lunes, 15 de octubre de 2012

Heaven: Capitulo X (Parte 2)

Un día mientras caminábamos hacia el patio con María Elena, encontré a Claudio, Sebastián, Peter y un grupo de chicos conversando. Sebastián alzó la mirada y nos saludó cuando nos vio. Me senté a su lado mientras María Elena intentaba llamar la atención de Peter. No me había dado cuenta antes pero, Sebastián era guapo, con cabello rubio y ojos azules.

-Y, ¿cómo estuvo tu primera semana? – me preguntó
-Sobreviví – le dije – Fue bastante loco
-Sí, las chicas de primer año lo parecían

Mientras hablaba, dos ardillas empezaron a perseguirse entre ellas alrededor de los árboles y llamaron mi atención. Sus movimientos eran tan rápidos que parecían movidas por computadora. Claramente una estaba persiguiendo a la otra y no pude evitar sonreír.

-¿No se rendirá, verdad? – dije

Sebastián alzó la mirada para ver qué estaba viendo y sonrió.

-Tal vez ella le está dando señales que no se entienden – dijo – Él está confundido
-No – sacudí mi cabeza – Creo que está bastante claro que ella no está interesada

La primera ardilla finalmente logró su cometido y la otra se detuvo como si estuviera confundida. Luego ella empezó a correr de nuevo, retándolo a que la alcance.

-Ves, ahora ella está jugando – dijo Sebas – Perra manipuladora

Empecé a reírme a carcajadas. Ya me gustaba Sebastián, era tan relajado y normal. Luego mi celular sonó. Esta vez, el número era desconocido. Peter se tensó inmediatamente, aunque nadie se había dado cuenta más que yo. El celular estaba en la mesa de picnic, vibrando y dando vueltas hasta que María Elena me miró.

-¿No vas a contestar?
-¿Aló? – dije, tentativamente, sintiendo mi corazón latir desesperado
-¡Lali! – la voz sonaba muy familiar – No pensé que atenderías. ¡Te he estado llamando durante días!
-¿Cande? – pregunté – ¿Eres tú? ¿De dónde estás llamando?
-Claro que soy yo, me compré un nuevo celular – dijo – Pero esto es más importante, ¿dónde has estado? Simplemente te fuiste de la ciudad, todos hemos estado preocupados. Las cosas han estado muy extrañas. Primero desapareciste y luego el padre Mel falleció de pronto. Dicen que fue un ataque al corazón. Fue horrible.
-Lo sé, escuchamos la noticia – dije – Y es horrible. Desearía poder estar ahí, pero las cosas son muy complicadas ahora
-¿Por qué? ¿Estás bien?
-Estoy bien – le aseguré – Es difícil de explicar
-Bueno, ¡inténtalo! ¿Dónde estás?
-Espera – dije – Sé que estás molesta pero prometo visitarte pronto y contarte todo. ¿Cómo está la universidad?
-No lo sé. La deja
-¿Qué? ¿Te saliste?

Peter abrió sus ojos como preguntando, ¿en serio?

-Sí, algo pasó….tuve que transferirme
-¿Por qué? ¿Qué sucedió? ¿A dónde fuiste?
-A Ole Miss – dijo
-Oh, dios – miré a Peter
-¿Qué? – demandó Cande - ¿Aló?
-¿Dónde estás ahora? – pregunté
-En el estacionamiento. De hecho acabo de llegar
-De acuerdo, quédate ahí – le dije – Iremos a encontrarte en cinco minutos
-Espera, tú…. – empezó pero le colgué
-¿Qué sucedió? – me preguntó Peter con el movimiento de sus labios

Le sonreí.

-Cande está aquí – dije – Tengo que encontrarla
-¿Quién es Cande? – preguntó María Elena
-Iré contigo – dijo Peter

Me puse de pie sin responderle a María Elena.

-Iré contigo

Peter se puso de pie y María Elena intentó que se sentara.

