sábado, 14 de junio de 2014

Ángeles Caídos #4: Diez

A las cinco de la mañana, mi cama se hundió con el peso de un segundo cuerpo. Mis ojos se abrieron de golpe y encontraron a maxi sentado al pie de la cama, con una expresión sombría.

—¿Y bien? —preguntó.

Había pasado todo el día anterior, en la noche, intentando pensar, y finalmente había tomado una decisión. Sus ojos se alzaron, en pregunta.

—¿Eso significa lo que creo que es?

—No estoy entrenando con ángeles caídos, ¿verdad? —No era exactamente una respuesta directa y esperaba que Maxi no presionara.

Sonrió. —Cinco minutos.

—Pero no más de esa cosa azul —dije. —Lo digo solo para asegurarme que estamos de acuerdo.

—¿El prototipo de ayer no te convenció? —No se veía con remordimiento, sino más bien con decepción. —Si cambias de opinión, está en la casa.

Decidí tomar ventaja del curso de la conversación. —¿Blakely está desarrollando otras bebidas mejoradas? ¿Y cuándo crees que expandirá su prueba de grupo?

Se encogió de hombros. —No he hablado con Blakely durante un tiempo.

—¿En serio? Estás probando el devilcraft para él. Y ambos fueron cercanos a Hank. Estoy sorprendida que no hayas mantenido la relación con él.

—Tenemos una estrategia. Blakely desarrolla un prototipo en su laboratorio y alguien más lo envía para mí. Si algo le sucede a uno de nosotros, el otro está a salvo. No sé dónde está Blakely, así que si los ángeles caídos me atrapan y torturan, no puedo decirles nada útil. Procedimiento estándar. Empezaremos con correr quince millas, así que asegúrate de estar bien hidratada.

—Espera. ¿Qué hay del Cheshvan?

—Nada —dijo él.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Hasta donde sé, ningún ángel caído ha poseído a su servidor anoche.

Me senté. —¡Eso es algo bueno! ¿Verdad?

—No sé qué significa. Pero no creo que sea bueno. No se abstendrían sin alguna razón, una muy buena —dijo, dubitativo.

—No lo entiendo.

—Bienvenida al club.

—¿Podrá ser guerra mental? ¿Crees que estén intentando descolocar a los Nephils?

—Creo que ellos saben algo que nosotros no.

Después que Maxi cerró la puerta de mi cuarto, saqué mi ropa y mentalmente aparté esta nueva información. Necesitaba una explicación de Peter. Desde que era un ángel caído, de todas maneras tenía una explicación más detallada. ¿Qué significa todo esto?

Decidí dejar de lado todos esos pensamientos y terminar de cambiarme para empezar el entrenamiento. Durante éste me di cuenta que el efecto del delvilcraft ya se había evaporado, ya no era tan rápida como Maxi ni tenía tantos poderes; sin embargo, sí había ganado ciertas habilidades físicas y según lo que me dijo Maxi eso mejoraba si continuaba tomando la bebida. No va a suceder.

Este entrenamiento fue diferente porque, no solo corrimos como siempre, sino también aprendí a realizar trucos mentales. Maxi me enseñó a ingresar en su mente y lograr crear una imagen para asustarlo. Y realmente lo hizo, porque le hice sentir ciego, que no veía nada, como si se hubiese desmayado. Nunca había visto algo así Lali, buen trabajo.

Troté el resto del camino a mi casa y me detuve abruptamente al frente de la entrada. El auto rojo de Paula estaba estacionado en mi puerta. Con un revoltijo en el estómago, caminé hacia la casa; varias cajas de mudanza estaban en el suelo.

—¡Ahí estás! —exclamó mi mamá, saliendo de la cocina. —¿Dónde has estado? Paula y yo hemos pasado la última media hora intentando descubrir dónde podrías haberte escapado a esta hora.

Paula se sentó en mi mesa de cocina, sus manos alrededor de una taza de café. Me dio una sonrisa inocente.

—Me fui a trotar —dije.

—Puedo ver eso —dijo mamá. —Desearía que me dijeras esas cosas. Ni siquiera te molestaste en dejar una nota.

—Son las siete de la mañana. Se supone que deberías estar en la cama. ¿Qué hace ella aquí?

—Estoy aquí —dijo Paula, dulcemente. —Puedes hablarme.

Fijé mis ojos en ella. —Bien. ¿Qué estás haciendo acá?

—Te lo dije. No me estoy llevando bien con mi mamá. Necesitamos un respiro. Mientras tanto, creo que es mejor si me mudo aquí con ustedes. Mi mamá no tiene problema con ello.

—¿Por qué crees que sea una buena idea?

Paula rodó sus ojos. —Hola. Somos familia.

Mi mandíbula se abrió y mis ojos inmediatamente miraron a mi mamá. Para mi desconcierto, ella no se veía confundida.

—Oh, vamos, Lali —dijo. —Todos lo sabíamos, incluso si nadie quería hacerlo. Bajo las circunstancias, Hank hubiese querido que tome a Paula con los brazos abiertos.

Estaba sin habla. ¿Cómo podía ser tan dulce con Paula? ¿No podía recordar nuestra historia con su familia?

—Paula es familia, ella hizo bien en venir con nosotras. ¿Si no puedes contar con tu familia, con quién lo harías? —continuó mamá.

