domingo, 20 de mayo de 2012

El Designio del Ángel: Trece

Idaho Falls (parte uno)

Fue idea de mamá que invite a Ángela y Cande a la casa, dijo que sería bueno que fuéramos a un centro comercial, que queda en Idaho Falls, para ayudar a Cande a buscar unos zapatos para el baile de graduación. Yo acepté que Ángela venga pero con la condición que ella no hablara nada acerca de ángeles; y, por más que ella me aseguró que no lo haría…ya llevaba como diez minutos charlando con mamá acerca de la gloria y los ángeles de sangre.

- Lo llamamos gloria – responde mamá cuando Ángela le pregunta acerca del brillo que emanamos
- ¿Y, para qué sirve? – pregunta Ángela
- Sirve para muchas cosas
- Apuesto a que es muy útil – dice mi amiga – como una linterna personal. Y te hace parecer un ángel. Nadie lo pondría en duda si enseñas tus alas y el brillo. Pero se supone que eso no se hace, ¿verdad?
- Nunca debemos revelar nuestra naturaleza – dice mi madre, mirándome por un instante – aunque hay excepciones. La gloria tiene un extraño efecto en los humanos
- ¿Qué efecto?
- Los aterra

Eso no lo sabía y Ángela tampoco.

- Entiendo – dice mi amiga - ¿pero qué es exactamente la gloria? Tiene que ser algo más que un simple brillo, tiene que tener alguna clase de efecto, ¿verdad?
Mamá se aclara la garganta, ahora si está incómoda. Es algo de lo que nunca me ha hablado.
- Tú siempre dices que me sería mucho más fácil volar si pudiera acceder a la gloria – suelto – lo dices como si fuera una fuente de energía
- Es así como nos conectamos con Dios – dice, suspirando
- ¿Cómo? – pregunta Ángela - ¿cómo cuando la gente reza?
- Cuando alcanzar la gloria estás conectada con todo. Puedes oír la respiración de los árboles. Puedes contar las plumas del ala de un pájaro. Sabes si va a llover. Eres parte de eso, de esa fuerza que uno todo lo viviente
- ¿Nos enseñarás cómo lo haces? – pregunta Ángela
- Eso no se enseña. Tienes que aprender tú sola a relajarte, a despojarte de todo menos de aquello que te convierte en lo que eres, tú esencia. No son tus pensamientos ni tus sentimientos. Es el ser que está por debajo de todo eso.
- Bueno, parece difícil
- A mí me llevó cuarenta años antes de conseguirlo – dice mi madre – algunos ángeles de sangre nunca llegan a alcanzar ese estado. Aunque puede desencadenarse por hechos o emociones intensas
- Como le ocurre a Mar con su pelo, ¿verdad? – mamá se levanta de la mesa y se acerca a la ventana
- Hay una camioneta azul en la entrada – dice mi madre al cabo de un rato – Cande ya ha llegado

Dejo a mamá con Ángela y corro a recibir a Cande, que sin darse cuenta, me rescata de esta conversación de ángeles. Peter la ha traído, está apoyado en la camioneta, con la mirada fija en el bosque.

- Hola Zanahoria – dice cuando me ve – bonito día para ir de compras – añade
- Supongo que sí – digo

Cande cierra con fuerza la puerta de la camioneta y sube al porche justo cuando Ángela sale de la casa.

- Hola Ángela! – dice sonriendo - ¿cómo estás?
- Muy bien – contesta la aludida
- Tengo tantas ganas de ir a Idaho Falls…nunca he estado ahí
- Yo tampoco

Peter sigue ahí y sigue contemplando mi bosque. Bajo los peldaños del porche y me acerco a él.

- ¿Así que comprando vestido para el baile? – comenta cuando me sitúo a su lado
- Mm…algo así. Cande necesita zapatos. Ángela sólo algunos accesorios, porque su madre le hizo el vestido. Y yo sólo voy de paseo, supongo
- ¿No vas al baile?
- No – aparto la mirada, incómoda
- ¿Y, por qué no? – lo miro como diciendo ¿tú qué crees? - ¿nadie te lo ha propuesto? – me pregunta y niego con la cabeza

Se frota la nuca y desvía la mirada hacia el bosque; se aclara la garganta. Por un instante se me cruza la absurda idea de que va a invitarme al baile de graduación, y mi corazón da un estúpido vuelco del miedo que me provoca sólo pensarlo. Porque tendría que rechazarlo delante de Cande y Ángela, y sería humillante para él. De verdad que no quiero verlo humillado.

