domingo, 13 de julio de 2014

Ángeles Caídos #4: Dieciocho

Dejé la casa de Peter, con la intención de conducir a casa, mientras combatía contra una revolución violenta en mi estómago que era mitad culpa y mitad dolor. No podía recordar ninguna otra vez en mi vida en la que me haya sentido más avergonzada. O más hambrienta.

Mi estómago se contrajo. Era como si hubiese comido uñas y estuvieran arañando mi interior. Pero no era comida lo que necesitaba. Me detuve y llamé a Benja: —Necesito la dirección de Maxi.

—¿Nunca antes has ido a su casa? ¿No se supone que eres su enamorada?

No tenía tiempo para bromas, necesitaba la dirección de Maxi y me estaba irritando.

—¿La tienes o no?

—Te la mandaré por mensaje de texto. ¿Algo anda mal? Suenas ansiosa. Desde hace unos días.

—Estoy bien —dije, luego colgué y me deslicé en mi asiento.

Apreté el timón, intentando apartar el ansia que parecía apretar mi garganta. Mis pensamientos estaban pegados a una sola palabra: devilcraft. Intenté apartar la tentación. Acababa de tomar devilcraft esta mañana, podía superar estas ansias. Yo decidía cuándo necesitaba más devilcraft. Yo decidía cuándo y cuánto.

Estaba sudando y tuve que encender el Aire Acondicionado.

Regresé a la pista y luego de unos cuantos respiros lentos, conseguí la dirección de Maxi. Estudié el mapa, di una risa irónica y di la vuelta en U. Maxi vivía a menos de cinco millas de la casa de Peter. Así que diez minutos después, ya estaba estacionada en una calle pintoresca y arbolada. Las casas eran predominantemente blancas, con techos muy empinados. La puerta de la casa de Maxi estaba pintada de rojo, con una gran aldaba de bronce. Me bajé del auto e ignoré la aldaba, tocando el timbre, repetidas veces. Si no se apuraba y respondía…

Maxi abrió la puerta, su rostro con sorpresa: —¿Cómo encontraste este lugar?

—Benjamín.

Frunció el ceño.

—No me gusta que la gente se aparezca en mi puerta, inesperadamente.

—Es importante. Cambié de opinión, quiero devilcraft. Como soporte —agregué rápidamente—. En caso me encuentre a mí misma en una situación difícil y lo necesite.

No podía enfocarme lo suficiente para saber si mi razonamiento estaba bien. Puntos rojos destellaron a través de mi visión. Quería limpiar mi frente, con desesperación, estaba sudando.

Maxi me miró interrogante y después me dejó entrar. Me quedé en el vestíbulo, mirando alrededor, sobre las paredes blancas y exorbitantes alfombras orientales. Un pasillo dirigía hacia la cocina. Una sala de estar formal a mi izquierda, y comedor a la derecha.

—Lindo —dije.

—La casa pertenecía a amigos. Me lo dejaron en su testamento.

—Siento que hayan fallecido.

Entró a la sala de estar, retiró una larga pintura y reveló una pared escondida. Colocó un código y abrió el compartimiento.

—Aquí tienes. Es un nuevo prototipo. Increíblemente concentrado, así que tómalo en bajas dosis.  Dos botellas, debería durar una semana.

Asentí, intentando esconder mi boca aguosa mientras recibía las botellas.

—Hay algo que quiero decirte Maxi. Estoy llevando a los Nephils a la guerra Así que si me pudieses dar más de dos botellas, las podría usar.

—¿Guerra? —repitió Maxi, sonando sorprendido. —¿Estás segura?

—Puedes decirle a los mandos altos de Nephils que estoy planeando ir en contra de los ángeles caídos.

—Esta es una…noticia genial —dijo Mxi, aún sorprendido y entregándome una botella más. —¿Qué hizo que cambiaras de idea?

—Un cambio de corazón —dije. —No solo estoy liderando a los Nephils. Soy una de ellos.

Me tomó bastante control caminar hasta mi auto. Conduje alrededor de la esquina, inmediatamente estacioné y abrí la botella. Estaba por tomar cuando mi celular empezó a sonar, mostrando el nombre de Peter. Eso hizo que saltara en mi asiento y derramara líquido azul en mi regazo. Se evaporó instantáneamente, alzándose hacia el aire como si fuera humo.

—¿Hola? —respondí. Los puntos rojos golpeando mi visión.

—No me gusta encontrarte en la casa de otro hombre, Ángel.

Miré hacia ambos lados de la pista, por la ventana. Escondí el devilcraft debajo de mi asiento.

—¿Dónde estás?

—Tres carros más atrás.

Mis ojos volaron hacia el espejo retrovisor. Peter salió de su moto y caminó hacia mí con su celular presionado en su oreja. Limpié mi rostro con el cuello de mi blusa.

Bajé la ventana. —¿Me estás siguiendo? —le pregunté.

—Dispositivo de rastreo.

Estaba empezando a odiar esa cosa.

Peter flexionó un antebrazo sobre el techo de mi carro, inclinándose cerca. —¿Quién vive en esa calle?

—Ese rastreador es bastante específico.

—Solo compro lo mejor.

—Maxi vive en esa calle. —No podía mentir, era obvio que él ya había hecho su investigación.

—No me gusta encontrarte en la casa de otro hombre, pero odio encontrarte en su casa. —Su expresión era calmada, pero se notaba que quería una explicación.