-¿Por qué tienes que ir? – se quejó

Peter se soltó de su agarre como si fuese una niña engreída y me siguió. Casi estaba saltando de alegría al saber que Cande estaba aquí. ¿Por qué había abandonado la universidad y había decidido venir aquí?

sábado, 13 de octubre de 2012

Heaven: Capitulo X (Parte 1)

Con amor

Cuando me desperté, Peter y yo éramos un enredado de piernas y brazos en el suelo del bosque, pero no me podía sentir más cómoda. Alcé mis brazos, que estaban detrás de mi cabeza, y me estiré. Suspiré soñadora mientras observaba el cielo llenarse de rosas. Era antes de que saliera el sol y las montañas eran negras siluetas y todo estaba silencioso, interrumpido sólo por el sonido de los pájaros. Me senté sobre mis codos, y estudié a Peter. Se veía diferente de algún modo. Su rostro estaba más relajado, ya que no fruncía el ceño o no estaba alerta. Deseaba que el momento durara para siempre.

-No me gusta ser observado mientras duermo – murmuró Peter, ajustando su posición

Sus ojos aún estaban cerrados, pero las esquinas de sus labios ya estaban curvándose en una sonrisa.

-Mala suerte – dije, recostándome de nuevo – Me gusta observarte. Además, deberíamos irnos pronto, antes de que la gente empiece a despertarse
-¿Por qué? – Peter me miró, curioso – Nadie sabe que estamos aquí

Me recosté de nuevo contra el suelo, todos los pensamientos sensibles se habían ido. Cuando Peter me besó, sentí menos urgencia, pero aún así sentí que caía de una gran altura. Los mismos sentimientos de la noche anterior me llenaron como si descendiera de un océano lleno de corales y colores y sensaciones cálidas, un lugar donde sólo los dos existíamos en una dimensión fantástica.

***

Cuando el sol salió por completo, llenó el bosque de tal luz que me dolían los ojos. Aunque ambos estábamos relajados, teníamos que volver al campus antes de que la gente empiece a notar que no estábamos. Estaba segura de que Sebastián y Claudio no dirían nada, pero sabía que María Elena me llenaría de preguntas.

En las horas más tempranas de la mañana, el campus estaba desierto. Cuando encontré mi habitación, me miré al espejo y noté que tenía ramas en el cabello. Sonrojándome, intenté quitármelas, pero no fui lo suficientemente silenciosa.

-Agustina, ¿dónde has estado? – me preguntó María Elena, con un tono acusatorio – ¡Te busqué por todos lados!
-Lo siento – le dije - ¿Llegaste bien junto a María y Erica?
-Sí – se encogió de hombros - ¿Dónde estabas?
-Me encontré con unas amigas del colegio y salimos
-¿En serio? ¿Quiénes son?
-Un par de chicas de grados mayores – dije, suavemente
-¿Estuviste con chicas mayores? – preguntó, abriendo los ojos – Pero se supone que no hablan con las de primer año. ¿Cuáles chicas?

Casi quise pegarme por mi error. Dejé que mi mente buscara entre los recuerdos, cuando llegué a este lugar y vi los nombres de las personas en una lista. Dije lo primero que se me vino a la mente.

-Son de último año – estaba sorprendida ante lo fácil que era mentir – Te habría llamado para que vengas con nosotras, pero no tenía tu número
-Oh – se vio desilusionada – Tal vez la próxima vez. ¿Tábano fue con ustedes?
-¿Quién? – pregunté
-Eh…¿tu hermano? – dijo María Elena, frunciendo el ceño

Decir nuestros nombres en voz alta era algo todavía nuevo para mí. Era muy raro y nada cómodo. Estaba confundida, era una persona por fuera y otra por dentro.

-Claro – dije, forzando una risa – Borrón mental. No sé dónde estuvo Tábano, probablemente con alguna chica. Él es así

María Elena miró hacia la nada, y casi podía escuchar sus pensamientos: yo podría ser esa chica

-¿Crees que podrías ayudarme? – preguntó

Me sorprendí ante el repentino ataque de pregunta. Esperaba que lo preguntara algún día, pero en un par de semanas, cuando nos conociéramos más.