Aún estaba mirando fijamente a mi mamá, frustrada por su actitud sedada. Seguro que Hank había dejado una especie de hechizo y la estaba manipulando con el devilcraft. Hasta que se prendió una lucecita en mi cabeza.

¿Estás haciéndole trucos mentales a mi mamá? —le dije acusatoriamente a Paula. —¿Es eso? Sé que estás haciendo algo, porque no hay manera que mi mamá, en su mente racional, te deje mudarte con nosotras.

La mano de Paula se movió a su cabeza. —¡Aw! ¿Cómo hiciste esto?

No juegues a hacerte la tonta conmigo. ¿Ahora eres una Nephil, recuerdas? Puedes hacer trucos mentales y puedes hablar con la mente. No sé qué estás tramando pero no voy a permitir que continúes con tu plan.

Bien —lanzó Paula. —Sé sobre hablar por la mente. Y sé sobre trucos mentales. Pero no los estoy usando con tu mamá. Mi mamá justifica toda su actitud loca diciendo que mi papá también hubiese querido que sea de esta forma. Probablemente él les hizo algo a las dos antes de morir. No hubiese querido que nuestras familias peleen. No me culpes solo porque soy un objetivo disponible para lanzar tu enojo.

—Paula, dejaré limpia la habitación de invitados para ti, así puedas tenerla ahora cuando regreses del colegio —dijo mamá. —Debes perdonar a Lali por ser tan maleducada. Solía ser la hija única que salía con lo que quisiera. Tal vez esta nueva vida la haga cambiar.

—¿Solía salirme con la mía? —la reté. —Paula también es hija única. Si vamos a decir cosas puntuales, seamos justas

Paula sonrió, juntando sus manos. —Muchas gracias señora Esposito. Realmente lo aprecio. —Tuvo la viveza de abrazar a mi mamá.

—Mátame ahora —murmuré.

—Cuidado con lo que desees —dijo Paula.

domingo, 8 de junio de 2014

Ángeles Caídos #4: Nueve

Estaba a poca distancia de mi auto cuando vi una sombra colocándose en el asiento del piloto. Me detuve, pensando que podía ser alguien queriéndome hacer daño otra vez. Mantuve la respiración, mientras debatía si sería bueno correr. Pero mientras más me demoraba pensando, más se calmaba mi imaginación al aclararse la sombra. Peter me hizo una seña con su dedo, indicándome que entre al auto. Sonreí abiertamente, mi preocupación se disolvió instantáneamente.

—¿Faltando a clases por ir a patinar? —preguntó mientras entraba al auto.

—Me conoces. Las ruedas de color púrpura son mi debilidad.

Peter sonrió. —No vi tu auto en el colegio. Te he estado buscando. ¿Podemos ir por ahí por unos minutos?
Le entregué mis llaves. —Tú conduces.

Peter condujo hacia un complejo bastante lujoso. Los edificios eran antiguos pero totalmente renovados, con ventanas brillantes, columnas de mármol negro y un portero. Peter se estacionó en un garaje de un solo auto y cerró la puerta, dejándonos en una fría oscuridad.

—¿Nuevo lugar? —pregunté.

—Pepper contrató a unos cuantos Nephils para que redecoren mi estudio en el parque de atracciones. Necesitaba un lugar donde pasar desapercibido, y que tuviera seguridad.

Salimos del auto, subimos por unas cuantas escaleras, atravesamos una puerta y salimos hacia la nueva cocina de Peter. Ventanas de pared a pared mostraban hermosas vistas del valle. Unos cuantos botes blancos llenaban el agua.

—Ostentoso —le dije a Peter.

Me entregó una taza con chocolate caliente y besó la parte trasera de mi cuello. —Es más expuesto de lo que me gusta y eso es algo que no me vas a escuchar decir seguido.

Me incliné contra él, tomando mi bebida. —Estaba preocupada por ti.

—Pepper me sorprendió afuera del bar anoche. Lo que significa que no logré hablar con nuestro amigo el Nephil, el del sombrero. Pero hice unas cuantas llamadas y un poco de trabajo, empezando con ver la cabina a la que te llevaron. No es muy inteligente. Te llevó a la cabina de sus abuelos. Su verdadero nombre es Shaun, y tiene dos años siendo Nephil. Juró lealtad hace dos navidades y está enlistado en la armada de la Mano Negra. Tiene un corto temperamento y una historia de abuso de drogas. Está buscando una forma de hacerse notar y piensa que tú eres su salida. —Peter besó de nuevo mi cuello, esta vez dejando que su boca se quede unos segundos. —Yo también te extrañé. ¿Qué me has traído?

—Puedo contarte cómo Pepper intentó secuestrarme esta mañana y me mantuvo de rehén, o tal vez quieras escuchar cómo Maxi secretamente me dio a beber algo mejorado con devilcraft. Resulta que Blakely, la mano derecha de Hank, ha estado haciendo pruebas con devilcraft por meses y ha desarrollado una droga de alta efectividad para los Nephils.

—¿Hicieron qué? —gruñó. —¿Pepper te hizo daño? ¡Y voy a romper a pedazos a Maxi!

Sacudí mi cabeza en señal de negación, pero estuve sorprendida cuando las lágrimas llegaron a mis ojos. Sabía por qué Maxi lo había hecho, me necesitaba lo suficientemente fuerte para liderar a los Nephils a la victoria, pero odiaba su forma de hacerlo. Me había mentido. Me había hecho un truco y había consumido una sustancia que no solo estaba prohibida en la Tierra, sino que era potencialmente peligrosa. No era tan inocente como para no saber que el devilcraft tenía efectos negativos. Los poderes podían desaparecer de a pocos pero una semilla del mal había sido plantada dentro de mí.