—Necesitaba confirmar nuestro tiempo de trabajo para mañana en la mañana. Estuve cerca de aquí y decidí hacerlo de una vez. —La mentira salió muy fácil. En todo lo que podía pensar era en deshacerme de Peter. Mi garganta se llenó con el sabor de devilcraft. Tragué impaciente.

Gentilmente, Peter alzó mis lentes de sol por encima de mi nariz, luego se inclinó a través de la ventana y me besó. —Estoy en camino hacia mi investigación sobre el tema del chantajista de Pepper. ¿Necesitas algo antes que me vaya?

Sacudí mi cabeza, en señal de no.

—Si necesitas hablar, ya sabes que estoy aquí para ti —agregó suavemente.

—¿Hablar sobre qué? —pregunté, casi a la defensiva. ¿Podía saber sobre el devilcraft? No. No, no podía.

Me estudió un momento. —Sobre lo que sea.

Esperé hasta que Peter se fue para poder tomar. Hasta que estuve llena. 

domingo, 6 de julio de 2014

Ángeles Caídos #4: Diecisiete

A la mañana siguiente me sentía fatal; no podía creer que había robado el devilcraft de la bolsa de Maxi, aunque por un momento se sintió bien hacer algo “peligroso” o una “travesura”. La botella azul se había quedado en mi mesa de noche, aún con un poco así que me la terminé de un golpe, decidida a no tomar más. Parecía una alcohólica echando la botella vacía al basurero y escondiéndola para que ni mi madre la vea – y pregunte qué diablos es – y para que tamoco lo haga Paula o Peter (al que no quería recordar, luego de haberse ido con Blakely la noche anterior, no tenía noticias de él).

La mañana transcurrió con Paula organizando la fiesta de Halloween y una Cande visitándome y renegando al enterarse que Paula se había mudado a mi casa, literalmente.

—¿Realmente por qué está acá? —demandó Cande, una vez que le conté lo de Paula.

—Es una larga historia. En resumen….no sé qué diablos está haciendo aquí —dije, tratando de evadir la pregunta, pero en verdad estaba siendo un poco honesta. No tenía idea de cuáles eran sus verdaderas intenciones.

—Genial, todo está aclarado ahora.

—Paula está organizando una fiesta de Halloween acá —dije, tratando de distraerla. —Es necesario venir con pareja y con algún disfraz. El tema es parejas famosas de la historia.

—¿Y? —dijo Cande, sin emocionarse todavía.

—Paula le está echando el ojo a Benja.

Cande entrecerró sus ojos.

—Al diablo que lo vaya a hacer.

—Paula ya le pidió para venir juntos, pero él no sonó muy comprometido —ofrecí.

Cande hizo sonar sus nudillos. —Es momento de trabajar con un poco de magia de Cande antes que sea demasiado tarde.

Mi celular vibró con un mensaje de Peter: —Tengo el antídoto, necesitamos encontrarnos.

Estaba bien. La tensión abandonó mis hombros. Discretamente, deslicé mi celular en mi bolsillo y le dije a Cande: —Mi mamá necesita que recoja la ropa de la lavandería y devuelva libros de la biblioteca. Pero puedo ir a tu casa más tarde.

—Y luego podemos planear cómo voy a robarle a Benja a la puta —dijo Cande.

Le di un asentimiento a Cande y fui directo a mi auto.

Estoy saliendo de mi casa en estos momentos —le escribí a Peter. —¿Dónde estás?

Yendo hacia mi nueva casa —respondió.

Ahí te veo.

Conduje hacia su casa, muy ocupada formulando lo que le diría a Peter. Estacioné a unas cuadras de su casa, y entré. Fui la primera en llegar y salí al balcón para reunir mis pensamientos por última vez. El aire estaba frío y con suficiente briza para generar piel de gallina, esperaba que al menos tranquilice mi enojo y la sensación de traición. Apreciaba que Peter siempre pensara en mi sobrevivencia, y estaba enamorada de su preocupación y todo lo que hacía por mí, pero un trato era un trato. Habíamos acordado trabajar en equipo y él había roto mi confianza.

Oí que se abría la puerta del garaje, seguido de ello entró Peter con su moto. Un momento después, apareció en la sala. Mantuvo su distancia, pero sus ojos estaban en mí. Su cabello estaba desordenado por el viento. Estaba usando la misma ropa que el día anterior, y supe que había estado afuera toda la noche.

—¿Una noche ocupada? —pregunté.

—Tenía un montón de cosas en mi mente.

—¿Cómo está Blakely? —pregunté, con suficiente indignación para que Peter sepa que no había perdonado ni olvidado.

—Hizo un juramento para mantener nuestra relación en silencio. —Una pausa. —Y me dio el antídoto.

—Así decía tu mensaje.

Peter suspiró y pasó su mano por su cabello. —¿Así es como va a ser esto? Entiendo que estés enojada, ¿pero no puedes ver las cosas desde mi lado por un minuto? Blakely me dijo que vaya solo y no confiaba en cómo reaccionaría si llegaba contigo. No me opongo a tomar riesgos, pero no me gusta hacerlo cuando las posibilidades están claramente en contra de mí.

—Prometiste que éramos un equipo.

—También juré hacer todo en mi poder para protegerte. Quiero lo mejor para ti. Es tan simple como eso, Ángel.

—No puedes seguir haciéndote cargo y luego aclamar que es por mi seguridad.

—Asegurarme que estás a salvo es más importante para mí que tu buena voluntad. No quiero pelear, pero si me sigues viendo como el chico malo, así será. Mejor que perderte. —Se encogió de hombros.

Jadeé ante su arrogancia, luego entrecerré mis ojos. —¿Realmente te sientes así?