-¿Con Tábano? – pregunté
-Sí – dijo – Se ve que conoce a las personas correctas y es muy apuesto…pero probablemente has escuchado mucho eso
-Mira – me senté al borde de la cama y pretendí pensar – Odiaría que salgas lastimada. No creo que Tábano esté buscando una relación seria
-Mmmm – María Elena frunció el ceño y se recostó contra las almohadas – ¿Tal vez podemos crear un plan?
-No lo sé
-¿Y si le dices que te gustaría que estemos juntos. Él te escuchará
-Probablemente sea la última persona a la que escucharía
-Claro. Pensaré en algo
-¿Y qué hay con Sebastián o Claudio? – pregunté, intentando distraerla – Ellos se ven lindos
-Tal vez – Voy a buscarlos en Facebook

Tuve que aguantar la sensación de posesión que me estaba llenando. Quería decirle que eso nunca iba a pasar, pero por supuesto que no podía. María Elena estaba empezando a carme mal; era demasiado demandante. Intenté apartar aquellos pensamientos negativos, pero era imposible cuando se trataba de chicas persiguiendo a Peter.

Me subí a la cama y coloqué las sábanas sobre mi cabeza, intentando ignorar el sonido de María Elena en las teclas de su laptop.

***

Los siguientes días pasaron como un borrón. Rápidamente me di cuenta que la universidad no me dejaba ni un momento para pensar en los problemas. Las clases comenzaron y me llené de notas, pero sin absorber nada, no podía dejar de buscar a los Siete, preocupada. María Elena rápidamente me puso los nervios de puntas, su interés en Tábano empezó a volverse una obsesión. Siempre estaba detrás de mí, mirando lo que escribía o recibía de mensajes. Cuando Peter me vino a visitar después de nuestra primera noche, juntos, ella hizo lo imposible para hablarnos. Cuando él recostó su cabeza en la puerta, ella prácticamente me empujó para estar a su lado. Peter fue muy educado a pesar de que su comportamiento lo había molestado.

-¡Tábano! – dijo, abrazándolo - ¿Cómo hiciste para llegar hasta aquí? Las profesoras casi ni dejan que los hombres deambulen por aquí

Peter se encogió de hombros.

-Les di mi identificación, y todo bien – me miró, sus ojos brillando con una sonrisa – Hola Agus. ¿Cómo estás?
-Ey

Casi podía recordar todas las escenas de la noche anterior. Me tapé la sonrisa con la palma de mi mano.

-Bien – dije, suavemente – Ya sabes, ahí estoy
-¿Sí? – preguntó Peter - ¿Te divertiste anoche?

Por suerte, María Elena estaba muy estupidizada mirándolo como para notar el tono íntimo en su voz.

-No fue….lo que esperaba – dije lentamente – Fue mucho mejor
-Estuviste ahí como cinco minutos – cortó María Elena y Peter suspiró – Y para ti – dijo ella, apuntándolo - ¡Casi ni te vi!
-Sí – replicó él – Estaba algo preocupado
-¿Preocupado por qué? – preguntó sin aliento
-Esta chica de mi ciudad. Teníamos que ponernos al tanto

Esa no era la respuesta que esperaba María Elena. Ella se quedó en silencio por un minuto antes de forzar una risa.

-¿Es una ex? ¡Incómodo!
-No – dijo Peter – De hecho la conozco bien
-¿Así que fue lindo hablar con ella? – pregunté

Peter me miró, enfocándose en mis ojos.

-Hermoso
-¿Vas a volverla a ver? – preguntó María Elena, intentando sonar casual

Peter quitó sus ojos de mí para enfocarse en María Elena.

-Probablemente no – dijo él – No estoy buscando nada serio

No pude evitar sonreír ante la broma que sólo nosotros dos entendíamos.

-¿Estás muy ocupado viviendo la vida libre y loca, verdad? – dije
-Exactamente, hermanita – me guiñó el ojo – Me conoces demasiado bien

Mientras María Elena se ponía más agitada, vi manchas rojas esparcirse por su cuello y pecho. Por suerte, la conversación fue interrumpida por nuestras vecinas, Erica y María, cuando tocaron la puerta. 

martes, 9 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo IX

Noche estrellada

La noche llegó rápido y eventualmente Peter tuvo que irse para conocer a sus compañeros de cuarto. María Elena no perdió tiempo en invitar a nuestras vecinas a la habitación. Las chicas, María y Erica, eran de Texas y estaban emocionadas con empezar la universidad. Luego de conversar, las chicas empezaron a buscar ropa para la fiesta. Estaba claro que yo no tenía ninguna ropa apropiada para la ocasión, así que me tuve que prestar de mi compañera de cuarto. Me prestó un vestido largo de color azul y unos tacos.

