmeza.

Hank marcó un número en su celular y me lo entregó. El sistema automático del hospital sonó, pidiéndome escuchar cuidadosamente las opciones, o quedarme en línea y esperar a la operadora. Un minuto después, estaba conectada con la operadora.

-¿Puede decirme si María José Esposito fue admitida hoy? – le pregunté a la mujer, evadiendo la mirada de Hank.
-Sí, la tenemos aquí.

Exhalé. Sólo porque Hank no había mentido sobre el accidente de mi madre no significaba que él era inocente. Todos estos años viviendo en esa casa y ella nunca se había caído por las escaleras.

-Habla su hija. ¿Me puede dar alguna actualización de su condición?
-Puedo dejarle un mensaje a su doctor, para que te llame.
-Gracias – dije, dándole el número de mi celular.
-¿Noticias? – preguntó Hank.
-¿Cómo sabes que se cayó de las escaleras? – lo interrogué - ¿La viste caer?
-Acordamos encontrarnos para el almuerzo. Cuando no respondió el timbre, entré. Ahí fue cuando la encontré al final de las escaleras. Si algo le pasa a ella… - murmuró para sí mismo, pero no terminó la oración - Deberíamos ir.

Entra al auto, ordenó una voz dentro de mi cabeza. Así de simple, mi mente se vació de toda sospecha. Sólo tenía un pensamiento, tenía que ir con Hank. Había algo extraño en esa voz, pero no podía saber qué. Todo mi razonamiento parecía haberse ido. Miré a Hank. Tenía el impulso de acusarlo de algo, ¿pero por qué? Él estaba ahí para ayudarme, se preocupaba por mi madre…

Obedientemente, me deslicé dentro del auto.

-Quiero que sepas que ella está en las mejores manos – dijo Hank, mientras conducía – Pedí que un Dr. Howlett la trate. Él y yo fuimos compañeros de habitación en la universidad.

Dr. Howlett, él era el doctor que me había cuidado cuando regresé a casa. ¿Y ahora resulta que era amigo de Hank? Cualquier entumecimiento que había sentido fue reemplazado por la ansiedad. 

Estaba considerando la conexión entre los dos, cuando un auto se estacionó al lado de Hank. Por un segundo, no vi nada malo en esta escena, y luego el auto golpeó el de Hank. Nuestro auto se hizo a un lado, rozando contra la acera. Apenas tuve tiempo de gritar cuando fuimos golpeados de nuevo.

-¡Están tratando de sacarnos de la pista! – gritó Hank - ¡Ponte el cinturón de seguridad!
-¿Quiénes son? – chillé, volviendo a revisar que mi cinturón estuviera bien asegurado.

Hank tiró del timón para evadir otro golpe y ese movimiento brusco devolvió mi atención a la pista; ésta se estaba curvando hacia la izquierda mientras nos acercábamos a un barranco. Hank pisó el freno, intentando ganarle la carrera al otro auto. El otro aceleró, desviándose bruscamente de la pista. Tres cabezas se podían ver y parecían hombres. 

Una imagen de Gabe y sus dos amigos volaron a mi mente. Era pura especulación, desde que no podía ver sus caras, pero solo eso me hizo gritar.

-¡Detén el auto! – grité – Es una trampa. ¡Pon el auto en reversa!
-¡Destruyeron mi auto! – gruñó Hank, acelerando.

El otro auto chirrió alrededor de la curva, derrapando al otro lado de la sólida línea blanca. Hank siguió, virando peligrosamente hasta la barandilla de protección. Mi estómago se retorcía y me agarré del apoyabrazos. Las luces de la parte trasera del otro auto, brillaron de color rojo.

-¡Cuidado! – grité.

Coloqué una mano en la ventana y la otra contra el hombro de Hank, intentando detener lo inevitable. Hank tiró del volante con fuerza. Fui lanzada hacia adelante, el cinturón de seguridad haciéndome herida, mi cabeza golpeándose contra la ventana. Mi visión se nubló y sonidos fuertes parecieron descender hacia mí de toda dirección. Ruidos crujientes, aplastantes y penetrantes explotaron en mis oídos.