- Ve sola – dice en cambio – es lo que yo haría – casi río del alivio
- Bueno
- Ya me voy – le grita a Cande – ven aquí un momento
- Mar me llevará a casa, así que por hoy ya no necesitaré de tus servicios – le dice Cande, como si fuera su chofer

Peter asiente y la coge del brazo, apartándola de la camioneta para hablarle en voz baja.

- No sé cuánto cuestan unos zapatos, pero esto podría ayudar – le dice Peter
- Peter Lanzani – dice Cande – sabes que no puedo aceptarlo
- Yo no sé nada – Cande bufa
- Eres un amor. Pero esto es dinero de tu trabajo. No puedo aceptarlo
- Conseguiré más
- Bueno, está bien – dice, un poco enojada

Peter abraza a su hermana y sube a la camioneta, da la vuelta en círculo y se detiene para bajar la ventana.

- Diviértanse en Idaho. Ah, y Zanahoria…
- Dime
- Si finalmente decides ir al baile, resérvame una pieza, ¿está bien?

Antes de que me dé tiempo a procesar su petición, ya se ha marchado.

- Hombres – dice Ángela a mi lado
- Yo creo que ha sido un lindo detalle – dice Cande y yo bufo, confundida
- Vámonos de una vez

El Designio del Ángel: Doce

Desafiando a la fiera

Semana Santa consistió en siete días divertidísimos encerrada en casa con Stefano, que estaba castigado porque había ganado el campeonato regional de lucha libre. Dos semanas, sin televisión, teléfono e internet. Cande seguía sin hablarme y Ángela estaba ocupada ayudando a su madre con la limpieza de su casa. Así que es un alivio regresar al colegio.

A la hora del almuerzo me siento a esperar que Ángela aparezca; estoy comiendo un pedazo de pizza, cuando Cande entra a la cafetería prácticamente dando saltos. Se coloca en la cola del comedor y saluda frenéticamente a las chicas en la mesa de las Invisibles. Tiene esa expresión de “me muero por contártelo”. El mensaje que capto de Cande cuando llega a la mesa a pocos metros de distancia, y se sienta es: “Nunca sabrás lo que ocurrió”. Por un instante me mira a los ojos y sé que las dos queremos dejar atrás nuestra estúpida pelea y reconciliarnos, y que ella me cuente sus excitantes novedades.

- Me aceptaron en el programa de prácticas! – chilla Cande

Sus amigas la miran sin entender; pero yo sí lo entiendo. Es el programa de práctica en Montana del que lleva hablando sin parar desde que recibió el anuncio. Ese donde están todos los veterinarios graduados en la Universidad de Washington. Las chicas fingen darle importancia, parece que en el fondo están más interesadas en el baile de graduación porque inmediatamente después le preguntan con quién irá. Cande les cuenta que finalmente ella le pidió a Agustín para ir. Me alegro mucho por ella.

Ángela finalmente aparece. Arroja su bolsa con el almuerzo sobre la mesa y se sienta en frente de mí. Intuitivamente lanza una mirada hacia la mesa de las Invisibles, donde Cande y sus amigas siguen hablando sobre Agustín.

- Deberías reconciliarte con ella – dice Ángela – sea lo que sea, ella ya lo ha superado. Por cierto, ¿qué fue lo que le molestó tanto?
- Creo que estaba celosa porque pasaba mucho tiempo contigo
- Bueno, ahí no puedo hacer nada. Me sorprende, ¿sabes?
- Lo sé – digo con una sonrisa
- Hablando de sorpresas, tengo noticias para ti – se inclina hacia delante, con un brillo en sus ojos – escuché que Thiago y Luna han tenido problemas serios durante las vacaciones de Semana Santa – susurra – ahora entiendo por qué está sentado solo en el fondo
- ¿Qué clase de problemas?
- Una discusión a gritos en una fiesta delante de un centenar de personas. Existe el desagradable rumor de que Thiago conoció a una chica de otro equipo de porristas, en el campeonato estatal de esquí
- ¿Y, quién pondría a circular ese rumor? – sonríe astutamente
- Te lo dije, ¿verdad? Con rumor o sin rumor, era cuestión de tiempo

Es entonces cuando Luna entra en la cafetería. Lleva una falda que, estoy segura, infringe las normas del colegio, y más maquillaje de lo normal. Busca a Thiago con la mirada; él parece estar totalmente concentrado en su comida, sin levantar la vista, pero él sabe que ella está ahí y ella sabe que él lo sabe. Entonces, empieza a caminar y mueve las caderas hasta llegar a un grupo de deportistas novatos de primer y segundo año, que están sentados en una esquina. Toda la cafetería se da vuelta para mirarla. Ella escoge a uno de los chicos, como al azar y le dice algo suavemente, en el oído y le pasa la mano por el pelo. 