-Se ven lindas – dijo Erica – Que esta noche sea recordada para siempre

Las chicas se demoraron horas en arreglarse en frente del espejo y recién después de las diez de la noche empezamos a movernos. Yo ya estaba cansada, lista para ir a la cama, pero pretendí estar preocupada por mi cabello y por mi lápiz labial.

-Mis caderas se ven muy anchas en este vestido
-Al menos no eres tan pálida que brillas en la oscuridad
-Como sea, ¿ya han visto mi foto de mi documento de identificación? ¡Tengo que tenerlo todo el año!
-No puedo hacer que mi pelo se quede tieso – dije, y las chicas me ayudaron, atacándome con una botella de gel

Cuando finalmente salimos hacia el lugar de la fiesta, me di cuenta que era bastante bonito. Nos detuvimos en un edificio con sillas de madera en la entrada, ocupadas por chicos comiendo pizza y tomando cerveza. Adentro, estaba la sala de estar con una amplia mesa y una escalera que llevaba a las habitaciones y al área común. Había chicos universitarios por todos lados, en los sillones, conversando, tirados en las camas, o afuera en la entrada. Las chicas de primer año eran fáciles de identificar. Se veían aterradas, de pie en círculos incómodos, con miedo de tomar o incluso hablar por miedo a cualquier burla de las chicas mayores. Hablaban entre ellas, enderezando su postura y ajustando su cabello cuando los chicos pasaban.

-Hola chicas, ¿cómo están? – los chicos de la entrada nos saludaron con sonrisas y las chicas rieron nerviosas

Cuando Peter llegó, era una persona completamente diferente. Estaba acostumbrada a verlo en su modo defensivo casual, con todos los problemas del universo manteniéndolo ocupado. Pero en ese espacio de pocas horas, él ya había cambiado. Llegó con un grupo de chicos, todos vestidos con camisas y oliendo a colonia.

-Dios mío – dijo María Elena, cogiendo mi brazo – Son mayores. Tienes que hacer que tu hermano nos introduzca
-¿Cuál es tu hermano? – preguntaron María y Erica
-El de blanco…con el cabello castaño
-¿Ese es tu hermano? – preguntó María, soltando un respiro – Wow
-Lo sé – siseó María Elena

Peter nos saludó con la mano y se acercó.

-Hola hermanita – me golpeó suavemente en las costillas y sonrió - ¿Cómo están? Estos son mis compañeros de cuarto, Claudio y Sebastián
-No encuentro la similitud familiar – dijo Sebastián, inspeccionándome
-Creemos que fue adoptada – bromeó Peter y las chicas rieron

Un chico cargando un cooler pasó y se detuvo para hablar con los chicos.

-¿Quieren algo? – preguntó
-No gracias, no tomo – le dije

María y Erica aceptaron cervezas. Nos tomó un tiempo, pero eventualmente Peter y yo encontramos una oportunidad donde nos pudimos escapar de la fiesta sin ser vistos. Sacó unas llaves de su bolsillo y nos acercamos a una camioneta negra.

-¿Eh…vas a robarte el auto? – pregunté
-Sí – dijo – La universidad ya me convirtió en un criminal
-¡Peter!
-Tranquila, La – rió – Es mío. Gas y Rochi lo dejaron para mí
-¿En serio?
-Sip, se sintieron mal por haber abandonado mi otro auto. Y lo necesitamos en caso tengamos que escapar

Peter condujo fuera del campus, por la carretera. Cuando estuvo seguro que no había nadie, se estacionó en un camino de tierra, apagando inmediatamente las luces y asegurándose que el auto estuviera ocultado por los árboles. Como siempre tan caballeroso, salió del auto y vino a abrirme la puerta.

-¿A dónde vamos? – pregunté
-No lo sé – dijo – A algún lugar donde nadie nos encuentre

Caminamos un rato en silencio. Se sentía bien haber escapado del ruido de la fiesta.

-¿Y te gusta ser Tábano Talarico? – pregunté
-Está bien – Peter se colocó detrás de mí y empezó a acariciar mis hombros, cualquier tensión se esfumó – Pero creo que hay muchas más ventajas al ser Peter Lanzani
-¿Cómo cuáles

Inclinó su cabeza y sentí sus labios acariciar mi cuello.