Escuché a Hank gruñir algo…¡Malditos ángeles caídos!, pero luego yo estaba volando. No, no volando. Estaba cayendo. No recuerdo haber aterrizado, pero cuando registré mi mente de nuevo, estaba de espaldas, No dentro del auto, en algún otro lugar. Suciedad. Hojas. Rocas filudas mordiendo mi piel.

Frío, dolor, duro. Frío, dolor, duro. Mi mente no podía moverse más allá de esas palabras. Las vi deslizarse a través de mi visión.

-¡Lali! – gritó Hank, su voz a lo lejos.

Estaba segura que mis ojos estaban abiertos, pero no podía ver nada. Manos cogieron mis tobillos primero, luego mis muñecas. Mi cuerpo se deslizó a través de las hojas y la suciedad, haciendo un sonido extraño. Me lamí los labios, intentando llamar a Hank, pero cuando mi boca se abrió, las palabras equivocadas salieron.

Frío, dolor, duro. Frío, dolor, duro.

Quería salir del estupor. ¡No!, grité dentro de mi cabeza. ¡No, no, no! ¡Peter! ¡Ayuda¡ ¡Peter, Peter, Peter!

-Frío, dolor, duro – murmuró incoherentemente.

Antes que pueda corregirme, era muy arde. Mi boca estaba cosida, así como mis ojos.

***

Manos sólidas me agarraron de los hombros, sacudiéndome.

-¿Puedes escucharme Lali? No intentes levantarte. Quédate así. Voy a llevarte al hospital.

Mis ojos se abrieron. Los árboles se movían más allá. El sol se expandía a través de sus hojas, derramando sombras que alteraban el mundo de la luz a la oscuridad y viceversa. Hank estaba inclinado hacia mí. Su rostro estaba cortado, sangre cayendo por sus mejillas, en su cabello. Sus labios se estaban moviendo, pero dolía demasiado para darle sentido a sus palabras.

Me volteé. Frío, dolor, duro.

***

Me desperté en un hospital, mi cama detrás de una cortina blanca. La habitación estaba en paz, pero demasiado silenciosa. Mis dedos del pie y de la mano dolían, y mi cabeza también. Drogas, pensé.

Una cara diferente se inclinó sobre mí. El Dr. Howlett sonrió, pero no lo suficiente para mostrar sus dientes. 

-Te golpeaste severamente, jovencita. Bastantes heridas, pero nada roto. La enfermera te ha dado ibuprofeno, y yo te daré una receta antes que te vayas. 
-¿Hank? – me las arreglé decir, con mis labios secos.

El doctor sacudió su cabeza.

-Vas a odiar escuchar esto, pero él salió ileso. Apenas se ve justo lo que sucedió.

A través del tumulto, intenté razonar. Algo no andaba bien. Y luego mi memoria se abrió.

-No, él tenía cortes. Estaba sangrando.
-Estás equivocada, Hank vino manchado con más sangre tuya que la suya. Tú te llevaste lo peor.
-Pero lo vi…
-Hank está en perfecto estado – me interrumpió – Y apenas las enfermeras terminen de revisar estos vendajes, tú también estarás bien.

Debajo de todo, sabía que debía entrar en pánico. Había muchas preguntas, pocas respuestas.

-Esto ayudará – dijo el doctor, sorprendiéndome con un pinche en mi brazo, algo fluido ingresó a mi sangre.
-Pero acabo de recuperar la consciencia – murmuré - ¿Cómo puedo estar bien? No me siento bien.
-Te recuperarás rápidamente en casa – rió – Acá tendrás a enfermeras molestándote toda la noche.

¿Toda la noche?

-¿Ya estamos de noche? Pero apenas era hora de almuerzo. Antes que Hank…nunca almorcé.
-Ha sido un día duro – dijo el doctor. 

Coloqué una mano en mi estómago.

-Me siento graciosa.
-Me confirmaron que no tienes sangrado interno. Anda a la ligera en estos próximos días y estarás bien – apretó mi hombro – Pero no puedo prometerte que sentirás bien al subirte a otro auto pronto.

En medio de la neblina, recordé a mi madre.