—Maxi dijo que los efectos de su bebida se desvanecían después de un día. Esas son las buenas noticias. Las malas son que creo que está planeando introducirlo en varios Nephils, y pronto. Les dará….superpoderes. Esa es la única forma que puedo describirlo. Cuando lo tomé, corrí más rápido y salté más alto, y endureció mis sentidos. Maxi dijo que un Nephil podía enfrentarse uno a uno con un ángel caído. Le creo, Peter. Me escapé de Pepper. Un arcángel. Sin la bebida, él me tendría bajo llave ahora mismo.

Furia cruzó los ojos de Peter. —Dime dónde puedo encontrar a Maxi —dijo.

No esperaba que Peter se ponga tan enojado. El problema era que si iba a buscar a Maxi ahora, él sabría que le había contado del devilcraft. Necesitaba jugarlo bien.

—Lo que hizo estuvo mal, pero pensó que estaba cuidando de mis intereses —ofrecí.

Se rió rudamente. —¿En serio crees eso?

—Creo que está desesperado. No encuentra muchas opciones.

—Entonces no las está buscando.

—También me dio un ultimátum. O estoy con él y los Nephils, o estoy contigo. Me contó lo del devilcraft para probarme. Para ver si te decía —alcé mis manos y las dejé caer. —Nunca te escondería esa clase de información. Somos un equipo. Pero necesitamos pensar cómo vamos a jugar esto.

—Voy a matarlo.

Suspiré, presionando mis dedos en mi frente. —No estás viendo más allá de tu disgusto personal por Maxi…eso y tu enojo.

—¿Enojo? —Peter rió, pero era amenazante. —Oh, Ángel. Eso es muy poco para lo que estoy sintiendo. Acabo de enterarme que un Nephil forzó devilcraft en tu cuerpo. No me importa si no estaba pensando, no me importa si se sentía desesperado. Es un error que no volverá a cometer. Y antes que empieces a sentirte apenada por él, sabe esto. Él lo veía venir. Le advertí que si te dejaba aunque sea un rasguño bajo su cuidado, estaría acabado.

—¿Bajo su cuidado? —repetí lentamente, tratando de conectar todo.

—Sé que estás entrenando con él.

—¿Lo sabes?

—Eres una chica grande. Puedes tomar tus propias decisiones. Obviamente tenías tus razones para querer aprender defensa personal con maxi, y no iba a detenerte. Confío en ti; es él quien me preocupa, y parece que hay razones. Te preguntaré una vez más. ¿Dónde se está escondiendo? —casi gruñó, su rosto oscureciéndose.

—¿Qué te hace pensar que se está escondiendo? —dije miserablemente, penada que una vez más me sentía atrapada entre Peter y Maxi. Entre ángeles caídos y Nephils. No había escondido intencionalmente mis entrenamientos con Maxi a Peter, simplemente pensé que sería mejor no acumular mayores razones para que ellos dos compitan.

La risa fría de Peter mandó un estremecimiento por mi espina. —Si es inteligente, se está escondiendo.

—También estoy enojada, Peter. Créeme, desearía poder retroceder el tiempo y deshacer esta mañana. 
Pero odio sentir que estás moviéndote sin mí. Primero, me pones un rastreador. Luego, amenazas a Maxi. Estás operando sin mí. Quiero sentirte de mi lado. Quiero sentir que estamos trabajando juntos.

El nuevo celular de Peter sonó, y miró quién era. Un comportamiento inusual en él. Estos días, dejaba que sus llamadas se fueran al buzón de voz, luego cuidadosamente analizaba a cuáles devolver la llamada.

—¿Esperando una llamada importante? —pregunté.

—Sí, y tengo que hacerme cargo de ello ahora. Estoy de tu lado, Ángel. Siempre lo estaré. Siento si sientes que estoy dejando de lado tus deseos. Es lo último que deseo, créeme. —Dejó un beso por mi boca, pero se sintió brusco. Ya se estaba dirigiendo hacia las escaleras, hacia el garaje. —Necesito que hagas algo por mí. Ver si puedes averiguar algo de Blakely. Dónde se está quedando en estos días, lugares que ha visitado últimamente, cuántos guardaespaldas Nephils tiene, cualquier prototipo que esté desarrollando, y cuando plena introducir su bebida. Tienes razón, no creo que el devilcraft se haya expandido más allá de Maxi y Blakely, aun no. Si fuese así, los arcángeles ya hubiesen avisado. Contáctate pronto, Ángel.

—¿Así que terminamos esta conversación después? —dije, aún asombrada por su rápida ida.

Se detuvo en lo alto de las escaleras. —Maxi te dijo un ultimátum, pero estaba viniendo, con o sin él. No puedo tomar la decisión por ti, pero si quieres opiniones, déjame saberlo. Estaré feliz de ayudar. Enciende la alarma antes de irte. Tu llave personal está en la entrada. Eres bienvenida en cualquier momento. Estaré en contacto.

—¿Qué hay de Cheshvan? —dije. Ni siquiera había llegado a la mitad de las cosas que quería discutir con él, y ya se estaba yendo. —Empieza esta noche.