—¿Alguna vez me has conocido por mentiroso, especialmente cuando se trata de mis sentimientos hacia ti?

Agarré de un tirón mi cartera que se encontraba en el sofá. —Olvida esto. Me voy.

—Como quieras. Pero no vas a colocar un pie fuera hasta que hayas tomado el antídoto. —Como si quisiera probar su punto, se inclinó contra la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Mirándolo, dije: —Hasta lo que sabemos, el antídoto puede estar envenenado.

Sacudió su cabeza. —Agus lo analizó. Está limpio.

Rechiné los dientes. Controlar mi temperamento estaba oficialmente difícil ahora. —¿Fuiste con Agustina verdad? Supongo que esto significa que los dos son un equipo ahora —espeté.

—Se mantuvo lo suficientemente lejos del radar de Blakely, pero lo suficientemente cerca para leer piezas de su futuro Nada ahí indicaba que había algo malo con el antídoto. Hizo un trato justo. El antídoto es bueno.

—¿Por qué no intentas ver las cosas desde mi lado? ¡Tengo que lidiar con mi enamorado, aquel que escogió trabajar de cerca con su ex…ella aún está enamorada de ti!

Peter mantuvo su mirada fija en mí. —Y yo estoy enamorado de ti. Incluso cuando eres irracional, celosa y caprichosa. Agus ha tenido más práctica con trucos mentales y con peleas con Nephils. Tarde o temprano vas a tener que empezar a confiar en mí. No tenemos muchos aliados, y necesitamos toda la ayuda que podamos. Mientras Agustina esté contribuyendo, desearé tenerla.

Mis puños estaban cerrados con fuerza, y sentí mis uñas rasgar mi piel. —En otras palabras, no soy lo suficientemente buena para ser tu compañera de equipo. A diferencia de Agustina, ¡no tengo ningún poder especial!

—Eso no es todo. Hemos pasado por esto: si algo le sucediera, no lo consideraría desafortunado. Tú, por otro lado…

—Sí, bueno, tus acciones hablan por sí mismas.

Estaba dolida y enojada y determinada a demostrarle a Peter que me estaba subestimando. Todo esto llevó a mi sorprendente declaración: —Estaré liderando a los Nephils hacia la guerra contra los ángeles caídos. Es la decisión correcta. Más tarde lidiaré con los arcángeles. Puedo vivir con miedo de ellos o puedo superarlo y hacer lo que sé que es mejor para los Nephils. No quiero que otro Nephil jure lealtad jamás. Ya me hice la idea así que no te molestes en hacerme cambiar de pensamiento.

Los ojos de Peter me observaban, pero no dijo nada.

—Me he estado sintiendo así por un tiempo —dije, incómoda con su silencio y ansiosa por probar mi punto de vista. —No voy a permitir que los ángeles caídos sigan maltratando a los Nephils.

—¿Estamos hablando sobre los Ángeles Caídos y Nephils o sobre tú y yo? —preguntó Peter.

—Estoy cansada de jugar a la defensiva. Ayer un grupo de ángeles caídos vino tras de mí. Ellos deben saber que estamos cansados de ser maltratados. ¿Y los arcángeles? No creo que les importe. Si lo hiciesen, ya hubiesen intervenido y puesto fin al devilcraft. Debemos asumir que saben y están viendo otros caminos.

—¿Maxi tiene algo que ver con tu decisión? —preguntó Peter.

Su pregunta me irritó. —Soy la líder del ejército Nephil. Yo tomo las decisiones.

Su respuesta me tomó por sorpresa. —Te quiero a mi lado, Lali. Estar contigo es mi prioridad. He estado en guerra con los Nephils por un largo tiempo. Me ha llenado de aspectos que quisiera borrar. La decepción, los trucos baratos, incluso la fuerza bruta. Hay días en que desearía volver atrás y tomar un camino diferente. No quiero que tengas los mismos remordimientos. Necesito que sepas que eres lo suficientemente fuerte, físicamente hablando, pero también necesito que sepas que estás pensando solo con esto. —Tocó suavemente mi cabeza. Luego acarició mi mejilla, sosteniendo mi rostro en la palma de su mano. —¿Realmente entiendes en lo que te estás metiendo?

Me aparté, pero no lo suficientemente fuerte como quise. —Si dejaras de preocuparte por mí, verías que estoy lista para esto.

Pensé en todo el entrenamiento que había hecho con Maxi. En lo afortunada que él creía que era con los trucos mentales. Peter no tenía ni idea de hasta dónde había llegado. Era más fuerte, más rápida, y más poderosa de lo que jamás pensé. También había pasado por muchas cosas en los últimos meses, así que estaba firmemente en su mundo. Nuestro mundo. Sabía en lo que me estaba metiendo aunque a Peter no le gustara.

—Puede que me hayas detenido de verme con Blakely, pero no puedes detener la guerra que está por venir —apunté. Estábamos al borde de un conflicto de muerte y peligroso. Estaba lista para pelear. Por la libertad de los Nephils. Por mí libertad.

—Una cosa es pensar que estás lista —dijo Peter —. Saltar a la guerra y verla desde cerca es otra cosa. Admiro tu valentía, Ángel, pero estoy siendo honesto cuando digo que pienso que te estás apresurando y no estás pesando bien las consecuencias.

—¿Crees que no lo he pensado profundamente? Soy la que debe liderar el ejército de Hank. He pasado muchas noches sin dormir pensando en esto.

—Liderar el ejército, sí. Pero nadie dijo nada sobre pelear. Puedes completar tu juramento y mantenerte alejada de herir a alguien. Delega las tareas más letales. Para eso está tu ejército. Para estoy yo aquí.