-¿Hank está con mamá? ¿Ella está bien? ¿Puedo verla? ¿Ella sabe sobre el accidente?
-Tu madre está recuperándose rápidamente – me aseguró – Aún está en revisión y no puede tener visitantes, pero debería poder moverse por sí misma para la mañana. Podrás regresar y verla entonces – se inclinó hacia mí – Entre nosotros, si no fuera porque nos están grabando, te dejaría entrar para que la veas ahora. Tiene una contusión bastante fuerte, al principio tuvo una pérdida de memoria, pero se recuperará – dio golpecitos en mi mejilla – la suerte debe correr en la familia.
-Suerte – repetí letárgicamente.

Pero tenía una alarma dentro de mí, indicándome que la suerte no tenía nada que ver con nuestras recuperaciones. 

Y tal vez tampoco nuestros accidentes.

viernes, 8 de febrero de 2013

Ángeles Caídos #3: Veinticuatro

Después que Peter se fue, decidí que era momento de dejar de jugar a la princesa y cambiarme a mi ropa. Acababa de colocarme mi blusa cuando me di cuenta que algo no andaba bien. Y luego me di cuenta, mi mochila no estaba. Busqué debajo de la pequeña banca, pero no estaba ahí. Aunque estaba casi segura que no la había colgado en el gancho, miré detrás del vestido rojo. Colocándome los zapatos, salí a la tienda. Encontré a Paula buscando entre los vestidos.

-¿Has visto mi mochila?
-Te la llevaste contigo al vestidor – lo pensó unos segundos - ¿Era una de color marrón de cuero?
-¡Sí!
-Acabo de ver a un hombre yéndose con ésta. Él vino sin decir una palabra, y asumí que era tu padre – se tocó la cabeza, frunciendo el ceño – De hecho puedo jurar que él dijo que lo era…pero tal vez me imaginé todo. El mundo completo se sintió muy extraño. Mi cabeza se siente nublada, no puedo explicarlo.

Un truco mental, pensé.

-Tenía cabello gris y estaba usando una chaqueta… - continuó.
-¿Hacia dónde fue? – la interrumpí.
-Hacia las puertas principales, dirigiéndose hacia el estacionamiento.

Corrí hacia afuera. Podía escuchar a Paula detrás de mí.

-¿Crees que es una buena idea? – jadeó – Quiero decir, ¿y si tiene una pistola? ¿Y si está mentalmente inestable?
-¿Qué clase de hombre se roba una cartera de un probador? – demandé en voz alta.
-Tal vez estaba desesperado. Tal vez necesitaba dinero.
-¡Entonces debió llevarse tu bolso!

Lo que no le podía decir a Paula es que, seguramente era un Nephil o un ángel caído. Y mi instinto me decía que estaba motivado por algo más grande que un cúmulo de dinero. Corrimos en el estacionamiento al tiempo que un auto negro salía. El brillo de sus luces nos hizo imposible ver detrás de la ventana. Aceleró hacia nosotras.

-¡Muévete idiota! – me dijo Paula, cogiéndome de la manga.

El auto pasó a nuestro lado, haciendo rechinar las llantas. Se pasó la luz roja y se desvaneció en la noche.

-¿Viste qué clase de auto era? – preguntó Paula.
-Un Audi. Obtuve parcialmente la placa.
-No tan malo, Tigre.
-¿No tan malo? – la miré con pura irritación - ¡Se fue con mi bolso! ¿No encuentras extraño que un hombre con un auto muy costoso robe bolso? ¿Y mi bolso en particular? 
-Tal vez era un diseño costoso – dijo encogiéndose de hombros.

Treinta minutos después, una patrulla de policía llegó cuando yo lo llamé. El policía Basso salió a hacer las preguntas clásicas luego de un robo. Pero no dio resultado alguno, tan solo me dijo que vería qué podía hacer. Mientras tanto, tenía que comprarme otro bolso. Genial, como si eso fuera lo importante. 

***

El vestido rojo colgaba en mi puerta, mientras intentaba dormir. Tomando el consejo de Peter, aclaré mi mente y me preparé para dormir. Peter dijo que podía entrar a mis sueños, pero yo tenía que abrirme a la idea. Eso fue fácil, porque después de la noche que había tenido, en lo único que podía pensar era en Peter sosteniéndome en sus brazos, haciéndome sentir mejor.