Peter dio un asentimiento brusco. —Hay una mala sensación en el aire. Estaré cuidando de ti, pero quiero que tú también cuides tu espalda. No estés afuera más tarde de lo necesario. La salida del sol es tu corte esta noche.


Desde que no veía el punto en regresar al colegio sin una excusa válida, y desde que si me iba ahora, sólo tendría una última clase de una hora, decidí quedarme en la casa de Peter y hacer una especie de análisis de pensamientos. 

Ángeles Caídos #4: Ocho

—Te doy la oportunidad de hacer esto de la forma más fácil, pero me estoy quedando sin paciencia —dijo Pepper. Colocó la pistola en un estuche de su cintura, liberando sus manos para limpiar su sudorosa frente. —Si no puedo lograr atrapar a Peter, entonces haré que él venga hacia mí.

Me di cuenta hacia donde iba la conversación. —¿Esto es un secuestro?

—Necesito que Peter haga algo por mí. Un pequeño…favor. Eso es todo. Inofensivo, de hecho.

Tenía el presentimiento que “favor” incluía seguir a Pepper hasta el infierno, justo antes que él se liberara y cerrara las puertas en las narices de Peter.

—Soy uno de los buenos chicos —dijo Pepper. —Un arcángel. Él puede confiar en mí. Deberías haberle dicho que confíe en mí.

—La forma más rápida de romper su confianza sería secuestrarme. Piénsalo detenidamente, Pepper. Llevarme contigo no hará que Peter coopere.

—Hay un montón de cosas que estás sucediendo. Me he quedado sin opciones, ¿no puedes verlo?

—Eres un arcángel, Pepper. Y aun así, aquí estás, dando vueltas por la Tierra, cargando una pistola y amenazándome. No creo que sea inofensivo, así como tampoco creo que no quieras hacerle daño a Peter. Los arcángeles no revolotean por la Tierra por periodos extensos de tiempo, y no se llevan rehenes. ¿Sabes qué creo? Te has vuelto malo.

—Estoy aquí para una tarea. No soy malo, pero si me he tomado ciertas…libertades.

—Casi estoy tentada a creerte.

—Tengo un trabajo para tu novio que sólo él puede hacer. No quiero secuestrarte, pero me has forzado a hacerlo. Necesito la ayuda de Peter, y la necesito ahora. Camina hacia el bote. Cualquier movimiento repentino y disparo.

Pepper hizo un gesto y el bote se movió obedientemente a través del agua, moviéndose hacia la rampa más cercana. Peter no me había dicho que los arcángeles podían mover objetos. No me gustaba esta sorpresa, y me pregunté qué tanto complicaría mi intento de escapar.

—¿No escuchaste? Él ya no es mi novio —le dije a Pepper. —Estoy saliendo con Maxi Recca. ¿Seguro has escuchado de él? Todos lo han hecho. Peter es cien por ciento mi pasado.

—Supongo que lo descubriremos, ¿verdad? Si tengo que volver a pedirte que camines, voy a dejar un hueco en tu pie.

Alcé mis brazos a la altura de mis hombros y caminé hacia la rampa. Un poco tarde deseé haber traído conmigo mi chaqueta con el dispositivo de rastreo. Si Peter supiera donde estoy, vendría por mí. Tal vez había puesto un dispositivo en mi chaleco también, pero no podía contar con ello. Y desde que no sabía dónde estaba Peter, o si estaba bien, tampoco podía contar con él.

—Sube al bote —me ordenó Pepper. —Toma la cuerda del asiento y ata tus manos.

—Estás hablando en serio —dije. Miré alrededor, hacia los árboles que bordeaban el río. Si llegaba a ellos, podía esconderme. Los disparos de Pepper tendrían más éxito golpeando los árboles que a mí.

—A treinta millas de aquí, tengo un lindo almacén con tu nombre. Una vez que lleguemos ahí, le daré a tu novio un anillo. —Hizo un puño, extendiendo su pulgar y dedo meñique, y colocó el celular cerca de su oreja. —Veremos si no llegamos a un acuerdo. Si jura lealtad para realizar un tema personal, puede que logres verlo, además de a tus amigos y familia.

—¿Cómo vas llamarlo? Tienes su celular.

Pepper frunció el ceño. No había pensado esto a profundidad. Tal vez podía usar su desorganización para mi ventaja.

—Entonces tendremos que esperar a que él nos llame. Para tu suerte, esperemos que no se demore.

A regañadientes, subí al bote. Cogí la cuerda y empecé a hacerle nudo. No podía creer que Pepper fuera tan estúpido. ¿Realmente creía que una cuerda me detendría?

Pepper respondió a mi pregunta. —En caso que estés pensando en escapar, deberías saber que esa cuerda está encantada. Se ve inofensiva, pero es más fuerte de que el acero. Ah y, una vez que hayas asegurado tus muñecas, la volveré a encantar. Si intentas liberarte, enviará doscientos voltios de electricidad a tu cuerpo.
Intenté mantener la compostura. —¿Un truco especial de arcángeles?

—Solo digamos que soy más poderoso de lo que crees.

Pepper balanceó una pierna sobre el bote, balanceando su pie en el asiento del conductor. Antes que pueda llevar su otra pierna, golpeé mi cuerpo contra un lado del bote, balanceándolo con fuerza lejos de la rampa. Pepper se quedó en un solo pie, el otro afuera, con una abertura de aire entre sus piernas.