Este argumento estaba comenzando a molestarme. —No puedes protegerme constantemente, Peter. Lo aprecio, pero ahora soy una Nephil. Soy inmortal y necesito menos tu protección. Soy un objetivo de los ángeles caídos, arcángeles y otros Nephils, y no hay nada que puedas hacer. Excepto, aprender a pelear.

Sus ojos estaban claros, pero sentí cierta tristeza bajo su apariencia fría. —Eres una chica fuerte, y eres mía. Pero la fuerza no siempre significa fuerza bruta. No tienes que romper culos para ser una luchadora. La violencia no iguala la fuerza. Lidera tu ejército como ejemplo. Hay una mejor respuesta para todo esto. La guerra no solucionará nada, pero dividirá en dos nuestros mundos, y habrá víctimas, incluidos los humanos. No hay nada heroico sobre esta guerra. Llevará a una destrucción que tú o yo jamás hayamos visto.

Tragué. ¿Por qué Peter siempre hacía esto? Decir cosas que solo complicaban todo. ¿Me estaba diciendo esto porque honestamente lo sentía, o estaba intentando sacarme del campo de batalla? Quería confiar en sus intenciones. La violencia no siempre era el camino. Lo sabía. Pero también veía el punto de Maxi. Tenía que pelear. Si me veían como débil, tendría a un montón tras de mí. Tenía que mostrar que era fuerte y que tomaría represalias. Para el futuro que se venía, la fuerza física importaba más que la fuerza de carácter.

Presioné mis dedos contra mi frente, intentando apartar la preocupación que rondaba por mi cabeza. —No quiero hablar de esto ahora. Solo necesito…un tiempo a solas, ¿de acuerdo? Tuve una mañana dura, y lidiaré con esto cuando me sienta mejor.

Peter no se vio convencido, pero no dijo nada más al respecto.

—Te llamaré más tarde —dije, cansada..

Sacó un frasco con un líquido blanco de su bolsillo y me lo entregó. —El antídoto.

Había estado tan metida en nuestro argumento que me había olvidado de él por completo.

—Logré que Blakely me dijera que el cuchillo que utilizó es el prototipo más poderoso que ha desarrollado. Colocó veinte veces más de devilcraft en tu sistema que la bebida que te dio Maxi. Por eso necesitas el antídoto. Sin él, desarrollarás una adicción a la bebida. En dosis altas, algunos prototipos de devilcraft te romperán por dentro. Hará estragos con tu cerebro como cualquier droga letal.

Las palabras de Peter me atraparon. ¿Me había despertado esta mañana con un apetito insaciable de devilcraft porque Blakely había logrado que esto sea más importante que comer, beber o incluso respirar? Me sentí agradecida con Peter por obtener el antídoto, sentía lástima de mí misma por mi actitud obsesiva hacia la bebida azul.

—¿Algo que deba saber antes de tomar esto? —dije, destapando el frasco y oliéndolo.

—No funcionará si tienes devilcraft introducido en tu sistema en las últimas veinticuatro horas, pero eso no debería de ser un problema. Ya pasó más de un día desde que Blakely te apuñaló —dijo Peter.

Tenía el frasco a centímetros de mis labios cuando me detuve. Justo esta mañana había consumido devilcraft. Si tomaba ahora el antídoto, no funcionaría. Aún seguiría siendo adicta.

—Tapa tu nariz y tómalo. No puede saber tan mal como el devilcraft —dijo Peter.

Quería decirle a Peter que había robado la botella de Maxi. Quería explicarme. Él no me culparía. Esto era culpa de Blakely. Era el devilcraft. Abrí mi boca para confesar todo, pero algo me detuvo. Una oscura y extraña voz plantada en lo profundo murmuró que no quería ser liberada del devilcraft. Aún no. Tenía que mantener los poderes que me daba, cerca, en caso haya guerra. Esto no se trataba de devilcraft sino de protegerme a mí misma.

Los anhelos comenzaron entonces, por mi piel, aguando mi boca, causando que me estremezca con hambre. Aparté los sentimientos a un lado, orgullosa de mí misma cuando lo hice. No me vencería de la forma en que lo había hecho esta mañana. Sólo robaría y tomaría devilcraft cuando lo necesitara. Y mantendría el antídoto siempre conmigo, así podía romper el hábito cuando quisiera. Lo haría bajo mis términos. Tenía una opción en esto. Estaba en control.

Luego hice algo que jamás imaginé hacer. El impulso quemó en mi consciencia, y actué sin pensar. Conecté mis ojos con los de Peter por un breve instante, junté toda mi energía mental, y le hice un truco mental. Le hice creer que había tomado el antídoto.

Lali lo tomó, susurré en su mente, plantando una imagen que soportaba mi mentira. Cada gota. Luego guardé el frasco en mi bolsillo. 

sábado, 5 de julio de 2014

Ángeles Caídos #4: Dieciséis

—Está mintiendo, es una trampa. Está intentando que entremos en pánico así estaremos muy ocupados en esta enfermedad de mentira.

Salté fuera de la cama y caminé de un lado a otro en mi habitación.

—Realmente es bueno. Muy bueno. Digo que lo volvamos a llamar y le digamos que obtendrá el cuchillo si hace un juramento para dejar de usar el devilcraft. Ese es un trato que estaré de acuerdo en hacer.

—¿Y si no está mintiendo? —preguntó Peter, silenciosamente.

No quería pensar en ello. Si lo hacía, estaría entrando en el juego de Blakely.