Recostada en la cama, reflexioné sobre mi día, dejando que mi subconsciente retuerza las memorias en fantasmas. Mi mente jugó con partes de diálogos, destellos de color. De pronto, estaba de pie en el probador de la tienda con Peter. Sólo que en esta versión, él tenía sus dedos enterrados en el cinturón de mi jean y mis dedos estaban desordenando su cabello. Nuestras bocas estaban a pulgadas de distancia, y podía sentir la calidez de su aliento.

El sueño ya me había tragado por completo cuando sentí que las sábanas estaban siendo sacadas de mi cuerpo. Me senté para encontrar a Peter de pie al frente de mi cama. Estaba usando el mismo jean y la ajustada camiseta blanca con la que lo había visto más temprano, y había quitado mis sábanas, poniéndolas a un lado.

Una sonrisa iluminó sus ojos.

-¿Dulces sueños?

Miré alrededor. Todo en mi habitación estaba como debía. La puerta estaba cerrada, la lámpara prendida. Mi ropa colgando en la silla dónde la había dejado, el vestido rojo colgando en la puerta. A pesar de ninguna evidencia física, algo no se sentía…bien.

-¿Esto es real o es un sueño? – le pregunté a Peter.
-Sueño.

Reí.

-Caray. Podrías haberte burlado. Es tan real.
-La mayoría de los sueños lo son.
-¿Estamos seguros aquí?
-Sí estás preguntando si Hank nos espiará, no creo.
-Si puedes hacer esto, ¿qué lo detiene a él de hacerlo? Sé que es un Nephil, y a menos que esté hablando cualquier cosa, los ángeles caídos y Nephils tienen un montón de poderes similares.
-Hasta que intenté invadir tus sueños hace unos meses, yo no sabía mucho sobre cómo funcionaba el proceso. He estado aprendiendo que requiere una conexión fuerte entre ambos sujetos. Además, tiene que ser con paciencia. Si invades muy pronto, el sujeto se despertará. Si dos ángeles, o Nephils, o cualquier combinación de los dos, invaden un sueño al mismo tiempo, el que sueña está lejos de despertar. Quieras o no, Hank tiene una conexión fuerte contigo, pero si él no ha intentado invadir tus sueños aún, no creo que lo haga.
-¿Cómo aprendiste todo esto?
-Prueba y error – dudó, como si pensara cuidadosamente sus siguientes palabras – También obtuve un poco de ayuda de un ángel caído que recientemente cayó. A diferencia de mí, ella tuvo bastante información de la ley antes de caer. Sabía que ella tenía respuestas, así que después de retorcerle un poco el brazo, me lo contó. Con ella me refiero a Agustina.

Mi corazón dio un vuelco no placentero. No quería estar celosa de la ex de Peter, obviamente entendía que ellos había tenido una historia romántica, pero sentía una aversión poderosa contra Agustina. Tal vez odio residual, ella había tratado de matarme. O tal vez el instinto diciéndome que ella no dudaría en traicionarnos de nuevo.

-¿Así que la viste en persona después de todo? – pregunté, acusándolo.
-Nos vimos hoy, y mientras la tenía, decidí llegar hasta el fondo de algunas preguntas que se habían quedado en mi mente. He estado encontrando una forma de comunicarme contigo sin que sea detectada, y no iba a perder la oportunidad cuando ella me podía dar respuestas.
-¿Por qué te buscó?
-No lo dijo, y no es importante. Tenemos que lo queremos, y eso es lo único que me importa. Ahora tenemos una forma privada de comunicarnos.
-¿Aún se ve pálida y fea?

Peter rodó sus ojos. 

-¿Ha estado en tu casa?
-Esto se está empezando a sentir como un rol de preguntas, Ángel.
-En otras palabras, lo ha hecho.
-No – Peter respondió con paciencia - ¿Podemos dejar de hablar de ella?
-¿Cuándo la voy a conocer? – Y decirle que quite sus manos de encima, pensé.

Peter acarició su mejilla, pero creo que también torció su boca.