Después se da la vuelta y se sienta en el regazo de Stefano. Esto excede los problemas entre Thiago y Luna. Esto es Luna apoyándose en el pecho de Stefano y diciéndole algo al oído tan de cerca que podría lamerlo. Los ojos de Stefano se agrandan un poco, pero es obvio que está tratando de no perder la calma. No se mueve.

Me pongo de pie.

- ¿Me disculpas un momento? – le digo amablemente a Ángela

Tengo unas ganas de ir hasta ahí y pegarle un puñetazo a Luna. Tengo una serie de razones, pero esta es especial: está utilizando a mi hermanito para su retorcido juego.

- Espera – dice Ángela, cogiéndome del brazo con fuerza – tranquila Mar, Stefano no es un niño. Puede cuidar de sí mismo
- ¿Dónde está Thiago? – pregunta él con voz ronca
- No sé dónde está – ronronea Luna - ¿tú lo sabes?

Aparto la mirada. Thiago ha dejado de comer y está juntando los restos en su bandeja. Se pone de pie y camina hacia el contenedor de bandejas, se gira y lanza una mirada de desprecio en dirección de Luna, y se dirige hacia la puerta. Bien por él, pienso.

- Este es el momento – susurra Ángela – ve tras él
- Ahora quiere estar solo – digo - ¿no te parece?
- Cobarde – la miro con odio
- No me llames cobarde – exclamo de pronto, con rabia

Me alejo de Ángela y cruzo la cafetería con paso furioso hacia donde está Luna. Le toco el hombro.

- Perdona – le digo - ¿se puede saber qué haces? – levanta la mirada
- ¿Tienes algún problema Pippi?

Pippi. Como PippiCalzasLargas. Las risas se expanden por todo el comedor. Pero mamá tiene razón, no me perturba.

Foto: PippiCalzasLargas - personaje literario también conocida como Pippi Longstocking 

- Vaya, qué original. Ahora suelta a mi hermano, por favor

Alguien me coge del brazo y me aprieta suavemente. Volteo y veo a Cande a mi lado.

- Tú no eres así, Luna – dice Cande
- Sé que estás disgustada Luna, pero.. – empiezo a decir
- Tú no sabes nada – deja a Stefano y me mira con ojos furiosos

Los ojos de Stefano dicen otra cosa: No lo hagas. Me estás dejando en ridículo. Lárgate.

- Thiago no está – continúo – se ha ido. Así que para qué babearte con los novios de otras. ¿Quieres hacernos perder el apetito?
- ¿Tienes novia? – le pregunta a Stefano en tono meloso

Él mira a Luna y luego a Kiara, aquella noviecita reciente que está pálida, con dos manchas rojas en las mejillas y los ojos que echan chispas.

- Sí – contesta Stefano – Kiara Lozano. Ella es mi novia – sin duda, mi hermano está enamorado
- Pues nada – añade Luna y se levanta – nos vemos – dice antes de reírse y marcharse

Apenas sale de la cafetería, se produce una explosión de voces, mientras los demás estudiantes se lanzan a hablar todos a la vez. Cande me suelta el brazo.

- Ey – le digo – lamento todas las tonterías que te dije la última vez
- Yo también
- ¿Quieres hacer algo después de clase? – sonríe
- Claro – dice – me encantaría 

sábado, 19 de mayo de 2012

El Designio del Ángel: Once

Larga Vida a la Reina (parte dos)

Después del colegio, espero a Cande en el estacionamiento. Hemos quedado para estudiar en casa para un examen. No puedo evitar fijarme en el auto de Thiago, aparcado como siempre en el fondo. Cande se acerca y me da un golpecito en el brazo.