—Está mintiendo —dije, con más convicción. —Fue el aprendiz de Hank, y él era muy bueno mintiendo. Llámalo de nuevo. Dile que no hay trato. Dile que mi herida ha sido sanada, y si hay algo mal conmigo, ya lo sabríamos para este entonces.

—Estamos hablando de devilcraft. No juega bajo las reglas. —Había preocupación y frustración detrás de las palabras de Peter. —No creo que podamos asumir nada, y no creo que podamos arriesgarnos a subestimarlo. Si te hizo algo para hacerte daño Ángel…. —Un músculo en el mentón de Peter se contrajo con emoción, y temí que estuviera haciendo exactamente lo que Blakely quería. Pensar con su enojo y no con su cabeza.

—Esperemos. Si estamos equivocados, y no creo que lo estemos, pero si fuera el caso, Blakely aún querrá de vuelta el cuchillo. Tenemos en tema a nuestro favor, si empezamos a sospechar que realmente me infectó con algo, lo llamamos. Él aún se reunirá con nosotros, porque necesita el cuchillo. No tenemos nada que perder.

Peter no se veía convencido. —Dijo que pronto necesitarías el antídoto.

—Nota lo vago que “pronto” suena. Si estuviera diciendo la verdad, diría un tiempo más específico. ¿Mencionó algún lugar de encuentro? ¿Dónde quiere hacer el intercambio?

—No voy a decírtelo —respondió Peter, con calma.

—Lo siento —dije, confundida—¿qué acabas de decir?

Peter caminó hacia mí y colocó sus manos alrededor de la parte trasera de mi cuello. Su expresión fue inamovible. Estaba serio, si pudiera me lanzaría un golpe. No podía creer que estuviera en contra de mí en esto. Empecé a voltearme, muy enojada como para responder, pero me cogió de la muñeca.

—Respeto tu opinión, pero he estado haciendo este trabajo por más tiempo —dijo, su voz baja y seria.

—No me trates como una niña.

—Blakely no es un buen chico.

—Gracias por el consejo —dije, mordazmente.

—No creo que sea mentira lo de infectarte. Ha estado jugando con el devilcraft por mucho tiempo, así que no tiene nada de decencia o de humanidad. Ha endurecido su cuerpo y ha puesto ideas en su mente, maliciosas, deshonorables. No creo que esté haciendo amenazas ciegas. Sonaba sincero. Sonaba a que mataría con tal de cumplir con su objetivo. Si no lo veo esta noche, eliminará el antídoto. No tiene miedo de demostrarnos qué clase de hombre es.

—Entonces demostrémosle quienes somos. Dime dónde quiere que nos encontremos. Lo atrapamos y lo traemos para cuestionarlo —reté.

Miré el reloj, cinco minutos habían pasado desde que Peter había cortado la llamada. Blakely no esperaría toda la noche. Teníamos que ir yendo, estábamos perdiendo tiempo.

—No vas a encontrarte con Blakely esta noche, fin de la historia —dijo Peter.

Odiaba lo macho que se estaba poniendo con todo esto. Merecía que me trate por igual, y me estaba apartando. No le importaba mi opinión.

—¡Vamos a perder nuestra oportunidad de atraparlo! —argumenté.

—Voy a hacer el trato y tú te quedarás aquí.

—¿Cómo puedes decir eso? ¡Lo estás dejando manejar todo! ¿Qué te ha pasado?

Sus ojos se encontraron con los míos. —Pensé que era algo obvio, Ángel. Tu salud es más importante que obtener respuestas. Ya habrá otro momento para capturar a Blakely.

Mi boca se quedó abierta, y sacudí mi cabeza de lado a lado.

—Si sales de aquí sin mí, nunca te perdonaré. —Una gran amenaza, pero lo decía en serio.

Peter me había prometido que seríamos un equipo de ahora en adelante. Si me cortaba ahora, lo vería como una traición.

—Blakely ya está al borde. Si algo sale mal, él se escapará, y con él, el antídoto. Me dijo que quería encontrarse conmigo a solas, y voy a cumplir con ello.

Sacudí mi cabeza con fuerza. —No lleves todo esto hacia Blakely. Esto se trata de ti y de mí. Dijiste que seríamos un equipo de ahora en adelante. Esto se trata de lo queremos, no de lo que él quiere.

Hubo un golpe en la puerta de la habitación.

—¿Qué? —espeté.

Paula abrió la puerta con un empujón, con sus brazos cruzados sobre su pecho. Estaba usando una camiseta y pantalones cortos de bóxer. No era lo que esperaba que usara Paula para ir a dormir. Esperaba más rosado, más coqueto, más piel desnuda.

—¿A quién le estás hablando? —quiso saber, limpiándose los ojos. —Se escucha por toda la casa.

Regresé mi atención hacia Peter, pero solo estábamos Paula y yo en la habitación. Peter se había desvanecido.

Agarré mi almohada y la lancé contra la pared.

***

Al día siguiente, las cosas no fueron mejor. Me desperté con un hambre voraz, como si no hubiese comido en días. Y, luego de ingerir cantidades incontables de alimento, me empecé a sentir mal, náuseas constantes, pero aún tenía hambre. Lo peor de todo fue que Maxi llegó al alba para sacarme a hacer ejercicio en plena madrugada, por más que le rogué que me sentía mal, él insistió y tuve que ponerme en marcha.