-Probablemente no es una buena idea.
-¿Qué se supone que significa eso? ¿Crees que no puedo llevarlo por mí misma, verdad? ¡Gracias por el voto de confianza! – dije, pensando en mis estúpidas inseguridades.
-Creo que Agustina es narcisista y ególatra. Mejor mantenernos alejados.
-¡Tal vez debas tomar tu propio consejo!

Empecé a voltearme, pero Peter cogió mi brazo y me volteó para enfrentarlo. Presionó su frente contra la mía. Empecé a apartarme, pero entrelazó sus dedos con los míos. 

-¿Qué tengo que hacer para convencerte que estoy usando a Agustina para una sola cosa: destruir a Hank, pieza por pieza si lo tengo que hacer, y hacerlo pagar por todo lo que ha hecho para hacerle daño a la chica que amo?
-No confío en ella – dije, aún terca.

Cerró sus ojos, y escuché el más ligero de los suspiros.

-Finalmente algo en lo que acordamos.
-No creo que debamos usarla, incluso si ella puede llegar al círculo de Hank más rápido que nosotros. 
-Si tuviéramos más tiempo, u otra opción, lo haría. Pero por ahora, ella es nuestra mejor chance. Ella no me traicionará, es muy inteligente. Se llevará la basura que le estoy ofreciendo y se irá, incluso si eso hiere su orgullo.
-No me gusta – me envolví en él, sintiendo su calidez – Pero confío en ti.

Me besó, largo y tranquilizador.

-Algo extraño sucedió esta noche – dije – Alguien se robó mi mochila del probador de la tienda.
Inmediatamente Peter frunció el ceño.
-¿Esto sucedió después que me fui?
-O eso, o justo antes que tu vinieras.
-¿Viste quién se la llevó?
-No, pero la vendedora dijo que era un hombre y suficientemente mayor para ser mi padre. Lo dejó irse con el bolso, pero creo que tal vez le hizo un truco mental. ¿Crees que sea una coincidencia que un inmortal se haya robado mi bolso?
-No lo creo. ¿Qué vio Paula?
-Aparentemente nada, aunque la tienda estaba prácticamente vacía. ¿Crees que ella está involucrada, verdad? – agregué cuando entrecerró los ojos.
-Difícil de creer que no haya visto nada. Estoy empezando a sentir como si toda la noche hubiese sido planeada. Cuando fuiste al probador, ella pudo haber hecho una llamada, haciéndole saber al ladrón que podía entrar. Pudo haber visto tu bolso por ahí. 
-¿Por qué querría mi bolso? A menos… - me detuve – Ella pensó que cargaba el collar que Hank quiere – me di cuenta – Él la ha metido a ella en esto. 
-Le debe de haber mentido sobre el porqué quiere el collar. Le puede haber dicho que pertenece a él y ella no hará preguntas. Paula no es de las que se cuestiona. 
-Hay una cosa más. Obtuve una mirada al auto antes que el ladrón se vaya. Es un Audi A6.
-El hombre de confianza de Hank, llamado Blakely, conduce un Audi.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal.

-Estoy empezando a asustarme. Obviamente él piensa que puede usar el collar para forzar al arcángel a hablar. ¿Qué necesita que ella le diga? ¿Qué sabe ella que puede arriesgar a los arcángeles?
-Y tan cerca a Cheshvan – murmuró Peter.

Ambos nos quedamos en silencio, contemplando la lista de opciones de solución que podíamos tomar.

-¿Qué le pasó al otro vestido? – finalmente preguntó Peter. 

Suspiré.

-Paula pensó que me veía mejor con el rojo.
-¿Tú qué piensas?
-Creo que Paula y Agustina serían grandes amigas.

Peter rió, el sonido haciendo cosquillas en mi piel, como si la estuviera besando.

-¿Quieres mi opinión?
-Ya.

Él se sentó en mi cama, inclinándose sobre sus hombros.

-Pruébatelo.
-Probablemente es un poco ajustado – dije – Paula tiende a comprar cuando es muy estrecho.

Apenas sonrió.

-Tiene un corte en el muslo.

Sonrió aún más.

Llevándome el vestido al baño, me lo puse. El corte se abría hasta la mitad de mi muslo, exponiendo mi pierna. Saliendo a la luz, quité el cabello de mi cuello.