Reaccionó instantáneamente. Se lanzó hacia el aire, flotando varios pies por encima del bote. Volando. En mi decisión de último minuto de hacerlo perder el balance, me había olvidado que tenía alas. Y no sólo eso, pero ahora se veía claramente furioso.

Me lancé al agua, empezando a nadar hacia el centro del río, escuchando disparos siendo lanzando hacia el agua desde lo alto.

Un chapoteo se escuchó detrás de mí, y sabía que Pepper estaba nadando hacia mí. En cuestión de segundos me atraparía y completaría la promesa de colocar un hueco en mi pie, y probablemente algo peor. No era tan fuerte como un arcángel, pero ahora era una Nephil y había entrenado con maxi…dos veces. Decidí hacer algo increíblemente estúpido o increíblemente valiente.

Colocando mis pies firmemente en el lecho de arena, me empujé hacia arriba con todas mis fuerzas, saliendo del agua. Para mi sorpresa, me excedí, elevándome sobre las copas de los árboles que rodeaban la orilla. Podía ver por millas de millas, más allá de las fábricas y campos, hacia la carretera con los autos que se veían pequeños y los tractores. Más allá de eso, un conjunto de casas, tiendas y parques.

Tan rápido como sucedió, perdí velocidad. Mi estómago se sintió vació, y el aire se sentía contra mi cuerpo mientras iba en la dirección contraria, en reversa. El río se venía contra mí. Tenía la urgencia de mover mis brazos como si fueran molinos, pero mi cuerpo no se sentía como para hacerlo. Mis pies golpearon la rampa del bote, regresándome al agua.

Más balas pasaron por mis orejas. Me removí entre los escombros, me lancé hacia la orilla y tomé envión hacia los árboles. Dos mañanas de correr en la noche me habían dado algo de preparación, pero no explicaba por qué de pronto estaba corriendo a la velocidad de Maxi. Los árboles pasaban como un borrón, pero mis pies se alzaban y balanceaban con facilidad, como si anticiparan los pasos necesarios segundos antes que lo haga mi mente.

Corrí hasta el estacionamiento y entré a mi auto, saliendo lo más rápido posible. Para mi sorpresa, ni siquiera había respirado.

¿Tal vez era la adrenalina? Pero no lo creía.

Conduje hasta una farmacia y estacioné el auto en un sitio situado entre dos camiones, así me escondía de la calle. Luego caí rendida en el asiento, tratando de hacerme invisible. Estaba segura que había perdido a Pepper en el río, pero no perdía nada siendo cautelosa. Necesitaba tiempo para pensar. No podía irme a casa. No podía volver al colegio. Lo que realmente necesitaba era encontrar a Peter, pero no sabía por dónde empezar.

Mi celular sonó, sacándome de mi ensueño.

—Hey Esposito —dijo Benja. —Cande y yo estamos yendo a Taco para almorzar, pero la gran pregunta del día es: ¿dónde estás? Ahora que puedes conducir y tienes llantas, ejem ejem gracias a mí, no tienes que almorzar en la cafetería del colegio. Para tu Información.

Ignoré su tono. —Necesito el número de Maxi. Mándamelo por mensaje y hazlo rápido —le dije a Benja. Tenía el número de Maxi en mi antiguo celular, pero no en este.

—¿Eh…por favor?

—¿Qué sucede?

—¿Para qué necesitas el número? Pensé que Maxi era tu novio….

Colgué e intenté pensar las cosas en profundidad. ¿Qué sabía con certeza? Que un arcángel liderando una doble vida quería secuestrarme y usarme como incentivo para que Peter le haga un favor. O para que deje de chantajearlo. O ambos. También sabía que Peter no era el chantajeador.

¿Qué información me faltaba? Mayormente, dónde estaba Peter. ¿Estaba a salvo? ¿Se contactaría conmigo? ¿Necesitaba ayuda?

¿Dónde estás Peter? Le grité al universo.

Mi celular vibró.

Aquí está el número de Maxi. Y para que sepas, he escuchado que el chocolate funciona bien para el síndrome pre-menstrual —fue el mensaje de Benjamín.

—Gracioso —dije en voz alta, marcando el número de Maxi. Contestó al tercer timbrazo. —Necesitamos vernos —dije.

—Escucha, si sobre esta mañana…

—¡Claro que es sobre esta mañana! ¿Qué me diste? Tomé un líquido desconocido, y de pronto puedo correr tan rápido como tú y alzarme cincuenta metro sobre el suelo, y estoy bastante segura que mi visión está mucho mejor.

—Se irá con el tiempo. Para mantener esa velocidad, necesitas tomar esa cosa azul todos los días.

—¿Esa cosa azul tiene nombre?

—No por el teléfono.

—Bien. Encuéntrame en persona.

—Nos encontramos en el Rollerland en treinta.

—¿Quieres encontrarme en el parque para patines?

—Es mediodía de un día de semana. No habrá nadie más ahí que mamás y niños. Se vuelve fácil encontrar espías potenciales.

No estaba segura de quién pensaba Maxi que nos podía estar espiando, pero sentía una sensación extraña flotando en mi estómago. Lo que sea que fuera esa cosa azul, alguien más que Maxi la quería. Mi mejor adivinanza, era una especie de droga. Los poderes que me habían dado eran irreales, mis poderes físicos fueron…ilimitados. Cuando Hank estaba vivo, había experimentado con devilcraft, usando los poderes del infierno a su ventaja. Los objetos que encantaba habían tenido siempre un color medio azul. Hasta ahora creía que ello había muerto con Hank, ahora tenía dudas.