- Peter me dijo que hoy fuiste la reina – dice y aparto la vista del auto de Thiago
- Sí, hoy ejercí el poder. Literalmente
- Ojalá te hubiera visto con el vestido. Tendrías que haber venido a buscarme durante el almuerzo. Podría haberte ayudado
- No tienes que ayudarme con los trabajos de historia – respondo, como si no quisiera abusar de ella

Pero, la verdad es que no sé cómo hacer para compartir un mismo espacio con Ángela y Cande. Qué raro sería hablar de cosas normales como el colegio o los chicos ahora que estoy tan acostumbrada a hablar de los ángeles con Ángela. En las últimas semanas, apenas he visto a Cande en clase y en la cafetería, donde sigo compartiendo mesa con las Invisibles. La mayoría de los días después de clase he estado preparando con Ángela nuestro trabajo de historia.

- ¿Lista para el trabajo? – pregunto
- Sí claro, ya sabes que me encantan los trabajos – responde Cande y río, distraída en Thiago y Luna

Están hablando junto al auto. Luna le sonríe. Mientras ella habla acorta distancias, casi restregándose contra él. A él no parece molestarle. Se besan. No es un piquito, sino un beso largo y lento durante el cual ella enreda sus manos en el cuello y él la toma por la cintura, la estrecha y la levanta. Luego, Thiago la aparta y acaricia su mejilla, colocando un mechón de pelo detrás de su oreja. Le dice algo. Ella asiente. Le abre la puerta del lado del conductor y ella sube. Él sube detrás de ella y cierra la puerta. No puedo ver lo que pasa después, pero el auto no se mueve. No están yendo a ninguna parte. No parecen una pareja que está a punto de terminar, como me dijo Ángela, parecen felices.

- No me estás escuchando, ¿verdad? – dice Cande, levantando la voz

Doy un respingo, sobresaltada, y me volteo hacia ella. Cande inclina su cabeza, sus ojos entrecerrados.

- Lo siento – digo y sonrío - ¿te contó Peter que hoy lo hice ejecutar? Está bien ser una reina
- Thiago tiene novia, como te habrás dado cuenta – dice – yo que tú me olvidaría de él
- Qué tonta que eres – balbuceo
- Es la verdad
- No tienes idea
- Bueno, si te molestaras en contarme algo, tal vez la tendría – responde, cruzándose de brazos
- Está bien, ya sé, estás celosa. Por eso te comportas como una tonta

Aparta la mirada en un gesto que lo confirma. Está celosa de Ángela, por todo el tiempo que hemos pasado juntas.

- Estoy harta de ver cómo babeas por Thiago Bedoya como si fuera un dios, eso es todo
- ¿Y, a ti qué te importa, Can? – digo, perdiendo la paciencia, ha sido un día largo – es mi vida. ¿por qué no dejas de ser invisible de una vez y vives la tuya?

Se me queda mirando un rato, su cara enrojece poco a poco, sus ojos brillan con las primeras lágrimas que su terquedad le impedirá derramar. Me da la espalda. Puedo ver cómo sus hombros empiezan a temblar.

- Can…
- Olvídalo – responde, recoge su mochila y se la cuelga al hombro – creí que éramos amigas de verdad. Me equivoqué
- Cande, claro que eres mi amiga – digo, retrocediendo un paso – yo….
- No te ofendas, Mar, pero tú no eres el centro de todo – la miro fijamente - voy a coger el autobús, me voy a casa – anuncia, apartándome para pasar

El Designio del Ángel: Diez

Larga Vida a la Reina (parte uno)

Estoy de nuevo en casa de Ángela, probándonos los disfraces para hacer una pequeña presentación sobre nuestro trabajo de la Reina Isabel I. Soy yo la que representa a la reina y probarme el traje es toda una historia.

- En fin, ¿con qué vas a sorprenderme esta semana? – me pregunta Ángela después de habernos quitado los trajes
- ¿Qué te parece el concepto de designio?

Esto debí haberle hablado hace tiempo, sólo que no tenía ganas de hablar del tema. Pero ahora ya le he contado absolutamente todo lo que sé. Hasta he abierto mi diario de ángel – aquel en dónde escribo todo lo que me sucede desde que me enteré acerca de mi identidad – y le he dado a leer mis notas antiguas.