Luego de toda una mañana llena de ejercicio, Maxi decidió dejarme en medio del bosque para que regrese sola a casa; usualmente lo hace. Pero lo que no esperaba era encontrar su maletín, aquel que siempre llevaba a los entrenamientos pero que nunca abría, al menos no en frente de mí. Aprovechando que no estaba, empecé a rebuscar, ganándome la curiosidad. Apenas vi las botellas llenas de líquido azul, mi estómago empezó a retorcerse con hambre. Algo empezó a rugir en mis oídos, algo empezó a explotar dentro de mí. Como una ola, recordé el sabor potente del devilcraft. Horrible pero que valía la pena. Recordé el surgimiento de poder que me había dado. Apenas pude mantener mi equilibrio. Estaba tan consumida por la necesidad de sentir todo lo que me había producido. Mi visión se puso borrosa y mis rodillas se debilitaron, casi podía sentir el alivio y la sensación de llenura que vendría con un pequeño sorbo.

Rápidamente conté las botellas. Quince. No había manera que Maxi se de cuenta que faltaba una. Sabía que estaba mal robar, así como sabía que el devilcraft no era bueno para mí. Pero esos pensamientos se convirtieron en ideas tontas que se quedaron en la parte trasera de mi cabeza. Apenas podía pensar, estaba tan necesitada de poder que tenía que tomar la bebida azul. Haría cualquier cosa por ella. Tenía que sentirme poderosa de nuevo. Indestructible. Intocable.

Antes de saber lo que estaba haciendo, tomé una botella. Se sintió frío. Ni siquiera había tomado un sobro y mi cabeza ya se estaba aclarando. No más mareos, y pronto, no más ansias.

La botella se sintió perfecta en mi mano, como si estuviera destinada a estar ahí. Maxi quería que yo obtenga esta botella. Después de todo, ¿cuántas veces había intentado que yo la tome?

Había tomado una botella y sería suficiente. Había sentido el frío de poder una vez más y había estado satisfecha.

Una vez más. 


***

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domingo, 29 de junio de 2014

Ángeles Caídos #4: Quince

Ese día Benja vino a visitarme y Paula aprovechó la oportunidad para seguir coqueteándolo. Y logró obtener algo por parte de él al sugerir realizar una fiesta de Halloween en mi casa. Esperaba que mamá se rehusara pero lamentablemente dio el sí y entre ella y Paula se pusieron a organizar todo. Incluso propusieron que sea temático. Y, lo peor de todo, es que Paula invitó a Benja como su pareja y él aceptó. Genial.

Los dejé discutiendo del tema y subí a mi cuarto. No estaba de humor para organizar una fiesta de Halloween cuando estaba pasando tanto alrededor.

Esa noche dejé la ventana semi-abierta, y justo después de la medianoche, Peter entró por ahí. Olía a tierra, como el bosque, mientras se deslizaba silenciosamente en la cama, a mi lado. Aunque hubiese preferido verlo en un espacio abierto, había algo sexy en este encuentro secreto.

—Te traje algo —dijo, colocando una bolsa de papel marrón en mi barriga.

Me senté y empecé a pispear la bolsa. —¡Una manzana acaramelada del Parque de Atracciones! —Sonreí. 

—Nadie las hace mejor. E incluso conseguiste uno con bolitas de coco, mi favorito.

—Es un presente de “que te mejores”. ¿Cómo está la herida?

Me alcé mi polo, enseñándole las buenas noticias. —Muy bien.

Lo último de azul se había desvanecido hace unas horas, y la herida se había sanado instantáneamente.

Peter me besó. —Esas son buenas noticias.

—¿Alguna novedad de Blakely?

—No, pero es cuestión de tiempo.

—¿Lo has sentido siguiéndote?

—No. —Un borde de frustración se coló en su tono. —Pero estoy seguro que está marcando mis pasos. Necesita el cuchillo.

—El Devilcraft está cambiando todas las reglas, ¿verdad?

—Me está forzando a inventar cosas.

—¿Trajiste el cuchillo contigo? —Miré sus bolsillos que se veían vacíos.

Alzó su camisa lo suficiente para revelar el sujetador saliendo de su correa de cuero. —Nunca lo aparto de mi vista.

—¿Estás seguro que vendrá por él? Tal vez sabe que los arcángeles no son tan rígidos como pensábamos que eran, y él sabe que puede hacer lo que quiere con el devilcraft.

—Es una posibilidad, pero no lo creo. Los arcángeles son buenos en esconder cosas, particularmente de los Nephils. Creo que Blakely está asustado, y creo que hará un movimiento pronto.

—¿Qué sucede si trae apoyo? ¿Si somos tú y yo con veinte de ellos?

—Él vendrá solo —dijo Peter, con confianza. —Lo arruinó e intentará salvar este desastre en privado. Sabiendo lo valorable que es para los Nephils, no hay forma que haya tenido permitido atender un juego de fútbol por sí solo. Apuesto que Blakely se escapó. Aún peor, dejó atrás un cuchillo encantado con devilcraft. Usaré su miedo y desesperación para nuestra ventaja. Él sabe que nosotros aún estamos juntos. Lo haré jurar un juramento para no decir ni una palabra de nuestra relación, y le diré que no obtendrá el cuchillo hasta que jure.

Le di una mordida a la manzana de caramelo. Tal vez fingiría algo de calma.

—¿Algo más? —preguntó Peter.

—Mmm…sí. Durante el entrenamiento de esta mañana, Maxi y yo fuimos interrumpidos por unos cuantos ángeles caídos. —Me encogí de hombros. —Nos escondimos hasta que se fueron, pero puedo decirte que Cheshvan tiene a todos locos. ¿Conoces a un chico delgado con marcas por todo su pecho? Es la segunda vez que lo veo.