Poco después me encontré con Maxi en el Rollerland. Estaba usando unos vaqueros y una camisa simple, además de anteojos de sol.

—¿Vas a patinar? —me preguntó, mirando mis pies.

—La señal decía que tenía que alquilar patines para pasar la entrada.

—Podías haber usado tu truco mental para que te dejen pasar —dijo, mostrando sus zapatillas.

Mi humor se oscureció. —Así no juego yo.

Dante se encogió de hombros. —Entonces te estás perdiendo un montón de ventajas de ser Nephil.

—Cuéntame sobre el líquido azul.

—Es una bebida mejorada.

—¿Con qué está mejorada?

Maxi inclinó su cabeza hacia la mía y habló en un susurro. —Devilcraft. No es tan malo como suena—me aseguró.

Mi espina dorsal se endureció y los vellos en la parte de atrás de mi cuello se levantaron. No, no, no. Se supone que Devilcraft había desaparecido con Hank.

—Sé lo que es devilcraft, y pensé que había sido destruido.

Maxi frunció las cejas. —¿Cómo sabes sobre el devilcraft?

—Hank lo usaba. También Chauncey. Pero cuando Hank murió… —Me detuve. Maxi no sabía que yo había matado a Hank, y decirlo no ayudaría a mi amistad con los Nephils, incluido Maxi. —Peter solía espiar a Hank.

Asintió. —Lo sé. Tenían un trato. Peter nos daba información de los ángeles caídos.

—Hank le contó a Peter sobre el devilcraft —mentí. —Pero Peter me dijo que cuando Hank murió, el devilcraft se fue con él. Peter tenía la impresión que Hank era el único que sabía cómo manipularlo.

Maxi sacudió su cabeza. —Hank colocó  su mano derecha, Blakely, a cargo de desarrollar prototipos de devilcraft. Él sabe más del devilcraft que Hank. Recientemente, ha formulado una bebida que elevará los poderes de los Nephils. Incluso nos estamos nivelando, Lali —dijo, con sus ojos brillantes. —Solía tomar diez Nephils por cada ángel caído. Ya no más. He estado probando la bebida para Blakely, y cuando tome la mejorada, yo seré el que tenga ventaja sobre los demás. Puedo pelear contra cualquier ángel caído sin temer que sea más fuerte que yo.

Mis pensamientos dieron vueltas rápidamente. ¿Los Nephils tenían un arma secreta que era fabricaba en un laboratorio secreto? Le tenía que contar a Peter.

—¿Esto tiene que ver con la bebida que me diste?

—Sí. —Sonrió. —Ahora entiendes de qué estoy hablando.

—¿Cuántos Nephils saben sobre esta bebida o la han tomado?

Maxi se inclinó hacia atrás en la banca y suspiró. —¿Estás preguntando por tu curiosidad? —Se detuvo. —¿O para compartir nuestro secreto con Peter? —Dudé y el rostro de Maxi cayó. —Tienes que escoger Lali. No puedes ser leal tanto a Peter como a nosotros. O estás con los Nephils o en contra de nosotros.

La peor parte de esta conversación era que Maxi tenía razón. En el fondo, lo sabía. Peter y yo habíamos acordado que nuestro interés en la guerra era salir de esta juntos, y sanos. Pero, entonces, ¿dónde quedaban los Nephils? Supuestamente era su líder y les estaba pidiendo que crean que les iba a ayudar, pero en verdad no lo estaba haciendo.

—Si le dices a Peter sobre el devilcraft, él no se quedará tranquilo —dijo Maxi. —Él irá tras Blakely e intentará destruir el laboratorio. No tanto por un tema moral, sino por preservarse a sí mismo. Esto ya no se trata solo de Cheshvan —explicó. —Mi objetivo no es empujar a los ángeles caídos contra una línea arbitraria, como dejar que nos sigan poseyendo. Mi objetivo es aniquilar toda la raza de ángeles caídos con el devilcraft. Y si hasta ahora no la conoces, pronto lo harán.

—¿Qué?

—Hank tenía un plan. Este era. La extinción de su raza. Blakely cree que con un poco más de tiempo puede desarrollar un prototipo de un arma suficientemente fuerte para matar a un ángel caído, algo que nunca fue considerado. Hasta ahora.

Salté de la banca y empecé a caminar de un lado a otro. —¿Por qué me estás contando todo esto?

—Es tiempo que tomes tu decisión. ¿Estás con nosotros o no?

—Peter no es el problema. Él no está trabajando con los ángeles caídos. Él no quiere guerra. —El único objetivo de Peter era asegurarse que yo me quedara en el poder, completara mi juramento y salga con vida. Pero si le contaba de devilcraft, Maxi tendría razón: Peter haría todo lo posible por destruirlo.

—Si le cuentas sobre el devilcraft, todo estaría perdido para nosotros —dijo Maxi.

Me estaba pidiendo que lo traicione a él, a Benjamín y a cientos de inocentes Nephils….o a Peter. Un peso muy grande rodó por mi estómago. El dolor era muy filoso, casi me desmayo.

—Tómate la tarde para pensarlo —me dijo Maxi, levantándose. —A menos que me digas lo contrario, espero que estés lista mañana a primera hora para entrenar. —Me observó por un momento, sus ojos marrones fijos pero con una sombra de duda. —Espero que aún estemos del mismo lado, Lali —dijo silenciosamente, antes de desaparecer.