- Define designio – me dice
- Todo ángel tiene un designio que cumplir en este mundo. Normalmente le es revelado por medio de una visión
- ¿A qué edad tienes esta visión?
- Eso varía según cada persona, suele ser entre los trece y los veinte. Yo la tuve el año pasado.
- ¿Y, recibes un solo designio?
- Que yo sepa sí. Mamá dice que es la misión para la que nos han puesto en este mundo
- ¿Y, qué pasa si no cumples con el designio?
- No lo sé – respondo
- ¿Y, qué pasa después de cumplir? ¿Continúas con tu vida?
- No lo sé – repito – mi madre no quiere hablarme de eso
- ¿Cuál es tu designio? – me pregunta. No respondo - ¿se supone que es un secreto?
- No lo sé. Más bien, es algo personal
- Está bien – dice – no tienes que contármelo

Pero yo quiero contárselo. Quiero hablar del asunto con otra persona que no sea mi madre.

- Se trata de Thiago Bedoya – abre la boca, en sorpresa
- ¿Thiago Bedoya? – repite
- Veo un bosque en llamas, y a Thiago en medio de los árboles. Se supone que tengo que salvarlo
- Es difícil de creer
- Lo sé

Nos quedamos en silencio por unos segundos.

- ¿Esa es la razón por la que te mudaste aquí? – pregunta
- Pues sí. En la visión alcancé a ver el auto de Thiago y su matrícula, y eso nos trajo aquí
- ¿Cuándo crees que ocurrirá?
- Ojalá lo supiera. Durante la temporada de incendios, supongo
- No me extraña que estés obsesionada con él
- Ángela!
- En historia no le quitas el ojo de encima. Yo creía que sólo estabas estupidizada, como parecen estarlo todas las chicas del colegio. Me alegra saber que tú tienes una buena razón
- Bueno, ya hemos hablado bastante de ángeles – digo, poniéndome de pie – se enfría la lasaña
- Pero no me has preguntado por mi designio – dice ella
- ¿Conoces tu designio?
- Bueno, hasta ahora no sabía que era mi designio. Pero he estado teniendo esa misma clase de ensueño una y otra vez durante tres años
- ¿Y, cuál es?
- Hay un patio grande, y yo lo atravieso caminando deprisa, casi corriendo, como si llegara tarde. Hay mucha gente alrededor, gente con mochilas y tazas de café, así que creo que es algo así como un campus universitario. Es mediodía. Subo corriendo por unas escaleras de piedra y en lo alto hay un hombre con traje gris. Le pongo la mano en el hombro y él se gira – se detiene y respira – y, no lo sé, no sé qué pasa después. Supongo que tengo que llevarle un mensaje. Hay palabras, cosas que debo decir, pero nunca puedo recordarlas.
- Las recordarás cuando llegue el momento – le digo

Al día siguiente, es la famosa presentación de Historia Británica.

- Una capa más – dice Ángela – tu pelo es tan…irritante
- Te lo dije

Me llena la cabeza con otra nube tóxica de laca. Empiezo a toser. Cuando mis ojos dejan de lagrimear, me miro en el espejo. La reina Isabel me mira desde el otro lado. No parece contenta.

- Creo que deberíamos sacar una excelente nota
- No dudes de ello – dice ella – yo seré la que más hable, no lo olvides. Tú solo tienes que estar allí de pie y parecer hermosa. Yo soy la estudiante aplicada que sabe todo sobre la época

Los demás estudiantes se apartan para dejarme pasar mientras yo sigo a Ángela por el pasillo. Trato de sonreír mientras ellos me señalan y hablan entre ellos. Nos paramos delante de la puerta de la clase de historia. Ángela se da la vuelta y se pone a arreglar mi vestido.

Ella entra al aula, y yo me quedo en el pasillo escuchando, esperando, mi corazón empieza a latir rápidamente. Oigo a Ángela que habla, y al profesor que responde. La clase ríe de algo que ella ha dicho. Está explicando la cronología de la vida de la reina. Va a anunciarme después de la reina María I. Falta un minuto. Respiro hondo. Thiago está ahí dentro, puedo verlo a través de la ventanita, sentado en la primera fila con la cabeza apoyada en la mano.

- Y, sin más preámbulos – anuncia Ángela en voz alta – recibamos a Su Majestad, la reina Isabel I de la Casa Tudor, reina de Inglaterra y de Irlanda…..Peter, abre la puerta

La puerta se abre y entro al aula con toda la elegancia posible. Con cuidado de no tropezar con el enorme vestido, me dirijo al frente para situarme al lado de Ángela. La clase entera parece contener el aliento; me mira como si fuera la auténtica reina Isabel I que ha viajado a través del tiempo. De repente me siento bella y poderosa, como si de verdad corriera sangre noble por mis venas. Ya no soy Bozo.