-Como esto….
-Ese no es un comportamiento adecuado para un hermano – le dije, mientras enredaba mis dedos en su cabello

Sentí que nuestra respiración se volvía más densa mientras nuestros cuerpos se pegaban y las manos de Peter se deslizaban hacia mi cintura.

-¿Estás seguro que deberíamos hacer esto? Espero que no estemos cruzando la línea – dije
-No me importa – murmuró Peter en mi oído, lanzando espasmos por mi cuerpo – Quiero mostrarle a mi esposa lo mucho que la amo

Se detuvo por un momento y me volteó, tomando mi rostro entre sus manos. Sus ojos verdes estaban llenos de algo tan intenso que no podía apartar la mirada.

-¿Cómo me acabas de llamar? – susurré, necesitando volverlo a escuchar
-Mi esposa – repitió suavemente

Lentamente, deslizó uno de mis tirantes del vestido hacia abajo. Su toque, usualmente tan familiar, me sobresaltó. Se sentía como si me estuviera tocando por primera vez y me hizo dar cuenta de lo cuidadosos que habíamos sido hasta ahora. Habíamos obviado el contacto íntimo, ahora, con nuestros cuerpos juntos, me daba cuenta de lo fácil que hubiese sido saltar las reglas antes. No sabía cómo habíamos aguantado tanto tiempo. ¿Cómo habíamos ignorado el destello que saltaba cada vez que nos tocábamos accidentalmente? ¿Cómo había pretendido que el fuego en mi estómago no existía? Era extraño sentir el aire cargado con electricidad y saber que esta vez no teníamos por qué ignorarlo. Tomé la mano de Peter y la coloqué en mi pecho, que latía desaforado. Él cerró sus ojos. Me sentí tan abrumada que creí que me iba a desmayar en sus brazos.

-Está bien – susurró

Nuestros pechos estaban juntos ahora, así podía sentir nuestros corazones latiendo. Peter enterró su rostro en mi cuello y lo sentí inhalar profundamente. Mi cuerpo parecía que se iba a desvanecer y él me cogió en sus brazos, bajándome hasta el suelo. Peter bajó lentamente y se colocó gentilmente encima de mí y nuestros cuerpos encajaron perfecto como piezas de un rompecabezas.

-¡Mierda! – dijo Peter y abruptamente se separó de mí
-¿Qué sucede? - ¿había hecho algo mal?
-No tenemos protección. No pensé que la necesitaríamos
-Olvídalo – lo abracé e hice que volviera a mí, buscando su boca
-Lali, simplemente no podemos olvidarlo, tenemos que ser responsables

Suspiré y me senté. Había estado bajo un hechizo tan intenso que nada más se me había cruzado por la mente. Odiaba lo rápido que nuestra noche perfecta se había malogrado.

-¿Importa realmente? – pregunté
-¡Claro que sí! ¿Realmente quieres quedar embarazada ahora? ¿No crees que ya tenemos suficientes cosas con las que lidiar?
-Peter, ¡probablemente ni siquiera pueda quedar embaraza!
-Tienes un cuerpo humano, Lali – dijo – Es una posibilidad muy real
-De acuerdo. Tienes razón. Mientras no haya otra razón…
-¿Qué quieres decir? ¿Qué otra razón podría haber?
-Bueno, has estado evadiendo esto por tanto tiempo….¿aún…aún me ves de ese modo?

Peter gruñó.

-¿Estás loca? Claro que te veo de esa forma. Todo el tiempo he tenido que evitar verte así

Alcé mi mentón y lo miré a los ojos.

-Quiero que me enseñes
-Lali, vamos… - empezó Peter pero yo presioné un dedo contra sus labios
-No – dije – Sin excusas. Soy tu esposa ahora, ¿recuerdas? Y te estoy pidiendo que me enseñes lo mucho que me amas

Peter me miró por un momento y luego en un movimiento rápido me alzó y me colocó encima de él. Esta vez, su beso era más profundo. Sentí sus músculos tensándose y su respiración volverse más rápida. Su beso parecía durar para siempre. El tiempo se detuvo mientras nos presionábamos contra el otro. Finalmente, nuestras bocas se separaron y él movió su boca por la curva de mi cuello, dejando pequeños besos ahí.