Tarea prioritaria luego de la charla con Maxi: encontrar a Blakely y su laboratorio secreto. Luego de encontrar a Peter.


***

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domingo, 1 de junio de 2014

Ángeles Caídos #4: Siete

Dando paso por paso logré caminar entre el bosque. Para el momento en que encontré mi casa, casi todo el fuego en mis huesos se había disipado. Mi respiración había regresado a la normalidad, pero aún estaba asustada. ¿Qué me había dado Maxi? ¿Y…por qué?

Llegué a casa, me quité los zapatos y subí sin hacer bulla hasta mi cuarto. El reloj decía que eran las siete y diez de la mañana. Antes que Maxi llegara a mi vida, esta hubiese sido la hora normal de levantarse. La mayoría de días me despertaba sintiéndome refrescada, relajada, pero estaba mañana estaba exhausta y preocupada. Agarrando ropa limpia, me dirigí a la ducha y me preparé para el colegio.

A diez para las ocho, estacioné mi auto en el colegio y me dirigí hacia mis clases. Una vez adentro, guardé mis cosas en mi casillero, cogí mis libros del primer periodo y me dirigí a clases. Mi estómago pedía comida, pero estaba muy preocupada como para comer. La bebida azul aún se sentía raro en mi estómago.

Ingresé a mi primera clase del día: Historia de los Estados Unidos. Tomé asiento y miré mi celular en busca de nuevos mensajes. Aún ni una palabra de Peter. Está todo bien, me dije a mí misma. Probablemente algo sucedió. Pero no podía ignorar la sensación de que algo no andaba bien. Peter me había dicho que vendría la noche anterior, y era raro que rompiera una promesa. Especialmente desde que sabía lo triste que estaba luego de la falsa ruptura.

Estaba por guardar mi celular cuando vibró con un mensaje nuevo.

—Encuéntrame en el Río WentWorth —era Peter.

—¿Estás bien? —inmediatamente le respondí.

—Sí, estaré en los botes. Asegúrate que no te sigan.

Peter me había dicho que estaba bien, pero no estaba convencida. Si estaba bien, ¿por qué me llamaba en horario de clase, y por qué nos estaríamos encontrando en el río?

Me acerqué al escritorio de la profesora. —Disculpe, ¿profesora? No me estoy sintiendo bien. ¿Puedo ir a recostarme un rato en la enfermería?

La profesora removió sus lentes y me estudió. —¿Todo está bien Lali?

—Es ese momento del mes —susurré. ¿Podía ser más creativa?

Suspiró. —Si me pagaran por cada vez que una estudiante dice eso…

—No le pediría permiso si los cólicos no me estuvieran matando. —Consideré acariciar mi estómago pero decidí que tal vez era mucha falsedad.

—Pídele una pastilla a la enfermera. Cuando te sientas mejor, te quiero aquí de vuelta. Estamos empezando nuestra unidad sobre la era de la república. Si no tienes a quien pedirle sus apuntes, vas a pasarte las dos siguientes semanas tratando de entender algo.

Asentí vigorosamente. —Gracias. Realmente lo aprecio.

Salí y troté hacia las escaleras. Asegurándome que no había nadie observando en los pasillos, salí por una puerta trasera. Me metí al auto e hice una pausa. Esta parte había sido fácil, lo difícil sería conseguir una nota de permiso de la enfermera. Esperemos que no me atrapen y termine en detención.

El estacionamiento para ingresar a los botes en el río estaba vacío. Después de estacionar, traté de esconderme en el camino, esperando a ver si alguien me seguía. Luego caminé por el pasillo que llevaba hacia los botes. Rápidamente me di cuenta por qué Peter había elegido este lugar: además de unas cuantas aves cantarinas, estábamos completamente solos.  Tres cadenas de botes estaban estiradas en el río, pero no había ni un solo bote. Caminé hasta el final y miré alrededor. Nada de Peter.

Mi celular vibró.

—Estoy en el matorral de los árboles al final del pasillo —me escribió Peter.

Seguí el camino, y fue ahí cuando Pepper Friberg salió detrás de un árbol. Tenía el celular de Peter en una mano y una pistola en la otra. Mis ojos se concentraron en la pistola y tomé un involuntario paso hacia atrás.

—No te mataré, pero una bala puede ser bastante dolorosa —dijo.

—¿Y debo asumir que tú sabes lo que se siente? —respondí.

Sus ojos volaron a ambos lados del camino. Sus dedos tenían las uñas comidas, estaba nervioso. —Si sabes lo que soy, y estoy seguro que Peter te lo ha dicho, entonces sabes que no puedo sentir dolor.

—Sé que eres un arcángel, y sé que no has estado jugando bajo las reglas. Peter me dijo que has estado teniendo una doble vida, Pepper. ¿Un poderoso arcángel pasándose por humano? Con tus poderes, lo has logrado. ¿Estás detrás de dinero? ¿Poder? ¿Pasar un buen rato?

—Ya te dije que estoy buscando: a Pter —dijo. —¿Por qué no quiere verme?

Eh, porque quieres encadenarlo al infierno, pensé. Hice un gesto hacia el celular de Peter. —Buen truco, traerme aquí con su celular. ¿Cómo lo conseguiste?