—No me suena. Pero mantendré mis ojos alerta. ¿Estás segura que estás bien?

—Positivo. Yendo con otras noticias, Paula está organizando una fiesta de Halloween aquí en mi casa.

Peter sonrió.

—El tema es parejas famosas de la historia. ¿Podría ser menos original? Aún peor, metió a mi mamá en esto. Fueron a comprar las decoraciones ahora. Por tres largas horas. Es como si de pronto fueran amigas. 

—Mordí otro pedazo de manzana e hice una mueca. —Paula está arruinando todo. Quiero que Benja vaya con Cande, pero Paula ya lo convenció de ir con él.

La sonrisa de Peter se amplió.

Le dirigí mi mejor mirada enfurecida. —Esto no es gracioso. Paula está destrozando mi vida. ¿De qué lado estás tú de todos modos?

Peter alzó sus manos, rindiéndose. —Me quedaré fuera de esto.

—Necesito una pareja para esta cosa estúpida. Necesito eclipsar a Paula —agregué, inspirada. —Quiero a un chico caliente en mi brazo, y quiero un disfraz mejor. Voy a salir con algo un millón de veces mejor que Tristan e Isolda, los disfraces de Paula y Benja. —Miré a Peter, con esperanza.

Apenas me miró. —No nos pueden ver juntos.

—Estarás disfrazado. Piensa en ello como un reto para ser realmente sigiloso. Tienes que admitirlo, todo esto de escondernos es un poco caliente.

—No voy a fiestas de disfraces.

—¿Precioso, por favor? —Batí mis pestañas.

—Me estás matando.

—Sólo conozco a un chico que es más guapo que Benja…. —Dejé que la idea tiente su ego.

—Tu mamá no permitirá que ponga un pie dentro de este lugar. He visto la pistola que guarda en su cajón.

—De nuevo, estarás en disfraz, tontito. No sabrá que eres tú.

—No dejarás de insistir, ¿verdad¿

—Nop. ¿Qué piensas de John Lennon y Yoko Ono? ¿O Samson y Delilah? ¿Robin Hood y Maid Marian?

Alzó una ceja. —¿Has considerado Lali y Peter?

Entrelacé mis dedos sobre mi estómago y miré el techo. —Paula ganará.

El celular de Peter sonó y miró quien era. —Número desconocido —murmuró y mi sangre se enfrió.

—¿Crees que sea Blakely?

—Solo hay una manera de descubrirlo.

Respondió el celular, su voz calmada pero no feliz. En ese entonces, sentí que el cuerpo de Peter se tensaba a mi lado, y supe que tenía que ser Blakely. La llamada demoró apenas unos segundos.

—Es tu chico —me dijo Peter. —Quiere vernos. Ahora.

—¿Eso es todo? Suena muy fácil.

Peter fijó sus ojos con los míos y supe que había más. No pude interpretar su expresión, pero la forma en que me miraba me hizo ponerme ansiosa.

—Si le damos el cuchillo, nos dará el antídoto.

—¿Qué antídoto? —pregunté.


—Cuando te apuñaló, te infectó. No dijo con qué. Solo dijo que si no consigues pronto el antídoto… —se quebró, tragando —…dijo que te arrepentirás. Ambos.

***

El último por hoy :)

Ángeles Caídos #4: Catorce

Me desperté de un salto. Maxi estaba inclinado sobre mi cama, sus manos moviendo mis hombros. 
—Buenos días, sol.

Intenté rodar, pero sus brazos me tenían aplastada en el lugar. —Es domingo —protesté

—Tengo una sorpresa para ti. Una buena.

—La única sorpresa que quiero son dos horas para dormir.

Retiró de un golpe las sábanas y me estremecí, cogiéndolas inmediatamente.

—¡Te importa respetar!

—Lindo pijama.

Estaba usando una camiseta negra de Peter y apenas me cubría.

—Bien —dijo, bufando y tapándome con las sábanas. —Te veré afuera.

Después de ponerme mmi ropa de correr y mis zapatillas, salí. Maxi no estaba en la pista, pero lo sentí cerca, casi por el bosque. Sin duda, había traído a un amigo. Solo que, por la mirada de su amigo – dos ojos negros, un corte de labio, un mentón desencajado y un golpe en su frente – los dos no se encontraban en buenos términos.

—¿Lo reconoces? —preguntó Maxi, cogiendo al herido Nephil por el cuello.

Me acerqué, insegura del juego que estaba siguiendo Maxi. —No. Está muy golpeado. ¿Tú le hiciste esto?

—¿Segura que no te da idea de quién es? —preguntó de nuevo. —Estaba hablando de ti anoche. Estaba diciendo que te había dado una buena golpiza. Por supuesto fue ahí cuando captó mi interés. Le dije que nunca había hecho, y que si era cierto entonces, digamos que no me llevo bien con la gente que no respeta a sus líderes.

—Fue una broma —dijo el Nephil. —Pensé que veríamos lo sincera que ella seria sobre seguir la visión de la Mano Negra. Ni siquiera nació siendo Nephil. Pensé que podríamos mostrarle un poco….

—¿El chico del sombrero de vaquero? —solté. Su desfigurada cara finalmente me recordó al Nephil que me había metido a su auto, me había atado y amenazado.

—¿Broma? —dijo Maxi. —Si eso significa broma en tu mente, tal vez encontrarás gracioso en lo que estamos por hacerte.

Maxi golpeo al chico tan fuerte en su cabeza que colapsó de rodillas.