-¿Aún tienes dudas? – susurró

Sacudí mi cabeza mientras mi boca buscaba de nuevo la suya. Sus labios eran cálidos, llenos y perfectos. Su beso era suave y tentador. Como siempre, me dejaba deseando más. El tiempo y espacio parecía un borrón mientras nos perdíamos en el otro. Sentí la intensidad de nuestra pasión llenar el aire, amenazando con esfumar el mundo y todos sus problemas.

-No quiero que te detengas – murmuré sobre su cuello
-Yo tampoco – Peter se inclinó y me miró, sus ojos verdes brillantes y hermosos
-Pero…qué hay de…

No quería terminar la oración por miedo a que Peter retroceda por ser cauteloso. Estaba tan intoxicada que casi ni podía mantener mis pensamientos coherentes. Peter me miró por un instante antes de hablar.

-Seré cuidadoso

Nuestra primera noche como marido y mujer se sintió como explorar un mundo mágico bajo el agua, donde nada existía salvo los dos. Sólo estaba consciente de la sensación de su piel cálida debajo de mis dedos, y la presión de sus labios mientras exploraban mi cuerpo. El bosque se sentía como nuestro reino privado donde nadie más podía entrar. Todo vino a la vida ante mis ojos esa noche. El aire parecía vivo, bailando alrededor de nosotros, trayendo con él los dulces olores de la tierra.

Después, cuando abrí mis ojos, vi una deslumbrante cantidad de estrellas en el cielo, como fuegos artificiales. Pensando en esa noche, recuerdo imágenes fragmentadas más que toda una secuencia de eventos. Recuerdo mi brazo recostado y viéndose pálido contra el suelo. Recuerdo los dedos de Peter trazando su camino a través de mi hombro y sintiendo mis venas pulsando con energía sobrenatural. Recuerdo su camisa arrugada en el suelo y mis manos presionadas contra su suave pecho. Recuerdo sentirme como si me estuviera llenando como un globo hasta que sentí que iba a explotar. Más que todo, recuerdo no ser capaz de determinar dónde terminaba la piel de Peter y dónde terminaba la mía.

Heaven: Capítulo VIII (Parte 2)

-¡Hola chicos! Soy María Elena, ¡es tan genial conocerlos!

Peter y yo alzamos la mirada ante la chica que acaba de aparecer en la puerta. Era más alta que yo, con cabello recto y ojos marrones. Estaba bronceada y vestía como una atlética, con una blusa y pantalones cortos.

-¿Eres mi compañera de cuarto? – preguntó y sonrió - ¡He estado loca por conocerte! Intenté buscarte en Facebook, ¡pero no encontré nada! ¿De dónde son? ¿Cuáles son sus nombres?

Antes de que pueda formular una respuesta apropiada, empezaron a aparecer personas detrás de ella, cargando cajas. A diferencia de nosotros, esta chica había llegado con todas sus posesiones.

-Soy María Elena – repitió - ¿Ya se los dije? Y ellos son mi mamá y papá, mi hermano, Juan, y mis dos primos, Matías y Jessica
-Ey – dijo Peter ya que no sabía qué decir – Un gusto conocerlos. Soy Tábano y ella es mi hermana, Agustina. La estoy ayudando a mudarse

Por suerte Peter habló primero; yo ya me había olvidado de nuestros nuevos nombres y seguramente hubiera dicho los verdaderos.

-Bueno, no te preocupes – dijo la mamá de María Elena – Haremos que este lugar se vea como casa

Fue cierto. Llenaron la habitación con pequeños muebles, fotografías, elementos para la ventana, aspectos que daban mayor familiaridad.

-Espero haberte dejado suficiente espacio – dijo, disculpándose
-Realmente no necesito mucho – dije – Siéntete libre de poner todo donde quieras
-Ves, bebé – dijo su mamá – te dije que encontrarías a una chica linda como compañera de cuarto
-Soy de Germantown – dijo María Elena - ¿Y ustedes?
-Jackson – dijo Peter, con un adorable encogimiento de hombros y una sonrisa – Como la mitad de la población de aquí. Estuve estudiando en otra universidad, pero decidí transferirme

Estaba sorprendida con lo natural que sonaba con su nueva identidad. Casi podía ver los ojos de María Elena abrirse cuando Peter le hablaba.