—Se lo robé ayer, en el bar. Lo encontré escondiéndose en una camioneta estacionada al otro lado de la entrada. Se logró escapar antes que lo atrape pero en su apuro, se olvidó recoger sus cosas, incluyendo su celular con todos sus contactos. He estado llamando y escribiéndole a números toda la mañana intentado encontrarte.

Respiré con alivio. Peter había escapado. —Si me trajiste aquí para interrogarme, estás sin suerte. No sé dónde está Peter. No he hablado con él desde ayer. De hecho, parece que fuiste el último en verlo.

—¿Interrogarte? ¿Cómo me veo? ¿Cómo un criminal común?

—¿Si no quieres interrogarme, por qué traerme hasta aquí? —Hasta ahora todo había sido normal, pero me estaba poniendo nerviosa. No confiaba en Pepper.

—¿Ves ese bote de allá?

Seguí la mirada de Pepper, en la esquina del río. Un bote a motor de color blanco se balanceaba. Costoso, delgado y probablemente muy rápido. —Lindo bote. ¿Te vas de paseo? —pregunté, tratando de no sonar preocupada.

—Sí. Y tú vienes conmigo. 


***

Ángeles Caídos #4: Seis

La noche terminó bastante extraña. Me sentí bastante mal por mentirle a Cande respecto a lo que realmente había sucedido en el bar, pero era la única forma de protegerla. Le conté que había terminado con Peter y se lo creyó, fingí un poco de tristeza pero no del todo ya que lo extrañaba mucho y quería hablar con él para asegurarme que todo estaba bien entre nosotros. Lo extraño fue que Cande no me terminó de creer toda la historia que le había inventado, y terminó diciéndome que ella también tenía secretos que algún día me contaría.

Y el día empezó con Maxi y bastante ejercicio. Me hizo correr y tratar de alcanzar objetivos casi imposibles, mis piernas dolían de tanto ejercitarse; estaba tan cansada y me sentía tan impotente de no poder renunciar a esta guerra que estallé. Maxi se las ingenió para responderme.

—Hice un juramento con tu padre que te ayudaría a ser exitosa. MI cuello está en la línea de fuego tanto como el tuyo. No estoy aquí todas las mañanas para ganar un par de puntos de buena gente. Estoy aquí porque necesito que ganes. Mi vida está corriendo en tus hombros.

—¿Estás diciéndome que si no voy a la guerra y no gano, tú morirás? ¿De eso se trata el juramento que hiciste?

Exhaló, largo y lento antes de responder. —Sí.

Cerré mis ojos, acariciándome mi frente. —Realmente desearía que no me lo hubieses dicho.

—¿Estresada?

Recostándome contra un tronco, dejé que la briza sople contra mi piel. No sólo podía potencialmente matar a mi madre y a mí misma si fallaba en liderar el ejército de mi padre, sino que ahora también podía matar a Maxi. ¿Y qué había de la paz? ¿Qué había de mi trato con los arcángeles?

Maldito Hank. Todo era su culpa. Si él se hubiese ido de frente al infierno sin dejar nada por resolver nada de esto estaría sucediendo.

—Lisa Martin y la gente de alto rango en la comunidad Nephil quieren reunirse contigo de nuevo —dijo Maxi—. He estado tratando de mantenerme aquí porque sé que no estás lista para empezar la guerra, estoy preocupado de cómo reaccionarán ellos. Necesitamos que ellos te mantengan en el poder. Para poder lograr eso, necesitamos que ellos piensen que tus deseos están alineados con los de ellos.

—Aún no quiero conocerlos —dije automáticamente—. Sigue tratando de retrasar esto. —Necesitaba tiempo para pensar. Tiempo para tomar una decisión. ¿Quién era mi mayor amenaza, los arcángeles o los rebeldes Nephils?

—¿Quieres que les diga que por ahora, quieres que todo pase a través de mí?

—Sí —dije, agradeciéndole. —Haz lo que tengas que hacer para que me des un poco más de tiempo.

—Por cierto, escuché sobre tu ruptura de ayer por la noche. Debes de haber realizado un buen espectáculo. Los Nephils se lo están creyendo.

—Pero tú no.

—Peter me contó. —Me guiñó un ojo. —Pero de todos modos no me lo hubiese creído. Los he visto juntos, lo suficiente. Lo que ustedes tienen no muere así de fácil. Toma —dijo Maxi, entregándome una botella de Gatorade de color azul. —Toma. Has perdido bastante líquido.

Asentí con gratitud y tomé profundamente. El líquido pasó por mi garganta e instantáneamente sentí calor por mi garganta y todo mi cuerpo. Me incliné hacia adelante, tosiendo.

—¿Qué es esto? —jadeé.

—Hidratación para después de ejercitarse —dijo, pero no me miró a los ojos.

Continué tosiendo, mis pulmones llenándose de espasmos. —Pensé que era Gatorade….¡eso es lo que dice la botella!

Toda emoción se desvaneció de su rostro. —Es por tu propio bien —dijo, antes de desaparecer velozmente.


Seguía inclinada a la altura de mi cintura, sintiendo como si cuerpo se estuviera llenando de fuego. Destellos de azul eléctrico quemaron por mis ojos. El mundo se empezó a inclinar a la izquierda…luego a la derecha. Agarrando mi garganta, me incliné hacia adelante, temiendo que si me desmayaba aquí donde estaba – tan lejos de todo – nunca sería encontrada. 


***

¡Lamento la demora y gracias por los comentarios!
Más tarde otro más :)