—¿Puedo hablar contigo? —le pregunté a Maxi. —¿En privado?

—Por supuesto. —Apuntó con un dedo de advertencia al Nephil. —Haces algo y sangrarás.

—¿Qué sucede? —dije una vez que nos alejamos.

—Ayer estuve en el bar y este imbécil estaba diciendo que te había usado como su bolsa personal de boxeo. Al principio pensé que estaba escuchando mal. Pero mientras más alto hablaba, más me daba cuenta que no estaba escuchando mal; estaba haciendo toda una historia. ¿Por qué no me dijiste que alguno de tus soldados te atacó? —demandó Maxi. Su tono no era de enojo. Estaba herido, tal vez, pero no enojado.

—¿Estás preguntándome porque estás preocupado sobre lo que esto significa para mi calificación al resto o estás preocupado por mí?

Maxi sacudió su cabeza. —No digas eso. Sabes que no estoy pensando sobre tus números. La verdad es que, dejé de preocuparme por eso inmediatamente. Esto se trata de ti. Ese idiota de ahí colocó tus manos en ti, no me gusta. Nada. Sí, él debe respetarte como la líder de un ejército del que él clama pertenecer, pero es más que eso. Debe respetarte porque eres una buena persona, y estás dando lo mejor de ti. Yo lo veo, y quiero que él también lo vea.

Estaba incómoda con su honestidad e intimidad. Especialmente después del beso que casi me da a través de la manipulación mental. Sus palabras parecían ir más allá de lo profesional, y de eso se trataba nuestra relación. Ahí quería que se quede, en lo profesional.

—Aprecio todo lo que acabas de decir —dije. —Pero utilizar la venganza no hará cambiar su mente. Él me odia. Un montón de Nephils lo hacen. Esta puede ser una buena oportunidad para demostrares que pueden estar mal sobre mí. Creo que debemos dejarlo ir y continuar con el entrenamiento.

Maxi no se vio conmovido, su rostro mostraba decepción y tal vez impaciencia.

—No debemos ir por la compasión. No esta vez. Ese idiota de ahí solo hará que este caso sea más fuerte si tu se lo dejas fácil. Está intentando convencer a la gente que tú no estás lista para liderar este ejército, y si se lo dejas fácil, solo probará su punto. Hazlo sufrir un poco. Hazlo pensarse dos veces antes de hablar o tocarte.

—Déjalo ir —dije, con mayor firmeza. No creía en la violencia.

Maxi abrió la boca, poniéndose un poco rojo, pero lo corté. —No voy a seguir con esto. Él no me hizo daño. Me llevó a su auto porque estaba asustado y no sabía qué más hacer. Todos están asustados. Cheshvan ha llegado y nuestro futuro está en una balanza. Lo que hizo estuvo mal, pero no puedo irme contra él por intentar hacer algo que alivie sus miedos. Baja tu violencia y déjalo ir. Lo digo en serio, Maxi.

Maxi dejó soltar un suspiro largo y de desaprobación. Sabía que no estaba feliz, pero también creía que estaba tomando la decisión correcta.

—¿Así que eso es todo? —preguntó Maxi, claramente no satisfecho.

—Eres libre de irte —hablé bastante alto para que me escuche el chico del sombrero. —Me disculpo por cualquier inconveniente generado.

El chico del sombrero se nos quedó mirando, su boca abierta en desconcierto, pero no queriendo presionar su suerte, se escapó por el bosque, como si fuera perseguido por osos.

—Así que… —le dije a Maxi. —¿Qué maquinaciones crueles has planeado para mí hoy? ¿Entrenar para una maratón? ¿Mover montañas? ¿Partir océanos?

Una hora después, los músculos de mi brazo y pierna dolían por el exhausto. Estábamos en nuestra salida del bosque cuando alcé mi brazo inmediatamente, cogiendo a Maxi por el pecho. Sostuve un dedo contra mis labios, en señal que no haga ruido.

A la distancia, pude escuchar pasos.

Maxi debió haberlo escuchado también.

¿Ciervo? —me preguntó.

Miré en la oscuridad, pero era difícil ver algo.

No, el ritmo es otro.

Maxi golpeó mi hombro y apuntó hacia el cielo. Al principio no entendí, luego capté su señal. Quería que subamos a los árboles, dándonos una visión de halcón desde arriba. A pesar de estar exhausta, escalé con bastante rapidez. Maxi subió al árbol vecino.

No esperamos mucho. Momentos después de estar seguros, seis ángeles caídos aparecieron debajo de nosotros. Tres hombres y tres mujeres. Sus torsos desnudos estaban marcados con extraños jeroglíficos que se parecían a la pintura que llevaba Peter en su muñeca, y sus rostros estaban pintados con sangre roja. Reconocí a uno de ellas, uno de los que había estado en el bar y había atacado a una chica bastante parecida a mí. Ahora buscaba entre los árboles. Su pecho tenía una herida circular, un pedazo de carne había sido cortada. Algo frío brilló en sus ojos y me estremecí.

Maxi y yo nos quedamos en los árboles hasta que los ángeles se fueron. Cuando estuvimos de vuelta en el suelo, dije: —¿Cómo nos encontraron?

Sus ojos se fijaron en los míos, fríos. —Cometieron un gran error al venir tras de ti así.

—¿Crees que nos han estado espiando?

—Creo que alguien les ha avisado.

—El chico larguirucho. Lo he visto antes, en el bar. Atacó a una chica Nephil que se parecía a mí. ¿Lo conoces?


—No. —Pero pareció hacer una pausa antes de responder.