-En buena hora lo hiciste – dijo ella, con voz coqueta

Rodé mis ojos. Ya estaba empezando, la atracción femenina que Peter recibía iba a alterar mis nervios, especialmente desde que no podía tocar su mano o hacer nada que refleje nuestra relación.

-Sí, hermanita – Peter colocó un brazo alrededor de mi hombro - ¿No estás contenta de tenerme?

María Elena rió y yo entrecerré mis ojos hacia él.

-No realmente – dije, apartándome - ¿Cómo voy a conocer a los chicos si tú estás cerca?
-Es que no vas a conocer a ningún chico – dijo Peter – Nadie se va a acercar a mi ´pequeña hermana
-Estoy de acuerdo – dijo Juan, mientras ayudaba a su padre a cargar la ropa de su hermana – Los chicos solo quieren una cosa. ¿Qué es esto? – agregó, alzando un vestido que dejaba mucho a la imaginación – No vas a salir con esto
-Suenas como el abuelo – dijo María Elena - ¿Qué cosa voy a usar entonces?
-Estoy confiscando esto – dejó el vestido y cogió prendas grandes y largas – Puedes usar esto

María Elena lo miró con cara de enojada, antes de situarse frente al espejo y empezar a intentar peinar su cabello enredado. Miré con cara de interrogación a Peter.

-Mucho pelo – se encogió de hombros – supongo que es algo de la zona
-Esta semana será una locura – dijo María Elena – Hay un concierto de música y todos irán

Su hermano la miró.

-Creo que sería mucho más inteligente si te quedas y duermes temprano.
-Bla bla – rodó sus ojos y me miró – Yo creo que seguimos a la multitud
-De acuerdo – dije, intentando sonar entusiasmada – Suena genial
-¡Pero tenemos que tener cuidado!
-¿Por qué? – me tensé
-Todo lo que hagamos será reportado. Así que no te vayas a meter con algún chico que no sea de primer año. Solo porque el chico diga que es soltero no significa que sea cierto y si está saliendo con una chica que está por terminar la universidad, estás perdida.
-Claro – dije, asintiendo – Mantendré eso en mente

Peter y Juan mostraron preocupación por sus pequeñas “hermanas” al pensar que caerían en manos de chicos borrachos. María Elena empezó a enredar un dedo en su cabello y se enfocó en Peter.

-Y, Tábano, ¿estarás ahí esta noche?
-Seguro – dijo
-Ugh – intenté sonar irritada pero por dentro estaba aliviada

No había manera de que Peter me deje sola esta noche, con estas chicas, prácticamente hablaban otro idioma y yo necesitaba que él me traduzca.

-¿Estás emocionada – preguntó María Elena – El resto de nuestras vidas empieza ahora

domingo, 7 de octubre de 2012

Heaven: Capítulo VIII (Parte 1)

La compañera de cuarto

La habitación no era tan mala como pensé que sería. Lo único malo es que tenía que compartir ducha, nadie tenía una en su propia habitación. Las chicas de primer año no dejaban de echarle un ojo a Peter mientras él cargaba mi pesada maleta sobre sus hombros a través de los pasillos. Estaba contenta de que estuviera ahí para ayudarme. Estaba agradecida de tener la oportunidad de asistir a la universidad los dos juntos. Noté un montón de chicas mirando sorprendidas y con una sonrisa en el rostro cada vez que alguien pasaba.

-Hola – decía Peter, alzando su mano

Ellas sonreían tímidas, arreglando su cabello y moviendo sus ojos. Mientras tanto iba admirando lo que sería mi cuarto de ahora en adelante. Era bastante básico. Las camas no eran más que de color azul pálido, hechas de madera. Las paredes de ladrillo estaban sin pintar. Mi hermano y hermana llegaron y se sentaron en una de las sillas de plástico cerca a la mesita de estudio, pero luego decidieron quedarse de pie.

-Sabes que podrías arreglar esto con tal solo chasquear tus dedos – le dije a Gas, imaginando lo fácil que sería transformar mi habitación en un cuarto de hotel
-Podría – dijo mi hermano, sonriendo – Pero eso iría en contra del propósito
-¿El propósito?
-Darte una experiencia auténtica de universidad
-Bueno, entonces voy a necesitar un par de trapos desinfectantes

Peter empezó a reír y besó mi cabeza.