-¿Me alzas el cierre?

Los ojos de Peter hicieron una mirada lenta en mí, endureciéndose.

-Voy a tener un tiempo difícil al mandarte con Benjamín en ese vestido. Una cosa: si regresas a casa y ese vestido se ve ligeramente alterado, rastrearé a Benjamín, y cuando lo encuentre, no será bonito. 
-Le daré el mensaje.
-Si me dices dónde se está escondiendo, yo mismo le daré el mensaje. 

Tuve que luchar para no sonreír.

-Algo me dice que tu mensaje será bastante directo.
-Digamos que él entenderá el punto.

Peter tomó mi muñeca y me acercó para un beso, pero algo no andaba bien. Su cara se nubló por las esquinas, disolviéndose entre el fondo. Cuando sus labios encontraron los míos, casi ni los sentí. Aún peor, me sentí a mí misma alejándose de él. Peter también lo notó y maldijo bajo su aliento.

-¿Qué sucede? – pregunté.
-Es el mestizo – gruñó.
-¿Benjamín?
-Está tocando la ventana de tu habitación. En cualquier segundo te vas a levantar. ¿Es la primera vez que viene por la noche?

Preferí no responder. Peter en mi sueño no haría nada loco, pero eso no significaba que sería una buena idea llevar la competencia más allá.

-¡Terminaremos esto mañana! – fue todo lo que pude decir antes que el sueño y Peter se desvanezcan.

El sueño se fue y Benjamín estaba en mi habitación, cerrando la ventana detrás de él.

-Despierta y brilla – dijo.

Gruñí.

-Benja, tienes que dejar de hacer esto. Mañana tengo colegio. Además, estaba en medio de un buen sueño.
-¿Sobre mí? – preguntó, lanzando una sonrisa coqueta.
-Será mejor que lo que tengas que decir sea bueno.
-Más que bueno. Estoy en una banda llamada Serpentina. Estamos abriendo en un bar la próxima semana. Los miembros de la banda consiguen dos entradas gratis y tú serás una de mis invitadas suertudas – lanzó dos entradas en mi cama.
-¿Estás loco? ¡No puedes estar en una banda! Se supone que debes estar escondiéndote de Hank. Ir conmigo al baile es una cosa, pero esto es llevar muy lejos las cosas.

Su sonrisa murió.

-Pensé que estarías feliz por mí, Esposito. He pasado los últimos meses escondiéndome. Ahora vivo en una cueva y busco comida, lo que se está haciendo cada vez más difícil. No tengo nada, ni televisión, ni celular, ni baño. Estoy completamente a solas. Estoy cansado de esconderme.
-Benja, Hank sabe que tú estás en la ciudad, ha mandado a sus hombres a buscarte. Tienes que quedarte escondido hasta por lo menos Chehvan. 
-¿Lo escuchaste decir eso?
-Algo así – no podía decirle la verdad – Una fuente de confianza me lo dijo. 
-Estás intentando asustarme. Aprecio el gesto – dijo, cínicamente – pero ya luché contra esto y sea lo que sea que suceda, puedo enfrentarlo. Unos pocos meses de libertad es mejor que una vida entera en prisión.
-No puedes dejar que Hank te encuentre – insistí – Si lo hace, te colocará en una de sus prisiones en el bosque. Te torturará. Tienes que alargar esto. Por favor – rogué - ¿Sólo unos cuantos meses más?
-Al diablo. Me voy de aquí. Tocaré en el bar así vengas o no.

No entendía su repentina actitud. Hasta ahora él había sido meticuloso sobre el tema, manteniéndose alejado de Hank. Y, ¿ahora?

-Benja, dijiste que la Mano Negra se conecta contigo – dije, con una idea - ¿Hay alguna posibilidad que te esté jalando hacia él? Tal vez el anillo te más que poderes. Tal vez es una clase de..guía.
-La Mano Negra no va a atraparme – bufó.
-Estás equivocado. Y si mantienes esa actitud, va a atraparte más temprano de lo que crees – dije gentilmente, pero con firmeza.

Alcancé su brazo, pero él se zafó. Salió por la ventana, cerrándola de un golpe.