Foto: La Reina Isabel I

- La reina María ha muerto – anuncia Ángela – larga vida a la reina Isabel

Y, empiezo mi discurso. Pequeño pero elegante. La clase permanece en silencio. Miro a Thiago que me observa como si nunca antes me hubiera visto. Nuestros ojos se encuentran. Sonrío. De pronto, empiezo a sentir un olorcito a humo en el aire. Por favor, vete. Le imploro a la visión, pero es inútil. Estoy con Thiago en el bosque. Lo miro a los ojos. Esta vez está muy cerca, tan cerca que puedo oler su maravillosa mezcla de aromas. Podría alargar la mano y tocarlo. Pero, me invade la pena, esa tristeza tan intensa y dolorosa que enseguida me llena los ojos de lágrimas. Bajo la cabeza y noto que él sostiene mi mano, los largos dedos de Thiago entrelazados con los míos. Su pulgar acariciando mis nudillos. Tomo aliento, espantada.

¿Qué significa?

Levanto la vista. Vuelvo a estar en la clase, mirando a Thiago. Alguien se ríe disimuladamente. El profesor me mira expectante.

- ¿Su majestad? – habla el profesor y de pronto recuerdo lo que sigue
- Me siento fuerte – me apresuro a decir, sin apartar la mirada de Thiago y él vuelve a sonreír – sé que tengo el cuerpo de una mujer frágil y débil – añado – pero tengo la fuerza y las agallas de un rey
- Larga vida a la reina! – grita el profesor, seguido por toda la clase

No puedo contener la sonrisa. Ángela, más aliviada después de que he acabado mi parte, empieza a entrar en los detalles del reinado de Isabel. Ahora sólo debo estar de pie y parecer hermosa, como ella dijo.

- ¿La reina murió virgen? – pregunta Peter, desde el fondo de la clase

Ángela no vacila. Enseguida explica cómo Isabel utilizaba la imagen de virgen para volver más atractivo su estatus de soltera.

- Sir Peter – digo de repente, interrumpiendo a Ángela
- ¿Sí?
- Creo que la respuesta correcta es “sí, Su Majestad” – digo. No puedo permitir que se burle de mí delante de toda la clase
- Sí, Su Majestad – responde con sarcasmo
- Cuidado con lo que dice, sir Peter, puede terminar en el cepo[1]


Foto: El Cepo

- Ella no puede hacer eso, ¿verdad? – se dirige al profesor – no es la soberana de esta clase
- Hoy ella es la reina – dice el profesor – si yo fuera usted, me callaría
- Deberías quemarlo, Su Majestad – dice uno de los chicos
- Sí, todos los que están a favor de la muerte de sir Peter, el hereje, levanten la mano – dice Ángela

Todos levantan su mano, excepto Peter, que está en el fondo con brazos cruzados.

- Ahora que ya está resuelto – continúa mi amiga – hablaré de la derrota de la Armada Española


[1] El cepo es un artefacto ingenioso, ideado para sujetar, retener o inmovilizar algo, o alguien, como consecuencia de alguna determinada conducta del inmovilizado

jueves, 17 de mayo de 2012

El Designio del Ángel: Nueve

Sassy y el rancho

Es Marzo y con este mes, la primavera ha llegado. Durante todo el invierno, he pasado mucho tiempo con Ángela en el teatro, lo que a mi madre no le gusta, pero como son reuniones por motivos de estudios (al final estamos haciendo un trabajo sobre la reina Isabel I) ella no puede oponerse. Y, los fines de semana, he estado esquiando; me he encontrado con Thiago un par de veces y hemos conversado un poco, sobre todo acerca de Luna. También he estado viendo que Peter anda saliendo con una chica, al menos siempre está con ella tomando un café.

Cande aprovecha que ha llegado el calor para convencerme de montar a caballo. Así que estoy en un rancho, sentada sobre una yegua negra y blanca llamada Sassy. Cande dice que es un buen caballo para aprender porque tiene casi treinta años y se resiste poco. Eso me calma un poco, aunque rápidamente me siento tan familiarizada con montar caballo que parece que llevara toda la vida cabalgando.

- Lo estás haciendo muy bien – dice Cande

Sassy alza las orejas. A la distancia, veo a dos hombres a caballo, galopando hacia el establo que está al fondo del prado. El sonido de sus risas llega hasta nosotras.