-Espera un minuto – dijo, y se puso a trabajar, arreglando las camas, creando la ilusión de más espacio
-¿Qué piensas? ¿Mejoró?
-Todo se ve igual para mí – me encogí de hombros – No hay más que puedas hacer con un espacio como este
-Estarás sorprendida – dijo Peter – Algunas chicas se vuelven locas e incluso contratan a decoradores de interiores
-¡Mentira! Eso es una locura
-Así es la universidad
-Oh, dios mío – dije – Tal vez no estoy lista para esto
-Bienvenida al mundo del primer año – dijo Gas – Buena suerte
-Espera, ¿ya se van? – estaba sorprendida
-No podemos quedarnos – dijo Rochi – Nuestra presencia es muy fácil de detectar
-¿Y la mía no?
-Estás rodeada del mundo de los humanos
-¿En serio?
-Por supuesto – dijo Gas – Actúas como una humana, piensas como humana, incluso sientes como humana. Ese nivel de interacción te ayuda a contagiarte de ellos
-Pero…. – no estaba lista para que se vayan – Los necesitamos
-No te preocupes, no estaremos lejos

Rochi se volteó para irse, pero Gastón esperó, mordiendo su labio inferior como si quisiera decir algo más pero estaba buscando la frase correcta.

-¿Estás bien? – pregunté, pero él me ignoró y miró a Rochi

Inmediatamente, Rochi supo lo que estaba en su mente. Él se veía intensamente incómodo con lo que sea, pero finalmente lo soltó.

-¿Recuerdan mi consejo de hace unos días?
-No – dije – Has dado un montón de consejos
-Sobre la sabiduría de la abstinencia
-Oh, eso. ¿Qué tiene?
-Siéntanse libres de ignorarla – Gas obvió la mirada interrogativa que Peter me estaba dando
-Eh…. – no estaba completamente cómoda discutiendo mi vida sexual con mi hermano - ¿Por qué el cambio?
-Casi ni veo el valor de negarlo ahora. Es muy tarde para calmar al Cielo. Es tiempo de jugar bajo nuestros términos
-¿Y qué hay de “no agregar más candela al fuego”? – preguntó Peter
-Estoy harto de ello. Si ellos no juegan bien, entonces nosotros tampoco

Peter y yo miramos con la boca abierta a Gas, mientras se volteaba y se dirigía hacia el pasillo, desapareciendo un momento después. Con mis hermanos fuera, el aire entre los dos se volvió incómodo. Peter se sentó en la cama, con sus manos en sus rodillas mientras yo hacía espacio en el armario y me enfocaba en colgar mi ropa para evadir la conversación que flotaba en el aire. Me preguntaba qué pasaba por la mente de Peter. Se sentía como si ambos deseáramos lo que venía ahora, pero teníamos miedo de hablar.

-¿Soy yo o eso fue realmente raro? – finalmente habló Peter
-No sólo eres tú – dije, sentándome a su lado
-¿Qué pasa con Gastón?
-No estoy segura – fruncí el ceño – Pero supongo que debe estar muy enojado ante alguien
-¿Así que crees que hablaba en serio? – Peter se detuvo - ¿Ya sabes…sobre nosotros?
-Hablaba en serio – dije – Gas no sabe como bromear sobre ello
-Claro – dijo Peter, pensativamente - ¿Así que está diciendo que estará todo bien?
-No necesariamente – dije – Creo que está diciendo que ya estamos metidos en todo un problema y aquello no va a implicar mucha diferencia
-¿Así que crees que deberíamos?
-¿Tú?

Peter soltó un gran suspiro y miró hacia la ventana.

-Nos hemos controlado por tanto tiempo que no estoy seguro de cómo ser algo más – dijo
-Supongo que eso es cierto
-Pero podemos intentar – se ofreció – y ver qué sucede. Si tú también quieres, claro
-Quiero – le dije – Creo que hemos esperado suficiente

Peter observó toda la habitación, con sus luces fluorescentes y paredes vacías. Estaba de acuerdo en que estaba lejos de ser un lugar romántico.

-No aquí – me reí – Aún quiero que sea perfecto – Peter se vio aliviado
-Yo también