- Son papá y Peter – dice Cande – la cena pronto estará lista. Será mejor que llevemos a Sassy adentro – lo hago
- Hola! – me saluda el papá de Cande y Peter cuando nos acercamos – no lo haces mal
- Gracias. Soy Mar
- Lo sé – dice el señor Lanzani – Cande lleva meses hablando de ti – sonríe, lo que hace que se parezca aún más a Peter
- Papá – se queja Cande
- Ya ves – dice Peter, riéndose – te ha dado a la vieja Sassy

Hoy he prometido no hacerle caso a Peter. No seré grosera, no entraré a su juego.

- A mí me gusta – digo
- Es la yegua que tenemos para que monten los niños
- Cierra la boca, Peter – dice Cande
- Es la verdad. Ese caballo debe de llevar unos cinco años andando a paso de tortuga

En fin, no lo resisto más. Tendremos que hacerle una demostración.

- Buena chica – le susurro a Sassy en angélico – a galopar

Me sorprende la rapidez con la que obedece. En pocos segundos ya estamos galopando a toda velocidad. Es maravilloso. De repente una ráfaga de viento me cubre la cara de pelos y durante un instante de pánico no consigo ver nada y todo empieza a moverse muy rápido. Me imagino saliendo disparada y aterrizando de golpe en un montón de estiércol. Peter matándose de la risa en el suelo. Sacudo la cabeza y aparto los pelos que me tapan la vista. Se me corta la respiración. La valla está cada vez más cerca y Sassy no tiene intenciones de detenerse.

- ¿Puedes saltar? – le pregunto al oído

Siento cómo va ganando velocidad. De pronto estamos en el aire, saltando limpiamente la valla. Conduzco el caballo hacia el establo; nos dirigimos trotando hacia donde nos esperan Peter, Cande y su padre, que nos miran con la boca abierta.

- Wow! – exclama Cande - ¿qué ha sido eso?
- No sé – río – yo se lo preguntaría al caballo
- Ha sido increíble!

Miro a Peter con aire triunfal, por una vez se ha quedado sin palabras.

- ¿Hace cuánto montas a caballo? – pregunta Peter
- Ésta es su primera vez, ¿no es increíble? – dice Cande
- Bueno – dice Peter, sin quitarme los ojos de encima

Unos minutos después, estamos cepillando a Sassy en el establo, junto a Cande.

- ¿Ya le has pedido a Agustín que vaya contigo al baile? –le pregunto a Cande y ella se pone colorada
- Es el baile de graduación. Se supone que él tiene que pedírmelo a mí
- Todo el mundo sabe que es un chico tímido. Es probable que se vea intimidado por tu belleza. Así que tú deberías proponérselo
- ¿Y, qué pasa entre tú y mi hermano? – pregunta Cande, cambiando de tema
- ¿Tu hermano? ¿A qué te refieres?
- Parece que hay algo
- Estás loca, ¿no? Nos gusta provocarnos
- Pero te gusta, ¿no? – abro la boca, sorprendida
- No a mí… - me callo
- A ti el que te gusta es Thiago Bedoya – responde ella por mí – sí, lo sabía. Pero, él es como un Dios. Puedes adorar a un dios pero no puedes salir con él – no sé qué decir
- Cande…
- Mira, no te estoy empujando a los brazos de mi hermano. Sinceramente, me asusta la idea de que mi mejor amiga salga con mi hermano. Pero quiero decirte que en el caso que estés interesada, adelante. Lo superaré. Si quisieras salir con él…
- Pero si yo a Peter ni siquiera le gusto – balbuceo
- Claro que sí
- ¿En serio? No me digas
- ¿Nunca tuviste un compañero de primaria que te pegaba en el brazo?
- Peter está a punto de acabar la secundaria
- Pues se ha quedado en primaria, créeme – dice Cande y la miro fijamente
- ¿Dices que Peter se hace el idiota porque yo le gusto?
- Y, mucho
- No te creo
- ¿Nunca se te cruzó por la cabeza?
- No! Cande, tu hermano no me gusta. No podría gustarme. Ni en broma, sin ofender
- No te preocupes, no me ofendes – dice, encogiéndose de hombros – solo quería que supieras que a mí me parece bien, lo de Peter y tú, si es que alguna vez pasa algo entre ustedes
- Entre Peter y yo no pasará nada, ¿está bien? ¿Podemos hablar de otra cosa?
- Claro – responde, pero por su mirada pensativa deduzco que aún tiene cosas por decir